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¿Para qué sirven las matemáticas?

¿Para qué sirven las matemáticas?

Por Araceli Cruz M.

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Queriendo resolver esta pregunta, hace unos años hice una serie de entrevistas a 5 maestros y 8 alumnos de secundarias públicas en Guanajuato y el Estado de México. A continuación comparto algunas preguntas y las respuestas que dieron. Son muy ilustrativas.

Los maestros eran 4 hombres y una mujer, con una edad promedio de 38 años y una experiencia media de 12 años impartiendo esta asignatura. Cuatro de ellos eran egresados normalistas (uno, además, filósofo) y otro ingeniero químico.

Los alumnos de los maestros entrevistados -seleccionados por ellos mismos- tenían 13 ó 14 años de edad. Eran dos de 1er grado, dos de 2º y cuatro de 3º. Cuatro con bajas calificaciones, dos con resultados promedio y dos estudiantes destacados.

ENTREVISTAS A LOS MAESTROS.
(Lo escrito en cursivas es textual).

¿Considera que los alumnos encuentran utilidad a las matemáticas para la solución de problemas de la vida diaria?

Maestro 1:
No las aplican y van perdiendo habilidades que sí tenían en kinder. Esto puede ser debido a las clases tradicionales, las políticas educativas, la mala interpretación de los métodos curriculares, la brecha entre los que van avanzando con Internet y los que no tienen ni siquiera una calculadora sencilla.

Maestro 2:
Sería riesgoso decir que sí lo están aplicando. Pero tienen habilidades…

Maestro 3:
No de inmediato. Hasta que estén grandes lo van a aplicar en algún trabajo.

Maestro 4:
Yo les digo “no vas a resolver una ecuación para subirte a un camión, pero la ciencia lo necesita”. No se puede aplicar siempre a situaciones tangibles, hay que manejar situaciones de abstracción y regresar a lo concreto. No tienen que aplicarla siempre, es una situación mental.

Maestro 5:
Algunos sí, otros no le toman la importancia que debiera. Desde la casa a ellos les explican para qué son importantes, pero ahora que están solos (porque los padres trabajan), no hay quienes les digan para qué les servirán más adelante.

¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta como docente de esta área?

M1:
La cuestión conceptual. Hay dos casos: a los que no les dieron los conceptos, pero los recuperan y avanzan, y los estudiantes a los que les cuesta crear y asimilar los conceptos. Hay muchas deficiencias en este sentido. El alumno no conceptualiza, le cuesta trabajo abstraer.

M2:
La forma tradicional de enseñar, donde sólo el maestro habla y da conceptos. Negamos la oportunidad al alumno de aportar lo que sabe.

M3:
El aprendizaje es complicado. No sabemos bien cómo aprenden los alumnos. Hay personas auditivas, visuales o las que aprenden manipulando. No sé cuántos alumnos tengo de cada tipo, debo dar estímulo para todos los tipos.

M4:
Van desfasados los contenidos de las materias. Por ejemplo, en física se ve velocidad cuando en matemáticas no se han visto ecuaciones. Este es un error de programa, pero también de conocimientos previos.

M5:
A veces no hay tiempo para atender a los retrasados y ellos no se animan a preguntar en clase. Debería haber tiempo de descarga para dar asesoría.

Foto: Mikhail Nilov

¿Cuál considera que es el principal problema de sus alumnos para aprender matemáticas?

M1:
La mayoría no están acostumbrados a estudiar. La sociedad los absorbe y es difícil cambiar sus hábitos. En lugar de hacer tareas ven la televisión o su celular. Falta orientación. Quienes deberían vigilar esto son los papás.

M2:
Es una edad difícil para los alumnos. Tienen problemas de tipo psicológico, por ejemplo, desintegración familiar, otros intereses personales, encerrarse en ellos mismos y sobreprotección y paternalismo de los padres. O, cuando los papas trabajan, dejan al alumno solo. En casos muy contados, hay incluso alcoholismo y drogadicción.

M3:
Las bases con que llegan. En primaria, el maestro da más de lo que comprende mejor, aun cuando el currículum marque otra cosa.

M4:
Se ha difundido la idea de que las matemáticas son difíciles… y sí son. Mis alumnos me dicen que tenían miedo al empezar. En casa les han mostrado que matemáticas es lo peor que puede haber.

M5:
Los alumnos de la tarde tienen un nivel socioeconómico menor y se nota. En la forma en que leen, en que se comunican, con un lenguaje muy limitado. Algunos salen bien, pero su contexto social es difícil.

Descríbame por favor una de sus clases de matemáticas.

M1:
No doy conceptos, sino que se maneja el proceso de que el alumno construya su idea. No digo el resultado de los problemas. El alumno descubre cuándo está bien.

M2:
Explico a los alumnos algún tema, ellos participan, les pregunto, pasan al pizarrón, les dejo tarea de lo que vimos… unos cinco, cuando mucho diez ejercicios; al día siguiente se les revisa la tarea.

M3:
Casi no me gusta que los alumnos trabajen en equipos, siento que sería un error, nada más yo les doy el tema. Porque, si les dejo el tema, muchas veces no pueden consultar ni su propio libro y no pueden venir a la biblioteca.

M4:
Entre las actividades se mencionaron: recordar los conceptos del tema anterior, acertijos, rompecabezas, juegos lógicos y uso de recursos tecnológicos.

¿Cuáles son las principales estrategias de enseñanza y recursos didácticos que emplea en sus clases?

M1:
El Rincón Luz del Saber. El estudiante más adelantado se sienta en el fondo del salón y cuando uno de los alumnos tiene duda, en lugar de acudir al maestro, solicita ayuda de su compañero. Se cambia con cierta frecuencia al titular de esta responsabilidad.

M2:
Hacerlos trabajar mentalmente. A ellos les gusta.

M3:
En su vida cotidiana podemos aplicar juegos. Les permite razonar, que es lo importante en matemáticas, crear procesos lógicos.

M4:
Que los alumnos no sean pasivos, que trabajen. Cuando están resolviendo un ejercicio no se vale copiar, se vale explicar.

M5:
Primero, darme cuenta cómo están. Hago un repaso si andan mal. Dejo que ellos se acerquen. Hablo a su nivel, con un lenguaje accesible. Soy popular.

¿Qué recursos tecnológicos emplea?

M1:
Computadoras. Con ellas se puede hacer muchas cosas, estoy aprendiendo.

M2:
Sensores y software que maneje funciones. Estamos empezando.

M3:
El siglo XXI significa más tecnología. Este es un elemento más de apoyo al proceso de aprendizaje.

M4:
Videos de matemáticas, aunque el doblaje aburre. No se han elaborado para la mentalidad mexicana.

M5:
Sólo utilizo el pizarrón y dejo ejercicios para que resuelvan.

¿Cómo responden los alumnos ante todas estas estrategias? ¿Logran asimilar la información?

M1:
Los estudiantes explican cómo llegaron a un resultado. Antes no se animaban; ahora sí. Hay mucha participación.

M2:
Muy bien. Cuando los que ahora están en 1º lleguen a 3º, no van a tener miedo. Van a despegar terrible y a cuestionar mucho a sus maestros.

M3:
A veces no responden. Están impactados con la mercadotecnia más llamativa de lo que nosotros podemos ofrecer. Avanzamos en forma rudimentaria, ellos tienen más información.

M4:
Yo siento que bien, (dice el maestro que sólo usa el pizarrón) seguramente responderían mejor si les trajera láminas u otro tipo de material. Yo, por falta de tiempo, no puedo elaborar otro material… la verdad, es raro el que llegue a traer otro tipo de material, al menos aquí en la tarde.

Si dependiera exclusivamente de usted, ¿daría sus clases de la manera que lo hace ahora o cambiaría? Si cambiara ¿qué haría?

M1:
Evaluar con los ejercicios del libro y no sólo con el examen, que pone nervioso a muchos.

M2:
Dar prioridad a lo académico sobre lo administrativo.

M3:
Verdaderamente capacitar a los profesores. Que haya instituciones serias donde los maestros puedan actualizarse, con validez para ellos.

M4:
Que el SNTE deje de ser excesivamente proteccionista con los profesores.

M5:
Realizar, cada semana, reuniones de Academia de los maestros de matemáticas para preparar las clases.

ENTREVISTAS A LOS ALUMNOS

Para ti, ¿qué son las matemáticas? ¿Te gustan?

Estudiante 1:
Es la materia más importante, es lo que más te sirve. Sí me gustan.

Estudiante 2:
Aunque son difíciles, sí me gustan.

Estudiante 3:
Son números y los números me laten.

Estudiante 4:
Es la ciencia que ayuda a investigar cómo se pueden hacer las operaciones básicas. Sí me gustan.

Estudiante 5:
Son importantes, uno aprende a hacer muchas cosas… como figuras.

Estudiante 6:
Es muy importante para nuestro futuro, para nuestra carrera. No me gustan, se me hacen muy difíciles.

Estudiante 7:
Tantito, están muy difíciles.

Estudiante 8:
Algo básico, no me gustan, están “bien” difíciles.

De lo que has aprendido de matemáticas, ¿qué es lo más importante, lo más significativo para ti?

E1:
Todo se va a utilizar en la vida, me van a servir en todo, por ejemplo, en la licenciatura.

E2:
La geometría. Para representar esquemas o diagramas.

E3:
Las figuras, para poder hacer planos de mi casa, para no pagar a los demás para que los hagan.

E4
Ecuaciones… para estar sacando (nervioso) algún problema de… ya se me olvidó.

¿Consideras que es importante estudiar esta asignatura? ¿Por qué?

E1:
Sí, se aprende mucho y en la vida la necesitamos.

E2:
Si porque las usas en la vida diaria. En todos lados.

E3:
Sí, porque en todos los trabajos se necesitan las matemáticas.

E4:
Sí, las uso (a) diario. En las cuentas, cuando te mandan a un mandado.

E5:
Sí, porque, si no pues no supiéramos hacer cuentas.

E6:
Para explicarle a alguien una operación, como la suma que es fundamental.

Lo que aprendes en la clase de matemáticas ¿Lo aplicas en tu vida diaria? Dame un ejemplo.

E1:
Ayudo a mis hermanos en las cuentas.

E2:
Apoyo a mis familiares pequeños, si van a entrar a la escuela.

E3:
Nada más las sumas y las restas, cuando voy a comprar.

E4:
En la naturaleza.

E5:
En el futbol.

E6:
No mucho.

E7:
No.

Foto: Karolina Grabowska

¿Crees que haya algún problema para aprender matemáticas? ¿Cuál es?

E1:
No, nomás poner atención en clase y practicándolas.

E2:
No ponemos atención en clase. Si le ponemos ganas no es difícil.

E3:
Sí son difíciles, pero si pones atención puedes entender.

E4:
Pues que deberían de hacerlas un poco más amenas.

E5:
Son difíciles. Donde no me hallo bien son las divisiones. Me perjudica pues.


¿Qué recursos emplea tu profesor para dar la clase? (material didáctico, computadoras, calculadoras, etc.)

E1:
Ejercicios con calculadoras matemáticas y computadoras.

E2:
Videos. Al final nos pregunta sobre lo que vimos.

E3:
Expone, nos explica muy bien su clase. A veces me gusta. Cuando voy fastidiado, me aburro.

E4:
Explica y dibuja las figuras. Nos pregunta lo que él explica. Vamos sacando más ideas.

E5:
Libros, el pizarrón.

E6:
Ejercicios en hoja de papel, todo es igual, por tema y ejercicios todo el año. Una hojita donde tiene los problemas.

Si tú fueras el maestro, ¿cómo darías la clase?

E1:
Les diría que lo hiciéramos todos juntos para que lo hiciéramos más fácil.

E2:
Les preguntaría sus ideas y tendría paciencia por si no entienden.

E3:
Calificaría considerando asistencia, participación, tareas, trabajo y prueba.

E4:
Yo creo que llevaría algunas cosas para enseñar mejor, unos juegos que tengan números.

E5:
Como todos los maestros, estudiar lo que vas a dar.

E6:
Intentaría dar la clase lo mejor que pudiera, explicándola para que me entendieran a la perfección.

E7:
La daría menos aburrida, pero cuando se tratara de que aprendieran, sería estricto pero flexible. Cuando se pueda, echar un poco de relajo.

VALORACIÓN DE LOS RESULTADOS OBTENIDOS

Oír expresar a los maestros sus ilusiones, intereses, limitaciones y necesidades y a los alumnos sus opiniones y sentimientos, me ayudó a sensibilizarme sobre este problema complejo, multifactorial y difícil de resolver.

Las apreciaciones de los maestros llegan a oponerse a las de los estudiantes debido a que maestros y alumnos ven la realidad e interpretan lo que sucede a partir de sus propias experiencias. Los docentes creen estar haciendo lo correcto, pero a veces no logran un verdadero impacto en el aprendiz, en su motivación y conocimiento.

La mayor parte de los docentes entrevistados manifestaron idealismo. Dijeron estar orientados al aprendizaje de sus alumnos. Tienen la preocupación de que los alumnos asimilen el conocimiento, pero no hacen explícita la búsqueda de un aprendizaje significativo. Esto es serio, porque se ha trabajado mucho en el sistema educativo sobre este concepto, pero parecería que la formación en este sentido –y por lo tanto la práctica– es todavía muy deficiente.

Respecto a los recursos didácticos, hay gran variedad de posturas: desde quien sólo transmite el conocimiento, con su hoja de ejercicios, el gis y el pizarrón. Hasta quien, con el apoyo de un equipo electrónico, aplica un proceso constructivista. Pasando por los que consideran buenos los apoyos, pero todavía no se comprometen con su uso cotidiano para la mejora docente.

La mayoría de los maestros todavía no habían incorporado (hecho cuerpo) el uso de recursos, especialmente los basados en la tecnología. Todos, incluso los que no los usan, reconocen que los alumnos sí responden ante estos. Se llegan a sentir rebasados por su propia falta de capacitación y por lo que los muchachos pueden conseguir en su vida cotidiana.

Aunque los estudiantes consideran importantes las matemáticas, no manifiestan que les resulten significativas. Les cuesta trabajo definir para qué les sirven. Las consideran, al mismo tiempo, importantes y difíciles. Algunos se aburren en clase y una gran parte cree que, si atendiera, entendería.

Fundamental y preocupante es que los estudiantes –y algunos maestros– ven la aplicación de las matemáticas como algo que se dará en el futuro. Las únicas ventajas concretas actuales que pudieron enunciar son: ayudar a los hermanitos y llevar las cuentas al comprar. No consideran que les ayude a pensar mejor, a tener una mente lógica y esquemática, a tomar decisiones y a predecir fenómenos.

Es triste, interesante y muy retador.

Cuidar a quienes sufren, hacia un cambio de paradigma

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Cuando hablamos del aborto, no podemos ignorar que hay mucho sufrimiento en derredor. Personas que buscan el aborto con la creencia de que remediará o evitará cierto sufrimiento, personas que sufren por haber abortado, personas cuyo sufrimiento consistió en una muerte antes de nacer, personas que fueron obligadas o engañadas para abortar, y los detalles pueden irse al infinito. El aborto y la pérdida de bebés no nacidos es un tema del que debemos hablar, pero en el que, además y sobre todo, debemos escuchar mucho y atender al sufrimiento de los demás.

Hace un tiempo, publicamos en Spes una entrevista a la directora de IRMA, el Instituto para la Rehabilitación de la Mujer y la Familia. Ellas realizan una labor muy importante para escuchar, comprender y fortalecer a las mujeres que sufrieron la pérdida de un hijo (bueno, una de cada diez personas que busca ayuda en IRMA es varón). Recientemente, Aracely Ornelas Duarte, miembro de IRMA y SOPHIA (un programa de investigación académica que nació gracias a la experiencia de IRMA) hizo un ‘Manual pastoral para el acompañamiento a quien ha perdido un hijo antes de nacer’, titulado: Hacia un cambio de paradigma. Como lo indica el subtítulo, el manual se propone orientar a quien acompaña a personas que han perdido un hijo antes de que naciera, y se puede descargar gratuitamente aquí en Spes. En nuestra revista, agradecemos a Aracely Ornelas por compartirnos y concedernos el archivo. Sabemos que su trabajo hará mucho bien a incontables personas.



Cuando lees el manual, te enteras de que (o quizás ya lo sabías, pero es una buena noticia) hay muchas más organizaciones en distintas partes del mundo que realizan labores similares a las de IRMA. Es el tipo de cosas que hace mucho bien saber, seguramente puedes mejorar la vida de alguna persona cercana recomendándole que busque a tal o cual organización. Te compartimos aquí algunas de las entrevistas del manual.


Proyecto esperanza (Chile), entrevista a Elizabeth Bunster, fundadora y directora

¿Cuál es la esencia de Proyecto Esperanza?
El encuentro con la misericordia y el amor de Dios frente al duelo por un hijo no nacido. Con la convicción de que ese hijo ‘vive en el señor’, buscamos ayudar a restaurar el vínculo espiritual con ese hijo, porque la maternidad y paternidad son vínculos indestructibles.

¿Cómo funciona proyecto Esperanza?
Es un programa de acompañamiento pastoral en caso de aborto provocado o espontáneo. Atendemos a hombres y mujeres; sin embargo, la mayoría de las personas que recibimos nos buscan a causa de un aborto provocado. No es una estructura; es un servicio que se trata de insertar en la pastoral familiar o pastoral de la salud de cada diócesis y en los centros de apoyo a la familia y a la mujer.

¿Cómo llegan a ustedes las personas?
Nos damos a conocer a través de parroquias y de Radio María. También hay unas tarjetas que entregan los sacerdotes a las personas que van a confesión por aborto. Una vez que la persona llama, se le escucha, se confirma que desea recibir acompañamiento. Se le señala que se pondrá en contacto con ella una persona.

¿Cómo es su proceso de acompañamiento?
Consta de nueve etapas. Cada etapa puede tener una o dos sesiones. El acompañamiento puede durar de cuatro a seis meses; las sesiones son semanales. Se ve la historia completa de la persona: cómo se asumen los duelos, cuáles son sus valores. Se indaga cómo fue la decisión de abortar o cómo fue el proceso de pérdida espontánea.

Después de canalizar los enojos, incluido el enojo contra Dios, se llega a la parte del perdón. A partir de ahí, se va resignificando el sentido de la vida de ese hijo, no obstante haya sido una vida muy corta. Luego se invita al Espíritu Santo para conocer a ese hijo, darle un nombre; se le escribe una carta y se termina con una liturgia. Se tiene un símbolo en casa para que todos vean que el hijo está presente en el hogar. Las personas descubren al hijo que está presente en el corazón y que es parte de la familia.

¿Cómo consideras que influye el ámbito cultural en el sentir de las mujeres que han experimentado el aborto?
La mujer siente que ella no puede transmitir a los otros la sensación de vacío que experimenta. El resto del mundo la mira como si estuviera exagerando, sin reconocer que están frente a una persona que llora la muerte de un hijo. Hay un ámbito cultural que no le da valor al hijo no nacido. Es doloroso estar en un entorno que no comprende tu dolor y que da mensajes que invalidan el duelo.

Más información: https://proesperanza.org/



Sisters for Life (Estados Unidos), entrevista a la hermana Veronica Mary, de la misión “Hope and Healing”

¿A quiénes sirven en su ministerio?
Trabajamos con mujeres que han pasado por aborto provocado, con hombres trabajamos poco.

¿Cuál es el motor de su ministerio?
Nos mueve una fe inquebrantable en la misericordia de Dios. Escuchamos los gritos de las mujeres que claman misericordia. Cuando alguien habla porque está dañada por haber abortado, escuchamos cómo sus corazones preguntan “¿Hay esperanza para mí?” y hay prácticamente un alivio instantáneo cuando escuchan que “no sólo hay esperanza, hay mucha esperanza”.

¿Cómo llegan las mujeres a ustedes?
Las mujeres nos llaman por teléfono o nos mandan un mensaje a través de nuestra página web. Generalmente nos buscan porque conocieron a una hermana o leyeron sobre nosotras en algún boletín parroquial, nos vieron en televisión, nos escucharon en la radio o algún sacerdote les habló de nosotras en el confesionario.

¿En qué consiste su ministerio a las mujeres que experimentan la herida del aborto provocado?
Tenemos días de oración y sanación, retiros y ‘días especiales’ para ellas. Podemos llevar con ellas al mismo tiempo un proceso de manera individual en el que nos van contando su historia, se les dice que hay esperanza para ellas pues ningún pecado es más grande que la misericordia de Dios, ahí es el inicio del acompañamiento y de una amistad con nosotras. No vamos ‘más rápido’ que ellas, no juzgamos, sino que vamos a su paso, escuchando, alentando y todo el tiempo guiándolas a Jesús como la única fuente de sanación. Sin embargo, esto no pasará en un día ni en un retiro. Algunas de las mujeres han estado con nosotras por quince años; algunas nos llaman ‘mamá’ y, después, son ellas las que dan testimonio a otros.

¿Qué necesitan escuchar las mujeres en esta situación?
Llegan con una herida muy profunda, nosotras hablamos directamente a esa herida y les decimos quiénes son a los ojos de Dios: “Eres una mujer amada, que tiene gran dignidad. Dios quiere restaurarte, quitar tus miedos y ayudarte a encontrar la integridad y sanación que ansías”.

Más información: https://sistersoflife.org/healing-after-abortion/



Grávida (Argentina), entrevista al Pbro. Bernardo Ruiz Moreno, Asesor espiritual nacional

¿Qué es Grávida?
Es un servicio de la Iglesia conformado por voluntarios que se constituyen en comunidades de servicio. Dichas comunidades se insertan en cada Iglesia diocesana con la misión de cuidar de la vida desde la concepción, alentando el reconocimiento y vivencia de la maternidad y la paternidad como don. Esto se traduce en el acompañamiento de embarazadas en dificultad, sea en riesgo de aborto o en riesgo social. También se acompañan a mamás y papás que han sufrido la pérdida de un hijo antes de nacer, ya sea por aborto provocado o espontáneo, y sufren la herida en su vida.

Este trabajo está fundado y alimentado por una espiritualidad mariana, sencilla, que toca toda la vivencia humana de María, quien camina entre nosotros, como madre y como mujer. Sostenida por el modo actual de ser Iglesia, plasmada en el Magisterio y la invitación del papa Francisco, una Iglesia en salida al encuentro de las periferias. Asumimos la pedagogía del encuentro, para salir e ir al encuentro de las mujeres y varones que se nos confían.

¿Cómo atienden a quienes sufren a causa del aborto?
A partir de la difusión en distintos ámbitos del Programa de sanación. La propuesta del programa es llegar a que la persona, que padece esta herida, solicite ella misma la atención. Una vez que llega, la recibimos y le ofrecemos un camino de sanación, presentándole la metodología de Programa Raquel en Grávida. Es un proceso de sanación y reconciliación personal. Se atienden mujeres y hombres, hermanos, abuelos y personal de salud que han sido partícipes directa o indirectamente de un aborto. Lo llevan adelante equipos conformados por consejeros laicos, sacerdotes y profesionales de la salud mental, capacitados específicamente para ofrecer y vivir este ministerio.

¿Cuál ha sido la experiencia de la comunidad de Grávida en este apostolado?
Nos damos cuenta de que podemos ser instrumentos de la misericordia de Dios, más allá de nuestras debilidades y limitaciones. Nuestra comunidad en Grávida ha sido testigo del hacer de Dios en la vida de las personas, de cómo las sana y restituye sus vidas. Estos son pequeños grandes privilegios de quienes nos ofrecemos como acompañantes en este camino. Surge la gratitud ante esto. Parte de la misión de la Iglesia es ponerse al lado del que sufre para caminar juntos.

¿Cuál es el mensaje que necesitan escuchar las personas dolientes?
El mensaje es de esperanza y misericordia, no de juicio y condena. Yo diría que, más que mensaje, son dos regalos que necesitan las personas que han vivido un aborto y sufren las heridas que deja en sus vidas: abrazo y ternura por parte de la Iglesia, y experimentar el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios.

Más información: https://gravida.org.ar/

¿Para qué sirven las matemáticas?

Hacia la cumbre más alta

No hay precepto más revolucionario dentro del mensaje cristiano que el del amor a los enemigos. Es tan contrario a lo instintivo, que suena incluso antinatural y casi antihumano. Sumamente difícil es perdonar y más todavía amar a cualquier persona con quien mantengamos cierta rivalidad. Pero este conflicto se vuelve insuperable cuando la hostilidad consiste en matar o ser matado. Y en la guerra parece no haber opción.

Hace cuarenta años se desató la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Tras casi un siglo y medio de ocupación británica, el 2 de abril de 1982 tropas argentinas hicieron toma efectiva de las islas. Este acto posesorio permitiría a la Argentina reivindicar la largamente disputada soberanía sobre estos territorios. Pero lejos de resolverse mediante tratados diplomáticos, el gobierno inglés desplegó una inesperada contraofensiva militar que concluyó con la reapropiación del archipiélago por parte de su ejército. El saldo de muertos fue de 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños. 

El 14 de junio se puso fin al conflicto bélico entre ambos países, pero con él se dio inicio a su vez a una multitud de otras guerras: guerras íntimas, guerras solitarias, guerras silenciosas que se llevaron a cabo en el interior de todas aquellas personas que se vieron sorpresivamente envueltas en esa contienda. 

Los sobrevivientes se vieron enfrentados cuerpo a cuerpo con su propia vida. Y muchos son los que no pudieron con ella. El enemigo era ahora interno y acechaba junto al eco de los gritos de los heridos y a la frustración por no poder vengar a los compañeros muertos. Muchos de los cuales fueron enterrados sin nombre en aquellas frías islas, en cuya desolación sólo queda el quejido de cómo “clama el viento y ruge el mar”. (1)

Alejandro Diego. Primer día en la Armada Argentina.

La memoria de aquellos días sigue vibrando intensamente en los relatos de sus protagonistas. Sus palabras reviven lo penoso de sus recuerdos y ponen al descubierto esas heridas que aún no terminan de cicatrizar. Alejandro Diego, veterano argentino, nos confía así su testimonio personal:   

Cuando enterré a varios de mis compañeros, yo ya no tuve más familia, no tuve más nada, y yo me dije: Yo mato a un inglés. Yo quería matar. Y no pude, porque no tuve cuerpo a cuerpo. Y me hizo muy mal.” 

Alejandro tenía entonces veinte años. Se encontraba haciendo el servicio militar obligatorio cuando lo convocan a incorporarse a las fuerzas de la Armada. Con una instrucción militar mínima, en la que sólo había tirado “siete tiros” (sic), se enfila para combatir en el frente. El 13 de abril llega a Malvinas. Allí conoce al marinero Juan Ramón Turano con quien comparte diversas maniobras a bordo del buque Bahía Buen Suceso y un destino sumamente dispar. Entretanto, el desarrollo de la guerra se acelera. La intensidad de los embates enemigos asciende. La juventud se detiene. Y la adversidad no espera. En medio de un bombardeo nocturno y a pocos metros de distancia, Juan Ramón muere. Diecisiete años era la edad que tenía.

Nos quedamos en tierra. Nos tiraban bengalas y de noche, a las 12 de la noche, empezaba el ataque. Y donde veían algo que se movía le tiraban. Los bombardeos duraban cuatro horas. Ráfagas de diez bombas. Paraban dos minutos. Diez bombas más. Y así iban barriendo toda la zona. En el primer ataque Turano muere al lado mío. Para mí fue terrible. Eso fue el 26 de mayo a las 2 de la mañana. Yo, por un tema del destino, pero que atribuyo a Jesucristo, me levanté con él. Y de repente veo que me olvidé la bolsa de dormir y vuelvo. Ahí empieza el bombardeo. Él se muere y yo no. Fue un golpazo. No puede ser, me dije, en dos minutos pasó todo. Fue como cuando te pegan una trompada y no reaccionás. Fue terrible.”

“Y al instante se empiezan a escuchar las voces de los heridos. Los gritos son tremendos. Y es tremendo también porque los tenés que ir a buscar. Y yo me dije que, si por algún motivo estoy vivo es porque Jesucristo lo quiso. Y si Jesucristo quiere que yo muera, que sea haga su voluntad, como en el Padrenuestro. Y fui. Y nadie iba.”

La revancha se presentaba en ese momento como una extraña esperanza. El desconcierto, la angustia, el pavor suspendían seguramente toda otra posible reflexión.  Sólo el dolor puede entender el dolor. Por eso, bajo promesa de falso resarcimiento, la venganza se vuelve así una anómala forma de empatía. Alejandro juró vengar a Juan Ramón, pero el fin de la guerra le ganó de mano. Y la promesa quedó incumplida. 

El día de la rendición fue una bisagra. Estaba muy contento porque había sobrevivido y muy triste por todo lo que había pasado, porque Argentina había perdido y porque no había cumplido mi promesa. Nos rendimos. Volvió a flamear la bandera inglesa. Fue la primera vez que yo sin moverme de mi lugar vi bajar la bandera argentina y subir la inglesa, de noche. Fue tremendo. Estar en otro país sin haberme movido, ni pasar la aduana. Nos tomaron prisioneros. Estuve siete días prisionero.”

“Y después volví. En tres meses fui muy diferente. Una cosa era yo antes y otra cosa fui yo después. La guerra te marca y no sos el mismo. Yo tenía veinte años y ya era un viejo de ciento ochenta. Yo pensé que no volvía vivo, por lo loco que estaba. Si había un enfrentamiento, a mí me matan, pero yo mato a tres o cuatro. Por mi amigo. Era más importante mi amigo que mi familia. Mi amigo muerto.” 

Alejandro Diego al regreso de la guerra.

Tres encuentros

En 2012 se cumplieron 30 años de la guerra. El ritual de los aniversarios cumple con rememorar lo sucedido reuniendo a los vivos y a los muertos. Y eso es lo que sucedió. Alejandro tuvo la oportunidad de volver a las islas y se reencontró con unos y otros.

Junto a la Fundación Rugby sin Fronteras Alejandro Diego viaja con una delegación de unas treinta personas, en la que él era el único veterano. En el aeropuerto se encuentra sin embargo con otro excombatiente, Fabián Abraham. Para su admiración, Fabián sí había matado. Y esto constituyó para él el primer punto de inflexión.

“Él había matado. Y yo le transmito a él que yo no soy veterano porque no cumplí la promesa a mi amigo de matar a alguien. Y él sí había matado. Para mí él era como Messi, yo quería estar en su lugar. Pero él me transmitió lo que fue matar, en el lugar donde él mató. Fue tremendo y me sacó las ganas de matar.”

“Él me dijo que dos veces se quiso suicidar, porque no se podía sacar la cara del inglés que mató, ya que había sido casi de día y muy cerca. Me dijo, menos mal que no mataste, vos también sos veterano. No es veterano solamente el que mató. Y yo dije, pero yo no cumplí la promesa a mi amigo.”

Cementerio de Darwin – https://rugbysinfronteras.org/

Ya en Malvinas, la delegación visita el Cementerio de Darwin. Alejandro había enterrado a Juan Ramón en Bahía Fox, lejos de ahí, pero ahora se encontraba en este cementerio que había sido construido por los ingleses un año después de la guerra; por lo cual no sabía dónde estaba exactamente la tumba de su amigo. Sin embargo, el reencuentro se dio de todos modos y fue revelador.

“Llego al cementerio, que es enorme, y hay muchas cruces. Yo no sabía dónde estaba Turano. Me caigo como si la tierra me llamara, me pongo contra la turba, y de repente se me vienen las imágenes de los soldados, como si de cada una de las tumbas se me acercaran a tomar mate. Y de la izquierda, de siete tumbas a la izquierda, se me viene la imagen de Turano. Yo no sabía dónde estaba él. Pero lo veo venir de ahí todo brilloso, él era rubio. A los demás no les distinguía la cara, pero a él sí. Y me dice, ¡qué hacés Alejandro! ¡cómo andás! Y yo le digo, ¡qué hacés Juan Ramón! Y lo primero que le dije es: Yo no cumplí mi promesa. Y me dice, cómo te vas a poner a matar gente por tierra, esto es una locura. Y le digo, pero yo no cumplí. Y me dice, vos vas a cumplir el día que nos honren llegando a un acuerdo con esta gente; la tierra es del que está y si estos están, que estén ellos. Ustedes lleguen a algún tipo de acuerdo. Ahí nos van honrar, no matando.”

“Desde donde estaba sentí que estábamos todos unidos y los agarré de la mano y recé un Padrenuestro y un Avemaría con ellos, y sentí que estaban todos bien. Hasta ahí yo pensé que era mi imaginación. Pero cuando me fijo, la tumba de Turano estaba justo a siete tumbas desde donde yo lo vi venir. Ahí dije, este es un mensaje de él. Después de esto fuimos a la tumba de los ingleses, y también les rendimos honores.”

Alejandro Diego en el cementerio de Darwin – https://rugbysinfronteras.org/

Por último, el tercer encuentro que marcó significativamente el viaje de Alejandro, fue con Andrew Miller, un isleño que en la guerra tenía sólo dieciséis años. Andrew participaba de la resistencia dando alerta temprana a los ingleses ante la aparición de aviones argentinos. Pero si bien su actuación fue muy eficaz, su vida no se vio libre de amargas secuelas.  

“Le pregunté a Andrew que estaba haciendo él en la guerra. Y me dijo, yo me fui al campo como parte de la resistencia. Íbamos de a dos estudiantes voluntarios, con una carpa y cañas de pescar; éramos autónomos. Nos íbamos a las islas que están a la izquierda a dar alerta temprana de aeronaves, con una radio y nada más. Y así daba las alertas. Pero una vez, me dice, yo doy una alerta y parece que había un barco cerca y del barco sale un misil. Y cuando sale el misil yo pienso, por favor que no le dé, que no le dé, evadilo, evadilo, y veo que le da. Cuando le da, veo que el avión está cayendo y digo por favor, eyectate, eyectate, y veo que no puede eyectarse y se cae. Cuando termina la guerra, me dice, me condecoran por esta acción y me pasan el mensaje del piloto que habían escuchado los ingleses. Me cuenta que el piloto decía: “Me están tirando un misil, espero evadirlo. ¡No lo puedo evadir! Me dio, voy a eyectarme. ¡no puedo eyectarme, voy a morir! ¡Díganle a mi familia que la quiero, que la amo, que sean felices!”. Y pum, cae. A partir de eso, me dice que rechazó el ofrecimiento que le hicieron de incorporarse a los Marines y, al contrario, prefirió ser bombero para salvar vidas. Y lo veo llorando. Le pregunto si lo puedo abrazar y nos abrazamos llorando.”

De estos tres encuentros Alejandro finalmente concluye emocionado: 

“Entonces, el argentino que mató, llorando. El inglés que mató, llorando. Turano que me dice que los vamos a honrar el día que no haya más conflicto. Me cambió la vida. Me dio vuelta.” 

Estos tres encuentros representaron para Alejandro una transformación. El inicio de un camino de conversión, un camino ascendente, cuya cumbre más alta sería la reconciliación e incluso la amistad con sus antiguos enemigos, cláusula fundamental para un reencuentro consigo mismo.

Reconciliación 

La renovación que supuso para Alejandro ese viaje no tuvo vuelta atrás. Ahora iniciaría otro recorrido, casi un peregrinaje, que no podía emprender solo sin sus ex compañeros, muchos de los cuales se mostraban al comienzo fuertemente renuentes a hacerlo. 

El primer gran paso fue organizar un partido de Rugby entre veteranos argentinos e ingleses; pero no unos contra otros, sino todos mezclados entre ambos equipos. Alejandro consiguió sumar a 14 veteranos argentinos. Con la ayuda nuevamente de la Fundación Rugby sin fronteras, el 21 de septiembre de 2015 se logró concretar el singular encuentro en el estadio Richmond de Londres. 

Veteranos argentinos e ingleses en el estadio Richmond de Londres – https://rugbysinfronteras.org/

Unos días antes del partido, el 16 de septiembre de 2015, el Papa Francisco recibió en la Plaza de San Pedro a todos los participantes, los cuales formaban una comitiva de 60 personas. Tomando en sus manos la ovalada pelota bendijo la iniciativa y a cada uno ellos. Particularmente emotivo fue el mensaje de sanación que el Papa, por sugerencia de Alejandro, tuvo oportunidad de dirigir de manera personal a Fabián Abraham, aquel argentino que no podía superar el hecho de haberse visto obligado a matar. 

Veteranos argentinos e ingleses junto al Papa Francisco en la Plaza de San Pedro – https://rugbysinfronteras.org/

El 30 de abril de 2016, la misma Fundación organizó en Buenos Aires un nuevo encuentro entre veteranos de ambos países, bajo el lema: “Veteranos de Paz: un mensaje de encuentro y superación”.

Estos encuentros propiciaron a su vez la realización de una peculiar obra de teatro “Campo Minado”, de Lola Arias, en la que intervienen ex combatientes argentinos e ingleses y en la que se busca reconstruir sus recuerdos de la guerra y de su vida tras ella. 

El 6 y 7 de marzo de 2022, en vísperas del 40º aniversario de la guerra, tuvo lugar en Buenos Aires un nuevo gran evento bajo el nombre “La fraternidad es posible”. La organización estuvo a cargo de la asociación civil La Fe del Centurión, integrada por laicos que acompañan a ex combatientes argentinos y a las familias de los fallecidos. En la reunión se convocó a todos aquellos hombres y mujeres, tanto de Argentina, como del Reino Unido que de una manera u otra fueron partícipes del conflicto del Atlántico Sur. Con el apoyo de las autoridades eclesiásticas de las Iglesias Católica y Anglicana de ambos países, celebraron juntos una misa en la Catedral Anglicana de Buenos Aires donde se rindió homenaje a todos los caídos. Las reflexiones de esas jornadas no fueron ajenas al actual conflicto entre Rusia y Ucrania y entre ellas se destacan estas palabras: “Conocimos la guerra, amamos la paz”.

El 11 de septiembre de 2022, como un nuevo acto de reconciliación, un grupo de seis veteranos, argentinos e ingleses, escalaron juntos el Mont Blanc, la montaña más alta de Europa occidental, cuya cima alcanza 4.809 metros sobre el nivel del mar. La expedición conformada por ex integrantes de las fuerzas argentinas, gurkas, royal marines, guardias galeses y tropas especiales británicas tenía como fin recaudar fondos para Blesma, una asociación benéfica que da apoyo a veteranos ingleses sin extremidades. 

Veteranos argentinos e ingleses en la cima del Mont Blanc

Uno de los impulsores de esta travesía fue también Alejandro Diego, quien anticipa que están planeando como nuevo proyecto subir en 2024 el cerro Tronador de Argentina, y quizás un día también realizar algo similar en las mismas Malvinas, con la participación además de los isleños. Por último, describe lo que sería realmente llegar a la cumbre más alta: 

“Mi sueño es que, a través de estos encuentros, ir con los ingleses que conozco a hablar con los isleños y empezar un camino de solución pacífica de tres partes, los ingleses, los argentinos y los isleños, y que se pueda diseñar un acuerdo. Estoy seguro que se puede diseñar un acuerdo a nivel personas, para recién después ir a hablar con los gobiernos. Ese es mi sueño.

Finalmente, ante la pregunta de qué le diría a un joven que hoy se viera obligado a combatir en una guerra, responde: 

A los chicos que se ven obligados hoy a ir a una guerra, yo les diría, no vayas. No hay que ir a una guerra. Nadie merece morir por un pedazo de tierra.”

Cima del Mont Blanc

(1) “Marcha de las Malvinas” compuesta en 1940 por José Tieri: https://museomalvinas.cultura.gob.ar/musica/

¿Para qué sirven las matemáticas?

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Fotos: María Sara Cadirola

La Tierra es redonda, ergo, terraplanistas abstenerse. Aunque, en realidad, es más bien elipsoidal. Sin embargo, en nuestros ojos tenemos incorporada esa icónica imagen de planisferio escolar en la que se describe la elegante silueta de los (cinco) continentes sobre la vasta extensión de los océanos. Allí se dibujan también los límites precisos de cada uno de los países, la ubicación de las principales ciudades y a través de ciertos colores predeterminados se pueden distinguir algunas características de sus paisajes. En su esfuerzo por volcar una esfera sobre un plano, las proyecciones geográficas más conocidas, como la proyección de Mercator, desfiguran algunas formas y fuerzan algunas proporciones. Y como en estos mapas el Norte está siempre arriba y el Sur siempre abajo, a sus pies yace incómoda una figura desarticulada cuyo perfil parece resistirse a ser cartografiado. Invariablemente blanca, emerge así la Antártida. 

Un viaje hacia esas tierras de hielo sólo cabe en los libros de aventuras. Un continente reservado para temerarios exploradores y arduas campañas científicas. Si bien existe hoy en día actividad turística, esta es fuertemente regulada. Todas las visitas a la Antártida deben contar previamente con un permiso especial y deben llevarse a cabo de acuerdo a las directrices dispuestas en el Protocolo sobre Protección del Medio Ambiente del Tratado Antártico.   

Lo inhóspito de este destino, sin embargo, no hace mella en la fascinación que provoca. El sobrecogimiento que despierta no es ante monstruos marinos, ni sirenas, sino ante la inmensidad de la naturaleza en su estado primigenio. En su curso hay que enfrentarse empero a los 40 Rugientes, los 50 Aulladores y los 60 Bramadores. Y lo más estremecedor es que no se trata de seres mitológicos. Bajo ese encantamiento es que pese a todo riesgo un grupo de amigos, junto a la familia de uno de ellos, emprendió la que quizás sea la más grande expedición de sus vidas. A bordo del Atlantis se adentraron así hacia las más altas latitudes australes.

A bordo del Atlantis

Hace diez años unos ex-compañeros del secundario comenzaron a forjar este sueño. Sus primeros pasos en la navegación la habían recibido precisamente en su colegio, el Liceo Naval de Argentina. Pero una travesía de estas características requería enormes preparativos y una capacitación altamente especializada, como es el curso de Pilotos de la Prefectura Naval Argentina y el Curso de Navegación Antártica (NAVANTAR). Todos ellos hoy de profesiones muy variadas, no ligadas directamente a la marinería, debieron entrenarse e instruirse en todo lo que hace propiamente la náutica oceánica, en uno de los recorridos más peligrosos del mar. Uno de sus libros pilares, por ejemplo, fue el de “Navegación con mal tiempo”, cuyo título no parece ser precisamente el de un folleto que aliente el turismo en esa zona.

Nada fue improvisado. Sabían muy bien a lo que se enfrentaban. Suficiente provisión de alimentos, como comidas envasadas termoestabilizadas, agua potable y medicamentos no podían faltar. La ropa de abrigo y los trajes de agua adecuados eran de importancia vital. Obligatorio también fue gestionar ante las autoridades competentes la obtención de todos los permisos legales, entre los que se requiere un estudio de impacto ambiental y la suma de los más precisos detalles de toda la excursión: ¡Hasta la hora de llegada debían indicar! Incluso al regreso deberían cumplimentar un informe de todas las actividades realizadas en su itinerario. Y lo fundamental, por supuesto, fue el barco, que también tenía que ser debidamente acreditado junto a la aptitud de su tripulación.

El Atlantis es una robusta embarcación de acero naval de 50 pies de eslora y de 24 toneladas de peso, con diseño y prestaciones específicas para atravesar aguas polares atestadas de témpanos y hielos de diversos tamaños.

Viaje al fin del mapa (ida y vuelta)

La nave partió de la ciudad de Buenos Aires la madrugada del día 1° de noviembre de 2021. El trayecto fue segmentado en distintas etapas o “piernas”, como se nombran en lenguaje náutico, haciendo postas en distintos puertos a lo largo de toda la costa sur de Argentina. En cada tramo se fueron sumando más viejos amigos como integrantes temporales de la tripulación. Y como acompañantes ocasionales, pingüinos magallánicos, toninas overas y ballenas. 

El recorrido de ida incluyó los puertos de Mar del Plata, Rawson, Caleta Hornos en el Golfo San Jorge, Puerto Deseado y Puerto San Julián. Las exploraciones e historias en cada uno de ellos merecen un relato aparte. Desde allí cruzaron a la Isla de los Estados donde se encuentra el faro de San Juan de Salvamento, el cual inspiró nada menos que a Julio Verne en su obra “El faro del fin del mundo”; título que parece ya decirlo todo respecto a esta pequeña gran odisea, que todavía estaba apenas por la mitad. 

Finalmente, de allí se dirigieron a través del Canal Beagle al puerto de Ushuaia, último punto antes de cruzar el Pasaje de Drake hacia la Antártida y, por eso, último lugar para reaprovisionarse, aprontar los últimos detalles y reunir a la tripulación definitiva.

La tripulación que habría de completar el total del derrotero hasta arribar a la Antártida estaba compuesta por su capitán, Juan Theodorou, por Ricardo Franzosi y por Oscar Díaz Thompson. A la etapa final iniciada en Ushuaia se sumó también la familia de Juan, su esposa María Sara Cadirola y su hija María.

A lo largo de las distintas piernas participaron también de la dotación Jorge Bizet, Guillermo Gazzani, Walter Ceskiavikus, Diego Busetti, Gustavo Souto, Quico Diez, Matías Córdoba Andrada, Patricio Ehrman, Nicolás Vitale, Pablo Yema, Orlando Bocanera, Pablo Ferrari, Sergio Gil Adamo y Gabriel Martini.

Para el regreso quedaría visitar los puertos de Camarones y Madryn y una frustrada recalada en las Islas Malvinas, cuya entrada estaba vedada debido a medidas preventivas por COVID. 

El Pasaje de Drake, el estrecho que separa América del Sur de la Antártida, era ahora el gran desafío. También conocido como Mar de Hoces es el paso marítimo más meridional que comunica el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. Famoso por sus furiosos vientos y con una anchura de aproximadamente mil kilómetros de mar abierto sin interrupción, reúne en su extensión las aguas más tempestuosas del mundo.

El 16 de diciembre se dan las condiciones para zarpar desde Ushuaia. Cinco días tardaron en cruzarlo, con mucha cautela, pero con gran éxito. El 21 de diciembre, en coincidencia con el solsticio de verano, lo dejaron finalmente atrás. Crucial fue el seguimiento y apoyo por parte de dos meteorólogos amigos que desde distintas partes iban recabando los datos necesarios para saber cómo atravesarlo sin extremos sobresaltos. 

Los vientos no son todos iguales. Dentro del sistema circulatorio de la atmósfera se distinguen, entre otros, los llamados vientos constantes o planetarios. Estos vientos globales tienen un recorrido muy extenso y a su paso se encargan de transportar gran cantidad de energía térmica. Sus características y sus nombres van variando de acuerdo a la latitud. En el Hemisferio Sur se da la particularidad de que, al haber menos cantidad de tierras emergentes, los vientos fluyen sin mayores obstáculos, volviéndose mucho más intensos. A medida que los navegantes avanzan más y más hacia el Polo Sur es que se producen esos fenómenos cuyos nombres parecen tomados de criaturas legendarias. A los 40° de latitud sur comienzan a soplar los 40 Rugientes (Roaring Forties), tolerables sólo para temples especiales, pero muy convenientes para quien sabe aprovechar su velocidad. A partir del paralelo 50°, los vientos se vuelven aún más inquietantes, transformándose en los 50 Aulladores (Howling Fifties o Furious Fifties), a lo que se agregan las casi continuas tormentas propias de la zona. A esta altura es que corren las indómitas aguas del Pasaje de Drake. Pero a más frío, más escalofrío, ya que a los 60° las ráfagas desatan toda su bravura a cargo de los 60 Bramadores (Shrieking Sixties o Screaming Sixties), llegando a velocidades mayores a los 50 nudos (aproximadamente 100 km. por hora). En esta franja de mar, plagada ya de bloques de hielo, el abrazo de una ola puede alcanzar los 15 metros.

La Antártida constituye todas aquellas tierras emergidas al sur de los 60°: 14.000.000 km2, cubiertos de hielo casi en su totalidad. Su nombre lo toma como referencia opuesta a sus antípodas del Polo Norte: el Ártico. “Ártico” proviene de la palabra griega “arktos”, el oso, en alusión a la constelación de la Osa Menor, en la que se ubica la estrella polar, indicador clave para la orientación de los antiguos navegantes. “Antártida” es por eso “anti” (lo opuesto de), más “arktos”. Pero no sólo en su posición se contrapone al Ártico. Debido a una serie de factores geográficos, las temperaturas antárticas son muchísimo más extremas: ¡en las regiones internas más severas las marcas máximas van desde los -20°C en verano y los -60°C en invierno! Por suerte, en las costas, por donde transitó el Atlantis, las temperaturas estivales son más benignas. 

Pero no son sólo el frío y los vientos los que hacen tan difícil abordar tan altas latitudes. Es curioso, pero los mapas disponibles contienen muchos errores respecto a la latitud y longitud para cada lugar, lo cual hace tan incierta la ubicación que a veces parece indicar que se está navegando sobre tierra. Literalmente, el Atlantis había llegado al fin del mapa.

A orillas del sexto continente

La primera tierra antártica que alcanzan es la Isla Decepción. Pese a su nombre, es uno de los lugares más visitados. La boca de un volcán semihundido le da al terreno forma de herradura dando lugar a una enorme bahía en el que se entreabre un imponente paisaje. Su última erupción ocurrió en el año 1969 y actualmente mantiene una importante actividad termal. En el pequeño mar interior de la isla fondearon en la Bahía Telefon, donde quedaron momentáneamente varados por un banco que no figuraba en los croquis. Forzoso era esperar hasta que subiera nuevamente la marea, lo cual les dio oportunidad para realizar sus primeras caminatas sobre suelos polares. Distintas especies de pingüinos y de focas les salieron al paso. En todos los casos, debían ser sumamente respetuosos del paisaje, procurando no alterar de ninguna manera la vida silvestre local. 

Destrabar el Atlantis no fue tarea nada sencilla. Una vez logrado se dirigieron a Bahía Balleneros, donde hoy se encuentran las ruinas de antiguos establecimientos de producción de aceite de ballena. Era 24 de diciembre y pese a que los vientos lejos de amainar, arreciaban con gran fuerza, en la cena pudieron agradecer por fin el feliz arribo y festejar la Nochebuena. 

Aunque en realidad nunca se hizo de noche. Durante el verano antártico, hay luz solar las 24 horas del día. Lo cual hace confundir los ciclos de sueño y vigilia y las horas de las comidas.

A la salida de la Isla Decepción pudieron admirar los monumentales Fuelles de Neptuno, un estrecho de acantilados de más de 100 metros de altura. Cruzando el Mar de la Flota, unos 130 kilómetros más al sur, arribaron a Puerto Mikkelsen en la Isla Trinidad. Otros barcos de diferentes países circundaban también la zona. El mar comenzó a espesarse de hielos y la navegación se tornó más cautelosa. 

A través del Estrecho de Gerlache alcanzan el largo brazo de la Península Antártica, llegando a Caleta Cierva donde está ubicada la Base Primavera, una de las estaciones científicas a cargo del Instituto Antártico Argentino.

Luego, pese a que el viento dificultaba seriamente el avance, siguieron un sinuoso recorrido entre islotes, hielos flotantes y canales que los conduciría hasta Puerto Foyn, en la Isla Nansen. El combustible comenzó a escasear. Por suerte habían hecho amistad con los marineros del buque ruso Amazone, quienes solidariamente les proveyeron de gasoil, los cuales a su vez fueron recompensados con buenos vinos argentinos.

Al retomar de nuevo el rumbo experimentaron nuevamente las falencias de la cartografía antártica, de acuerdo a la cual la costa aparecía insólitamente corrida. Más fiables les resultaron las cartas náuticas manuales de otros navegantes que anteriormente habían recorrido esas aguas. De esta manera, accedieron al Canal Errera, uno de los lugares más hermosos que conocieron. Hielos, témpanos y glaciares brillaban bajo un sol espléndido. Gracias a su drone pudieron obtener increíbles vistas aéreas. En Bahía Paraíso, lugar cuyo nombre en este caso sí hace justicia con su maravilloso entorno, tuvieron oportunidad de visitar la base científica argentina Almirante Brown. Y este fue el punto más al sur que pisaron. 

A través del canal Murature y con un clima más adverso, llegaron a la Isla Melchior donde los sorprendió el nuevo año. Los festejos de Año Nuevo se dieron entre la visita a una colonia de focas, un sabroso menú casero, con champagne enfriado en el mar, y la urgencia de remover una inmensa acumulación de nieve de la cubierta del Atlantis. Si bien la comunicación era muy limitada, pudieron recibir saludos y buenos deseos de familiares y amigos. 

Finalmente, luego de este casi épico recorrido por tierras y aguas extremas, ya era hora de emprender el regreso. Pero allí la meteorología es la que decide. Para eso debieron esperar lo que llaman la “ventana” de buen tiempo que les permitiera enfrentar nuevamente los vientos y el oleaje del Pasaje de Drake. En dirección norte ahora, se internaron nuevamente en sus violentas corrientes. 

Ya por fin en Ushuaia nuevamente, comenzaron a desandar el largo camino recorrido hasta Buenos Aires, adonde llegarían el 11 de marzo de 2022. Y así recopilando fotos, videos, vivencias y anécdotas, fueron despidiéndose paso a paso de esta magnífica aventura y pergeñando quizás la siguiente. 

La Antártida es un lugar maravilloso porque se respira la libertad.”

María Sara Cadirola nos cuenta su experiencia personal a bordo del Atlantis y comparte además con nosotros las impresionantes fotos que captó con su cámara.

¿Cómo se inició todo este proyecto de expedición a la Antártida?

Fue un proyecto entre Juan y sus amigos del Liceo Naval que se gestó hace como diez años. Siempre el grupo de amigos se juntaba en el club.  Algunos son navegantes activos, otros no, pero comparten el gusto por la náutica. Así, en algún momento surgió la inquietud y empezaron a prepararlo. Se formaron, estudiaron, hicieron el curso de navegación antártica, hicieron los cursos de prefectura, tuvieron que hacer el curso de pilotos de yate para poder navegar aguas oceánicas, se juntaron con gente que ya había viajado a la Antártida, leyeron muchos libros y vieron muchos documentales. Todo esto a paso de hormiga. El viaje estaba proyectado para fines del 2020, pero apareció el COVID, así que quedó suspendido para el año pasado. Mucha preparación; sin prisa, pero sin pausa. En mi caso particular yo había navegado, pero no tengo ni siquiera el carnet de timonel. Un día Juan, en la cena, nos dijo así sin más: “¿Quién quiere venir a la Antártida?”. ¡Yo!, dije enseguida. Y mi hija María también se sumó. Siempre me pareció un destino fabuloso.

¿Cuáles son las vivencias e impresiones más fuertes que experimentaste?

La Antártida es un lugar maravilloso porque se respira la libertad. Y también te hace dar cuenta de lo mínimo que es uno tomando decisiones, porque en realidad uno puede programar muchas cosas, pero termina estando supeditado a las condiciones meteorológicas del momento, ya que tiene un clima muy cambiante.  Me pareció fascinante ver los animales, cómo subsisten, cómo es la libertad, la supervivencia de cada grupo de ellos, cómo se acomodan. En el camino íbamos leyendo unas fichas del Instituto Antártico Argentino que te da los datos de cada lugar. Es increíble saber que hay tantos estudios hechos sobre la Antártida, pero todos muy recientes, ya que es uno de los continentes más “nuevos” explorados, con lo cual es el día de hoy que se siguen estudiando todas sus características. 

¿Había otros barcos en la zona?

Yo pensé que íbamos a ser los únicos en la Antártida y claramente no lo éramos. Más allá de que uno sabe que hay bases, bases permanentes y bases de verano, y que la Antártida no es de nadie, nunca pensé que en el radar íbamos a ver tantos barcos. Había veleros de distintas nacionalidades; había cruceritos de turistas que parten desde Ushuaia; había un velero ruso que también llevaba pasajeros y otros veleros de grupos más reducidos como el nuestro. 

Eso me impresionó mucho, por lo cual me parece muy apropiada la campaña de no transformar la Antártida como un destino turístico, porque ya sabemos lo que pasa cuando hay mucha gente transitando distintos lugares.

¿Cómo es la vida silvestre? 

De la vida silvestre hemos visto albatros, escúas, gaviotas, gaviotines, toninas overas, que son como los delfines de Tierra del Fuego; vimos también ballenas, pingüinos de tres tipos, focas de weddell. Nos advirtieron también de la foca leopardo, que es muy agresiva, pero esa no la llegamos a ver. Peces no vimos. De plantas hemos visto algas verdes, algas rojas. Y leímos que en la isla Decepción, que más que una isla es un volcán, aparecieron recientemente unas plantitas que le llaman “clavel antártico”, que están siendo muy estudiadas. 

Yo salía con mi cámara a filmar y a sacar fotos a los distintos pájaros que nos daban vuelta, para aprovechar todo, todo, porque no sé cuándo voy a volver.

¿Cuál fue el paisaje más impactante?

El paisaje de la Antártida es maravilloso. Todo es lo mismo, pero todo es distinto. En conjunto son glaciares, hielo, agua y piedra, pero los paisajes son tan diferentes entre sí que a cada momento hay un espectáculo distinto. Pero la navegación más hermosa, casi soñada, fue yendo a Bahía Paraíso. No había viento, el agua estaba en calma y había pequeños icebergs y pingüinos como jugando en el agua. Silencio. Sol. Por detrás nuestro, sólo escuchábamos a las ballenas. Eso fue soñado. Ahí llegamos a la base Almirante Brown, que parecía otro planeta. Nos pareció increíble. 

¿Cuáles eran los medios de comunicación de los que disponían?

Teníamos el sistema de GPS Garmin, que es un localizador, por el cual la gente que tenía el link podía ver donde estaba el barco, y eso se iba actualizando cada 2 o 3 minutos. A través de esa página, nos podían enviar mensajes cortos. Y de esa manera cada uno se podía comunicar con sus familiares y amigos. Ese era nuestro medio de comunicación, porque allá no hay redes, no hay Wi-Fi. Y el teléfono satelital que contratamos para eventualidades y por seguridad, no tenía señal, con lo cual no nos sirvió.

¿Cómo era la organización interna en el barco cada día?

No había un orden establecido. Cada uno cocinaba distintas cosas. Todos hacíamos todo. Todo voluntario. No había un horario estricto, ya que además los horarios estaban totalmente trastocados, porque durante el verano no hay noche. La verdad es que la convivencia fue fantástica. Éramos cinco personas en un espacio reducido, pero todo fue muy armonioso. Sinceramente fue un viaje soñado.

¿Hubo algún momento difícil de la navegación? 

Yo tenía cierto temor a las olas y a la “vuelta campana” del barco. Y Juan es muy claro en sus respuestas. Ante mi pregunta de “¿Che, el barco se puede dar vuelta con una ola?”, me dijo categóricamente: “”.  Pero en realidad lo que pasa es que el barco da la vuelta campana, pero después termina de acomodarse otra vez. Mientras tanto adentro es una coctelera, pero al menos el barco no se hunde, ni se queda panza arriba. Como sea, eso era lo que más miedo me daba.  

Ya de regreso, dentro del Pasaje de Drake, un día nos tocó un viento muy fuerte de dirección noroeste, con mucha ola. Tan fuerte fue que hizo que el barco se escorara de repente tres veces. No se dio vuelta, pero fue lo suficientemente intenso para que se cayeran todas las cosas de la cocina, todas las herramientas de la proa, la mesa de herramientas, todo… Los más experimentados estaban sin embargo muy tranquilos, así que decidí que simplemente debía soltarme y confiar.

¿Volverías a hacerlo?

Definitivamente, quiero volver a la Antártida. 

El Tratado Antártico

Entre 1957 y 1958 las ciencias de la Tierra tuvieron su año dorado: la celebración del Año Geofísico Internacional (AGI). Una inmensa cooperación científica mundial de todas las disciplinas que contribuyen al estudio de la Tierra y del Espacio que la rodea: geología, geografía, geodesia, geofísica, sismografía, hidrología, astronomía, meteorología, oceanografía, glaciología, entre otras.  Científicos de 64 países se sumaron a esta monumental empresa. 

Uno de los principales temas de investigación fue precisamente la gran región del planeta que en ese entonces no había sido suficientemente explorada: el Continente Antártico. 

El entusiasmo ante los buenos resultados del AGI propició uno de los tratados intergubernamentales más exitosos de todos los tiempos: el Tratado Antártico.  El 1° de diciembre de 1959, Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica y la entonces Unión Soviética firmaron en Washington este acuerdo con el objetivo de asegurar el uso pacífico del territorio antártico y de promover allí la colaboración científica internacional. 

El Tratado Antártico entró en vigor el 23 de junio de 1961.  Varios de los países firmantes sostienen todavía reclamos de soberanía en distintas regiones de la Antártida, algunos de los cuales se superponen entre sí. El Tratado dispone que mientras este se encuentre vigente, estos reclamos siguen siendo válidos, pero se mantienen en suspenso, no admitiéndose nuevos, ni ampliaciones de los ya existentes. 

Bandera del Tratado Antártico

Es de resaltar que esta alianza se llevó felizmente a cabo más allá de las tensiones propias de la Guerra Fría. Y es gracias a este Tratado que la Antártida es todavía hoy un continente desmilitarizado, libre de armas nucleares y donde se prohíbe terminantemente la eliminación de desechos radiactivos. La presencia de bases militares es solamente a efectos de apoyo logístico a investigaciones científicas u otras actividades con fines pacíficos. 

A lo largo de los años, nuevos países fueron agregando su firma al Tratado. Hoy lo conforman un total de 54 países, de los cuales 29 son partes consultivas, o sea con voz y voto, y el resto, partes adherentes. Todos los miembros mantienen una reunión anual, con sede rotativa, a fin de velar por su adecuada implementación. De las llamadas Reuniones Consultivas del Tratado Antártico (RCTA) han surgido a su vez nuevos acuerdos conexos que atañen principalmente a la conservación de la vida y la protección del Medio Ambiente en la Antártida.

Desde 2004, La Secretaría del Tratado Antártico tiene su sede permanente en la ciudad de Buenos Aires. Su secretario ejecutivo es un funcionario internacional elegido por la RCTA

La próxima RCTA, la número 44, se realizará en Berlín entre el 22 de mayo y el 2 de junio de 2022. 

¿Para qué sirven las matemáticas?

Maternidades invisibles, cómo sobrevivir la pérdida de un hijo: Conversación con María del Carmen Alva

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“Finalmente ya no nos necesitan, los que partieron
temprano, uno se desteta dulcemente de lo terrestre,
como uno se emancipa con ternura de los senos de la madre.
Pero nosotros, que necesitamos tan grandes secretos,
nosotros que tan frecuentemente obtenemos del duelo
progresos dichosos, ¿podríamos existir sin ellos?”

Elegías de Duino, Rainer Maria Rilke

Desde hace algunos años el paradigma de la maternidad se ha modificado. Ser madre es poco deseado e incluso es algo que se da por sentado. Cada vez es más común que las mujeres no quieran tener hijos; la maternidad ha dejado de configurar el rol dentro de la sociedad para la mujer y se han creado nuevos sustitutos: carrera, viajes, compras y mascotas. 

Así como no se debe romantizar la maternidad, tampoco se puede negar su papel fundacional, no sólo como principio de vida, sino como soporte a lo largo de la existencia, porque queramos o no hay una relación íntima entre cada ser y su madre. Y es que con nadie podremos alcanzar el mismo nivel de conexión como con nuestras madres.

La biología ha denominado a esta conexión microquimerismo que implica que la madre guarda memoria de cada embarazo. Algunas células del hijo se comparten durante y después del embarazo; estas células se almacenan en la médula ósea de la madre y después se distribuyen a sus órganos. Estas células combinadas con las famosas células madre, las cuales no están sexuadas, tienen una gran capacidad de renovación y regeneración de diversos tejidos. De tal suerte que durante el embarazo, la madre y el bebé, se ayudan mutuamente y por medio de estas células dan mantenimiento a sus cuerpos. Incluso existen casos en que el corazón de madres con cardiopatía es reparado. Bajo ninguna circunstancia se puede expresar una unión tan estrecha, en la que alguien es verdaderamente carne de su carne y hueso de su hueso. 

El bebé que subsiste por la madre, con toda su pequeñez y vulnerabilidad, con el rostro incógnito al que se le va dando forma durante esos meses, en los que milagrosamente dos cuerpos coexisten en el mismo espacio y dos corazones laten al unísono, son los que forman un vínculo con el que cargaremos hasta el último de nuestros días. Quizá es por ello que no existe dolor más grande que perder un hijo.

Ni siquiera en alemán, que es un idioma muy preciso, existe la palabra para denominar a quien ha perdido a un hijo. Si pierdes a tu pareja, te vuelves viudo y si pierdes a tus padres te vuelves huérfano, pero si pierdes a tu hijo ni siquiera hay una palabra para nombrar a este luto. Recientemente la RAE ante el predicamento sugirió la palabra huérfilo, pero me parece un desatino con la buena intención de visibilizar algo que parecería invisible. La palabra tiene sentido, si pensamos que filo viene del latín y significa hijo. Pero no suena bien, es un término que me parece se queda corto. Así que prefiero recordar a mi abuela, afirmando sabiamente, que no existe palabra para nombrar la pérdida de un hijo porque nada puede llenar el silencio y el vacío indescriptible de la pérdida.

“En Ramá se escuchan voces, ayes y llantos amargos: Raquel llora a sus hijos, y no quiere que la consuelen, pues sus hijos ya no existen”. (Jr. 31, 15) Raquel, que representa a las madres, está sumida en su dolor y no hay nada que pueda consolarla, su lamento es apropiado con la magnitud de su dolor. Un dolor con el que se aprende a vivir, pero que nunca se marcha. Hablemos de las maternidades –y también las paternidades– invisibles, que son mucho más comunes de lo que pensamos y se llevan aún más silenciosamente. El duelo que se experimenta al perder un hijo durante la gestación es diferente, porque conlleva la conexión íntima del embarazo, las posibilidades infinitas truncadas que carga el nuevo ser y la intangibilidad. Porque a veces para sobrellevar el duelo puedes echar mano de la memoria y recordar el rostro de tu abuela, pero ¿cómo puedes extrañar y llorar a alguien a quien no has visto y con quien no compartes tantos recuerdos? 

En esta ocasión conversé con María del Carmen Alva fundadora del instituto IRMA donde hace 22 años se dedican a acompañar terapéuticamente a los padres que han perdido un bebé antes de nacer, sin importar si se trata de una pérdida inducida o espontánea. Todo comenzó con una tesis que después se convirtió en un libro y que del papel dio el salto a la realidad. IRMA es una institución no confesional en la que los pacientes son tratados por terapeutas profesionales y funciona por aportaciones y donaciones. Además de las sesiones psicológicas, también tienen talleres y retiros, como “Viñedo de Raquel”.

A pesar de la pandemia, el acompañamiento, no se ha detenido e incluso les ha dado la posibilidad de expandirse, para que mujeres y hombres, de diferentes sitios de la república puedan acercarse y recibir la ayuda que necesitan. El año pasado atendieron alrededor de 168 pacientes, de los cuales 9 de cada 10 eran mujeres. 

Foto: Maria del Carmen Alva.

La pérdida de un hijo antes de nacer es una situación mucho más común de lo que pensamos. No creo exagerar si afirmo que todos conocemos por lo menos a una persona que ha perdido a un hijo durante la gestación. 

Como dices, es algo muy triste, desde siempre se han perdido bebés antes de nacer. El porcentaje es altísimo y muy difícil de cuantificar, porque muchos no se registran. Muchas pérdidas se viven en la casa y se guardan en el corazón. 

IRMA es una institución de ayuda social que se mantiene principalmente con donaciones, tanto de las terapeutas, como de personas que se suman a la causa y los propios pacientes. Podrías hablar más al respecto. ¿Con cuántos terapeutas cuentan actualmente y qué requisitos se piden para poder formar parte del equipo?

Somos una organización de puertas abiertas: quien quiera, cuando quiera, sin importar las circunstancias y el tiempo gestacional en que se perdió el bebé; basta con tener un huequito que te duela para poder venir y que vayamos caminando contigo.
Actualmente son doce terapeutas que se han ido formando y especializando. La mayoría de las terapeutas son voluntarias, o sea que donan parte de su tiempo y servicio. También hay terapeutas externas que supervisan el trabajo de las terapeutas con los pacientes y las capacitan. Además hay un equipo de colaboradores y proveedores externos de otros servicios como talleres de autoestima, sexualidad, violencia y fortalecimiento. A la paciente de IRMA se le hace un estudio socioeconómico y de acuerdo con éste se determina su aportación.

Muchas veces nos cuesta trabajo admitir que necesitamos ayuda o hay veces que intentamos ignorar nuestros sentimientos hasta que de pronto dejamos de percibirlos. ¿Cómo puede alguien identificar que necesita ayuda? ¿Cómo funciona IRMA? ¿Cómo puede alguien comenzar el proceso?

Siempre hemos buscado mostrar que en realidad sucede algo, que se puedan identificar con ciertas señales: estar triste o enojada, llorar todo el tiempo, si te cuesta trabajo relacionarte con niños de la edad que tendría tu hijo, insomnio, depresión, angustia, pesadillas o ansiedad. Una vez que alguien identifica estas señales, les mostramos que hay un lugar en el que pueden pedir ayuda y eso es ya la mitad del trabajo, porque reconoces que algo te pasa y que hay un lugar en el que te pueden atender. Después aparece el primer contacto que por lo regular es telefónico y hay un pequeño desahogo y les informamos que es un lugar seguro, confidencial y de ayuda social; y les damos una cita. Así funcionaba antes de la pandemia y sólo estábamos en la Ciudad de México. 

Aunque hemos intentado capacitar profesionales para que estén en otros estados, nuestro centro está en la Ciudad de México. Pero, con la pandemia, empezamos a trabajar de forma virtual y así hemos logrado llegar a otras ciudades. Lo hemos hecho por videollamadas. A pesar de que lo ideal es estar en vivo, lo importante es poder vernos y observar las reacciones y conductas no verbales. Lo primero que hacemos es aplicar unas pruebas para que podamos tener más elementos de conocimiento para saber cómo estás. Tras la entrevista inicial y las pruebas se asigna un terapeuta que acompañará todo el proceso. Por lo general se reúnen una vez a la semana y a las 10 semanas se vuelven a hacer las mismas pruebas para poder medir el avance y el historial de pérdidas. Hasta que llega el momento en que se puede decir que el duelo terminó. No porque la herida haya desaparecido, sino porque tienes las herramientas para poder vivir con eso y te reconcilias con la maternidad. 
Aunque no somos una institución confesional, si alguien comparte que tiene una vida de fe y son religiosas, les ofrecemos la alternativa de un retiro de fin de semana, por ejemplo Los viñedos de Raquel, para que puedan terminar de trabajar su duelo a la luz de su fe. 

¿Nos puedes contar cómo es el retiro? ¿Y cuál es la diferencia con el acompañamiento terapéutico?

Estos retiros son una invitación personal y los organizamos eventualmente para quienes tienen interés de trabajar la pérdida desde su fe; además para poder participar en el retiro tienen que haber iniciado ya el proceso para que puedan ir más tranquilas. Este modelo de retiro se fundó en 1994 por Kevin y Theresa Burke, y la idea es que por un fin de semana se reúnan personas con una historia similar. Theresa además de ser la fundadora del Viñedo de Raquel, también es la autora del manual que se usa durante el retiro; y que ha permitido que pueda replicarse en varios países.
Muchas veces pasa que la persona no ha hablado del aborto con nadie o que sólo lo ha hecho con el terapeuta y en el retiro están en un ambiente de comunidad, confidencialidad y respeto; pueden escuchar de otras personas cómo han vivido su pérdida y así sentirse más acompañados. El retiro es una oportunidad para relacionarte de una nueva manera con Dios, con tu bebé y con quien sea que necesites perdonar. Y también tiene que ver con el silencio: se rompe el silencio en un espacio respetuoso, amable y cálido. En el retiro se vive el proceso de duelo en un espacio en el que no estás sola, estás acompañada y te van a escuchar; como cuando se atiende a un funeral. Esto ayuda a terminar de materializar la pérdida desde la fe. 

Equipo IRMA.

Últimamente se ha atacado mucho a la paternidad, como si sólo existiera la figura del padre ausente, pero ¿qué hay de los hombres que sí están? Muchas veces el hombre tiene que ser el soporte de la mujer, que se siente destrozada por la pérdida, y en ese sentido parece que acalla más su propio dolor. ¿Cómo es que comenzaron a tratar también a los padres? 

Se fue dando con el tiempo. IRMA es un nombre femenino y al inicio parecería que no los contemplamos, que es una institución sólo para mujeres, pero en el fondo desde hace 22 años teníamos la idea de que a los hombres les pasa algo porque la paternidad también se fractura y lastima. Empezamos a tratar a los padres con los primeros que decidieron vivir el duelo. Muchas veces el hombre llevaba a su mujer, a su novia, amiga a la terapia; con la idea de que ellos tenían que ser los fuertes por ellas y no se permitían voltearse a ver. En esos momentos les preguntábamos si ellos no querían también pasar. Y así comenzamos a recibir a los primeros hombres, de quienes también aprendimos mucho; porque cada situación es distinta, desde quien presionó, el que abandonó o el que está sufriendo mucho porque el bebé no nació. Y dentro de toda esta gama de circunstancias e historias es increíble que llega un punto en el que aceptan que se sienten mal porque también era su hijo; o porque quieren a su mujer o incluso porque no la querían y por eso tenían que romper el vínculo y después se arrepienten porque sacrificaron su paternidad. 

Quizá para los padres es aún más complicado; mientras que las mujeres desarrollan el vínculo con el bebé desde el principio, para los hombres el vínculo aparece tras el nacimiento. Y puede pasar que un dolor tan profundo separe a la pareja. En el caso en que ambos padres acuden a la terapia, ¿cómo funciona, atienden a las sesiones juntos?

Los hombres han roto con muchos esquemas como la idea de que no lloran y eso es sinónimo de fortaleza. Se han dado cuenta de que ese querer ser fuerte sólo los ha alejado de su pareja, porque a veces esa fortaleza se interpreta como si a él no le importara ni le doliera y al final eso rompía la relación; cuando podía ser todo lo contrario y que ese dolor los uniera.
Es importante que cada quien tenga su propio espacio y que cada quien procese su propio duelo, porque cada uno tiene un modo diferente de vivir esa experiencia. Cada uno necesita su propio espacio, aunque en algún punto pueden juntarse y hablar del duelo como pareja. 
También los hombres se deprimen y viven el estrés postraumático, aunque claro, los procesos son diferentes, a veces salen más rápido. Porque aunque el padre tenga sus expectativas y sueños, la paternidad es referencial y se alimenta de lo que la madre le comparte. 

Es muy bueno que tengan este espacio abierto para los hombres. Y que, como dices, con los años han ido aprendiendo cada vez más; lo que empezó como una tesis y después un libro, se volvió práctico. 

Sí, cada persona que se acerca se convierte en un maestro. Esto ha existido siempre, tanto el aborto espontáneo como el inducido, pero es increíble que no hayamos volteado a ver a las personas que han perdido a un hijo. Es triste que incluso haya una escisión entre el aborto espontáneo y el provocado, porque aunque hay diferencias, en ambos casos muere un hijo. 
Esta escisión del debate público hace que no podamos reflexionar sobre cómo vamos a vivir la maternidad en el futuro, porque la forma en la que te relacionas con el mundo, los niños y las mujeres embarazadas cambia. Si te sientes no atendida y no vista, cargas con un peso y enojo. Algunos pacientes han llegado y no soportaban estar cerca de un hombre, porque representaban el abandono y el abuso. Es importante visibilizar estas pérdidas. 

Flyer IRMA.

Claro, es importante visibilizarlo y hablarlo, porque esta pérdida se lleva en silencio y creo que ese es uno de los factores más duros de este tipo de duelo. A veces se puede incluso llegar a ridiculizar, “ni lo conociste, sólo fueron tres semanas”, entonces no deberías sentir lo que sientes.

Justamente, como si no hubiera derecho para sentirlo. Cuando comparamos los dos tipos de pérdidas se vuelve más evidente. En el espontáneo se llega a pensar que no existe el duelo, porque es como un duelo pequeño. Y en el provocado no tienes derecho al duelo. Y eso es muy fuerte porque en ambos casos es una maternidad que no se ve, que se vive en silencio, que no se valora, que se relativiza. Se relativiza el dolor según el tamaño del ataúd, si es un ataúd grande el dolor es grande y si es chiquito pues es un dolor chiquito. Pero además hay veces que ni siquiera hay ataúd. A veces no lo ves ni lo percibes.
Ahora lo podemos entender con el inicio de la pandemia, los familiares de alguien que entraba al hospital y después recibían solamente una caja de cenizas, sin la posibilidad de despedirse. O las personas que fallecen en un accidente muy dramático y no hay un cuerpo que enterrar. Es angustioso.

Es increíble que en pleno siglo XXI en que tanto se habla de la salud mental no se consideren a las personas que perdieron a un hijo antes de nacer, que se siga ignorando que esas personas también padecen depresión y su salud mental se ve afectada. Es muy importante que durante el proceso la persona se vaya haciendo más consciente de lo que siente. Hay una depresión real y tenemos que medirla y ponerle nombre; dar un diagnóstico ya es el primer paso de la ayuda. Sin etiquetar a nadie, pero saber por qué te sientes como te sientes y que es normal, te puede ayudar a ser más consciente y más libre para poder salir adelante. Porque pedir ayuda también te regresa cierta autonomía.
Antes se veía muy mal ir al psicólogo, pero ahora ya el tabú no existe y las personas se acercan cada vez más al proceso terapéutico, no para que alguien les diga cómo vivir su vida, sino que te ayude a descubrir aquellas cosas que tienes escondidas.

Nos han vendido la idea de que la maternidad es algo muy fácil, que basta con acostarse con alguien para inmediatamente producir vida, cuando la realidad no es así. Y si la maternidad se banaliza entonces el aborto también. Y también está el problema de cómo se vende el aborto: en este momento no puedes o no quieres a este bebé, no importa, después puedes tener otro, como si el siguiente hijo sustituyera al anterior.

Claro que no es sencillo, si hasta tiene que haber cierta compatibilidad. Eso es algo muy cierto y complicado, porque es muy doloroso perder un hijo, aún cuando piensas que no era el mejor momento y hayas decidido abortar, porque no eres de papel y hay algo que te duele. Se genera un vacío. Hay algo dentro de ti que te dice que algo te falta y tienes que vivir el duelo. El problema es cuando no se elabora el duelo. Incluso cuando perdemos un objeto –un trabajo, un anillo que te heredó la abuela– que consideramos valioso, vivimos un momento de duelo, porque aquello que consideramos tiene un valor ya no está; y en el caso de una pérdida humana este proceso es más grande porque tiene un valor mucho mayor. Entonces, está bien que nos demos permiso de experimentar el dolor de perder a alguien. Tenemos que vivir el proceso del duelo para poder sanar el corazón y poderlo abrir después. 

Por ejemplo, cuando cortas con un novio, tienes que pasar por un proceso de duelo, no puedes al día siguiente sustituirlo por otro porque no estás lista. Ahora imagínate a un hijo que no conociste, pero que estuvo dentro de ti y te quedaste con muchas expectativas, por eso es un duelo muy complicado. Tienes que terminar de procesarlo y después puedes abrirte a una nueva maternidad, entendiendo que el nuevo hijo no es un sustituto del que ya no está. Tenemos que distinguir que uno es diferente del otro y que el segundo no repone al primero.
Tras la pérdida se tiene que sanar para poder estar abierta a otra maternidad, porque no se trata de reemplazar. Nadie repone a nadie. Incluso fisiológicamente puedes estar sana, pero si tu corazón no ha sanado, no se logra tan fácilmente otro embarazo.

Me parece que también es un duelo complicado porque de cierto modo es intangible. En el bebé está toda la potencia de lo que puede ser, contiene dentro de sí un infinito, pero a la vez aún ha dejado un rastro en el mundo, te va a quedar la espinita de todo lo que pudo haber sido. Cuando muere tu abuela puedes pensar en todo lo que ya vivió y tienes algo a qué asirte, pero cuando muere un hijo, además de ser más doloroso hay que sumar esta intangibilidad, porque ni siquiera puedes consolarte con el pensamiento de haberlo tenido en tus brazos.

Una de nuestras terapeutas tanatóloga y dice que cuando pierdes a un ser querido lo que conservas son los recuerdos, experiencias, lo que viviste; y a mayor edad conservas más recuerdos y menos expectativas. Con el caso de la abuelita que tienes muchos recuerdos, pero ya no tienes la expectativa de que cargue a los bisnietos porque eres realista. Pero cuando pierdes un bebé que no llega a nacer tienes muchas expectativas y nada de recuerdos, porque incluso puede ser que no lo hayas sentido, puede ser que todavía no llegaras a sentir las pataditas, y eso tiene un dolor especial bajo cualquier circunstancia. Y se abren las incógnitas: y si sí hubiera podido, y si hubiera sido buena mamá; y si lo hubiera hecho aunque él me hubiera abandonado. Son una serie de cosas que te gritan por auxilio, pero, si no sabes reconocer que necesitas ayuda, te comes el dolor y esas experiencias, y comienzas a vivir justificándote, negándolo e ignorando ese peso que te oprime.

Por otro lado, la cosmovisión actual apuntala hacia la cultura de la muerte y del descarte, sin darse cuenta de una gran paradoja. Por un lado promueve en la esfera pública una muerte aparentemente digna –como la eutanasia y el aborto– y por otro lado le tiene pavor a la vida –porque la vida implica envejecimiento y vulnerabilidad–. La cultura de la muerte, prefiere la juventud sin afrontar la decrepitud, sin darse cuenta de que al negar la vulnerabilidad y la muerte, niega de cierto modo la vida. Mientras menos muerte y decadencia se vea, mejor. Se promueve el aborto, pero es aparentemente libre de duelo. 
Acercarte a la muerte te vuelve más sabio, aunque debe ser muy duro escuchar y acompañar en el duelo.

Sí aprendes mucho y el corazón se te vuelca de mil maneras. Lo ideal es que tras cualquier pérdida pudiéramos recibir ayuda, porque de cada pérdida aprendemos algo, así la existencia haya sido tan pequeña, y tenemos derecho a identificar qué nos dejó. Tras el duelo terminas con una sabiduría única. Otra paradoja es el tema de las mascotas, que sean mascotas por adopción e hijos por catálogo. Está mal visto buscar cierto tipo de raza, pero vamos al banco de esperma buscando ciertas características. A esto hay que sumarle el problema ético de la maternidad subrogada, que es un daño tanto para las mujeres, como para los niños.

Creo que es un problema de nuestro tiempo: no queremos vivir el dolor e intentamos evadirlo por todos los medios. Nos duele la cabeza e inmediatamente tomamos la pastilla. No queremos escuchar al cuerpo y los síntomas. Y cómo nos va a hablar nuestra psicología: con tristeza, enojo, desgano.

Ese es muy buen ejemplo. Hay estudios en los que se afirma que la relación materno-filial comienza a las 24 horas, desde la concepción. Hay una señal de que ahí hay alguien, es el microquimerismo materno. Hay una comunicación a nivel molecular, es información que se aloja en el cuerpo de la mujer y así ella percibe la maternidad; se aloja en la piel, en las vísceras. Dos cuerpos, dos seres con un ADN distinto que habitan en el mismo espacio y ese mensaje está ahí y grita, pero lo callamos, porque si lo dejamos nos vuelve locos. Aún tras la pérdida, el cuerpo tarda en notarlo. Y no existe la cultura y modo adecuado para tratar a una madre que perdió a su bebé, porque igual debe volver pronto al trabajo, sin vivir su pérdida y todos la tratan distinto sin hablar del tema.

Tienes mucha razón, hay heridas que están cerradas, pero aún así queda la marca. De cierto modo va a sanar, pero no va a desaparecer y a lo largo de tu vida habrá siempre algo que te haga recordarlo, algo que te vuelva a soltar las lágrimas: una canción, un lugar o un mes. Es necesario volver a llamar las cosas por su nombre, no callarlo, es como una olla a presión que tras mucho contenerse de pronto explota. 

Es difícil enfrentar ciertas cosas, pero como sociedad nos podemos ir educando. Desde niños podemos aprender a valorar la vida y la muerte, a darles su lugar, y a tratar los duelos con más naturalidad. Como niños podemos aprender fácilmente a enfrentarlo si te ayudan. También es cultural. A lo mejor la primera relación de los niños con la muerte es la de la mascota, pero se les oculta. Les decimos que no murió sino que duerme. Y así les quitamos el proceso del duelo que es natural porque no está mal llorar. Y así se enseña poco a poco a enfrentar la muerte y a manejar las emociones. Porque las emociones son el mensajero de que pasó algo. Se vale enojarse, pero no se puede vivir siempre enojado, de otro modo nuestra sociedad se vuelve violenta. 

En IRMA atienden a mujeres –y hombres– que han pasado por abortos espontáneos y provocados. ¿Podrías mencionar las similitudes y diferencias del proceso de duelo en ambos casos?

Es todo un proceso, los humanos somos muy complejos, tomamos una decisión y luego pensamos que fue la decisión correcta y si de pronto no estamos tan seguros de que aquello que elegimos fue correcto; suceden dos cosas: me inquieta y quizá no hacemos nada o buscamos promoverlo. Puede pasar que como alguien lo vivió en un lugar insalubre y bajo condiciones terribles, quiera promover que el aborto se haga de otro modo, con otras circunstancias, un aborto “bonito”. “A mi me dolió porque me lo hicieron mal, no porque esté mal”. Pero la muerte es muerte. Pero claro que te pueden matar con una pastillita o a cuchilladas, y la segunda es mucho más traumática, pero al final la muerte sigue siendo la muerte. No todas las mujeres tenían total claridad de a lo que iban. Y cuando no hay opciones entonces no hay decisión real. Quizá estás reaccionando, pero no estás decidiendo del todo, porque no te muestran todas las alternativas.

La gente recibe tantos mensajes contradictorios y confusos, y entonces si se sienten mal las descalifican para que acallen ese sentimiento. Quien tiene un aborto espontáneo puede pensar que, como no lo conoció, entonces no le debería doler. Es una falta de cultura, en la que cuestionamos el dolor y lo juzgamos antes de poder hacer algo para ayudar. En el caso de la pérdida provocada parece que como así lo quisieron no deberían sentirse mal. Pero eso no es correcto porque siempre pueden sentir algo.

Es complicado porque en ambos casos no se visibiliza el duelo, son maternidades invisibles, porque no tienen el hijo y porque además no se habla de ellas. Son contrastes muy evidentes.

Ahora que mencionas los contrastes, a veces escuchamos historias de nuestros pacientes que parecen de terror, al lado de la mujer que está feliz porque acaba de dar a luz, está la que lo acaba de perder y ni siquiera le dejaron ver el cuerpo y lo tiraron en los desechos orgánicos. Todo esto es un reflejo del poco trato digno. ¿Qué nos dice esto? Que no era valioso, que era basura. Y si esto pasa en el aborto espontáneo, imagínate en el aborto inducido. 
En muchos hospitales no te dan certificados de defunción hasta los seis meses, entonces no lo puedes enterrar o cremar, pero si te cortan un brazo, hasta te dan un formulario para preguntar qué hacemos con el brazo. ¡Pero a un hijo no!

Columpio vacío. Foto: Antonio G.

Qué impresión. No se reconoce la dignidad del cuerpo y más que vivimos los duelos de manera física. Necesitamos un cuerpo que enterrar, lloramos ante un ataúd, pero si no tenemos nada, nos arrebatan una parte fundamental para sobrellevar el dolor y el hueco se hace más grande. Y es terrible que ni siquiera tengamos el derecho jurídico de enterrar a nuestros hijos. Me parece que mientras se siga promoviendo legalizar el aborto esto será imposible, porque si reconocemos el derecho de las madres a enterrar a sus hijos, así sean de pocas semanas, entonces estamos reconociendo que aquella interrupción del crecimiento del saco de células es también tu hijo.

Claro, esto es central en el debate. Si reconocemos la dignidad del hijo que se pierde naturalmente, estamos a pocos pasos de reconocer la dignidad del bebé que se pierde en un aborto inducido; y que eso no puede ser un derecho. Si reconocemos a uno, tenemos que reconocer al otro. Los dos valen exactamente lo mismo, no es que el valor cambie según el perfil del fallecido. No es que unos tengan más derecho a nacer que otros. Pero el aborto es un buen negocio, porque no tienes que ayudar a una mujer en dificultad, sino que pasas de una situación a otra; y que alguien más se encargue del daño psicológico. 
Por ejemplo, si una enfermera hubiera pasado por eso, después podría tratar mal a los pacientes, porque tampoco ella fue tratada con dignidad.

Un herido hiere. 

Exacto, un herido hiere, y no por malo, sino porque así recibió el mensaje, porque su propio dolor no le deja ver más allá. Muchas veces ni siquiera es consciente, sino que es su manera de reaccionar. 
Tenemos la esperanza de que algún día ambas pérdidas sean vistas con los mismos derechos. Hace un tiempo participamos en un congreso que trataba sobre la salud mental materna; nos invitaron porque analizábamos la diferencia entre el aborto espontáneo y el provocado. En muchas ocasiones no se trata el provocado porque se considera un derecho y que no debería afectar la salud mental, pero esto no ocurre así. A pesar de sus diferencias, en ambos casos hay muerte y un duelo. Nuestro sueño es que se vea, hacer visible la pérdida y acompañar a quien lo necesite para sanar el dolor. Y que en ambos casos tienes el derecho de ser acompañado.

Para finalizar, quisiera preguntarte: ¿Cómo podemos acompañar –como amigo o familia– a alguien que ha perdido a su bebé?

Muy buena pregunta, porque los amigos son la clave. Son los que tienen la información y la llave de ese secreto; cuando alguien te comparte un secreto o algo de su intimidad te da permiso de hablar, de decirle algo. Si alguien te comparte su herida, como amigo o familiar, tienes permiso de escucharlo y hablarlo. Puedes ayudarlo a que tome conciencia de que puede pedir ayuda, que esos enojos y tristezas son los signos de que necesita cierto acompañamiento. Aunque no todos necesitan un acompañamiento terapéutico, sólo quienes de cierto modo se han paralizado y han quedado marcados de una manera tan significativa que los ha dejado sin recursos emocionales. Si tu detectas esto puedes escuchar sus sentimientos y validarlos; además de decirle que hay un lugar en el que se le puede brindar ayuda. 
Es como en un funeral, hay dos tipos de personas, el que te dice que no debes llorar y que debes de ser fuerte; y el que te apapacha mientras te escucha. Tenemos que ser la segunda clase de personas, sin que importe que hayan pasado más de 10 años de la pérdida, porque nunca es tarde para sanar una herida. 

Si conoces a alguien que esté pasando por esta situación, puedes acompañar en el proceso, el primer paso es pedir ayuda. Pueden contactar a la institución IRMA.

MDNMDN