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Una mexicana muy flamenca: Conversación con la bailaora Carmen Bautista

Una mexicana muy flamenca: Conversación con la bailaora Carmen Bautista

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No es mi intención escribir sobre los orígenes del flamenco, que además bastante depende de especulaciones históricas o elaborar un análisis sobre el ritmo, la división de las estrofas o los palos. No soy especialista en música y mucho menos de este arte en particular y por eso prefiero dejar a los más versados su estudio.

El flamenco es Patrimonio Cultural Inmaterial y quizá una de las artes más representativas de España. Y es que en el imaginario colectivo cuando mencionan a España, te piensas que todas las mujeres van por la calle con los vestidos de puntos de colores, flores, peineta y mantilla… con el traje de flamenca, en pocas palabras, como si siempre fuera la Feria de abril. Y te imaginas a todos apretujados en las casetas bebiendo rebujitos, comiendo un pescaíto y bailando sevillanas con mucho arte.

En esta ocasión quiero reflexionar sobre el arte como esperanza de futuro. Una problemática urgente es la niñez marginal: aquellos niños que por no tener mayores opciones y esperanzas se ven volcados hacia la calle. Una calle que no les promete un buen presente y mucho menos un mejor porvenir. En los barrios marginales la educación ya es un lujo y las actividades extraescolares son casi impensables. Sin embargo, algunas personas se lo han pensado muy bien para atraer a los niños fuera de los peligros de las calles.

Remedios Málvarez muestra en su documental Alalá, que significa “alegría” en calé, como el arte del flamenco ha preservado a varios niños del barrio más conflictivo de Sevilla, el polígono sur, de la calle. El Centro Cívico El Esqueleto y la fundación Alalá, ideada por el guitarrista Emilio Caracafé instruyen a los niños en el canto, la danza y la guitarra. La población es principalmente calé y el flamenco corre por sus venas. Así es como los niños, que quizá no se convertirán en cantaores, bailaores o guitarristas, pueden mirar con mayor esperanza al futuro. Sin embargo, esta no es la única iniciativa. En otros lugares se emplearán otros métodos, actividades, deportes o cursos; pero todos tienen la finalidad de evitar que los niños caigan en la vida “fácil” de la calle.

Esto no significa que por ir a una escuela ya automáticamente serán salvados y tendrán una mejor infancia; sería demasiado inocente creerlo. Pero lo que puede lograr un buen maestro es infundir en un alumno una gran pasión que le ayude a direccionar su vida. Ayudarles a encontrar un futuro, acompañarlos cercanamente para que tengan confianza en sí mismos.

Con la idea del baile, que forma en la disciplina y la educación como la base para un futuro con mayores perspectivas es que pensé en conversar con Carmen Bautista, quien es bailaora y docente. Carmen ha bailado en Zurich, Viena, Sevilla, en varias ciudades de Italia y en México; y combina con su arte muy flamenca el arte de la docencia. Carmen ha inspirado a varias niñas en el baile, con una mano segura, firme y amistosa les ha enseñado a creer en ellas mismas a través del baile.

Carmen, gracias por conversar conmigo para Spes. Ya desde hace varios años dejaste México para vivir en la capital del flamenco. Haz hecho giras por diferentes ciudades europeas y México. Eres bailaora y docente, por lo que además de bailar en un tablao, también enseñas. Tu carrera, como bailaora, va viento en popa, pero en lo personal, ¿qué tal llevas la vida cotidiana como expatriada?

Llevo cuatro años, ya voy por el quinto. Creo que Sevilla es el Disneylandia del flamenco. Ya hice raíces. Al principio es un poco extraño llegar a un lugar completamente nuevo y acostumbrarse a todo, desde lo más simple como el cambio de dinero: como dejar de pensar que cuarenta euros equivalen a cuarenta pesos. Pero puedo decir que ya tengo una familia: los amigos que he hecho.

Me alegra que te encuentres bien en Sevilla y sobre todo muy bien acompañada. Entrando ya en la cuestión del baile; de todos los diferentes tipos de ritmos y bailes, ¿cómo es que surgió en ti la inquietud por el flamenco?

Desde que era pequeña estuve en clases de baile: tahitiano, jazz, ballet y gimnasia, pero nunca hice flamenco. Mi escuela de baile es parte del INBA y antes de estudiar la carrera puedes tomar un nivel previo de formación básica, que dura siete años. Durante la primaria, de estos siete años, a veces me cruzaba con los chicos de la carrera de flamenco y aunque me llamaba la atención, me interesó verdaderamente hasta que tomé la primera clase.

En esta escuela te forman como docente y el último año tienes que hacer prácticas; cuando tenía once años tomé la clase de una chica que estaba por graduarse y me encantó. Y pensé que justamente eso era lo que quería hacer. A los once años tomé mi primera clase de flamenco, después de haber pasado por otros bailes, y ya no lo dejé. Desde los once años estuve segura de que quería estudiar la carrera en danza española.

Mencionas que antes tomabas clases de otros tipos de baile hasta que descubriste tu pasión por el flamenco, pero, aunque se dice que “quien mucho abarca, poco aprieta” y es mejor enfocarse en ser el mejor en un ritmo, ¿por qué decidiste centrarte únicamente en el flamenco y no en el jazz o ballet?

Venía de una crisis de violencia escolar. Las clases de danza son muy fuertes, los maestros tradicionales no tienen una formación docente y antes era mucho peor: a veces utilizaban métodos poco ortodoxos y perdían fácilmente la paciencia. Porque a la vez ellos aprendieron desde esa “metodología”. Por ejemplo, algunos bailarines de ballet practicaban con métodos extremos como colocar la flama de un encendedor debajo de la pierna para poderla sostener en alto el mayor tiempo posible. A mí no me ocurrió, pero me regañaban constantemente e incluso le decían a mi mamá que era la peor del grupo y que tenía sobrepeso. Por eso ya no quería bailar, ya no quería ir porque no le veía sentido, hasta que descubrí el flamenco y una nueva perspectiva de enseñanza.

El baile tiene una exigencia corporal muy fuerte; como las gimnastas que por lo regular deben contar con cierto peso y estatura. Sí que debe ser una gran presión, especialmente para una niña pequeña. Sin embargo, mencionas que hubo un cambio radical en el método de enseñanza. El papel de un buen maestro es fundamental y es algo que tu misma ejerces: aprendiste y enseñas.

Claro, es algo que he observado durante mi formación: la figura del maestro. En México vemos a los maestros desde una perspectiva vertical, pero en Sevilla hay una perspectiva más horizontal, y he aprendido muchísimo.

Y la cercanía no le quita la profesionalidad o respeto al profesor. Cambiando un poco el tema. Es muy común preguntarles a los niños, ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y al final muchos terminan haciendo una cosa diametralmente opuesta, porque es muy difícil saber desde tan temprana edad lo que queremos hacer. Sin embargo, tu tenías muy claro que querías estudiar danza española, pero nosotras nos conocimos en un salón de la Facultad de filosofía. ¿Puedes decirme algo más al respecto?

Sí, yo tuve muy claro desde los once años a qué quería dedicarme y cada año escolar lo pasaba como un paso menos para mi meta. En secundaria pensaba, “ahora falta menos”, pero cuando iba a terminar la prepa, pensé que quería estudiar otra cosa. Y para que veas lo fundamental que es un buen maestro: disfrutaba tanto las clases de ética de Adriana Clavel que descubrí que la filosofía también me encantaba.

La carrera de danza era por la tarde y las clases de filosofía por la mañana, pero era demasiado. Imagina, salir de Mixcoac después de clases corriendo hasta el centro para las clases de flamenco en la tarde y en la noche ir hasta el norte. Y así todos los días. A veces llegaba a las clases, estaba muy emocionada y quería aprender, pero el cansancio me ganaba. Me dolió dejar la carrera de filosofía, pero lo hice después de discernir: ¿cómo te ves en realidad? Y me veía más en el flamenco.

Es que era demasiado: un día lleno de actividades y no tenías casi momentos de descanso. Algo que también me resulta curioso es que yo pensaba que igual tendrías una influencia cercana, que te introdujo al flamenco, yo qué sé, una abuela o tía o alguien de la familia que bailara, porque no es tan común.

En México no es tan fácil tener una referencia cercana al flamenco a menos de que se trate de una familia con ascendencia española directa. Así que no es tan sencillo despertarse un día y decir “quiero bailar flamenco” como si fuera algo muy común.
Aunque culturalmente existan referentes, en mi familia no había una conexión directa. Recuerdo que siendo chica, en alguna ocasión le dije a mi mamá que me gustaba el flamenco. Y ella buscó un disco, y según yo, me ponía a bailar con los pasodobles. Que aunque no es flamenco, esa era su referencia. Mi mamá me acercó del modo que pudo y así ayudó a encender la chispa. Pero algo dentro de mí decía: debe haber algo más.

El flamenco además de un baile es parte de una cultura muy española e incluso se podría considerar calé con esta mezcla gitana. Últimamente parece que todo puede ser “apropiación cultural” e incluso ha caído en una sensiblería en la que cualquiera puede ofenderse sin que sea su “cultura” la que es “utilizada”. Eso me recuerda un vídeo en el que un gringo se viste con zarape y sombrero, va por la calle y les pregunta a estudiantes si les parecía ofensivo su vestuario. Y ellos respondían que eso no era un disfraz, que a lo mejor tenía un significado y claro, terminaban con la etiqueta de “apropiación cultural”. Después fue al barrio mexicano y a nadie le molestaba, no era ofensivo, es más les resultaba hasta simpático. Considerando la sensibilidad de algunos sectores por la apropiación cultural, ¿te ha sucedido que alguien te cuestione que bailes flamenco y no danza regional mexicana? ¿O te han puesto la etiqueta de la apropiación cultural?

Eso como tal no, nadie me ha cuestionado que baile flamenco y no otro ritmo, pero sí es todo un tema. Mucha gente viene a Sevilla a bailar flamenco y aquí se queda. Por ejemplo, bailo con un grupo de artistas callejeros, y a veces la gente pregunta “¿todos son españoles?” y respondemos “no, somos mexicanos, argentinos, la otra es de Brasil.” E inmediatamente mencionan que parecemos españoles.

Aunque claro que también hay una distinción entre los estudiantes internacionales y los que son propiamente españoles y no sólo eso, los andaluces.

Además, el flamenco tiene un trasfondo cultural muy amplio, que a veces ni siquiera los locales conocen. Se conoce más en Andalucía, pero tiene una base rítmica de África y de ritmos orientales. Tanta mezcla hubo en España y tantas influencias de ritmos, pero no por ello tiene un origen cien por ciento andaluz. Incluso en la danza y la música se puede encontrar algo muy clásico; el flamenco va evolucionando y se va expandiendo, y creo que por eso puede ser universal. Por ejemplo, en Japón es dónde hay más academias de flamenco.

Qué curioso, nunca me hubiera imaginado tantas academias en Japón o a japoneses bailando flamenco. Es muy internacional. Y es muy interesante lo que mencionas de la mezcla. Yo tenía la idea de que era un baile propio de Andalucía y los gitanos.

Cuando se aloja en Andalucía es por los gitanos, y hay un cataor que recopilaba los cantos de las familias gitanas. Pero no es que sea propio de un grupo étnico, sino que siempre hubo esta apertura de la mezcla. No podía darse desde un grupo cerrado, porque los gitanos iban a los teatros y ahí estaban los payos; entonces esta mezcla fue creando el contexto andaluz.

Carmen, ¿cuál sería el reto más grande para una bailaora?

Me parece que es buscar y encontrar su propio estilo. Porque por mucha técnica que puedas tener es importante tener algo que comunicar. El nivel técnico de alguien puede ser increíble: la cantidad de giros y zapateados que pueda dar. Pero imagina transmitir tu propia historia por medio del baile. Porque no basta con seguir los pasos que aprendes en un curso, eso sería una simple repetición y se podría perder la esencia por la técnica. Buscarnos, recrearnos y dar algo de nosotros en el baile.

Claro y es lo que puede diferenciar a 20 cantaores del Camarón. Entre la técnica y lo espontáneo.

Sí, ahora muchos cantaores cantan como Camarón. Es difícil, porque tampoco se puede hacer todo muy diferente, pero si se necesita dar algo propio. Algo muy tuyo.

El flamenco es un arte y una emoción que ya no puede delimitarse ni por un origen. Porque tanto arte puede tener una sevillana que una mexicana o venezolana. Cuando yo bailo soy más yo, porque conecto con mis emociones y después conecto con mis compañeros. Es como un ritual: la guitarra, el canto y el baile; a veces no tienes que conocer a tus compañeros para poder conectar con ellos.

Tan internacional es el flamenco que hasta escuché la fusión del vídeo “Carmen de la cueva” de Stella Papa en el que participaste, ¿cómo fue rodar este proyecto?

Ella es griega y hay muchos proyectos de fusión, que quedan muy bien por las raíces del flamenco. Stella Papa contrató a otra cantaora flamenca, a mi me enseñaron la canción, la entendí y sólo bailé. La fusión fue muy interesante del griego con el ritmo flamenco, pero justamente por el ritmo es que se puede dar muy bien. Aunque el trabajo en el flamenco es también muy espontáneo, me hablaron de ella, la conocí y grabamos.

Para concluir, a pesar de que estos proyectos soy espontáneos, ¿qué planes tienes a futuro?

He bailado y sigo intentando crecer como intérprete. A veces me puedo bloquear y pensar que no es suficiente, pero busco seguir creciendo. Sin embargo, hay mucha gente y trabajo informal; bailar en los tablaos en Sevilla a veces es complicado. Pero me gusta viajar y enseñar, entonces me gustaría bailar en diferentes partes del mundo y enseñar. Iré a México a bailar y dar varios cursos y espero en un futuro ir a Japón. Mi novio es guitarrista y trabajador social y queremos hacer un proyecto que no sólo sea estético, sino que también se fomente la inclusión. Entonces veremos a dónde nos lleva la docencia y el baile.

¿Para qué sirven las matemáticas?

¿Para qué sirven las matemáticas?

Por Araceli Cruz M.

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Queriendo resolver esta pregunta, hace unos años hice una serie de entrevistas a 5 maestros y 8 alumnos de secundarias públicas en Guanajuato y el Estado de México. A continuación comparto algunas preguntas y las respuestas que dieron. Son muy ilustrativas.

Los maestros eran 4 hombres y una mujer, con una edad promedio de 38 años y una experiencia media de 12 años impartiendo esta asignatura. Cuatro de ellos eran egresados normalistas (uno, además, filósofo) y otro ingeniero químico.

Los alumnos de los maestros entrevistados -seleccionados por ellos mismos- tenían 13 ó 14 años de edad. Eran dos de 1er grado, dos de 2º y cuatro de 3º. Cuatro con bajas calificaciones, dos con resultados promedio y dos estudiantes destacados.

ENTREVISTAS A LOS MAESTROS.
(Lo escrito en cursivas es textual).

¿Considera que los alumnos encuentran utilidad a las matemáticas para la solución de problemas de la vida diaria?

Maestro 1:
No las aplican y van perdiendo habilidades que sí tenían en kinder. Esto puede ser debido a las clases tradicionales, las políticas educativas, la mala interpretación de los métodos curriculares, la brecha entre los que van avanzando con Internet y los que no tienen ni siquiera una calculadora sencilla.

Maestro 2:
Sería riesgoso decir que sí lo están aplicando. Pero tienen habilidades…

Maestro 3:
No de inmediato. Hasta que estén grandes lo van a aplicar en algún trabajo.

Maestro 4:
Yo les digo “no vas a resolver una ecuación para subirte a un camión, pero la ciencia lo necesita”. No se puede aplicar siempre a situaciones tangibles, hay que manejar situaciones de abstracción y regresar a lo concreto. No tienen que aplicarla siempre, es una situación mental.

Maestro 5:
Algunos sí, otros no le toman la importancia que debiera. Desde la casa a ellos les explican para qué son importantes, pero ahora que están solos (porque los padres trabajan), no hay quienes les digan para qué les servirán más adelante.

¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta como docente de esta área?

M1:
La cuestión conceptual. Hay dos casos: a los que no les dieron los conceptos, pero los recuperan y avanzan, y los estudiantes a los que les cuesta crear y asimilar los conceptos. Hay muchas deficiencias en este sentido. El alumno no conceptualiza, le cuesta trabajo abstraer.

M2:
La forma tradicional de enseñar, donde sólo el maestro habla y da conceptos. Negamos la oportunidad al alumno de aportar lo que sabe.

M3:
El aprendizaje es complicado. No sabemos bien cómo aprenden los alumnos. Hay personas auditivas, visuales o las que aprenden manipulando. No sé cuántos alumnos tengo de cada tipo, debo dar estímulo para todos los tipos.

M4:
Van desfasados los contenidos de las materias. Por ejemplo, en física se ve velocidad cuando en matemáticas no se han visto ecuaciones. Este es un error de programa, pero también de conocimientos previos.

M5:
A veces no hay tiempo para atender a los retrasados y ellos no se animan a preguntar en clase. Debería haber tiempo de descarga para dar asesoría.

Foto: Mikhail Nilov

¿Cuál considera que es el principal problema de sus alumnos para aprender matemáticas?

M1:
La mayoría no están acostumbrados a estudiar. La sociedad los absorbe y es difícil cambiar sus hábitos. En lugar de hacer tareas ven la televisión o su celular. Falta orientación. Quienes deberían vigilar esto son los papás.

M2:
Es una edad difícil para los alumnos. Tienen problemas de tipo psicológico, por ejemplo, desintegración familiar, otros intereses personales, encerrarse en ellos mismos y sobreprotección y paternalismo de los padres. O, cuando los papas trabajan, dejan al alumno solo. En casos muy contados, hay incluso alcoholismo y drogadicción.

M3:
Las bases con que llegan. En primaria, el maestro da más de lo que comprende mejor, aun cuando el currículum marque otra cosa.

M4:
Se ha difundido la idea de que las matemáticas son difíciles… y sí son. Mis alumnos me dicen que tenían miedo al empezar. En casa les han mostrado que matemáticas es lo peor que puede haber.

M5:
Los alumnos de la tarde tienen un nivel socioeconómico menor y se nota. En la forma en que leen, en que se comunican, con un lenguaje muy limitado. Algunos salen bien, pero su contexto social es difícil.

Descríbame por favor una de sus clases de matemáticas.

M1:
No doy conceptos, sino que se maneja el proceso de que el alumno construya su idea. No digo el resultado de los problemas. El alumno descubre cuándo está bien.

M2:
Explico a los alumnos algún tema, ellos participan, les pregunto, pasan al pizarrón, les dejo tarea de lo que vimos… unos cinco, cuando mucho diez ejercicios; al día siguiente se les revisa la tarea.

M3:
Casi no me gusta que los alumnos trabajen en equipos, siento que sería un error, nada más yo les doy el tema. Porque, si les dejo el tema, muchas veces no pueden consultar ni su propio libro y no pueden venir a la biblioteca.

M4:
Entre las actividades se mencionaron: recordar los conceptos del tema anterior, acertijos, rompecabezas, juegos lógicos y uso de recursos tecnológicos.

¿Cuáles son las principales estrategias de enseñanza y recursos didácticos que emplea en sus clases?

M1:
El Rincón Luz del Saber. El estudiante más adelantado se sienta en el fondo del salón y cuando uno de los alumnos tiene duda, en lugar de acudir al maestro, solicita ayuda de su compañero. Se cambia con cierta frecuencia al titular de esta responsabilidad.

M2:
Hacerlos trabajar mentalmente. A ellos les gusta.

M3:
En su vida cotidiana podemos aplicar juegos. Les permite razonar, que es lo importante en matemáticas, crear procesos lógicos.

M4:
Que los alumnos no sean pasivos, que trabajen. Cuando están resolviendo un ejercicio no se vale copiar, se vale explicar.

M5:
Primero, darme cuenta cómo están. Hago un repaso si andan mal. Dejo que ellos se acerquen. Hablo a su nivel, con un lenguaje accesible. Soy popular.

¿Qué recursos tecnológicos emplea?

M1:
Computadoras. Con ellas se puede hacer muchas cosas, estoy aprendiendo.

M2:
Sensores y software que maneje funciones. Estamos empezando.

M3:
El siglo XXI significa más tecnología. Este es un elemento más de apoyo al proceso de aprendizaje.

M4:
Videos de matemáticas, aunque el doblaje aburre. No se han elaborado para la mentalidad mexicana.

M5:
Sólo utilizo el pizarrón y dejo ejercicios para que resuelvan.

¿Cómo responden los alumnos ante todas estas estrategias? ¿Logran asimilar la información?

M1:
Los estudiantes explican cómo llegaron a un resultado. Antes no se animaban; ahora sí. Hay mucha participación.

M2:
Muy bien. Cuando los que ahora están en 1º lleguen a 3º, no van a tener miedo. Van a despegar terrible y a cuestionar mucho a sus maestros.

M3:
A veces no responden. Están impactados con la mercadotecnia más llamativa de lo que nosotros podemos ofrecer. Avanzamos en forma rudimentaria, ellos tienen más información.

M4:
Yo siento que bien, (dice el maestro que sólo usa el pizarrón) seguramente responderían mejor si les trajera láminas u otro tipo de material. Yo, por falta de tiempo, no puedo elaborar otro material… la verdad, es raro el que llegue a traer otro tipo de material, al menos aquí en la tarde.

Si dependiera exclusivamente de usted, ¿daría sus clases de la manera que lo hace ahora o cambiaría? Si cambiara ¿qué haría?

M1:
Evaluar con los ejercicios del libro y no sólo con el examen, que pone nervioso a muchos.

M2:
Dar prioridad a lo académico sobre lo administrativo.

M3:
Verdaderamente capacitar a los profesores. Que haya instituciones serias donde los maestros puedan actualizarse, con validez para ellos.

M4:
Que el SNTE deje de ser excesivamente proteccionista con los profesores.

M5:
Realizar, cada semana, reuniones de Academia de los maestros de matemáticas para preparar las clases.

ENTREVISTAS A LOS ALUMNOS

Para ti, ¿qué son las matemáticas? ¿Te gustan?

Estudiante 1:
Es la materia más importante, es lo que más te sirve. Sí me gustan.

Estudiante 2:
Aunque son difíciles, sí me gustan.

Estudiante 3:
Son números y los números me laten.

Estudiante 4:
Es la ciencia que ayuda a investigar cómo se pueden hacer las operaciones básicas. Sí me gustan.

Estudiante 5:
Son importantes, uno aprende a hacer muchas cosas… como figuras.

Estudiante 6:
Es muy importante para nuestro futuro, para nuestra carrera. No me gustan, se me hacen muy difíciles.

Estudiante 7:
Tantito, están muy difíciles.

Estudiante 8:
Algo básico, no me gustan, están “bien” difíciles.

De lo que has aprendido de matemáticas, ¿qué es lo más importante, lo más significativo para ti?

E1:
Todo se va a utilizar en la vida, me van a servir en todo, por ejemplo, en la licenciatura.

E2:
La geometría. Para representar esquemas o diagramas.

E3:
Las figuras, para poder hacer planos de mi casa, para no pagar a los demás para que los hagan.

E4
Ecuaciones… para estar sacando (nervioso) algún problema de… ya se me olvidó.

¿Consideras que es importante estudiar esta asignatura? ¿Por qué?

E1:
Sí, se aprende mucho y en la vida la necesitamos.

E2:
Si porque las usas en la vida diaria. En todos lados.

E3:
Sí, porque en todos los trabajos se necesitan las matemáticas.

E4:
Sí, las uso (a) diario. En las cuentas, cuando te mandan a un mandado.

E5:
Sí, porque, si no pues no supiéramos hacer cuentas.

E6:
Para explicarle a alguien una operación, como la suma que es fundamental.

Lo que aprendes en la clase de matemáticas ¿Lo aplicas en tu vida diaria? Dame un ejemplo.

E1:
Ayudo a mis hermanos en las cuentas.

E2:
Apoyo a mis familiares pequeños, si van a entrar a la escuela.

E3:
Nada más las sumas y las restas, cuando voy a comprar.

E4:
En la naturaleza.

E5:
En el futbol.

E6:
No mucho.

E7:
No.

Foto: Karolina Grabowska

¿Crees que haya algún problema para aprender matemáticas? ¿Cuál es?

E1:
No, nomás poner atención en clase y practicándolas.

E2:
No ponemos atención en clase. Si le ponemos ganas no es difícil.

E3:
Sí son difíciles, pero si pones atención puedes entender.

E4:
Pues que deberían de hacerlas un poco más amenas.

E5:
Son difíciles. Donde no me hallo bien son las divisiones. Me perjudica pues.


¿Qué recursos emplea tu profesor para dar la clase? (material didáctico, computadoras, calculadoras, etc.)

E1:
Ejercicios con calculadoras matemáticas y computadoras.

E2:
Videos. Al final nos pregunta sobre lo que vimos.

E3:
Expone, nos explica muy bien su clase. A veces me gusta. Cuando voy fastidiado, me aburro.

E4:
Explica y dibuja las figuras. Nos pregunta lo que él explica. Vamos sacando más ideas.

E5:
Libros, el pizarrón.

E6:
Ejercicios en hoja de papel, todo es igual, por tema y ejercicios todo el año. Una hojita donde tiene los problemas.

Si tú fueras el maestro, ¿cómo darías la clase?

E1:
Les diría que lo hiciéramos todos juntos para que lo hiciéramos más fácil.

E2:
Les preguntaría sus ideas y tendría paciencia por si no entienden.

E3:
Calificaría considerando asistencia, participación, tareas, trabajo y prueba.

E4:
Yo creo que llevaría algunas cosas para enseñar mejor, unos juegos que tengan números.

E5:
Como todos los maestros, estudiar lo que vas a dar.

E6:
Intentaría dar la clase lo mejor que pudiera, explicándola para que me entendieran a la perfección.

E7:
La daría menos aburrida, pero cuando se tratara de que aprendieran, sería estricto pero flexible. Cuando se pueda, echar un poco de relajo.

VALORACIÓN DE LOS RESULTADOS OBTENIDOS

Oír expresar a los maestros sus ilusiones, intereses, limitaciones y necesidades y a los alumnos sus opiniones y sentimientos, me ayudó a sensibilizarme sobre este problema complejo, multifactorial y difícil de resolver.

Las apreciaciones de los maestros llegan a oponerse a las de los estudiantes debido a que maestros y alumnos ven la realidad e interpretan lo que sucede a partir de sus propias experiencias. Los docentes creen estar haciendo lo correcto, pero a veces no logran un verdadero impacto en el aprendiz, en su motivación y conocimiento.

La mayor parte de los docentes entrevistados manifestaron idealismo. Dijeron estar orientados al aprendizaje de sus alumnos. Tienen la preocupación de que los alumnos asimilen el conocimiento, pero no hacen explícita la búsqueda de un aprendizaje significativo. Esto es serio, porque se ha trabajado mucho en el sistema educativo sobre este concepto, pero parecería que la formación en este sentido –y por lo tanto la práctica– es todavía muy deficiente.

Respecto a los recursos didácticos, hay gran variedad de posturas: desde quien sólo transmite el conocimiento, con su hoja de ejercicios, el gis y el pizarrón. Hasta quien, con el apoyo de un equipo electrónico, aplica un proceso constructivista. Pasando por los que consideran buenos los apoyos, pero todavía no se comprometen con su uso cotidiano para la mejora docente.

La mayoría de los maestros todavía no habían incorporado (hecho cuerpo) el uso de recursos, especialmente los basados en la tecnología. Todos, incluso los que no los usan, reconocen que los alumnos sí responden ante estos. Se llegan a sentir rebasados por su propia falta de capacitación y por lo que los muchachos pueden conseguir en su vida cotidiana.

Aunque los estudiantes consideran importantes las matemáticas, no manifiestan que les resulten significativas. Les cuesta trabajo definir para qué les sirven. Las consideran, al mismo tiempo, importantes y difíciles. Algunos se aburren en clase y una gran parte cree que, si atendiera, entendería.

Fundamental y preocupante es que los estudiantes –y algunos maestros– ven la aplicación de las matemáticas como algo que se dará en el futuro. Las únicas ventajas concretas actuales que pudieron enunciar son: ayudar a los hermanitos y llevar las cuentas al comprar. No consideran que les ayude a pensar mejor, a tener una mente lógica y esquemática, a tomar decisiones y a predecir fenómenos.

Es triste, interesante y muy retador.

Cuidar a quienes sufren, hacia un cambio de paradigma

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Cuando hablamos del aborto, no podemos ignorar que hay mucho sufrimiento en derredor. Personas que buscan el aborto con la creencia de que remediará o evitará cierto sufrimiento, personas que sufren por haber abortado, personas cuyo sufrimiento consistió en una muerte antes de nacer, personas que fueron obligadas o engañadas para abortar, y los detalles pueden irse al infinito. El aborto y la pérdida de bebés no nacidos es un tema del que debemos hablar, pero en el que, además y sobre todo, debemos escuchar mucho y atender al sufrimiento de los demás.

Hace un tiempo, publicamos en Spes una entrevista a la directora de IRMA, el Instituto para la Rehabilitación de la Mujer y la Familia. Ellas realizan una labor muy importante para escuchar, comprender y fortalecer a las mujeres que sufrieron la pérdida de un hijo (bueno, una de cada diez personas que busca ayuda en IRMA es varón). Recientemente, Aracely Ornelas Duarte, miembro de IRMA y SOPHIA (un programa de investigación académica que nació gracias a la experiencia de IRMA) hizo un ‘Manual pastoral para el acompañamiento a quien ha perdido un hijo antes de nacer’, titulado: Hacia un cambio de paradigma. Como lo indica el subtítulo, el manual se propone orientar a quien acompaña a personas que han perdido un hijo antes de que naciera, y se puede descargar gratuitamente aquí en Spes. En nuestra revista, agradecemos a Aracely Ornelas por compartirnos y concedernos el archivo. Sabemos que su trabajo hará mucho bien a incontables personas.



Cuando lees el manual, te enteras de que (o quizás ya lo sabías, pero es una buena noticia) hay muchas más organizaciones en distintas partes del mundo que realizan labores similares a las de IRMA. Es el tipo de cosas que hace mucho bien saber, seguramente puedes mejorar la vida de alguna persona cercana recomendándole que busque a tal o cual organización. Te compartimos aquí algunas de las entrevistas del manual.


Proyecto esperanza (Chile), entrevista a Elizabeth Bunster, fundadora y directora

¿Cuál es la esencia de Proyecto Esperanza?
El encuentro con la misericordia y el amor de Dios frente al duelo por un hijo no nacido. Con la convicción de que ese hijo ‘vive en el señor’, buscamos ayudar a restaurar el vínculo espiritual con ese hijo, porque la maternidad y paternidad son vínculos indestructibles.

¿Cómo funciona proyecto Esperanza?
Es un programa de acompañamiento pastoral en caso de aborto provocado o espontáneo. Atendemos a hombres y mujeres; sin embargo, la mayoría de las personas que recibimos nos buscan a causa de un aborto provocado. No es una estructura; es un servicio que se trata de insertar en la pastoral familiar o pastoral de la salud de cada diócesis y en los centros de apoyo a la familia y a la mujer.

¿Cómo llegan a ustedes las personas?
Nos damos a conocer a través de parroquias y de Radio María. También hay unas tarjetas que entregan los sacerdotes a las personas que van a confesión por aborto. Una vez que la persona llama, se le escucha, se confirma que desea recibir acompañamiento. Se le señala que se pondrá en contacto con ella una persona.

¿Cómo es su proceso de acompañamiento?
Consta de nueve etapas. Cada etapa puede tener una o dos sesiones. El acompañamiento puede durar de cuatro a seis meses; las sesiones son semanales. Se ve la historia completa de la persona: cómo se asumen los duelos, cuáles son sus valores. Se indaga cómo fue la decisión de abortar o cómo fue el proceso de pérdida espontánea.

Después de canalizar los enojos, incluido el enojo contra Dios, se llega a la parte del perdón. A partir de ahí, se va resignificando el sentido de la vida de ese hijo, no obstante haya sido una vida muy corta. Luego se invita al Espíritu Santo para conocer a ese hijo, darle un nombre; se le escribe una carta y se termina con una liturgia. Se tiene un símbolo en casa para que todos vean que el hijo está presente en el hogar. Las personas descubren al hijo que está presente en el corazón y que es parte de la familia.

¿Cómo consideras que influye el ámbito cultural en el sentir de las mujeres que han experimentado el aborto?
La mujer siente que ella no puede transmitir a los otros la sensación de vacío que experimenta. El resto del mundo la mira como si estuviera exagerando, sin reconocer que están frente a una persona que llora la muerte de un hijo. Hay un ámbito cultural que no le da valor al hijo no nacido. Es doloroso estar en un entorno que no comprende tu dolor y que da mensajes que invalidan el duelo.

Más información: https://proesperanza.org/



Sisters for Life (Estados Unidos), entrevista a la hermana Veronica Mary, de la misión “Hope and Healing”

¿A quiénes sirven en su ministerio?
Trabajamos con mujeres que han pasado por aborto provocado, con hombres trabajamos poco.

¿Cuál es el motor de su ministerio?
Nos mueve una fe inquebrantable en la misericordia de Dios. Escuchamos los gritos de las mujeres que claman misericordia. Cuando alguien habla porque está dañada por haber abortado, escuchamos cómo sus corazones preguntan “¿Hay esperanza para mí?” y hay prácticamente un alivio instantáneo cuando escuchan que “no sólo hay esperanza, hay mucha esperanza”.

¿Cómo llegan las mujeres a ustedes?
Las mujeres nos llaman por teléfono o nos mandan un mensaje a través de nuestra página web. Generalmente nos buscan porque conocieron a una hermana o leyeron sobre nosotras en algún boletín parroquial, nos vieron en televisión, nos escucharon en la radio o algún sacerdote les habló de nosotras en el confesionario.

¿En qué consiste su ministerio a las mujeres que experimentan la herida del aborto provocado?
Tenemos días de oración y sanación, retiros y ‘días especiales’ para ellas. Podemos llevar con ellas al mismo tiempo un proceso de manera individual en el que nos van contando su historia, se les dice que hay esperanza para ellas pues ningún pecado es más grande que la misericordia de Dios, ahí es el inicio del acompañamiento y de una amistad con nosotras. No vamos ‘más rápido’ que ellas, no juzgamos, sino que vamos a su paso, escuchando, alentando y todo el tiempo guiándolas a Jesús como la única fuente de sanación. Sin embargo, esto no pasará en un día ni en un retiro. Algunas de las mujeres han estado con nosotras por quince años; algunas nos llaman ‘mamá’ y, después, son ellas las que dan testimonio a otros.

¿Qué necesitan escuchar las mujeres en esta situación?
Llegan con una herida muy profunda, nosotras hablamos directamente a esa herida y les decimos quiénes son a los ojos de Dios: “Eres una mujer amada, que tiene gran dignidad. Dios quiere restaurarte, quitar tus miedos y ayudarte a encontrar la integridad y sanación que ansías”.

Más información: https://sistersoflife.org/healing-after-abortion/



Grávida (Argentina), entrevista al Pbro. Bernardo Ruiz Moreno, Asesor espiritual nacional

¿Qué es Grávida?
Es un servicio de la Iglesia conformado por voluntarios que se constituyen en comunidades de servicio. Dichas comunidades se insertan en cada Iglesia diocesana con la misión de cuidar de la vida desde la concepción, alentando el reconocimiento y vivencia de la maternidad y la paternidad como don. Esto se traduce en el acompañamiento de embarazadas en dificultad, sea en riesgo de aborto o en riesgo social. También se acompañan a mamás y papás que han sufrido la pérdida de un hijo antes de nacer, ya sea por aborto provocado o espontáneo, y sufren la herida en su vida.

Este trabajo está fundado y alimentado por una espiritualidad mariana, sencilla, que toca toda la vivencia humana de María, quien camina entre nosotros, como madre y como mujer. Sostenida por el modo actual de ser Iglesia, plasmada en el Magisterio y la invitación del papa Francisco, una Iglesia en salida al encuentro de las periferias. Asumimos la pedagogía del encuentro, para salir e ir al encuentro de las mujeres y varones que se nos confían.

¿Cómo atienden a quienes sufren a causa del aborto?
A partir de la difusión en distintos ámbitos del Programa de sanación. La propuesta del programa es llegar a que la persona, que padece esta herida, solicite ella misma la atención. Una vez que llega, la recibimos y le ofrecemos un camino de sanación, presentándole la metodología de Programa Raquel en Grávida. Es un proceso de sanación y reconciliación personal. Se atienden mujeres y hombres, hermanos, abuelos y personal de salud que han sido partícipes directa o indirectamente de un aborto. Lo llevan adelante equipos conformados por consejeros laicos, sacerdotes y profesionales de la salud mental, capacitados específicamente para ofrecer y vivir este ministerio.

¿Cuál ha sido la experiencia de la comunidad de Grávida en este apostolado?
Nos damos cuenta de que podemos ser instrumentos de la misericordia de Dios, más allá de nuestras debilidades y limitaciones. Nuestra comunidad en Grávida ha sido testigo del hacer de Dios en la vida de las personas, de cómo las sana y restituye sus vidas. Estos son pequeños grandes privilegios de quienes nos ofrecemos como acompañantes en este camino. Surge la gratitud ante esto. Parte de la misión de la Iglesia es ponerse al lado del que sufre para caminar juntos.

¿Cuál es el mensaje que necesitan escuchar las personas dolientes?
El mensaje es de esperanza y misericordia, no de juicio y condena. Yo diría que, más que mensaje, son dos regalos que necesitan las personas que han vivido un aborto y sufren las heridas que deja en sus vidas: abrazo y ternura por parte de la Iglesia, y experimentar el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios.

Más información: https://gravida.org.ar/

¿Para qué sirven las matemáticas?

Hacia la cumbre más alta

No hay precepto más revolucionario dentro del mensaje cristiano que el del amor a los enemigos. Es tan contrario a lo instintivo, que suena incluso antinatural y casi antihumano. Sumamente difícil es perdonar y más todavía amar a cualquier persona con quien mantengamos cierta rivalidad. Pero este conflicto se vuelve insuperable cuando la hostilidad consiste en matar o ser matado. Y en la guerra parece no haber opción.

Hace cuarenta años se desató la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Tras casi un siglo y medio de ocupación británica, el 2 de abril de 1982 tropas argentinas hicieron toma efectiva de las islas. Este acto posesorio permitiría a la Argentina reivindicar la largamente disputada soberanía sobre estos territorios. Pero lejos de resolverse mediante tratados diplomáticos, el gobierno inglés desplegó una inesperada contraofensiva militar que concluyó con la reapropiación del archipiélago por parte de su ejército. El saldo de muertos fue de 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños. 

El 14 de junio se puso fin al conflicto bélico entre ambos países, pero con él se dio inicio a su vez a una multitud de otras guerras: guerras íntimas, guerras solitarias, guerras silenciosas que se llevaron a cabo en el interior de todas aquellas personas que se vieron sorpresivamente envueltas en esa contienda. 

Los sobrevivientes se vieron enfrentados cuerpo a cuerpo con su propia vida. Y muchos son los que no pudieron con ella. El enemigo era ahora interno y acechaba junto al eco de los gritos de los heridos y a la frustración por no poder vengar a los compañeros muertos. Muchos de los cuales fueron enterrados sin nombre en aquellas frías islas, en cuya desolación sólo queda el quejido de cómo “clama el viento y ruge el mar”. (1)

Alejandro Diego. Primer día en la Armada Argentina.

La memoria de aquellos días sigue vibrando intensamente en los relatos de sus protagonistas. Sus palabras reviven lo penoso de sus recuerdos y ponen al descubierto esas heridas que aún no terminan de cicatrizar. Alejandro Diego, veterano argentino, nos confía así su testimonio personal:   

Cuando enterré a varios de mis compañeros, yo ya no tuve más familia, no tuve más nada, y yo me dije: Yo mato a un inglés. Yo quería matar. Y no pude, porque no tuve cuerpo a cuerpo. Y me hizo muy mal.” 

Alejandro tenía entonces veinte años. Se encontraba haciendo el servicio militar obligatorio cuando lo convocan a incorporarse a las fuerzas de la Armada. Con una instrucción militar mínima, en la que sólo había tirado “siete tiros” (sic), se enfila para combatir en el frente. El 13 de abril llega a Malvinas. Allí conoce al marinero Juan Ramón Turano con quien comparte diversas maniobras a bordo del buque Bahía Buen Suceso y un destino sumamente dispar. Entretanto, el desarrollo de la guerra se acelera. La intensidad de los embates enemigos asciende. La juventud se detiene. Y la adversidad no espera. En medio de un bombardeo nocturno y a pocos metros de distancia, Juan Ramón muere. Diecisiete años era la edad que tenía.

Nos quedamos en tierra. Nos tiraban bengalas y de noche, a las 12 de la noche, empezaba el ataque. Y donde veían algo que se movía le tiraban. Los bombardeos duraban cuatro horas. Ráfagas de diez bombas. Paraban dos minutos. Diez bombas más. Y así iban barriendo toda la zona. En el primer ataque Turano muere al lado mío. Para mí fue terrible. Eso fue el 26 de mayo a las 2 de la mañana. Yo, por un tema del destino, pero que atribuyo a Jesucristo, me levanté con él. Y de repente veo que me olvidé la bolsa de dormir y vuelvo. Ahí empieza el bombardeo. Él se muere y yo no. Fue un golpazo. No puede ser, me dije, en dos minutos pasó todo. Fue como cuando te pegan una trompada y no reaccionás. Fue terrible.”

“Y al instante se empiezan a escuchar las voces de los heridos. Los gritos son tremendos. Y es tremendo también porque los tenés que ir a buscar. Y yo me dije que, si por algún motivo estoy vivo es porque Jesucristo lo quiso. Y si Jesucristo quiere que yo muera, que sea haga su voluntad, como en el Padrenuestro. Y fui. Y nadie iba.”

La revancha se presentaba en ese momento como una extraña esperanza. El desconcierto, la angustia, el pavor suspendían seguramente toda otra posible reflexión.  Sólo el dolor puede entender el dolor. Por eso, bajo promesa de falso resarcimiento, la venganza se vuelve así una anómala forma de empatía. Alejandro juró vengar a Juan Ramón, pero el fin de la guerra le ganó de mano. Y la promesa quedó incumplida. 

El día de la rendición fue una bisagra. Estaba muy contento porque había sobrevivido y muy triste por todo lo que había pasado, porque Argentina había perdido y porque no había cumplido mi promesa. Nos rendimos. Volvió a flamear la bandera inglesa. Fue la primera vez que yo sin moverme de mi lugar vi bajar la bandera argentina y subir la inglesa, de noche. Fue tremendo. Estar en otro país sin haberme movido, ni pasar la aduana. Nos tomaron prisioneros. Estuve siete días prisionero.”

“Y después volví. En tres meses fui muy diferente. Una cosa era yo antes y otra cosa fui yo después. La guerra te marca y no sos el mismo. Yo tenía veinte años y ya era un viejo de ciento ochenta. Yo pensé que no volvía vivo, por lo loco que estaba. Si había un enfrentamiento, a mí me matan, pero yo mato a tres o cuatro. Por mi amigo. Era más importante mi amigo que mi familia. Mi amigo muerto.” 

Alejandro Diego al regreso de la guerra.

Tres encuentros

En 2012 se cumplieron 30 años de la guerra. El ritual de los aniversarios cumple con rememorar lo sucedido reuniendo a los vivos y a los muertos. Y eso es lo que sucedió. Alejandro tuvo la oportunidad de volver a las islas y se reencontró con unos y otros.

Junto a la Fundación Rugby sin Fronteras Alejandro Diego viaja con una delegación de unas treinta personas, en la que él era el único veterano. En el aeropuerto se encuentra sin embargo con otro excombatiente, Fabián Abraham. Para su admiración, Fabián sí había matado. Y esto constituyó para él el primer punto de inflexión.

“Él había matado. Y yo le transmito a él que yo no soy veterano porque no cumplí la promesa a mi amigo de matar a alguien. Y él sí había matado. Para mí él era como Messi, yo quería estar en su lugar. Pero él me transmitió lo que fue matar, en el lugar donde él mató. Fue tremendo y me sacó las ganas de matar.”

“Él me dijo que dos veces se quiso suicidar, porque no se podía sacar la cara del inglés que mató, ya que había sido casi de día y muy cerca. Me dijo, menos mal que no mataste, vos también sos veterano. No es veterano solamente el que mató. Y yo dije, pero yo no cumplí la promesa a mi amigo.”

Cementerio de Darwin – https://rugbysinfronteras.org/

Ya en Malvinas, la delegación visita el Cementerio de Darwin. Alejandro había enterrado a Juan Ramón en Bahía Fox, lejos de ahí, pero ahora se encontraba en este cementerio que había sido construido por los ingleses un año después de la guerra; por lo cual no sabía dónde estaba exactamente la tumba de su amigo. Sin embargo, el reencuentro se dio de todos modos y fue revelador.

“Llego al cementerio, que es enorme, y hay muchas cruces. Yo no sabía dónde estaba Turano. Me caigo como si la tierra me llamara, me pongo contra la turba, y de repente se me vienen las imágenes de los soldados, como si de cada una de las tumbas se me acercaran a tomar mate. Y de la izquierda, de siete tumbas a la izquierda, se me viene la imagen de Turano. Yo no sabía dónde estaba él. Pero lo veo venir de ahí todo brilloso, él era rubio. A los demás no les distinguía la cara, pero a él sí. Y me dice, ¡qué hacés Alejandro! ¡cómo andás! Y yo le digo, ¡qué hacés Juan Ramón! Y lo primero que le dije es: Yo no cumplí mi promesa. Y me dice, cómo te vas a poner a matar gente por tierra, esto es una locura. Y le digo, pero yo no cumplí. Y me dice, vos vas a cumplir el día que nos honren llegando a un acuerdo con esta gente; la tierra es del que está y si estos están, que estén ellos. Ustedes lleguen a algún tipo de acuerdo. Ahí nos van honrar, no matando.”

“Desde donde estaba sentí que estábamos todos unidos y los agarré de la mano y recé un Padrenuestro y un Avemaría con ellos, y sentí que estaban todos bien. Hasta ahí yo pensé que era mi imaginación. Pero cuando me fijo, la tumba de Turano estaba justo a siete tumbas desde donde yo lo vi venir. Ahí dije, este es un mensaje de él. Después de esto fuimos a la tumba de los ingleses, y también les rendimos honores.”

Alejandro Diego en el cementerio de Darwin – https://rugbysinfronteras.org/

Por último, el tercer encuentro que marcó significativamente el viaje de Alejandro, fue con Andrew Miller, un isleño que en la guerra tenía sólo dieciséis años. Andrew participaba de la resistencia dando alerta temprana a los ingleses ante la aparición de aviones argentinos. Pero si bien su actuación fue muy eficaz, su vida no se vio libre de amargas secuelas.  

“Le pregunté a Andrew que estaba haciendo él en la guerra. Y me dijo, yo me fui al campo como parte de la resistencia. Íbamos de a dos estudiantes voluntarios, con una carpa y cañas de pescar; éramos autónomos. Nos íbamos a las islas que están a la izquierda a dar alerta temprana de aeronaves, con una radio y nada más. Y así daba las alertas. Pero una vez, me dice, yo doy una alerta y parece que había un barco cerca y del barco sale un misil. Y cuando sale el misil yo pienso, por favor que no le dé, que no le dé, evadilo, evadilo, y veo que le da. Cuando le da, veo que el avión está cayendo y digo por favor, eyectate, eyectate, y veo que no puede eyectarse y se cae. Cuando termina la guerra, me dice, me condecoran por esta acción y me pasan el mensaje del piloto que habían escuchado los ingleses. Me cuenta que el piloto decía: “Me están tirando un misil, espero evadirlo. ¡No lo puedo evadir! Me dio, voy a eyectarme. ¡no puedo eyectarme, voy a morir! ¡Díganle a mi familia que la quiero, que la amo, que sean felices!”. Y pum, cae. A partir de eso, me dice que rechazó el ofrecimiento que le hicieron de incorporarse a los Marines y, al contrario, prefirió ser bombero para salvar vidas. Y lo veo llorando. Le pregunto si lo puedo abrazar y nos abrazamos llorando.”

De estos tres encuentros Alejandro finalmente concluye emocionado: 

“Entonces, el argentino que mató, llorando. El inglés que mató, llorando. Turano que me dice que los vamos a honrar el día que no haya más conflicto. Me cambió la vida. Me dio vuelta.” 

Estos tres encuentros representaron para Alejandro una transformación. El inicio de un camino de conversión, un camino ascendente, cuya cumbre más alta sería la reconciliación e incluso la amistad con sus antiguos enemigos, cláusula fundamental para un reencuentro consigo mismo.

Reconciliación 

La renovación que supuso para Alejandro ese viaje no tuvo vuelta atrás. Ahora iniciaría otro recorrido, casi un peregrinaje, que no podía emprender solo sin sus ex compañeros, muchos de los cuales se mostraban al comienzo fuertemente renuentes a hacerlo. 

El primer gran paso fue organizar un partido de Rugby entre veteranos argentinos e ingleses; pero no unos contra otros, sino todos mezclados entre ambos equipos. Alejandro consiguió sumar a 14 veteranos argentinos. Con la ayuda nuevamente de la Fundación Rugby sin fronteras, el 21 de septiembre de 2015 se logró concretar el singular encuentro en el estadio Richmond de Londres. 

Veteranos argentinos e ingleses en el estadio Richmond de Londres – https://rugbysinfronteras.org/

Unos días antes del partido, el 16 de septiembre de 2015, el Papa Francisco recibió en la Plaza de San Pedro a todos los participantes, los cuales formaban una comitiva de 60 personas. Tomando en sus manos la ovalada pelota bendijo la iniciativa y a cada uno ellos. Particularmente emotivo fue el mensaje de sanación que el Papa, por sugerencia de Alejandro, tuvo oportunidad de dirigir de manera personal a Fabián Abraham, aquel argentino que no podía superar el hecho de haberse visto obligado a matar. 

Veteranos argentinos e ingleses junto al Papa Francisco en la Plaza de San Pedro – https://rugbysinfronteras.org/

El 30 de abril de 2016, la misma Fundación organizó en Buenos Aires un nuevo encuentro entre veteranos de ambos países, bajo el lema: “Veteranos de Paz: un mensaje de encuentro y superación”.

Estos encuentros propiciaron a su vez la realización de una peculiar obra de teatro “Campo Minado”, de Lola Arias, en la que intervienen ex combatientes argentinos e ingleses y en la que se busca reconstruir sus recuerdos de la guerra y de su vida tras ella. 

El 6 y 7 de marzo de 2022, en vísperas del 40º aniversario de la guerra, tuvo lugar en Buenos Aires un nuevo gran evento bajo el nombre “La fraternidad es posible”. La organización estuvo a cargo de la asociación civil La Fe del Centurión, integrada por laicos que acompañan a ex combatientes argentinos y a las familias de los fallecidos. En la reunión se convocó a todos aquellos hombres y mujeres, tanto de Argentina, como del Reino Unido que de una manera u otra fueron partícipes del conflicto del Atlántico Sur. Con el apoyo de las autoridades eclesiásticas de las Iglesias Católica y Anglicana de ambos países, celebraron juntos una misa en la Catedral Anglicana de Buenos Aires donde se rindió homenaje a todos los caídos. Las reflexiones de esas jornadas no fueron ajenas al actual conflicto entre Rusia y Ucrania y entre ellas se destacan estas palabras: “Conocimos la guerra, amamos la paz”.

El 11 de septiembre de 2022, como un nuevo acto de reconciliación, un grupo de seis veteranos, argentinos e ingleses, escalaron juntos el Mont Blanc, la montaña más alta de Europa occidental, cuya cima alcanza 4.809 metros sobre el nivel del mar. La expedición conformada por ex integrantes de las fuerzas argentinas, gurkas, royal marines, guardias galeses y tropas especiales británicas tenía como fin recaudar fondos para Blesma, una asociación benéfica que da apoyo a veteranos ingleses sin extremidades. 

Veteranos argentinos e ingleses en la cima del Mont Blanc

Uno de los impulsores de esta travesía fue también Alejandro Diego, quien anticipa que están planeando como nuevo proyecto subir en 2024 el cerro Tronador de Argentina, y quizás un día también realizar algo similar en las mismas Malvinas, con la participación además de los isleños. Por último, describe lo que sería realmente llegar a la cumbre más alta: 

“Mi sueño es que, a través de estos encuentros, ir con los ingleses que conozco a hablar con los isleños y empezar un camino de solución pacífica de tres partes, los ingleses, los argentinos y los isleños, y que se pueda diseñar un acuerdo. Estoy seguro que se puede diseñar un acuerdo a nivel personas, para recién después ir a hablar con los gobiernos. Ese es mi sueño.

Finalmente, ante la pregunta de qué le diría a un joven que hoy se viera obligado a combatir en una guerra, responde: 

A los chicos que se ven obligados hoy a ir a una guerra, yo les diría, no vayas. No hay que ir a una guerra. Nadie merece morir por un pedazo de tierra.”

Cima del Mont Blanc

(1) “Marcha de las Malvinas” compuesta en 1940 por José Tieri: https://museomalvinas.cultura.gob.ar/musica/

¿Para qué sirven las matemáticas?

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Fotos: María Sara Cadirola

La Tierra es redonda, ergo, terraplanistas abstenerse. Aunque, en realidad, es más bien elipsoidal. Sin embargo, en nuestros ojos tenemos incorporada esa icónica imagen de planisferio escolar en la que se describe la elegante silueta de los (cinco) continentes sobre la vasta extensión de los océanos. Allí se dibujan también los límites precisos de cada uno de los países, la ubicación de las principales ciudades y a través de ciertos colores predeterminados se pueden distinguir algunas características de sus paisajes. En su esfuerzo por volcar una esfera sobre un plano, las proyecciones geográficas más conocidas, como la proyección de Mercator, desfiguran algunas formas y fuerzan algunas proporciones. Y como en estos mapas el Norte está siempre arriba y el Sur siempre abajo, a sus pies yace incómoda una figura desarticulada cuyo perfil parece resistirse a ser cartografiado. Invariablemente blanca, emerge así la Antártida. 

Un viaje hacia esas tierras de hielo sólo cabe en los libros de aventuras. Un continente reservado para temerarios exploradores y arduas campañas científicas. Si bien existe hoy en día actividad turística, esta es fuertemente regulada. Todas las visitas a la Antártida deben contar previamente con un permiso especial y deben llevarse a cabo de acuerdo a las directrices dispuestas en el Protocolo sobre Protección del Medio Ambiente del Tratado Antártico.   

Lo inhóspito de este destino, sin embargo, no hace mella en la fascinación que provoca. El sobrecogimiento que despierta no es ante monstruos marinos, ni sirenas, sino ante la inmensidad de la naturaleza en su estado primigenio. En su curso hay que enfrentarse empero a los 40 Rugientes, los 50 Aulladores y los 60 Bramadores. Y lo más estremecedor es que no se trata de seres mitológicos. Bajo ese encantamiento es que pese a todo riesgo un grupo de amigos, junto a la familia de uno de ellos, emprendió la que quizás sea la más grande expedición de sus vidas. A bordo del Atlantis se adentraron así hacia las más altas latitudes australes.

A bordo del Atlantis

Hace diez años unos ex-compañeros del secundario comenzaron a forjar este sueño. Sus primeros pasos en la navegación la habían recibido precisamente en su colegio, el Liceo Naval de Argentina. Pero una travesía de estas características requería enormes preparativos y una capacitación altamente especializada, como es el curso de Pilotos de la Prefectura Naval Argentina y el Curso de Navegación Antártica (NAVANTAR). Todos ellos hoy de profesiones muy variadas, no ligadas directamente a la marinería, debieron entrenarse e instruirse en todo lo que hace propiamente la náutica oceánica, en uno de los recorridos más peligrosos del mar. Uno de sus libros pilares, por ejemplo, fue el de “Navegación con mal tiempo”, cuyo título no parece ser precisamente el de un folleto que aliente el turismo en esa zona.

Nada fue improvisado. Sabían muy bien a lo que se enfrentaban. Suficiente provisión de alimentos, como comidas envasadas termoestabilizadas, agua potable y medicamentos no podían faltar. La ropa de abrigo y los trajes de agua adecuados eran de importancia vital. Obligatorio también fue gestionar ante las autoridades competentes la obtención de todos los permisos legales, entre los que se requiere un estudio de impacto ambiental y la suma de los más precisos detalles de toda la excursión: ¡Hasta la hora de llegada debían indicar! Incluso al regreso deberían cumplimentar un informe de todas las actividades realizadas en su itinerario. Y lo fundamental, por supuesto, fue el barco, que también tenía que ser debidamente acreditado junto a la aptitud de su tripulación.

El Atlantis es una robusta embarcación de acero naval de 50 pies de eslora y de 24 toneladas de peso, con diseño y prestaciones específicas para atravesar aguas polares atestadas de témpanos y hielos de diversos tamaños.

Viaje al fin del mapa (ida y vuelta)

La nave partió de la ciudad de Buenos Aires la madrugada del día 1° de noviembre de 2021. El trayecto fue segmentado en distintas etapas o “piernas”, como se nombran en lenguaje náutico, haciendo postas en distintos puertos a lo largo de toda la costa sur de Argentina. En cada tramo se fueron sumando más viejos amigos como integrantes temporales de la tripulación. Y como acompañantes ocasionales, pingüinos magallánicos, toninas overas y ballenas. 

El recorrido de ida incluyó los puertos de Mar del Plata, Rawson, Caleta Hornos en el Golfo San Jorge, Puerto Deseado y Puerto San Julián. Las exploraciones e historias en cada uno de ellos merecen un relato aparte. Desde allí cruzaron a la Isla de los Estados donde se encuentra el faro de San Juan de Salvamento, el cual inspiró nada menos que a Julio Verne en su obra “El faro del fin del mundo”; título que parece ya decirlo todo respecto a esta pequeña gran odisea, que todavía estaba apenas por la mitad. 

Finalmente, de allí se dirigieron a través del Canal Beagle al puerto de Ushuaia, último punto antes de cruzar el Pasaje de Drake hacia la Antártida y, por eso, último lugar para reaprovisionarse, aprontar los últimos detalles y reunir a la tripulación definitiva.

La tripulación que habría de completar el total del derrotero hasta arribar a la Antártida estaba compuesta por su capitán, Juan Theodorou, por Ricardo Franzosi y por Oscar Díaz Thompson. A la etapa final iniciada en Ushuaia se sumó también la familia de Juan, su esposa María Sara Cadirola y su hija María.

A lo largo de las distintas piernas participaron también de la dotación Jorge Bizet, Guillermo Gazzani, Walter Ceskiavikus, Diego Busetti, Gustavo Souto, Quico Diez, Matías Córdoba Andrada, Patricio Ehrman, Nicolás Vitale, Pablo Yema, Orlando Bocanera, Pablo Ferrari, Sergio Gil Adamo y Gabriel Martini.

Para el regreso quedaría visitar los puertos de Camarones y Madryn y una frustrada recalada en las Islas Malvinas, cuya entrada estaba vedada debido a medidas preventivas por COVID. 

El Pasaje de Drake, el estrecho que separa América del Sur de la Antártida, era ahora el gran desafío. También conocido como Mar de Hoces es el paso marítimo más meridional que comunica el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. Famoso por sus furiosos vientos y con una anchura de aproximadamente mil kilómetros de mar abierto sin interrupción, reúne en su extensión las aguas más tempestuosas del mundo.

El 16 de diciembre se dan las condiciones para zarpar desde Ushuaia. Cinco días tardaron en cruzarlo, con mucha cautela, pero con gran éxito. El 21 de diciembre, en coincidencia con el solsticio de verano, lo dejaron finalmente atrás. Crucial fue el seguimiento y apoyo por parte de dos meteorólogos amigos que desde distintas partes iban recabando los datos necesarios para saber cómo atravesarlo sin extremos sobresaltos. 

Los vientos no son todos iguales. Dentro del sistema circulatorio de la atmósfera se distinguen, entre otros, los llamados vientos constantes o planetarios. Estos vientos globales tienen un recorrido muy extenso y a su paso se encargan de transportar gran cantidad de energía térmica. Sus características y sus nombres van variando de acuerdo a la latitud. En el Hemisferio Sur se da la particularidad de que, al haber menos cantidad de tierras emergentes, los vientos fluyen sin mayores obstáculos, volviéndose mucho más intensos. A medida que los navegantes avanzan más y más hacia el Polo Sur es que se producen esos fenómenos cuyos nombres parecen tomados de criaturas legendarias. A los 40° de latitud sur comienzan a soplar los 40 Rugientes (Roaring Forties), tolerables sólo para temples especiales, pero muy convenientes para quien sabe aprovechar su velocidad. A partir del paralelo 50°, los vientos se vuelven aún más inquietantes, transformándose en los 50 Aulladores (Howling Fifties o Furious Fifties), a lo que se agregan las casi continuas tormentas propias de la zona. A esta altura es que corren las indómitas aguas del Pasaje de Drake. Pero a más frío, más escalofrío, ya que a los 60° las ráfagas desatan toda su bravura a cargo de los 60 Bramadores (Shrieking Sixties o Screaming Sixties), llegando a velocidades mayores a los 50 nudos (aproximadamente 100 km. por hora). En esta franja de mar, plagada ya de bloques de hielo, el abrazo de una ola puede alcanzar los 15 metros.

La Antártida constituye todas aquellas tierras emergidas al sur de los 60°: 14.000.000 km2, cubiertos de hielo casi en su totalidad. Su nombre lo toma como referencia opuesta a sus antípodas del Polo Norte: el Ártico. “Ártico” proviene de la palabra griega “arktos”, el oso, en alusión a la constelación de la Osa Menor, en la que se ubica la estrella polar, indicador clave para la orientación de los antiguos navegantes. “Antártida” es por eso “anti” (lo opuesto de), más “arktos”. Pero no sólo en su posición se contrapone al Ártico. Debido a una serie de factores geográficos, las temperaturas antárticas son muchísimo más extremas: ¡en las regiones internas más severas las marcas máximas van desde los -20°C en verano y los -60°C en invierno! Por suerte, en las costas, por donde transitó el Atlantis, las temperaturas estivales son más benignas. 

Pero no son sólo el frío y los vientos los que hacen tan difícil abordar tan altas latitudes. Es curioso, pero los mapas disponibles contienen muchos errores respecto a la latitud y longitud para cada lugar, lo cual hace tan incierta la ubicación que a veces parece indicar que se está navegando sobre tierra. Literalmente, el Atlantis había llegado al fin del mapa.

A orillas del sexto continente

La primera tierra antártica que alcanzan es la Isla Decepción. Pese a su nombre, es uno de los lugares más visitados. La boca de un volcán semihundido le da al terreno forma de herradura dando lugar a una enorme bahía en el que se entreabre un imponente paisaje. Su última erupción ocurrió en el año 1969 y actualmente mantiene una importante actividad termal. En el pequeño mar interior de la isla fondearon en la Bahía Telefon, donde quedaron momentáneamente varados por un banco que no figuraba en los croquis. Forzoso era esperar hasta que subiera nuevamente la marea, lo cual les dio oportunidad para realizar sus primeras caminatas sobre suelos polares. Distintas especies de pingüinos y de focas les salieron al paso. En todos los casos, debían ser sumamente respetuosos del paisaje, procurando no alterar de ninguna manera la vida silvestre local. 

Destrabar el Atlantis no fue tarea nada sencilla. Una vez logrado se dirigieron a Bahía Balleneros, donde hoy se encuentran las ruinas de antiguos establecimientos de producción de aceite de ballena. Era 24 de diciembre y pese a que los vientos lejos de amainar, arreciaban con gran fuerza, en la cena pudieron agradecer por fin el feliz arribo y festejar la Nochebuena. 

Aunque en realidad nunca se hizo de noche. Durante el verano antártico, hay luz solar las 24 horas del día. Lo cual hace confundir los ciclos de sueño y vigilia y las horas de las comidas.

A la salida de la Isla Decepción pudieron admirar los monumentales Fuelles de Neptuno, un estrecho de acantilados de más de 100 metros de altura. Cruzando el Mar de la Flota, unos 130 kilómetros más al sur, arribaron a Puerto Mikkelsen en la Isla Trinidad. Otros barcos de diferentes países circundaban también la zona. El mar comenzó a espesarse de hielos y la navegación se tornó más cautelosa. 

A través del Estrecho de Gerlache alcanzan el largo brazo de la Península Antártica, llegando a Caleta Cierva donde está ubicada la Base Primavera, una de las estaciones científicas a cargo del Instituto Antártico Argentino.

Luego, pese a que el viento dificultaba seriamente el avance, siguieron un sinuoso recorrido entre islotes, hielos flotantes y canales que los conduciría hasta Puerto Foyn, en la Isla Nansen. El combustible comenzó a escasear. Por suerte habían hecho amistad con los marineros del buque ruso Amazone, quienes solidariamente les proveyeron de gasoil, los cuales a su vez fueron recompensados con buenos vinos argentinos.

Al retomar de nuevo el rumbo experimentaron nuevamente las falencias de la cartografía antártica, de acuerdo a la cual la costa aparecía insólitamente corrida. Más fiables les resultaron las cartas náuticas manuales de otros navegantes que anteriormente habían recorrido esas aguas. De esta manera, accedieron al Canal Errera, uno de los lugares más hermosos que conocieron. Hielos, témpanos y glaciares brillaban bajo un sol espléndido. Gracias a su drone pudieron obtener increíbles vistas aéreas. En Bahía Paraíso, lugar cuyo nombre en este caso sí hace justicia con su maravilloso entorno, tuvieron oportunidad de visitar la base científica argentina Almirante Brown. Y este fue el punto más al sur que pisaron. 

A través del canal Murature y con un clima más adverso, llegaron a la Isla Melchior donde los sorprendió el nuevo año. Los festejos de Año Nuevo se dieron entre la visita a una colonia de focas, un sabroso menú casero, con champagne enfriado en el mar, y la urgencia de remover una inmensa acumulación de nieve de la cubierta del Atlantis. Si bien la comunicación era muy limitada, pudieron recibir saludos y buenos deseos de familiares y amigos. 

Finalmente, luego de este casi épico recorrido por tierras y aguas extremas, ya era hora de emprender el regreso. Pero allí la meteorología es la que decide. Para eso debieron esperar lo que llaman la “ventana” de buen tiempo que les permitiera enfrentar nuevamente los vientos y el oleaje del Pasaje de Drake. En dirección norte ahora, se internaron nuevamente en sus violentas corrientes. 

Ya por fin en Ushuaia nuevamente, comenzaron a desandar el largo camino recorrido hasta Buenos Aires, adonde llegarían el 11 de marzo de 2022. Y así recopilando fotos, videos, vivencias y anécdotas, fueron despidiéndose paso a paso de esta magnífica aventura y pergeñando quizás la siguiente. 

La Antártida es un lugar maravilloso porque se respira la libertad.”

María Sara Cadirola nos cuenta su experiencia personal a bordo del Atlantis y comparte además con nosotros las impresionantes fotos que captó con su cámara.

¿Cómo se inició todo este proyecto de expedición a la Antártida?

Fue un proyecto entre Juan y sus amigos del Liceo Naval que se gestó hace como diez años. Siempre el grupo de amigos se juntaba en el club.  Algunos son navegantes activos, otros no, pero comparten el gusto por la náutica. Así, en algún momento surgió la inquietud y empezaron a prepararlo. Se formaron, estudiaron, hicieron el curso de navegación antártica, hicieron los cursos de prefectura, tuvieron que hacer el curso de pilotos de yate para poder navegar aguas oceánicas, se juntaron con gente que ya había viajado a la Antártida, leyeron muchos libros y vieron muchos documentales. Todo esto a paso de hormiga. El viaje estaba proyectado para fines del 2020, pero apareció el COVID, así que quedó suspendido para el año pasado. Mucha preparación; sin prisa, pero sin pausa. En mi caso particular yo había navegado, pero no tengo ni siquiera el carnet de timonel. Un día Juan, en la cena, nos dijo así sin más: “¿Quién quiere venir a la Antártida?”. ¡Yo!, dije enseguida. Y mi hija María también se sumó. Siempre me pareció un destino fabuloso.

¿Cuáles son las vivencias e impresiones más fuertes que experimentaste?

La Antártida es un lugar maravilloso porque se respira la libertad. Y también te hace dar cuenta de lo mínimo que es uno tomando decisiones, porque en realidad uno puede programar muchas cosas, pero termina estando supeditado a las condiciones meteorológicas del momento, ya que tiene un clima muy cambiante.  Me pareció fascinante ver los animales, cómo subsisten, cómo es la libertad, la supervivencia de cada grupo de ellos, cómo se acomodan. En el camino íbamos leyendo unas fichas del Instituto Antártico Argentino que te da los datos de cada lugar. Es increíble saber que hay tantos estudios hechos sobre la Antártida, pero todos muy recientes, ya que es uno de los continentes más “nuevos” explorados, con lo cual es el día de hoy que se siguen estudiando todas sus características. 

¿Había otros barcos en la zona?

Yo pensé que íbamos a ser los únicos en la Antártida y claramente no lo éramos. Más allá de que uno sabe que hay bases, bases permanentes y bases de verano, y que la Antártida no es de nadie, nunca pensé que en el radar íbamos a ver tantos barcos. Había veleros de distintas nacionalidades; había cruceritos de turistas que parten desde Ushuaia; había un velero ruso que también llevaba pasajeros y otros veleros de grupos más reducidos como el nuestro. 

Eso me impresionó mucho, por lo cual me parece muy apropiada la campaña de no transformar la Antártida como un destino turístico, porque ya sabemos lo que pasa cuando hay mucha gente transitando distintos lugares.

¿Cómo es la vida silvestre? 

De la vida silvestre hemos visto albatros, escúas, gaviotas, gaviotines, toninas overas, que son como los delfines de Tierra del Fuego; vimos también ballenas, pingüinos de tres tipos, focas de weddell. Nos advirtieron también de la foca leopardo, que es muy agresiva, pero esa no la llegamos a ver. Peces no vimos. De plantas hemos visto algas verdes, algas rojas. Y leímos que en la isla Decepción, que más que una isla es un volcán, aparecieron recientemente unas plantitas que le llaman “clavel antártico”, que están siendo muy estudiadas. 

Yo salía con mi cámara a filmar y a sacar fotos a los distintos pájaros que nos daban vuelta, para aprovechar todo, todo, porque no sé cuándo voy a volver.

¿Cuál fue el paisaje más impactante?

El paisaje de la Antártida es maravilloso. Todo es lo mismo, pero todo es distinto. En conjunto son glaciares, hielo, agua y piedra, pero los paisajes son tan diferentes entre sí que a cada momento hay un espectáculo distinto. Pero la navegación más hermosa, casi soñada, fue yendo a Bahía Paraíso. No había viento, el agua estaba en calma y había pequeños icebergs y pingüinos como jugando en el agua. Silencio. Sol. Por detrás nuestro, sólo escuchábamos a las ballenas. Eso fue soñado. Ahí llegamos a la base Almirante Brown, que parecía otro planeta. Nos pareció increíble. 

¿Cuáles eran los medios de comunicación de los que disponían?

Teníamos el sistema de GPS Garmin, que es un localizador, por el cual la gente que tenía el link podía ver donde estaba el barco, y eso se iba actualizando cada 2 o 3 minutos. A través de esa página, nos podían enviar mensajes cortos. Y de esa manera cada uno se podía comunicar con sus familiares y amigos. Ese era nuestro medio de comunicación, porque allá no hay redes, no hay Wi-Fi. Y el teléfono satelital que contratamos para eventualidades y por seguridad, no tenía señal, con lo cual no nos sirvió.

¿Cómo era la organización interna en el barco cada día?

No había un orden establecido. Cada uno cocinaba distintas cosas. Todos hacíamos todo. Todo voluntario. No había un horario estricto, ya que además los horarios estaban totalmente trastocados, porque durante el verano no hay noche. La verdad es que la convivencia fue fantástica. Éramos cinco personas en un espacio reducido, pero todo fue muy armonioso. Sinceramente fue un viaje soñado.

¿Hubo algún momento difícil de la navegación? 

Yo tenía cierto temor a las olas y a la “vuelta campana” del barco. Y Juan es muy claro en sus respuestas. Ante mi pregunta de “¿Che, el barco se puede dar vuelta con una ola?”, me dijo categóricamente: “”.  Pero en realidad lo que pasa es que el barco da la vuelta campana, pero después termina de acomodarse otra vez. Mientras tanto adentro es una coctelera, pero al menos el barco no se hunde, ni se queda panza arriba. Como sea, eso era lo que más miedo me daba.  

Ya de regreso, dentro del Pasaje de Drake, un día nos tocó un viento muy fuerte de dirección noroeste, con mucha ola. Tan fuerte fue que hizo que el barco se escorara de repente tres veces. No se dio vuelta, pero fue lo suficientemente intenso para que se cayeran todas las cosas de la cocina, todas las herramientas de la proa, la mesa de herramientas, todo… Los más experimentados estaban sin embargo muy tranquilos, así que decidí que simplemente debía soltarme y confiar.

¿Volverías a hacerlo?

Definitivamente, quiero volver a la Antártida. 

El Tratado Antártico

Entre 1957 y 1958 las ciencias de la Tierra tuvieron su año dorado: la celebración del Año Geofísico Internacional (AGI). Una inmensa cooperación científica mundial de todas las disciplinas que contribuyen al estudio de la Tierra y del Espacio que la rodea: geología, geografía, geodesia, geofísica, sismografía, hidrología, astronomía, meteorología, oceanografía, glaciología, entre otras.  Científicos de 64 países se sumaron a esta monumental empresa. 

Uno de los principales temas de investigación fue precisamente la gran región del planeta que en ese entonces no había sido suficientemente explorada: el Continente Antártico. 

El entusiasmo ante los buenos resultados del AGI propició uno de los tratados intergubernamentales más exitosos de todos los tiempos: el Tratado Antártico.  El 1° de diciembre de 1959, Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica y la entonces Unión Soviética firmaron en Washington este acuerdo con el objetivo de asegurar el uso pacífico del territorio antártico y de promover allí la colaboración científica internacional. 

El Tratado Antártico entró en vigor el 23 de junio de 1961.  Varios de los países firmantes sostienen todavía reclamos de soberanía en distintas regiones de la Antártida, algunos de los cuales se superponen entre sí. El Tratado dispone que mientras este se encuentre vigente, estos reclamos siguen siendo válidos, pero se mantienen en suspenso, no admitiéndose nuevos, ni ampliaciones de los ya existentes. 

Bandera del Tratado Antártico

Es de resaltar que esta alianza se llevó felizmente a cabo más allá de las tensiones propias de la Guerra Fría. Y es gracias a este Tratado que la Antártida es todavía hoy un continente desmilitarizado, libre de armas nucleares y donde se prohíbe terminantemente la eliminación de desechos radiactivos. La presencia de bases militares es solamente a efectos de apoyo logístico a investigaciones científicas u otras actividades con fines pacíficos. 

A lo largo de los años, nuevos países fueron agregando su firma al Tratado. Hoy lo conforman un total de 54 países, de los cuales 29 son partes consultivas, o sea con voz y voto, y el resto, partes adherentes. Todos los miembros mantienen una reunión anual, con sede rotativa, a fin de velar por su adecuada implementación. De las llamadas Reuniones Consultivas del Tratado Antártico (RCTA) han surgido a su vez nuevos acuerdos conexos que atañen principalmente a la conservación de la vida y la protección del Medio Ambiente en la Antártida.

Desde 2004, La Secretaría del Tratado Antártico tiene su sede permanente en la ciudad de Buenos Aires. Su secretario ejecutivo es un funcionario internacional elegido por la RCTA

La próxima RCTA, la número 44, se realizará en Berlín entre el 22 de mayo y el 2 de junio de 2022. 

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