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El secreto del sexo y la santidad

por | Jun 16, 2022 | 0 Comentarios

Por el Padre Mike Schmitz

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Existen siete sacramentos. Tres sacramentos de iniciación: el bautismo, la confirmación y la Sagrada Eucaristía. Dos sacramentos de vocación: el matrimonio y el orden sacerdotal. Y dos sacramentos de curación: unción de los enfermos y la confesión.

¿Qué es un sacramento? Le pregunto esto a las parejas que toman su curso de preparación para el matrimonio y a lo sumo he tenido cinco parejas que han podido responder esa pregunta con una definición adecuada. Lo entiendo, los estoy poniendo en evidencia en un momento en que no esperaban un examen sorpresa por parte del sacerdote, justo en medio de su preparación para el matrimonio. 

Entonces, pregunto, ¿cuál es la definición de sacramento?

Hay varias definiciones realmente buenas por ahí. Pero aquí doy una muy sencilla: “Un signo sagrado, instituido por Cristo, que otorga la gracia”. Pero, ¿qué es la gracia? La gracia es la vida misma de Dios. La gracia santificante es lo que nos hace como Dios, nos hace santos y nos lleva a una relación con Dios. Nos acerca a Dios. La gracia santificante es la gracia que nos transforma. ¡Sin ella estamos fritos, estamos muertos! Con ella, nos hacemos como Él, básicamente nos hacemos santos.

Nuevamente, qué es un sacramento: un signo sagrado, instituido por Cristo, que otorga la gracia santificante.

Cuando se trata del matrimonio, es realmente interesante porque… Siempre me gusta contar esto…

Algunas personas me dicen, “Oh, padre Mike, casaste a mi hermana.” “No. Yo no casé a tu hermana. Tu hermana se casó con tu cuñado y tu cuñado se casó con tu hermana.”

La teología católica cuando se trata del matrimonio refiere que el novio le confiere el sacramento a la novia, y la novia le confiere el sacramento al novio. De hecho, los dos ministros del sacramento son la novia y el novio. No sé si lo sabían. El sacerdote está allí, el diácono está allí, el obispo está allí, para dar testimonio de eso, esencialmente para ser el testigo oficial de la Iglesia. El novio dice “Yo Fulano, te tomo a ti Fulana como mi esposa, etc.” Y la esposa dice “Yo, Fulana, te tomo a ti Fulano como mi esposo, etc.” Con esas palabras de consentimiento y el poder del Espíritu Santo, se realiza el sacramento del matrimonio. En el altar se ratifica el sacramento, y lo que quiero decir es que se hace real. Es un sacramento verdadero, real. Pero no es ahí donde termina, porque se ratifica en el altar, pero el sacramento no se consuma hasta el abrazo conyugal, es decir, el acto sexual.

Detengámonos aquí por un momento.

Cuando hay una pareja en el altar, y dicen “Yo Fulano te tomo a ti Fulana / Yo Fulana te tomo a ti Fulano”, anillo en el dedo, entonces, el sacramento es real. Los dos se han vuelto uno, pero el sacramento está incompleto hasta el acto sexual, cuando con sus cuerpos dicen lo que ya dijeron con sus palabras en el altar. De hecho, el sacramento permanece incompleto. Incluso se puede decir que sigue siendo inválido hasta ese momento del acto sexual. Y lo que eso significa es que un elemento esencial del sacramento del matrimonio es el acto sexual.

Cuando estaba en secundaria, cada vez que tenía clase de los sacramentos en educación religiosa, pensaba: “Oh, esto es tan aburrido. Aquí vamos otra vez a hablar de los santos.” No tenía idea de que la parte esencial de uno de esos sacramentos era el sexo. Creo que tal vez me hubiera interesado un poco más si hubiera sabido esto.

¿Qué deriva de todo esto? ¿Qué consecuencias tiene esto? ¡Consecuencias increíbles! ¿A qué me refiero? 

Recuerdo cuando mis padres celebraron su 25º aniversario de bodas. El sacerdote vino a nuestra casa y celebramos la Misa en la casa. Renovaron sus votos, fue hermoso. Unos años más adelante, cuando mis padres celebraron su 50º aniversario de bodas, yo era el sacerdote que celebró la Misa y luego recibí su renovación de votos. ¡Fue hermoso, increíble!

Renovar los votos: ¡Increíble! ¡Super bien! ¡Bien ahí! ¡Estrellita! ¡Sigan así! Porque, ¿te das cuenta de que cada vez que el esposo y la esposa realizan el acto sexual, están renovando sus votos matrimoniales? Eso es lo que está pasando. Porque en el altar dicen: “Soy completamente tuyo. Soy libremente, totalmente, fielmente y fecundamente tuyo”. En el acto sexual eso es lo que están repitiendo, y no lo están diciendo simplemente con palabras, están re-participando del sacramento.

La cosa es así: tú y yo nos confesamos porque necesitamos la gracia. Esperamos llegar a ser más santos. Vamos a adoración, vamos a Misa y recibimos la gracia de la Eucaristía porque queremos ser más santos. De la misma manera cada vez que marido y mujer realizan el acto sexual; y esto no sólo lo digo yo (Padre Mike) esto lo dijo Tomás de Aquino, cada vez que marido y mujer realizan el acto sexual en estado de gracia, crecen en gracia y en gloria.

Esta es una de las razones por las que me gustaría escribir un libro y llamarlo “Cómo santificarse a través del buen sexo” o algo así. ¡Esto te vuela los sesos! ¡Que esta sea en realidad la enseñanza de la Iglesia! ¿Por qué dice la Iglesia que el sexo es sólo para los esposos dentro del matrimonio? No es porque considere que es algo “sucio”. ¡Caray, no! Es porque el sexo es algo muy bueno. En realidad no solo es bueno y hermoso, es sagrado, y no solo es sagrado, ¡es un camino hacia la santidad!

Si un sacramento es un signo sagrado instituido por Cristo que dispensa gracia, que da la vida de Dios, y el matrimonio es un sacramento, y el acto sexual es la renovación de ese sacramento matrimonial; entonces, cada vez que un esposo y una esposa realizan el acto sexual en estado de gracia, están creciendo en gracia, están creciendo en gloria. ¡Es increíble!

¡Esto es maravilloso! De hecho, cada vez que les digo esto a las parejas, hay dos tipos de reacciones. Por un lado algunos piensan: “Oh, Dios mío, eso es raro. No sé si podría…” Creo que se imaginan que llega ese punto en su relación, cuando están casados ​​y realizan el acto sexual, y creen que le van a cerrar la puerta a Dios. Le van a decir, “Ok Dios, quédate afuera, abriremos la puerta cuando hayamos terminado.” Y son un poco aprensivos con la idea de que Dios participe en esto. “¡No inventes! ¡Qué pena! Tú y yo desnudos y Diosito en medio. ¿¡Cómo así!?” 

Por otro lado, hay gente que se enoja y dice: “¿¡Por qué no me dijeron esto cuando estaba en la secundaria!? ¿Por qué no me enteré de esto antes? ¿Por qué la Iglesia mantiene esto tan secreto?” Y la respuesta es, no lo sé. No es que se haya mantenido intencionalmente en secreto. Esto es solo la verdad. La verdad es que un esposo y una esposa que realizan el acto sexual en estado de gracia, están creciendo en gracia y están creciendo en gloria.

Quiero decirlo una vez más. Es como cuando vas a la adoración, cuando vas a la confesión, cuando vas a Misa y recibes la gracia de Dios a través de la confesión, la gracia de Dios a través de la Eucaristía.

Esposos y esposas, cuando realizan el acto sexual en estado de gracia, están recibiendo la gracia de Dios al convertirse cada uno en el regalo de sí mismos a su esposa o a su esposo en el nombre de Jesús. Esto debería transformar la forma en que los esposos y las esposas se tratan entre ellos, la forma en que los novios y los prometidos se tratan unos a otros. Por eso la Iglesia dice “Aléjate del sexo pre-matrimonial. No tengas relaciones antes del matrimonio.” No porque sea malo, sino porque es tan increíble que en realidad está destinado a ser camino a la santidad, y no camino al infierno. El sexo está destinado a ser una expresión de amor, no una expresión de autodestrucción mutua. ¡Es tan bueno! ¡Qué regalo tan hermoso!

Entonces, mi invitación es esta: Si están saliendo, inviten al Señor a esos pequeños gestos de cariño, invítenlo a esos besos, a esos abrazos. Inviten al Señor allí. “Ok, Señor, tú eres parte de esto.” Si están casados, sean capaces de acercarse a su cónyuge en estos términos: “Ok, en la relación sexual en realidad estamos renovando nuestros votos matrimoniales. Al renovar nuestros votos, estamos dejando que el Señor nos dispense una dosis renovada de gracia santificante, Su misma vida que transforma nuestra vida y nos eleva al nivel de los santos.”

No estoy inventando esto. Se los digo, esto es increíble. Este es un secreto escondido, es una enseñanza de la Iglesia que no se conoce, pero no se pretende que sea un secreto. Entonces, no solo lo lean o lo escuchen. ¡Vívanlo! Dios los bendiga.

Traducido y adaptado por Irene González Hernández del video “The Secret about Sex and Holiness” de Ascension Presents.

Redacción

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