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Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Crédito de portada: Soner Arkan

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Hay dos músicos no católicos que deseo que estén en presencia de Dios. Uno es Johann Sebastian Bach. Sé que fue protestante. Fue luterano toda su vida. Sólo compuso una misa para el culto católico. Sin embargo, todos sus trabajos corales y oratorios exudan una devoción a Dios que se contagia. Sus letras son sencillas: para que el pueblo germánico las entendiera. El otro músico no es cristiano. Ni
siquiera es occidental. Es un musulmán paquistaní místico, dedicado a cantar las alabanzas de Dios, Nusrat Fateh Ali Khan. Un poeta de Dios en todo mérito.

Nusrat nació en Pakistán en 1948. Murió en Londres en 1997. Su familia se había dedicado a la poesía y cultos religiosos islámicos por más de 600 años. A lo largo de varios siglos en el norte de Pakistán, en la región del Punjab, se desarrolló un encuentro entre la cultura musical india y el islam en su vertiente mística que es el sufismo. El sufí, practicante místico de sufismo, vive con la convicción de que Dios
está siempre cerca, o sea que el contacto con Él es asequible. Esto, independientemente de que Dios sea un misterio inescrutable para la lógica y que esté fuera de la comprensión racional. De tal modo el sufí no se enreda en cuestiones filosóficas, sino que vive intensamente el misterio de las paradojas divinas en el gozo de su contemplación.

La poesía mística sufí expresa las verdades que brotan de la contemplación de Dios en clave de paradojas. De modo que no son una serie de explicaciones, sino de enigmas insolubles que acercan al creyente a la unión con Dios de un modo más directo. En una serie de invocaciones, relatos y paradojas, el cantor y poeta transmite sus sentimientos y reflexiones sobre la inefabilidad divina junto con la fuerte experiencia de su presencia.

Foto: Leo Arslan

¿Cómo es el qawwali?


El qawwali es un tipo de canto y poesía mística que habla sobre el gozo humano ante la inefabilidad de Dios. Es una obra coral y colectiva, guiada por un cantor principal, y se acompaña con instrumentos de la tradición indostaní, como la tambura y el tabla, así como del armonio y de las palmas de todos los presentes. El término qawwali viene del árabe qawal, que significa “recitación”, en este caso, una
recitación literaria, que se convierte en reflexión personal y colectiva de una comunidad. Generalmente el qawwali se canta en urdu, una lengua indoeuropea parecida al hindi, pero que se habla en Pakistán. Naturalmente, asume muchos términos islámicos en árabe clásico.

En Pakistán, se conoce a Nusrat como el “shahenshah-e-qawwali”,o sea, el emperador del qawwali, pues llegó a ser un gran intérprete de este género religioso y popular. A la fecha es tenido como un gran ejemplo. Con su música encendió la devoción a Dios en el corazón de muchos musulmanes alrededor del mundo. Pero ¿cómo está estructurado este género de poesía? Hay muchos subtipos de esta
literatura, pero, en general, tiene cinco partes: Primeramente hay una improvisación musical, llamada Ragga, propia de la música india. Luego vienen unas breves palabras sobre la naturaleza divina. Viene después un relato cosmogónico, que une a la divinidad con el cosmos. Continúa un relato islámico, propio de esta religión. Al final viene una reafirmación de la absoluta presencia de Dios, independientemente de que esté llena de paradojas para nosotros.

Asomo a algunos versos de qawalli:
Hay una pieza o poema de qawalli que me encanta. Se intitula Allah Hoo, que se traduce como “Dios es”. En esta pieza, se hace énfasis en que Dios “simplemente” es, y que es inútil buscar otra explicación, sino que sólo hace falta vivir el gozo de la experiencia de la unidad con Dios. En ese sentido, el cantor ayuda a que los oyentes se acerquen a la unidad con Dios, no a través de razonamientos, sino por la experiencia del misterio divino que es una paradoja que se contempla con deleite.

Al principio de esta pieza, el poema dice: “ Rey de reyes, el que no tiene igual (…) Cada ser testifica que Tú estás presente. Cada ser canta tus glorias. Tú estás presente en cada ritmo, en cada tonada. De tu Nombre está cada comienzo y a tu Nombre va todo fin” Con estas palabras el cantor pretende decir que Dios no es lejano, sino que está presente en todas las cosas, o que ellas apuntan a Él.
Dios no es las cosas, pero ellas apuntan a él. Más bien, Él está presente antes que ellas, en un “nada” que significa la ausencia de las criaturas. El relato cosmogónico dice de ello: “Cuando no existía esta región, ni existía la tierra. Cuando ni la luna ni el sol existían ni tampoco el universo. Cuando el Secreto de la existencia no había sido dado a nadie. ¡Cuando no había ahí nada, no había nada más que Tú!” El
poeta manifiesta con este verso la superioridad causal de Dios, que no se identifica con ninguna cosa, y que está fuera del tiempo, pero le da referencias bellas como la del sol, la luna, y la presencia divina.

El poema continúa refiriéndose a la gloria de Dios presente en todas las cosas y dejando en confusión a la mente humana, sobre todo la del filósofo, que es demasiado analítica: “Cada cosa refleja tu gloria. Cada ser grita que Tú eres el Sustentador. Dios es. Es la distinción de tu Rostro misterioso. Tu eres el eterno Señor del universo. Cada instante tu muestras tu gloria y azoras a la mente inquisitiva, Cada rama canta las alabanza de tu creación. Cada hoja manifiesta la gloria de tu creación.” La mente inquisitiva no puede disfrutar de la unión con Dios, por eso el asombro da paso a la aceptación sin exigir una explicación racional limitada a la naturaleza humana. Luego, en el relato islámico, el poema refiere al episodio del viaje nocturno, en el que Mahoma, guiado por el ángel Gabriel viajó a Jerusalén y de ahí, montado en la creatura alada Buraq, visitó el Cielo y vio a Dios:

“Cuando el profeta ascendió á los cielos y fue removido el velo entre el Señor y el sirviente (…)” Con ello se hace una referencia a la vida de Mahoma como autoridad, que busca quitar lo que separa a Dios de las creaturas. Yo, desde una perspectiva católica, me conmuevo profundamente con este genero de poesía mística. Hay muchos aspectos que aprender de ella para mejorar nuestra relación con Dios, pues el qawwali es fundamentalmente oración, yo digo que es casi un sacramento, pues hace sentir viva la presencia de Dios a una comunidad.

Me quedo con tres aspectos. Por una parte, con que Dios está siempre presente y no es difícil encontrarlo porque toda la creación apunta a Él. Luego con la aceptación de que nuestro intelecto humano se puede confundir y ofuscar ante las paradojas divinas. No hace falta explicación, solo hace falta sentir y vivir la experiencia de unión divina. Por último, cuando visito al Santísimo, no puedo evitar
recordar el verso que dice que el velo que separaba al Señor del sirviente fue removido. Si al Profeta le fue dado ver a Dios de modo breve y fugaz, aquí en el sagrario puedo ver a Dios sin el velo y por un largo tiempo. Puedo ver y dejarme ver. Se puede dejar hacer al Creador la unión mística. El cantor con características de profeta. El cantor, en este caso Nusrat, como un poeta místico, es eminentemente un factor de unión entre la gente y Dios. Por eso tiene características de profeta: indica a la gente que Dios está presente y se deja alcanzar. Que somos nosotros quienes ponemos obstáculos para experimentar su presencia al tratar de explicarla. El poeta tiene funciones de profeta por estas características:

  1. Dice las verdades de Dios en lenguaje sencillo, incluso si son complejas
    paradojas.
  2. Transmite su devoción profunda e intensa hacia Dios, con palabras, canto y
    gestos. Puede hacerlo con seguridad y gozo patente. Invita a los demás a
    mostrar devoción a Dios.
  3. Manifiesta que las paradojas divinas pueden contemplarse con disfrute y
    aceptación. No necesitan de explicación.
  4. Muestra las cosas que no son evidentes, y profundiza el sentido de la poesía
    como reflexión.
  5. Invita a los oyentes a cambiar de vida para que vivan en la constante
    presencia de Dios, dejen las acciones y cosas que apartan de Él, y vivan con
    fe y felicidad.
    Te dejo aquí las dos versiones del mismo canto. Del segundo traduje del inglés los
    versos citados. Con ello podemos abrirnos a comprender otras tradiciones religiosas
    que hablan sobre la experiencia de Dios en lo cotidiano.


Video con letra:

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Al cantar somos medio y somos puente: Conversación con Mercedes y Flores

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“Sin música, la vida sería un error” afirma el filósofo Nietzsche en una carta a Heinrich Köselitz, quien prefería el pseudónimo: Peter Gast. En la frase completa no sólo afirma que una vida así sería un error, sino también una fatiga y un exilio. Nietzsche, el melómano que idolatró a Wagner –porque en sus óperas alcanzaba el equilibrio entre lo dionisiaco y lo apolíneo–, compuso algunos himnos y piezas para piano. Sin embargo, Nietzsche, no es conocido como compositor, sino como filósofo, filólogo, esteta y melómano. 

La necesidad de la música en la vida cotidiana no pertenece exclusivamente a los melómanos y entendidos, sino que es una experiencia universal. Aunque no se puede determinar un origen preciso del descubrimiento de la música, se puede considerar que el primer instrumento fue la voz y en ese sentido se pudo haber desarrollado a la par que el lenguaje. Esos primeros sonidos, provocados por el aire que pasaba a través de las cuerdas vocales dieron origen a los primeros armónicos. No todos somos capaces de producir sonidos musicales afinados –algunos sólo cantamos en la ducha o cuando nos aseguramos de que nadie nos escucha–, pero sí tenemos la capacidad para percibir la entonación, el ritmo y queramos o no nuestro cerebro reacciona al estímulo. 

Conocemos el mundo a través de cinco sentidos y uno de ellos es el oído. Las vibraciones golpean el tímpano; el martillo, yunque y estribo amplifican las ondas sonoras y llegan hasta el oído interno donde se tornan impulsos eléctricos que van hacia el cerebro. Finalmente el cerebro los identifica como un sonido. Y lo que escuchamos puede interferir con nuestra química cerebral, sentimientos y psicología: una canción estimula nuestra memoria y así evocamos un recuerdo, una sensación o puede cambiarnos de humor. De ahí la importancia de poner atención a lo que escuchamos. 

La música tiene la capacidad de alcanzar ciertas regiones psicológicas y del alma con mayor facilidad porque se trata de un lenguaje universal que nos habla al interior al tiempo que nos permite compartirlo con el mundo que nos rodea, con la vida. Por ejemplo: podemos sentirnos melancólicos al escuchar la voz de Jeff Buckley y Amy Winehouse, o la canción Tears in heaven que Eric Clapton compuso y canta por la muerte de su hijo. A veces ni siquiera importa la letra, porque el ritmo y la voz, tienen la capacidad de ponernos la piel de gallina. Esto no sucede únicamente con la tristeza y melancolía, sino con toda la gama de emociones que somos capaces de sentir. Así producimos dopamina y nos alegramos con Don´t stop me now de Queen o Color esperanza de Diego Torres; nos relajamos o asustamos con las voces graves de los cantos gregorianos; nos energizamos con la rapidez del goa y el psytrance; o incluso se nos hace un hueco en el estómago con Bad de David Guetta porque produce cierta ansiedad.

Dicen que en gustos se rompen géneros y es que la música no sólo tiene un efecto en nuestras emociones y psicología, sino en nuestra vida cotidiana, eso es lo que nos permite volverla referencial y apropiarnos de esa emoción e incluso identificarla y relacionarla con algún recuerdo. Escuchar a Bach me remite a una querida amiga y los días de la preparatoria; y cuando escucho a Queen recuerdo uno de los mejores días de mi vida con mi abuela, mi hermano y mi madre saltando en la cama con el concierto a todo volumen. Esas memorias irremplazables e intransferibles estarán grabadas en mi mente por siempre y me pertenecen al grado de que no puedo compartirlas, porque aunque describiera ese momento lo mejor posible, el otro, no tendrá la misma emoción; sino una diferente, una propia que también es intransferible.

En ésta ocasión conversé con Mercedes –quien participó en el concurso de La Voz y recientemente ha lanzado los sencillos Tiburones y ¿Qué hubiera sido?– sobre el canto, la música, la vida y la importancia de la introspección. Para Mercedes y Flores, la música es su vida. Melómana y cantante, sabe escuchar, producir armónicos e interpretarlos.

Tiburones. Mercedes y Flores con Pablo Preciado.

Muchas veces las aficiones y aptitudes musicales o artísticas se descubren a temprana edad y eso es lo que permite la práctica y perfeccionamiento. Un claro ejemplo es Mozart, de quien se cuenta que desde los seis años ya componía y era considerado un genio y virtuoso. En tu caso, Mer, ¿cómo descubriste este gusto y talento musical?

Es algo muy curioso y lindo porque el gusto por la música viene de familia. Mi mamá toca el piano y canta, su abuela era concertista de piano, mi abuelo tiene un oído muy afinado y toca varios instrumentos. Es lindo porque esta herencia musical nos une como familia. 

Desde pequeños, mis hermanos y yo, estuvimos en Kindermusik, que es un concepto alemán para estimular el cerebro de los bebés y niños mediante la música además de aprender afinación. Desde que tengo memoria cantaba y bailaba y después en la escuela hicieron audiciones para el coro, fue mi turno y me pareció muy sencillo, natural y entré al coro de la escuela a los 9 años. Cantaba en el coro y también como solista y eso al principio no me gustaba mucho porque me ponía nerviosa, pero en retrospectiva fue algo muy bueno porque me dio tablas. 

Después dejé el coro y como también me gusta bailar me metí de porrista. Tiempo después cuando empecé la carrera retomé el canto. 

Vaya que heredaste el gusto y el talento musical. Entonces dejaste el coro y las clases de canto y las retomaste cuando empezaste la universidad. ¿Cómo fue el reencuentro? 

Comencé a extrañar cantar y busqué una maestra de canto. Y ahí es cuando la historia familiar vuelve a entrelazarse. Mi mamá toca muy bien el piano y si hubiera querido podría haber sido pianista; la maestra de piano de mi mamá tiene una hija que es cantante de ópera y que ahora es mi maestra de canto. Entonces hay una relación entre madres e hijas que nos une en la enseñanza y aprendizaje. Es algo muy especial. Toda la vida había tenido en el corazón el deseo de cantar, pero no estaba lista, entonces durante la carrera también fue un tiempo de reflexión: ¿quiero cantar? ¿Me quiero dedicar a esto? 

Playlist Mercedes y Flores en Spotify.

Fue un tiempo de mucha reflexión. Tienes una vena musical hereditaria muy fuerte, además de que cantar es tu pasión y ya tenías el deseo desde pequeña, pero no asististe al conservatorio, sino que estudiaste psicología, una rama que también es muy interesante, pero quisiera saber más sobre esta decisión. 

Para mis papás era muy importante que estudiara una carrera que no fuera música. Me dijeron que hiciera lo que quisiera, pero que antes estudiara una carrera. Cómo si la música no fuera una carrera. Pero la psicología me gusta bastante. La verdad es que antes me costaba un poco la escuela, pero entrando a la facultad me gustó tanto que ya no me costaba ningún trabajo sentarme a estudiar. Además mi mamá también estudió psicología y está por terminar su maestría en psicoanálisis, entonces fue una decisión natural. Pero no creas que empecé la carrera y dejé la música; al mismo tiempo seguía con las clases de canto, porque mi corazón no me permitía dejarlo. 

Cuando terminé la universidad empecé a trabajar y por la vida tuve que renunciar. Pero ya con la universidad terminada y el título en mano, se lo entregué a mis papás y les dije: “ahora sí, ya quiero hacer lo que más me gusta”. Y fue que empecé a dedicarme más a este sueño y pasaron cosas muy bonitas como La Voz y ya pronto lanzaré una canción original. 

Aunque de hecho la psicología me ha ayudado a interpretar, porque puedo entender mejor el sentimiento del compositor para poder cantar la canción lo mejor posible. Por ejemplo, una canción triste se debe cantar tristemente porque eso es lo que debe transmitir, cierta melancolía; no se debería cantar una canción triste como si estuvieras contento porque es contradictorio. 

Una canción propia, eso está muy bien, porque pasas de la interpretación a la composición. Hay cantantes que solamente interpretan y compositores que solamente componen, aunque en ambos debe haber una gran sensibilidad musical. Pero también hay veces en los que el cantante compone, pienso en Juan Gabriel, que hacía ambos, pero también algunas de sus canciones las interpretaba muy bien Rocío Durcal. O en el ejemplo de Sia, quien comenzó como compositora y que ahora compone y canta. Esta es una pregunta un poco difícil, ¿cómo comienzas a componer? ¿Qué es lo que te mueve o te lleva a escribir una canción? En pocas palabras: ¿qué te inspira? 

Siendo sincera, antes no me había planteado componer porque me daba pena. Pensaba que yo estaba para interpretar y no para componer. Pero con la pandemia las vidas de todos cambiaron: el encierro nos lleva a pensar en todas las cosas que tenemos por decir y cada quien a su manera. El aislamiento me llevó a ser más introspectiva. Y comencé un reto, escribir la letra de una canción diaria, lo que fuera saliendo. Después conocí a una maestra de composición y he estado practicando: es un músculo que hay que ejercitar. 

Lo que me inspira son mis vivencias, al ser algo tan personal es también lo más real que tengo para ofrecer. Claro que podría inspirarme en algo más, en algo externo, pero al ser algo tan mío es más puro y real. Y eso es incluso mejor para interpretarlo porque se puede transmitir mucho mejor.

Participaste en el concurso de La Voz y cuando te presentaron dijiste que querías mover a la gente que sintiera la interpretación. Esto me lleva a pensar en los conciertos de Queen y cómo la gente se volvía parte del espectáculo.

El intérprete debe sentir primero para que quien nos escucha pueda sentirlo. Como intérprete tienes el privilegio de poder cantarlo para que los demás puedan percibirlo. ¿Viste la película de Rocketman sobre Elton John? Te la recomiendo. Hay una escena en la que él levita mientras canta y todo el público está levitando junto con él. Sentir lo que cantas es crucial, porque si tú no lo sientes nadie lo va a sentir. Lo mismo sucede con la composición, que es tan tuya que la sientes más y es más real. 

Claro, es que te conviertes en un medio que lleva a los que te escuchan a otra realidad o incluso a adentrarse en sí mismos. 

Sí, somos medio. Somos puente. He descubierto que ayudas a la gente a dejarse sentir, eso es como ayudarlos a despertar. Estamos muy distraídos con otras cosas y apagados con el celular, y la música es un puente muy poderoso para volver a conectar con nosotros mismos y con el mundo. Y no sólo la música: el arte, la literatura. Como medio y puente tienes la responsabilidad de ayudar, y claro que a veces tú también estás perdido y apagado, pero justamente el arte y la música vuelve a despertar tu sensibilidad.

Ahora que mencionas lo del puente; la primera vez que te escuché cantar fue la canción Tocaré el borde de tu manto, que está basada en la historia de la hemorroísa que queda sanada al tocar el manto de Jesús. Y me conmovió muchísimo. De hecho cuando pienso en esa canción la recuerdo con tu voz. La tradición le atribuye a San Agustín una frase muy conocida: “cantar es orar dos veces” y que se relaciona con el salmo 73, porque quien canta lo hace con el corazón y ama a quien le canta. ¿Qué significa para ti cantar en la iglesia canciones religiosas? 

Siento que cantar para la iglesia es algo personal: cuando canto estoy rezando. Creo que te santificas en el trabajo, entonces al cantar, no solamente canciones religiosas me estoy santificando porque Dios está en mi vida. Cuando cantas una canción religiosa es una experiencia más celestial, pero al cantar música popular es algo muy humano, es lo que me regresa a mi propia humanidad. 

Hay una canción que me gusta mucho que se llama Oceans que es de cuando Pedro está en la barca y Jesús le dice que vaya a él sin miedo; entonces antes de salir a cantar, escuchaba está canción para sentir a Dios al lado mío para vencer los nervios. 

La voz es un instrumento muy privado porque a diferencia de un violín o un piano que son instrumentos tocados por un sujeto; en el caso de la voz, eres sujeto e instrumento a la vez. ¿Qué significa para ti cantar y cuáles son sus implicaciones? 

Cantar es un proceso en el que hay que conectar con nuestro interior, sea bueno o malo, pero eres tú, y eso comienza desde la respiración. Para interpretar tenemos que confrontarnos a nosotros mismos porque te estás mostrando como eres y eso es difícil. Además de que es un ejercicio catártico y terapéutico. Por ejemplo: los armónicos, que son notas dentro de una nota, que muchas veces el oído no puede percibir. Pero entre más trabajes con la respiración puedes generar más sonidos. Recientemente lo he entendido. Dependiendo de dónde se coloca el aire se genera un sonido diferente y según cómo nos relacionemos con el entorno (inhalar) podemos relacionarnos con nosotros mismos (exhalar) y así se produce la respiración. Lo tienes que entender primero para poder sacarlo y transmitirlo. 

Lo que más te gusta es la música pop, pero ¿qué es lo que más disfrutas cantar? 

Sinceramente depende de cómo me siento. Hay días en los que quiero probar mi capacidad vocal y ver hasta dónde llega. Lo que más me gusta son las baladas y creo que es lo que se me da más fácil. Las canciones más rítmicas me gustan porque me gusta bailar, pero son más difíciles. Las baladas me salen más naturales porque puedo conectar más fácil conmigo misma y así lo transmito mejor.

Aunque existan parecidos entre las voces, siempre hay algún tono que la hace diferente. Quizá a excepción de los imitadores que realmente buscan producir un sonido lo más similar a quien se está imitando, el resto puede tener ciertas semejanzas sin llegar a ser completamente iguales. Por ejemplo cuando Amaia Montero dejó La oreja de van Gogh, se buscó una voz muy semejante y entró Leire Martínez, quizá porque una voz más grave o completamente diferente cambiaría el estilo del grupo. En ese sentido quisiera preguntar a quién admiras particularmente, ¿quién o qué voz te parece especialmente inspiradora? ¿A quién consideras tu mentor? 

Mi mamá es mi primera mentora, ella fue quien primero me enseñó a cantar; también mi maestra de canto, Merishe, que me ha acompañado por mucho tiempo. Crecí escuchando música pop, pero también hay una voz que descubrí a los 9 años, recuerdo la primera vez que la escuché, dónde estaba e incluso lo que sentí, porque me pareció una voz muy bonita, no podía creer que alguien pudiera cantar así: Céline Dion. Ella fue mi primera inspiración y la canción My heart will go on, la del Titanic, fue un parteaguas en mi vida. 

Aprovechando que mencionas de nuevo a tu mamá, ¿podrías hablarme un poco más del disco Somos familia? Que es un disco que grabaste con tus padres y hermanos.

Ese disco representa muchas cosas para nosotros, porque la música nos une como familia. Para mi significó un agradecimiento a mi mamá por lo que hizo ella por inculcarnos el amor a la música. Ella nos enseñó a apreciarla y a cantar. 

Cambiando un poco el tema. ¿Cómo ves la situación de la industria musical en México? 

Lo que he observado es que está el gremio de los músicos independientes que son muy talentosos, pero que seguimos intentándolo. Porque el talento no es suficiente. Y luego están los músicos ya reconocidos. De lo que me he dado cuenta es de que la industria musical es un mundo muy pequeño, en algún punto nos conocemos. 

Sabes, hay algo que noté con los que hacen música urbana, reguetón, crecieron mucho porque se apoyan entre ellos: hacen colaboraciones y entonces sus públicos crecen juntos. Entre ellos se ayudan incluso al producir canciones y así fue como la industria de la música urbana creció tanto, imagínate que Bad Bunny puede llenar dos Estadios Azteca y es su primera presentación en México. Pero en la industria de la música pop no hay tanto apoyo. Alguna vez escuché en una entrevista que los chicos de Reik, cuando estaban empezando, llegaban con artistas a enseñarles sus canciones o a pedirles abrir un concierto y que sólo les decían “ya llegará tu momento”, pero cuando llegaron con los de urbano enseguida aceptaron. Creo que hace falta aprender a compartir, a luchar con los egos y comprender que es mejor crecer juntos.

Para finalizar, vivimos en una sociedad en la que el éxito social y económico es muy importante y por lo regular nos movemos alrededor de ciertos estereotipos que muchas veces determinan lo que vamos a estudiar o el trabajo que vamos a desempeñar.  Sin embargo, no siempre el dinero influye en nuestras decisiones. De otro modo las humanidades y las artes hubieran desaparecido hace algún tiempo. Sin considerar las posibilidades de fama, éxito, dinero y poder quisiera saber ¿qué consejo le darías a los chicos que quieren dedicarse a la música, arte, literatura o carreras poco convencionales que no son bien remuneradas? 

Creo que les diría que el miedo es parte de la vida. No quieras no sentir miedo, porque somos humanos, sino que abraza ese miedo, sal, y a ver qué tal nos va. El principal motor de que las cosas no sucedan es el miedo a que nos digan que no, a que las cosas no sucedan, a no ser lo suficientemente buenos, a no ser remunerados. Mi consejo es tener un acompañamiento terapéutico para lidiar con esos miedos. Pero sobre todo hacer las cosas y buscar, no esperar a que te lleguen las oportunidades, sino intentarlo hasta que te digan que sí. También la disciplina es crucial: trabaja tu arte, porque entre más lo hagas tendrás más herramientas para poder ser lo que quieres ser. La disciplina es lo más importante, porque el talento no basta, y las probabilidades aumentan mientras más trabajamos en ellas. Y estar abierto siempre, porque incluso cuando estás hasta arriba, habrá algo nuevo por aprender. En pocas palabras acepta el miedo, se disciplinado y sal a buscar las oportunidades.

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

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Qualche anno fa mi sono seduta in Babelplatz – una piazza molto centrale di Berlino tra la cattedrale cattolica e l’Università Humboldt, famosa perché durante l’epoca nazionalsocialista vi furono bruciati libri inappropriati – e con una birra in mano ho guardato su uno schermo gigante il Tristano e Isotta di Wagner. Di solito una volta all’anno l’Opera di Berlino (Staatsoper) organizza un evento gratuito all’aperto sotto il motto “Staatsoper für alle” (opera per tutti). In questo modo, l’opera può raggiungere diverse generazioni e anche il passante occasionale.

Anche se si potrebbe pensare che l’opera sia per pochi, soprattutto se segue parametri più tradizionali come in Italia, è anche vero che alcuni altri luoghi sono aperti a nuove interpretazioni e innovazioni, come nel caso di Berlino, Budapest e gli Stati Uniti, dove non ci sono remore a presentare un’opera su uno schermo gigante in uno stadio di baseball. Ricordo persino una rappresentazione di Don Giovanni della Staatsoper di Berlino in cui i costumi storici furono lasciati da parte per renderla più contemporanea. Eppure il grido del Commendatore risuonava nella sala. Da un lato, l’opera potrebbe diventare più democratica, senza perdere qualità e tradizione, nel tentativo di interessare sempre più persone.

Proprio su questo punto è iniziata la mia conversazione con Elizabeth Hertzberg, una giovane soprano californiana che vive a Milano da dieci anni. Elizabeth ha studiato al Conservatorio di San Francisco, ha ottenuto una borsa di studio dalla Fondazione Avanti e ha anche partecipato e vinto diversi concorsi di canto. Le sue interpretazioni sono varie, da Ameniade (Tancredi), Ilia (Alcina), Rosina (Il barbiere di Siviglia), Zerlina (Don Giovanni), Frasquita (Carmen), Valencienne (La vedova allegra), Lucy (The Telephone), Lisa (Das Land des Lächelns) alla musica da camera e molte altre.

La Hertzberg ha studiato un master in interpretazione e tecnica vocale al conservatorio di Modena, dove ha incontrato la famosa soprano bulgara Raina Kabaivanska, che è stata anche sua insegnante e con la quale ha registrato un album. L’Orchestra Filarmonica Italiana, la Kabaivanska e la Brilliant Classics si riunirono al Teatro Comunale della città di Modena per eseguire l’opera Telephone di Menotti. Elizabeth aveva il ruolo di Lucy; e confessa che è stata una grande esperienza e che è stata una grande impressione trovare il disco alla Feltrinelli, una delle librerie più importanti d’Italia. Per Elizabeth fu una grande soddisfazione e sorpresa, quando un anno dopo aver registrato il disco, lo ha trovato nella sezione musica della Feltrinelli e ha pensato che qualcuno avrebbe voluto comprarlo e ascoltare la sua voce. In questo settore si lavora su un progetto, e quando un progetto si conclude con successo dà un certo senso alla vita.

La voce di Elizabeth Hertzberg è stata ascoltata da migliaia di persone alla Carnegie Hall, al teatro dell’opera di Sofia (Bulgaria), nei teatri di Parma, Modena, nelle chiese e nelle sale storiche di varie città europee. Secondo le sue stesse parole, essere una cantante significa portare la musica in tutti gli angoli del mondo. E così, la sua voce diventa lo strumento contro il tempo e l’oblio.

Elizabeth Hertzberg, Kennedy Center Opera House.

La ringrazio per aver trovato tempo per questa intervista, tra le continue prove, impegni e concerti. Lei vive da diversi anni in Italia, dove c’è una grande tradizione lirica, quali differenze trova con le produzioni in altri paesi?

In ogni grande e piccola città italiana c’è un teatro dove ci sono regolarmente produzioni di Puccini, Verdi e anche Mozart. Si può dire che l’Italia, essendo la fondatrice dell’opera, è più tradizionale, rispetto ad altri posti come Berlino e Budapest. Le produzioni di compositori contemporanei non sono comuni, perché hanno già Puccini, che è un grande. A volte sembra che l’opera sia bloccata in Tosca, Le nozze di Figaro e Don Giovanni. Mentre in altri posti c’è più sperimentazione e più apertura, per esempio al Metropolitan Opera c’è una produzione, Euridyce, che riprende il mito di Orfeo e il salvataggio di Euridice dagli inferi, ma dalla sua prospettiva. Il libretto è di Sarah Ruhl e la musica è di un giovanissimo compositore americano, Matthew Aucoin. Ha solo 31 anni e ha già messo in scena un’opera nella Met. È importante continuare con la tradizione delle grande opere, che hanno il potere di muovere la nostra profondità, ma è anche ugualmente importante lasciare uno spazio con la finalità di che le nuove proposte possono essere sentite. Queste nuove opere possono diventare le prossime grande opere.

Mamma mia veramente è giovanissimo. Qualche anno fa ho assistito a una rappresentazione di Don Giovanni, dell’Opera di Berlino e sono rimasta sorpresa dal fatto che, sebbene si trattasse dello stesso libretto e della stessa musica di Mozart, si erano presi alcune libertà interpretative, soprattutto nei costumi, che erano contemporanei e lasciavano fuori l’atmosfera del periodo. Credo che questo e i programmi dell’opera all’aperto aiutino molto a rinnovare il pubblico. Oltre al fatto che i biglietti non sono inaccessibili.

Il momento storico dell’opera è qualcosa d’importante per capire il tempo e la visione del mondo del compositore, ma è anche bene avere una mente aperta a nuove interpretazioni. In America succede qualcosa di simile, per esempio quando un’opera viene eseguita in uno stadio di baseball. È qualcosa di necessario perché quest’arte sopravviva, per portare molte persone a vivere un’esperienza che tocchi il loro cuore. Altrimenti, la cultura dell’opera potrebbe morire.

Bist du bei mir, J. S. Bach

È vero, in un certo senso l’opera cessa di essere per un gruppo dell’élite culturale per poter raggiungere molti e  far apprezzare la bellezza, senza diminuire la qualità. Avvicinare l’alta cultura alla cultura di massa è senza dubbio un passo importante per mantenere la tradizione. In un’occasione a Milano, ho pesato illusoriamente di poter comprare un biglietto per la Scala, ma erano esauriti e un po’ cari per il budget da studente che avevo. Per non parlare del prezzo.

Purtroppo non è così facile entrare alla Scala, acquisire un biglietto essendo uno studente o un giovane è complicato. Perché anche se c’è un certo numero di biglietti che lasciano per l’ultimo minuto, bisogna andare all’ufficio per registrarsi e tenere d’occhio tutto il giorno per vedere se ci sono dei biglietti rimasti. Chi può tenere d’occhio tutto il giorno? Anche se tu volessi andare, se non hai i soldi, non puoi permetterti di perdere la giornata lavorativa. Questo limita davvero il pubblico. Idealmente sarebbe più facile, ma siamo a Milano e il galateo funziona così. In un’occasione, un ragazzo è arrivato in ritardo e sudato perché, anche se aveva il biglietto, non lo facevano entrare all’ingresso perché indossava i jeans. Così è dovuto correre da H&M per comprare un paio di pantaloni più formali e tornare indietro.

Su una nota più personale, com’è nato il suo interesse per l’opera e la sua vocazione di cantante?

Da quando avevo sei anni, ho iniziato a suonare il pianoforte. Avevo già allora un interesse per la musica, ma non avevo ancora scoperto la voce. Quando avevo dieci anni, i miei genitori comprarono un CD con diverse versioni dell’Ave Maria di Schubert, e quando lo ascoltai, provai a imitarlo cantando e mi resi conto che potevo raggiungere i toni. Fu così che scoprii la mia voce. Poco dopo una zia, che amava l’opera, mi fece vedere l’opera La Traviata e non avevo mai visto niente di così bello. Pensai che fosse un sogno e che quello era il mondo in cui volevo vivere. La musica mi ha sedotto.

Fin da quando eri bambina. L’opera è di solito in italiano, tedesco e francese. Quante lingue bisogna imparare o basta memorizzare il libretto?

Un cantante ha una formazione molto completa, soprattutto se sei americano, perché l’opera non è nostra, come lo è per gli europei. In Spagna c’è la zarzuela, l’Italia e la Germania hanno una tradizione di opera e di musica da camera ed è per questo che la maggior parte della musica classica è in quelle lingue. Al conservatorio si studiano queste lingue, anche se questo non significa che le parli come se le avessi imparate vivendo lì. Quando ci si prepara, si studia il testo, lo traduco, capisco il significato del testo e quindi lo posso esprimere. Inoltre, i musicisti hanno un buon orecchio, quindi possiamo imitare gli accenti.

The Telephone, Menotti.

Tu hai un ottimo orecchio e la capacità di imitare; mi piacerebbe anche a me averlo, io vorrei migliorare il mio accento. Hai una formazione molto completa, ma ti stai ancora allenando, come combini la formazione e i concerti con la maternità?

Solo una parola: i nonni. Senza aiuto non si può fare nulla. Fortunatamente mia madre ha potuto passare molto tempo con noi. Naturalmente anche mia suocera ci aiuta. E ora mio padre sta passando un po’ di tempo qui. Poi mia madre verrà per la prossima stagione concertistica.

I nonni sono una parte fondamentale della genitorialità. Cambiando un po’ argomento, quale personaggio ti piacerebbe interpretare o quale di quelli che hai interpretato è il tuo preferito e perché?

Che domanda difficile, perché non è che ho un personaggio preferito. Mi piace scoprire sempre nuova musica, non solo l’opera, ma anche la musica da camera come Bach. Mi innamoro dei pezzi che studio in quel momento. Per esempio, in questo momento sto studiando Lulu di Berg, che è un’opera molto difficile. Berg era un compositore austriaco, nel 1935, fu studiante di Schoenberg. In questo momento Lulu e la sua aria è quella che mi ha rubato la mente. In realtà ho trovato online il primo e il secondo atto, ma il terzo mancava e si poteva ordinare a prezzi esorbitanti. Qualche giorno fa ero a Budapest e uscendo dal concerto ho trovato una libreria di musica usata. E lì, ad aspettarmi, ho trovato il terzo atto. Avevo bisogno del terzo atto per capire meglio Lulu. Per fortuna mi stava aspettando; sapete, sono queste le cose belle della vita, quei piccoli regali che ci aspettano e ci sorprendono.

Elizabeth Hertzberg nella Sofia Opera and Ballet.

Il terzo atto era per te; ti aspettava dove meno te lo aspettavi. Hai questo processo di innamoramento del pezzo e poi come ti prepari ad eseguirlo?

Il momento culminante è il concerto, e naturalmente è molto bello, ma la mia parte preferita è il lavoro precedente per raggiungere l’interpretazione. Il lavoro che si fa con i musicisti è molto importante, perché insieme si scoprono molte cose e sfumature. Poi si può sperimentare la bellezza della musica. Cantare è qualcosa di molto speciale, molto intimo, perché la voce è uno strumento e il tuo corpo allo stesso tempo. Ascolti il tuo timbro e la tua risonanza e interpreti. Impari dai compositori, li leggi e tutto è molto poetico. Più vai in profondità con il testo e più capisci le cose e così hai la tua esperienza musicale. E poi trasmetti questa esperienza al pubblico.

A proposito di questa esperienza, può essere molto commovente. A volte è molto visibile che un cantante sia commosso, ma la voce non vacilla e continua a cantare. Come puoi cantare se sei commossa?

Quando si canta in pubblico, in un concerto, bisogna avere la forza mentale di controllarsi. L’auto-movimento è un atto egoista, perché hai già vissuto quell’esperienza, e nel momento del concerto si tratta di dare. Mi è capitato nella pratica di commuovermi; l’altro giorno stavo provando il Sommerabend e altri pezzi di Aldo Finzi e Castelnuovo-Tedesco. Ho sentito l’atmosfera estiva, i grilli, il fiume e improvvisamente mi sono commossa, perché ho pensato: che bello che sia così che mantengono in vita queste persone. Continuiamo a ricordarli e mantenendo viva la loro musica, combattiamo contro il tempo e l’oblio. Spero di rendere giustizia a ciò che hanno scritto. Perché la voce è il cuore e lo strumento che riesce a comunicare tempi passati, sentimenti e vita.

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Antología de Rock de 1971: que cincuenta años no son nada

Por Raúl González Lima

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En México de principios de los años setenta, algunas de las canciones del rock en inglés se podían escuchar en la frecuencia de amplitud modulada (AM) en estaciones como Radio Éxitos, Radio 590 (La Pantera) o Radio Capital. Pero sólo ciertas canciones de rock que tenían propósitos comerciales, o que en verdad trascendían dichos propósitos (como las canciones de The Beatles). En la misma década de los 70, habrían de aparecer programas como “Rock en Radio Universidad” y “El lado oscuro de la luna” en Radio Educación, en donde uno podía conocer algo de lo más selecto, novedoso y artístico del rock en inglés, ya sea estadounidense o británico.

Así, en México conocimos a The Beatles, The Rolling Stones, The Doors y Creedence Clearwater Revival. Con más dificultad, a The Who, The Kinks, Jethro Tull, Yes, Black Sabbath o Led Zeppelin. Aunque pudimos seguir las trayectorias iniciales de John, Paul, George y Ringo como solistas, una vez terminado el sueño (“the dream is over”), difícilmente pudimos conocer otras obras musicales del rock debido a que no eran transmitidas en la radio comercial. En México, llegábamos a saber de ellas, ya sea por la prensa especializada, o adquiriendo discos de larga duración por referencias de amigos o conocidos.

Robert Plant y Jimmy Page. Concierto Led Zeppelin en Chicago 1977.

Hoy, en pleno 2021, podemos tener acceso a esas joyas de hace 50 años gracias al “streaming”, y podemos recordar y seguir admirando, con un dejo de veneración, lo que ya puede considerarse como música popular urbana de culto, del género que es conocido con un término simple y llano: “rock”, aún a sabiendas de los distintos subgéneros dentro de esta clasificación (pop, pop-rock, psicodélico, progresivo, hard-rock, folk-rock, heavy-metal, classic-rock, etc.). En este sentido, bien podemos seleccionar una muestra de 20 canciones de rock que fueron conocidas, en mayor o menor medida, en 1971, pero que ahora son consideradas como obras maestras de ese género musical.

Las canciones de ese año, que hemos escogido por su estilo y singularidad, son como sigue: Black Dog – Led Zeppelin; Aqualung – Jethro Tull; Baba O’Riley – The Who; Bang A Gong [Get It On] – T. Rex; Brown Sugar – The Rolling Stones; I’ve Seen All Good People – Yes; Imagine – John Lennon; Iron ManBlack Sabbath; Jump Into The Fire – Harry Nilsson; L.A. Woman – The Doors; Locomotive Breath – Jethro Tull; Won’t Get Fooled Again – The Who; Wild Night – Van Morrison; Wild Horses – The Rolling Stones; Whipping Post – The Allman Brothers Band; Tiny Dancer – Elton John; Stay With Me – The Faces; Stairway To Heaven – Led Zeppelin; Me And Bobby McGee – Janis Joplin; y Maggie May – Rod Stewart.

L. A. Woman, The Doors.

La selección es ecléctica, pero teniendo como común denominador el año de 1971, en que fueron publicadas. Todas las canciones pertenecen por derecho propio a la cultura musical popular del siglo XX. La lista de 20 canciones incluye obras de ocho grupos ingleses (Led Zeppelin, Jethro Tull, The Who, T. Rex, The Rolling Stones, Yes, Black Sabbath, The Faces); dos grupos estadounidenses (The Doors y The Allman Brothers Band); cuatro solistas británicos (John Lennon, Elton John, Van Morrison y Rod Stewart); y dos solistas estadounidenses (Harry Nilsson y Janis Joplin). Por otra parte, Led Zeppelin, Jethro Tull, y The Who contribuyen con dos canciones. Cabe mencionar también que la gran mayoría de las canciones seleccionadas forman parte de álbumes de 1971 de esos artistas, los cuales pueden ser considerados entre los mejores de su género. Así, podemos mencionar los álbumes (discos de larga duración) “Imagine”, de John Lennon; “Led Zeppelin IV”, del grupo formado por Page, Plant, Jones y Bonham; “L.A. Woman”, el último álbum de The Doors con Jim Morrison; “Pearl”, el álbum póstumo de Janis Joplin; “Sticky Fingers”, de The Rolling Stones con Mick Taylor; “Who’s Next”, uno de los tres mejores álbumes de The Who; “The Yes Album”, del grupo británico de rock progresivo.

Black Sabbath, 1970.

Algunas de las 20 canciones seleccionadas en esta antología pueden gustar más que otras, dependiendo de la sensibilidad o conocimiento musical de cada uno; o de las remembranzas que cada una de estas canciones pudieran traer; o de las vivencias de infancia, pubertad, adolescencia o juventud de la primera vez en que fueron escuchadas; así como del impacto que causaron la primera vez que les pusimos atención, o en su redescubrimiento posterior. En cualquier caso, estos breves comentarios son solo un pretexto para volver a escuchar estas canciones a 50 años de que fueron publicadas o, ¿por qué no?, para escucharlas por primera vez. Ninguna de ellas tiene desperdicio, y son representativas de una época de alta imaginación y creatividad musical, de una generación de jóvenes de clase media urbana, todos ellos menores de 32 años, y que trascendieron todo tipo de fronteras.

Windows and Senior Mouse: Reflections on Chick Corea

By Edmund Kuryla

In his master dialogue The Republic, Plato (through his mouthpiece Socrates) argues that poets and musicians must be banned from his ideal city. Ironically, Socrates makes this case sans his characteristic irony. Plato explains that he loves these gifted craftsmen. Regrettably, owing to their special, God-natured powers and unique ability to persuade and influence, he excludes them from his city in speech. Poets and musicians are just too powerful. By their nature, they pose a grave threat to the order of his polis. To modern democratic ears, this sounds absurd. But every so often, when confronted with musical genius, one thinks anew about Plato’s concerns.

Chick Corea was one of these rare and special musical-poetic geniuses. His life was a constant journey of creative output, all the way to his recent passing from cancer. When news of his passing came to me, I felt the loss of a great genius and a personal musical father-figure.

Chick taught me about great music and the beauty and fun inherent in this incredible art form. His influence reached outside the “jazz” world because he shaped and will continue to shape the very musical consciousness of multiple past and future generations. He taught us something we didn’t know before. He showed us something of value behind that proverbial veil – someplace holier and more powerful.

I first saw behind this veil in—of all places—a Walmart in a small town in Illinois, USA at the age of sixteen. It was a for sale bin with stacked-up compact disks. I saw one very colorful CD with the name Akoustic Band on the cover. It was Chick, Dave Weckl, and John Patitucci. At the time I didn’t know anything about these musicians. I was inspired anyway, not so much by the cover, but by the musical ideas somehow hidden inside. I will never really know what inspired a young small-town “know-nothing” like me to pick up that CD and move from ignorance to knowledge. Such mysteries are beyond the scope of this essay. I do know that I wore the CD out. I listened and re-listened to it thousands of times. This was clearly musical genius, something I had never known or experienced before. It changed my life.

From that moment on, I have been a jazz pianist. Professionally, my career as a jazz pianist and musician has taken me to many different countries–by virtue, of all things, to a position as a U.S. Army pianist for the previous eighteen years–where I have had the opportunity to “shred” with the best of them. For me, Chick was always there, in the background, guiding me and showing me the way.

Chick was a walking legend, and stories about him are endless. But his genius wasn’t confined to the jazz piano. He played multiple instruments, multiple styles, and rivaled the best ‘classical’ musicians, composers and performers. One of my jazz piano teachers, Donald Brown, a legend in his own right, once told me a story about Chick’s abilities:

While informally hanging and playing with Chick and some other musical friends – all of them legends – Chick asked to play the trumpet. The trumpet player in this group could have been Dizzie Gillespie or Freddie Hubbard. It didn’t matter. To everyone’s astonishment, Chick picked up the trumpet and began burning beautiful and lyrical bebop lines over a tune, as if he had been playing the trumpet his whole life. Who knew? My reaction was “Wow, Donald, that’s amazing! But I’m not surprised.” Strangely enough, Donald recalled a similar reaction. Although amazed at Chick’s superhuman abilities, he was not surprised by what happened. That was just Chick.

When thinking about Chick’s relationship with Miles Davis, and Miles’ own amazement at Chick, no one is surprised. After Chick’s musical stint with Blue Mitchell, Miles heard about the young pianist and invited him to play at an NYC jazz club. As the story goes, Chick was incredibly nervous. Then, after the first set, while sitting at the bar, unsure if he had played well, Miles sat down next to him and muttered, in his inimitable style, “Man, you one bad M*f*&.” As Chick explained it, his career took off from that point.

Lest readers get the wrong idea though, this was all Chick (to be invited to play with Miles in the first place was no small matter). People knew him, had heard him play, and were influenced in much the same way I was as a young musician learning and performing jazz. To my mind, it was no accident that Chick and Miles had that fateful meeting.

I think Chick would have been the master poet-musician in Plato’s world, a potential threat to order to be sure, at the same time having a great deal of fun performing his craft. I also think his influence would have been benevolent and awe-inspiring, worthy of the Gods. Plato and Socrates would have loved him, whatever their misgivings.

The power of Chick’s music and improvisation has stayed with me throughout my life and musical career. I felt loss at his recent passing, but I was reminded that he cared about communicating his art and influencing people. He succeeded – I think more than he ever realized. www.ChickCorea.com

MDNMDN