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Naufragios: el dilema entre el Atlántico Norte y la Ruta del Mediterráneo

por | Jun 22, 2023 | 4 Comentarios

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Un famoso dilema ético nos cuestiona si accionaríamos una palanca para desviar un tranvía que está a punto de arrollar a cinco personas, a sabiendas de que al cambiar de vía el tranvía arrollaría a una persona. Han surgido variantes a este dilema: en ocasiones eres tú quien conduce el tranvía; en otras sólo accionas la palanca; incluso podrías ser tú ese único individuo a quien se dirige inminente el tranvía fuera de control. En algunas variables, se propone que se siente menos culpabilidad al accionar la palanca o presionar un botón, a pesar de que la consecuencia sea la misma que la de que arrojar desde un puente a un hombre muy gordo para detener al tranvía. En otra variable la vía es “un bucle”, o sea que, aunque lo desvíes, en cierto punto el tranvía volverá a la vía principal y el impacto contra alguna persona tendrá lugar.

En otra variante, no se trata de un tranvía, sino de mineros: cinco mineros quedan atrapados en la mina, si accionas la palanca, una roca se desplazará y podrás liberar a los cinco trabajadores, pero un minero morirá inevitablemente, porque la roca desviará el curso y lo aplastará.

Incluso se han hecho simulaciones en las que vas conduciendo un auto que se estrellará con otro; si lo desvías puedes salvar tu propia vida, pero atropellarás a alguien. La mayoría de quienes realizaron esta simulación, giraban el volante inmediatamente. Porque se trataba de un desconocido. Pero cuando la simulación cambiaba la cara del desconocido por la del hijo de cada persona, la mayoría permanecía en el carril y prefería estrellarse antes que arrollar a su propio hijo. Así pues, existen múltiples variaciones del dilema del tranvía.

Imagen: McGeddon

La ética utilitarista elegiría salvar el mayor número de vidas posibles. En este caso siempre se elegiría salvar a cinco, aunque se tenga que sacrificar a un inocente. La ética deontológica, que elige seguir un supuesto deber y tiene vertientes kantianas consideraría inmoral arrojar al hombre gordo del puente para detener al tranvía, pero no vería con tan malos ojos accionar la palanca, porque no se utiliza a alguien como medio para salvar a los demás. Incluso podría ocurrir que la persona vea que un tranvía se dirige hacia ella y se mueva para evitarlo.

La solución no es sencilla, de otro modo no sería un dilema y a esto hay que sumar la intención, el doble efecto y los daños colaterales. Estos experimentos mentales, que a veces pueden parecer demasiado abstractos y descabellados por las variables que se van sumando, tienen la finalidad de ayudarnos a tomar decisiones cotidianas o al menos a tomar partido y formar una opinión frente a situaciones extraordinarias. Y quizá es una situación extraordinaria precisamente lo que hemos observado en estos días.

Un submarino con cinco personas desaparece en el Atlántico. Un barco con al menos 700 personas naufraga en el mar Jónico. ¿A quién destinas mayor esfuerzo y recursos para la búsqueda y rescate? ¿Acaso esta situación no es semejante al dilema del tranvía?

Ahora hay que añadir los detalles. El submarino Titán de la empresa Ocean Gate realizó una inmersión el domingo 19 de junio para buscar los restos del Titanic en el Atlántico Norte, a 700 kilómetros de Terranova, Canadá y perdió la comunicación poco tiempo después.

Lugar aproximado del Titanic y desaparición del Titán.

Se trata de un submarino que no cuenta con ninguna certificación técnica oficial; que en el 2018 fue demandado por uno de los ingenieros, David Lochridge, quien consideró no se cumplían lineamientos de seguridad; que incluso es comandado por un control de una consola de juegos que fue adaptado, algo común en sumergibles, pero que no deja de resultar extraño; para la travesía, los participantes deben firmar unos documentos en los que aceptan las posibilidades de daños físicos e incluso la muerte; un submarino que en el 2022 perdió la comunicación con la nave nodriza durante tres horas –cuenta el periodista David Pogue, quien a pesar de sus temores hizo la expedición por cuestiones laborales; cada pasajero turista (además de la tripulación y eventuales pasajeros científicos) paga ordinariamente un costo de 250,000 dólares.

La expedición consta de ocho días en altamar para enseñar a los pasajeros turistas lo necesario para tripular el submarino y eventualmente realizar la inmersión. El pequeño submarino hecho con fibra de carbono y titanio puede sumergirse hasta cuatro mil metros y tiene capacidad para cinco personas, que deben ir sentadas y realmente no tienen mucho espacio. El oxígeno alcanza para 96 horas aproximadamente, pero algunos expertos aseguran que se trata de un estimado, porque quizá los tripulantes intenten respirar un poco menos para alargar la duración, de ahí que se trate de una búsqueda contra reloj.

Twitter David Pogue.

Al limitado oxígeno debemos añadir la oscuridad del fondo marino, las bajas temperaturas, las corrientes marinas, la posibilidad de quedar enganchado al naufragio del Titanic y creo que es importante considerar el factor humano: no sabemos cómo puede reaccionar cada individuo ante la desesperación de una posible inminente muerte tan terrible.

La noticia ha despertado furor por varios factores: porque el Titanic y su imaginario atrae por sí mismo; por el costo de la expedición; porque la ironía de que se considere el submarino Titán una punta de lanza mientras que es comandado por un control de Xbox; porque se trata de varios millonarios atrapados; y porque se ha hecho un derroche de recursos y desplegado una búsqueda y que cuesta millones de dólares, mientras que otros rescates no tienen tanta cobertura y ni de cerca esos recursos.

Los cinco hombres a bordo del Titán son un empresario y explorador británico –Hamish Harding–, un excomandante de la armada francesa y experto en el Titanic –Paul Henri Nargeolet–, el padre e hijo de una familia multimillonaria pakistaní –Shahzada y Suleiman Dawood­­­–, y el fundador de Ocean Gate ­–Stockton Rush– quién además es marido de Wendy Rush, la tataranieta de Isidor e Ida Straus, una pareja millonaria que murió en 1912 en el naufragio del Titanic. Se trata de cinco personas que conscientemente aceptaron los riesgos de la aventura y que además tenían grandes fortunas.

Twitter David Pogue sobre el uso del control de Xbox.

En la otra vía, se encuentra uno de los más grandes naufragios de los últimos meses en el Mediterráneo, con un número indefinido de migrantes procedentes de un barco pesquero que zarpó de Libia. Hasta el momento la guardia costera griega ha rescatado a 106 personas, pero al menos 79 han muerto y hay varios desaparecidos. ¿Quiénes iban a bordo? En este caso no tenemos los nombres, ni una breve semblanza, simplemente sabemos se trataba de migrantes. La llamada de auxilio ocurrió el martes desde la zona más profunda de ese mar, conocida como la Fosa de Calipso, que tiene una profundidad de cuatro mil metros, por lo que los rescates en esta zona son difíciles. El martes por la noche un buque de la Guardia Costera divisó la embarcación y ofreció ayuda, pero la ayuda fue rechazada, el barco continuó su recorrido y poco tiempo después se volcó.

La guerra y la pobreza orilla a la migración y con ella los traficantes de personas se han enriquecido. El año pasado la Organización Internacional para las Migraciones registró al menos 3,800 muertes en esta ruta. Lucran con los esfuerzos económicos de los migrantes, que en comparación con los 250,000 dólares podrían parecer mínimos, pero que en realidad valen mucho más porque se trata quizá de los ahorros de toda una vida; como la parábola de la viuda que da sólo una pequeña moneda como ofrenda, pero que vale más porque no ha dado lo que le sobra, sino lo necesario para vivir (Marcos 12, 41 – 44).

Para darnos una idea de la dificultad de esta travesía, les recomiendo la película Las nadadoras de Sally El Hosaini, basada en la historia de dos hermanas sirias que huyen de la guerra con la esperanza de llegar a Alemania. Las hermanas y su primo sobreviven la ruta del Mediterráneo en una balsa, en parte porque ellas se arrojaron al mar y nadaron parte de la travesía. Después de una estancia en un campo de refugiados en Grecia continuaron el camino mayormente a pie hasta Alemania.

Una de las hermanas participó en las Olimpiadas de Río de Janeiro, mientras que la otra es voluntaria y ayuda a rescatar migrantes, pero puede ser encarcelada por su labor, ya que esta ayuda humanitaria también se considera de cierta forma ilegal. A modo de pequeña crítica, sin quererme desviar del tema, quisiera señalar que en la película también se puede observar la dificultad de un migrante “promedio”, que tiene que lidiar con un nuevo idioma y de encontrarse en un lugar en el le será casi imposible progresar laboralmente. Quizá en su lugar de origen tenían alguna calificación técnica o profesional; mientras que en el nuevo lugar tendrán que empezar desde cero y en muchos casos aspirarán únicamente a trabajos manuales. Estos migrantes “comunes” se distinguen de casos excepcionales en los que el migrante es buen deportista o tiene alguna otra gran habilidad que lo ayuda a destacar.

Operación Tritón de Frontex. 15 de junio 2015.
Fuente: Fuerza de Defensa Irlandesa.

Retomando el tema, las redes sociales ardieron, porque es indignante la cantidad de recursos destinados a las búsquedas y recursos de ambos casos. Los esfuerzos y el dinero para rescatar a los tripulantes del Titán son millonarias: Estados Unidos ha enviado aviones, a la Guardia Costera y a la Marina, Canadá ha enviado médicos y barcos, los franceses sumergieron un robot. ¿Quién asume estos costos?

Bien sabemos que las aseguradoras no suelen asegurar este tipo de empresas; y más si consideramos que los cinco pasajeros firmaron un documento en el que son conscientes y aceptan el peligro físico y la posible muerte. Así pues, los rescates por lo general son pagados por los contribuyentes, salvo en ciertas excepciones. Por ejemplo, si tienes un accidente en el monte o en el mar en Croacia el rescate –así sea que utilicen un helicóptero– no tendrá ningún costo para la víctima; mientras que en otros lugares como Austria, Alemania o Estados Unidos sí habrá un pequeño costo, especialmente si el accidente ocurrió por la imprudencia de la víctima.

¿Es imprudente sumergirse en un submarino sin certificación, manejado por un control casi de juguete, con tripulantes inexpertos, en una zona profunda, oscura, helada y con una fuerte corriente marina? La pregunta es más retórica … por lo que a mí respecta, me parece una gran imprudencia e incluso temerario.

El límite para la esperanza era el jueves 22 de junio a las 13:00 horas (Europa) porque se consideraba que a esa hora se agotaría el oxígeno, sin embargo, la búsqueda continuó al menos hasta las 19 horas cuando los guardacostas anunciaron que encontraron restos significativos; incluso para ese momento se sumaron nuevos barcos al rescate, pero lo que se ha encontrado son restos del submarino. A las 21 horas la Guardia Costera de Estados Unidos en su rueda de prensa dio por fallecidos a los cinco hombres; parece que a casi 500 metros del Titanic, implosionó el Titán. Se encontraron los restos del submarino, cinco piezas, pero no creen probable recuperar los cuerpos.

Titanic partiendo de Southamton el 10 de abril de 1912.
Foto: Francis Godolphin Osbourne Stuart.

Volvamos al dilema del tranvía, claro, en este caso no es un tranvía, sino un submarino y un barco. Si siguiéramos la lógica de la ética utilitarista, lo evidente y justo sería destinar la mayoría de los esfuerzos, tiempo y recursos a rescatar a los migrantes del barco pesquero del Mediterráneo y prevenir futuros naufragios, en lugar de rescatar a cinco personas que aceptaron los riesgos de satisfacer su curiosidad para ver las ruinas del Titanic. Pero no se destinaron los mismos recursos, a veces pesa más el dinero y eso también es utilitarista.

Se podría argumentar que no es el mismo caso, porque las víctimas de ambos naufragios se encuentran en lugares diferentes; pero en febrero del 2022 un barco pesquero gallego, Villa de Pintaxo, se hundió casi en las mismas coordenadas que el Titán, muy cerca de Terranova, Canadá. 24 tripulantes murieron y tres personas sobrevivieron; basta decir que el despliegue para el rescate no fue tan abrumador como en el caso del Titán.

Entonces ¿acaso los cinco pasajeros del Titán valen más que los 700 del barco pesquero o que los tripulantes del Villa de Pintaxo? El dilema del tranvía sigue sin resolverse, incluso si se considerara una mayoría cuantitativa y no cualitativa. No creo que se puede resolver con una ética utilitarista y tampoco deontológica. Así como tampoco creo que una vida valga más que otra.

Para cada caso se debería intentar salvar a todas las personas, mantener la esperanza y agotar las posibilidades. ¿Es inmoral el despliegue de recursos para intentar rescatar a los cinco hombres del Titán? Lo es si comparamos las víctimas de otros naufragios y también resulta de cierto modo injusto y por eso nos escandaliza. Pero no debemos olvidar que en ambos naufragios las víctimas murieron de manera horrorosa.

Para morir da lo mismo si pagaste 250,000 dólares o 1000 euros; da lo mismo si eras turista o migrante; nada de eso importa. Porque varios hombres tendrán una sepultura marítima; porque a varios se les han llenado los pulmones de agua; porque habrán muerto congelados o les habrá faltado el oxígeno.

Los cinco o los cientos vivieron sus últimos minutos sabiendo que morirían de un modo horrible; no creo que alguien tenga los nervios de acero para resignarse con tranquilidad ante tal escenario y es por ello, que tanto los cinco, como los miles que yacen en el fondo marino merecen nuestra compasión.

Andrea Fajardo

Andrea Fajardo

4 Comentarios

  1. Pável

    Con mi sesgo de ingeniero, el control de video juegos es técnicamente suficiente para maniobrar el sumergible. El control muy probablemente no fue causa de la falla del sumergible y en cualquier caso, aunque en las notas que he leído, el control parece ser una medida de la calidad del sumergible. En cualquier caso, el dilema del tranvía se mantiene si el tranvía fuera conducido con un control de consola de videojuegos o con algún otro control sofisticado.

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  2. Antonio

    Gran tema. Lo que importa es qué resulta más mediático y entretenido. El naufragio en el Mediterráneo incomoda mucho, interpela directamente y, para colmo, se ha vuelto rutinario. Son los de siempre. Gente a la que se espera que le ocurran cosas horribles, porque es lo que hemos visto siempre en los medios. Y, si se le piensa un poco, se puede uno sentir de alguna manera corresponsable. Por lo menos te obliga a pensar en tus actitudes y a preguntarte si podrías hacer algo al respecto.

    En cambio, lo del submarino es excepcional, muy llamativo, le pasa a riquísimos, moviliza a la armada y al ejército. Es entretenido. Todo un espectáculo. Invoca hechos míticos largamente cultivados como dignos de atención, como el Titanic.

    Desde luego es una tragedia. Pero el tiempo que le dedican los noticiarios no es comparable al que dedican a tanta gente que hay que buscar en México, por ejemplo. Hay una especie de anestesia colectiva para los naufragios de migrantes y para las desapariciones de víctimas de la violencia. Casi todos pobres. Dice mucho de nosotros como sociedad.

    En fin. 

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  3. Mariana

    Muy buena reflexión. Gracias Andrea, como siempre. Este dilema, tal como lo analizas, tiene que servir de sano aguijón para mantenerse siempre alertas y ser conciente que, pese a la presión de los medios y las noticias, no todo es lo mismo y hay que estar despierto para saber reconocer las verdaderas urgencias.

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  4. Rafael

    Muy interesante el enfoque ético y la comparación con el dilema del tranvía que se le da al caso del submarino.
    Habría que investigar si los recursos destinados al rescate de los 5 pasajeros de Titán eran públicos o de las familias de los pasajeros

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