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La irrupción de una turba en el capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021, lidereado en parte por los seguidores de un movimiento conspiracionista presente en internet conocido como QAnon, desencadenó un examen de conciencia entre los conservadores. De manera súbita aquellos que tenían poca conciencia de QAnon y compañía fueron forzados a confrontar hasta qué grado estas visiones conspiracionistas empapan al pensamiento conservador. ¿Era quizá cierto que Donald Trump propugnó una guerra secreta contra pedófilos satánicos? Pedófilos que formaban parte del «Deep State», aquel grupo conspiracionista que sin mandato popular y de manera secreta y mafiosa se había enquistado en la estructura de administración pública del Estado Americano. ¿Y que esta guerra culminaría en una «Tormenta» milenaria, que enviaría a los enemigos que eran parte de las altas esferas de y que culminaría con una “tormenta” milenaria, que enviaría a sus enemigos a Guantánamo e inauguraría una nueva era de relaciones humanas? Antes de los disturbios esta mitología parecía confortablemente oscura.
Ya que QAnon se denomina típicamente como una “teoría de la conspiración”, es –o quizá fue– con mayor precisión descrito como un culto: un sistema de creencias que los engloba todo. QAnon bullía de energía, comunidades online, actualizaciones constantes, sucursales en otros países y argumentos fascinantes, aunque bizantinos. Generó una comercialización robusta. Su cháchara es incesante, seria, ensimismada, reforzadora, maniquea, empíricamente insolvente y castigadora contra los incrédulos. Sobre todas las cosas es una moda impensable sin el internet.
Incluso si existiera un culto maniático con raíces profundas en ciertas esferas sociales, esto no sorprendería a nadie, mucho menos a los conservadores. Después de todo, el mundo occidental ha vivido desde hace años con otro sistema de creencias globalizante, alojado del otro lado del espectro político. También este otro sistema bulle de energía, cuenta con comunidades online, actualizaciones constantes, sucursales en otros países y argumentos fascinantes y bizantinos. También tiene una comercialización robusta. Su cháchara también es constante, seria, ensimismada, reforzadora, maniquea, empíricamente insolvente y castigadora con los incrédulos. Sobre todo, tampoco ésta sería una moda sin el internet.
La diferencia es que QAnon nunca se introdujo en las instituciones médicas, en la élite, en los medios convencionales de comunicación, en la industria del entretenimiento, la academia, las escuelas públicas, las corporaciones, en la sociedad civil, la iglesias, en las tres ramas del gobierno federal y mayormente en el sistema legal americano. La otra moda lo ha hecho.
Con la esperanza de reunir el mayor público posible para un limitado retorno a la cordura sobre estos asuntos, me centraré en el subconjunto del transexualismo, las denominadas “infancias trans”, concretamente, en las niñas menores que quieren ser niños.
Antes de que el concepto “infancias trans” comenzara a circular, unas pocas almas valientes y pioneras expusieron análisis bien informados sobre otros aspectos del transexualismo. Entre estas obras podemos encontrar sobre todo, el trabajo de toda la vida del Dr. Paul McHugh, quien fue por mucho tiempo el director de psiquiatría en el hospital John Hopkins. También son vitales los libros Escándalo sexual: El impulso de eliminar lo masculino y femenino (Sex Scandal: The Drive to Abolish Male and Female) (2017) de Ashley McGuire; el hito Cuando Harry se convirtió en Sally: Entender el momento transgénero (When Harry became Sally: Understanding the Transgender Moment) (2018, recientemente castigado con la expulsión de Amazon) de Ryan T. Anderson; La locura de las masas: género, raza e identidad (The Madness of Crowds: Gender, Race, and Identity) (2019) de Douglas Murray; y los escritos de conservadores sociales como Rod Dreher; y la variedad de trabajos de aquellos a los que el movimiento trans ha denominado como TERF que es el acrónimo para Trans-Exclusionary Radical Feminist y en español equivale a “feminista radical trans-excluyente.”
A estos sobrios ejemplos del razonamiento se suman dos textos: uno de la periodista Abigail, Shrier Un daño irreversible: La locura transgénero que seduce a nuestras hijas (Irreversible Damage: The Transgender Craze Seducing Our Daughters) y el otro de la neuro-científica Debra Soh, El fin del género/sexo: Desenmascarando los mitos sobre sexo e identidad en nuestra sociedad (The End of Gender Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society). Ambas autoras enfatizan que no “juzgan” la “transición” en adultos, porque parece que separar la cuestión de los menores de los “adultos con consentimiento” puede cambiar más fácilmente algunas posturas. El libro de Soh es metódico, informado y una enérgica reafirmación de las verdades sobre el sexo y el género, que no son menos ciertas por haberse convertido en algo prohibido en los círculos de moda (en la dedicatoria se puede leer: “Para todos aquellos que me bloquearon de Twitter”).
El volumen de Shrier es audaz, minucioso, brillantemente argumentado y compasivo. Basado en aproximadamente 200 entrevistas a más de cuatro docenas de familias con adolescentes, es un trabajo indispensable sobre la pregunta del por qué surgió dramáticamente la “disforia de género” entre las chicas adolescentes desde hace algunos años.

de Abigail Shrier.
Shrier nota que “antes del 2012 no había literatura científica sobre niñas entre los once y veintiún años que en algún momento hubieran desarrollado disforia de género”. Ahora, por primera vez, las “chicas por nacimiento” son la mayoría de las pacientes que se identifican como “transgénero”. Las estadísticas hablan por sí mismas. Por ejemplo, en Gran Bretaña, la Agencia Nacional de Salud ha reportado que la “clínica de género” más grande del país tuvo 2,500 caso referidos en 2018-19, incluidos infantes desde los tres años. Esto significa un incremento más de 25 veces en la última década, principalmente de chicas/niñas que “transicionan” en niños.
La pregunta es por qué; y la respuesta no es siempre natural. La noción de que las chicas/niñas que quieren ser niños “nacieron así” se volvió tendencia en 2018, cuando Lisa Littman –doctora y profesora adjunta de la Universidad de Brown– realizó una encuesta de 90 preguntas sobre “el rápido inicio de la disforia de género” a 256 padres de estos adolescentes. Los resultados establecieron que estas chicas en particular no siempre fueron infelices como chicas. En cambio, respondían al contagio social. Soh resume “ninguna fue diagnosticada con disforia de género en la infancia”. Más bien, “alrededor del 40 por ciento de estos adolescentes, más de la mitad de su grupo de amigos también «salieron del clóset» como transgénero. Esto es más de setenta veces la frecuencia de adultos transgénero de la población general”. (Énfasis añadido por Mary Eberstadt).
Otra razón para enfocarnos en las chicas adolescentes es humanitaria. Lo que algunos adolescentes se hacen a sí mismos (o permiten que se les haga) en el nombre de volverse “trans” es tan masoquista como el impacto de la prueba de electro-shocks: usar un binder[1]produce efectos secundarios como problemas respiratorios y destrucción del tejido mamario; tomar bloqueadores de la pubertad para modificar las hormonas puede atentar contra la fertilidad; someterse a mastectomías que arrancan los pechos sanos y dejan horribles cicatrices; intentar hacer una “faloplastia” o algo parecido a un apéndice con la carne que toman del antebrazo de la chica y que conlleva cicatrices permanentes; soportar histerectomías de úteros que se atrofian bajo la influencia de testosterona y más padecimientos con el mismo tinte macabro. El culto a la juventud trans demanda sacrificios.
Simultáneamente han florecido marcas comerciales que benefician a emprendedores lo suficientemente inteligentes para desentrañar necesidades que nunca antes habían existido, como penes falsos hechos de goma y plástico, con el cual las chicas pueden orinar de pie; otros artículos con los que pueden “empaquetar” la ropa interior; y toda clase de accesorios queridos por los niños y adolescentes, especialmente para las chicas, rebautizados con la etiqueta trans: pegatinas, pins, ccamisetas, fundas para el celular, tazas de café, botellas de agua y cualquier otra mercancía que ayude a que una chica/niña se sienta más como un chico/niño.
Todo esto nos regresa a QAnon. Si los cultos como QAnon son malos para el país y dañinos para la gente arrastrada hacia ellos, entonces lo mismo debe suceder con otros cultos que tienen un parecido demasiado familiar. Este es el problema del fenómeno transgénero entre los infantes y adolescentes.

de la Dra. Debra Soh.
Consideremos siete características que comparten QAnon y la moda transgénero en los jóvenes:
1.- Ambas mitologías son protegidas e impuestas con represalias punitivas, especialmente en las redes sociales.
Lo que nace en el Internet será castigado en el Internet. Como cualquier buena política, la intimidación en línea sirve a múltiples propósitos. Disminuye los incentivos para que cualquier externo cuestione el movimiento; valida los lazos comunes al crear enemigos comunes y señala a los miembros del grupo que los rangos nunca se quiebran sin una penalización. Por ejemplo, un artículo sobre QAnon de la revista Atlantic en 2020, señaló que muchos de los iniciados no estaban dispuestos a hablar con el reportero por miedo a las represalias comunitarias.
Asimismo la vigilancia, de los agentes trans, es singularmente feroz. Soh explica la combustión instantánea de hostilidad en línea que garantiza la recepción de cualquiera de los seguidores que perciban a alguien como un enemigo. Escribe tras su propia primera experiencia de una tormenta electrónica:
“Entonces, estarás inundado. No podrás refrescar tus notificaciones lo suficientemente rápido… Unas pocas almas valientes (en sus redes sociales) intentaron pedir un enfoque más suave. Inmediatamente se abalanzaron sobre ellos y fueron ahogados por la turba. Algunos de mis defensores incluso llegaron a arrepentirse y agradecieron a sus acosadores por “educarlos” y ofrecieron disculpas por defender a una persona transfoba… Una amiga fue atacada de forma similar varios años después por escribir en una de sus redes sociales que sólo las mujeres pueden embarazarse. Después de varios días de persecución en línea, me dijo, ligeramente conmovida, “Nunca volveré a twittear sobre cuestiones trans”.”
A diferencia de los castigos en línea infringidos por los devotos de otras modas, aquellos de la secta trans son reforzados y ampliados a través de toda la sociedad. Esto los vuelve todavía más peligrosos.
Por ejemplo, el libro de Shrier fue prohibido por la cadena de supermercados Target y fue objeto de censura, incluso por ACLU.[2] El autor de Cuando Harry se convirtió en Sally, Ryan T. Anderson, ha sido acosado tanto en la vida real como en línea. Él y otros que han hablado sin tapujos sobre el fenómeno trans han sido penalizados con una hostilidad bien organizada: protestas en las facultades, demandas de más seguridad, amenazas anónimas, un bombardeo orquestado de criticas negativas en Amazon y otras plataformas. La caída comercial de la famosa escritora J.K. Rowling, quien se atrevió a objetar contra la noción de que los hombres pertenecen a los espacios femeninos, se volvió una causa célebre.

2.- Tanto QAnon como la moda de las infancias-trans tienen unas historia de creación “red pilling”[3] y un fundador que marca tendencia.
Otro denominador común es el momento sorpresa en el que el antiguo mundo se cae a pedazos y el nuevo se revela al creyente en toda su realidad. En ambos movimientos, esta consciencia trascendental, ocurre solamente después de pasar muchas horas navegando en línea, aprendiendo la liturgia y los ritos de la comunidad electrónica.
En repetidas ocasiones, Soh y Shrier, mencionan la centralidad de las madrigueras de conejo en el internet, entre aquellos que han sido raptados por la moda trans –del mismo modo en que los creyentes han descrito el descenso a QAnon. Después del tiempo suficiente en el éter, “el mundo se abrió en tecnicolor para mí”, una auto-denominada “reina de los memes” de QAnon afirmó para el New York Times. “Era como la Matrix, todo comenzó a descargarse”. Los sujetos en Un daño irreversible describen momentos similares de epifanía (o red pilling) que los llevaron a una membresía completa: ver el primer vídeo de un creador de tendencias trans, tomar el primer shot de testosterona, soportar el primer día con el binder.
En ambos casos, el red pilling viene con otro beneficio: una ovación instantánea y muchas veces masiva. En Daño irreversible se describe la emocionante trayectoria de una solitaria y ansiosa adolescente:
«Y de pronto algo mágico sucedió. Helena “salió del clóset” en Tumblr. Su número de seguidores se disparó hasta las nubes. Sus “ciber” amigos se entusiasmaron por su decisión de salir del clóset y su nuevo y “lindo” nombre. Ella era mucho más libre en la red que en la vida real. Las redes sociales le ofrecían la posibilidad de ser una persona editada, que sólo muestra lo mejor de sí misma, y solamente cuando ella así lo quería.»
Otro denominador común muy interesante es que ambas sectas de la red surgieron hace relativamente poco, tras una revelación fundacional de un líder encarnado. Para los QAnoners, la iluminación comenzó con la electrizante primer gota de información de Q (“miga de pan”) en 2017. Para la moda trans, la revelación llegó con la entrevista del famoso Youtuber de 6 años, Jazz Jenning´s 20/20, con Barbara Walters en 2007; y después a través de la aparición culturalmente impactante de Caitlyn Jenner en la portada de Vanity Fair.
3.- Tanto QAnon como el movimiento de las infancias trans han sido explotados por los políticos.
El silogismo es simple. Los líderes políticos buscan seguidores y atención. Las modas adquieren devotos ardientes, que se concentran en “comunidades” en línea. Ergo, en el afán de obtener más tráfico, más ojos, más seguidores y, según se espera, más votantes, algunos políticos tratan imprudentemente de incorporar estas modas.
Esto es exactamente lo que sucedió en los años que precedieron al 6 de enero: unos cuantos Republicanos se familiarizaron lo suficiente con el lenguaje de Q para guiñar y asentir de ciertos modos para energizar al grupo. Entre ellos parece que se incluía al presidente Trump, cuyos episódicos anuncios influidos por Q fueron tomados por los seguidores del culto como prueba de que los entendía y comulgaba con ellos. Sin embargo es preciso notar una diferencia crítica entre la moda Q y la moda de las infancias trans: sólo un puñado de líderes Republicanos coquetearon con QAnon. Pero casi todos los líderes Demócratas y muchas otras fuentes de autoridad cultural están comprometidas con el movimiento de infancias trans.
Desde hace pocos años, se ha vuelto impensable la desviación de estos dogmas para todo liberal y progresista del mundo Occidental –y para muchos otros. Usar los pronombres “equivocados” o el “nombre-muerto” (dead-naming: usar el nombre de nacimiento de una persona trans) son ofensas terribles. Los educadores han sido destituidos de sus trabajos. Entre aquellos que permanecen, el retractarse se ha vuelto más común que bajo la inquisición de Savonarola.
Estos son hechos asombrosos. La influencia de las infancias-trans se hizo evidente cuando el presidente Biden, en una de sus primeras órdenes ejecutivas, arrojó a mujeres atletas bajo el autobús de brillantina.[4] Aquellas prioridades desconcertaron a quienes se preocupaban por otras cuestiones, como la pandemia global y la distribución mundial de la vacuna. Sin embargo, la verdad, es que la súplica del presidente no era en absoluto desconcertante. Los políticos demócratas tiemblan si se encuentran del lado equivocado del lobby de las infancias trans.
4.- Ambas modas se atribuyen misiones salvíficas a favor de los niños y que sirven para racionalizar sus tácticas a los ojos de sus seguidores.
Ambos grupos vocalizan el mantra “los niños morirán” si los seguidores fallan en sus obras; y ambos han utilizado esta afirmación para justificar su extremismo.
Para QAnon –como para el Pizza Gate– los putativos en peligro son niños que son traficados por los caníbales-pedófilos del “Estado dentro del Estado” (Deep State). Para los creyentes del movimiento trans, las víctimas son niños y adolescentes que quieren una “transición” y que (según dicen) se suicidarían en caso de que se les impidiera hacerlo. Como ocurre con la mayoría de las teorías conspirativas, esta amenaza implícita se conecta tangencialmente con la realidad: las personas que se consideran transgénero corren un mayor riesgo de suicidio a lo largo de su vida. Pero es aún más importante el hecho de que los problemas de salud mental persisten a pesar de las intervenciones hormonales y quirúrgicas. Los editores del American Journal of Psychiatry escriben en una corrección publicada en 2020, que resume los resultados de la mayor base de datos sobre los procedimientos de cambio de sexo, “los resultados no demostraron ninguna ventaja de la cirugía en relación con la atención sanitaria posterior relacionada con los trastornos del estado de ánimo o la ansiedad”.
Los activistas de las infancias trans sacralizan el suicidio y la tristeza para silenciar las críticas –especialmente las de los padres– con un encantamiento: ¿preferirías tener una hija muerta o un hijo vivo? Tal como se muestra en Daño irreversible, esta manipulación desarma a cualquiera, que bajo otra circunstancia, serían los primeros en proteger a los adolescentes de algún daño: las madres y los padres. También intimida a otros adultos, como aquellos de la comunidad médica, que saben que la mutilación genital y la destrucción de la fertilidad entre los menores está mal, pero temen decirlo.
“Los niños morirán” es la apoteosis de lo que los psicólogos llaman “comportamiento de concesión de permisos”, que consiste en autorizar todas las intervenciones para evitar la supuesta catástrofe y demoniza a quienes se opongan.
Este silenciamiento es aún más peligroso precisamente por el elevado riesgo de suicidio entre las infancias trans. Dado que muchos de ellos presentan comorbilidades –depresión, ansiedad, mutilación, bulimia y anorexia, entre otras–, es lógico que un tratamiento agresivo de esas dolencias mejore la salud mental. En cambio, como demostró claramente el caso de Keira Bell en el Reino Unido, el sistema médico suele adoptar una política de «primero lo trans», optando por las hormonas y las soluciones químicas-quirúrgicas relacionadas con ellas, en lugar de realizar investigaciones detalladas y mejorar los problemas que las acompañan.
Todos deberíamos estar muy preocupadospor las tasas de suicidio entre todos los adolescentes, incluidos y especialmente los de mayor riesgo. Trágicamente, muchos expertos se hacen de la vista gorda ante la realidad de los problemas mentales y de otro tipo entre los niños trans, lo cual es contraproducente, en el mejor de los casos. Ignorar sus otras aflicciones no ayuda para nada aliviar la situación de estos niños.

5.- Ambos cultos albergan creencias anti-empíricas sobre la corporeidad humana.
Una cuestión importante sobre las modas que se originan y promueven fanáticamente en Internet es que parecen desconectar a los creyentes de su ser material.
Por ejemplo, algunos de los seguidores de QAnon, coinciden con otro culto de Internet que cree en los reptilianos, de quienes se dice que secretamente dan forma y manejan el mundo. (Algunos de ellos incluso creen que Michelle Obama es en realidad un hombre.) Y los miembros del culto de la juventud trans creen que si se esfuerzan lo suficiente, pueden dejar atrás el cuerpo con el que nacieron y convertirse verdaderamente en un miembro del sexo contrario.
Soh también menciona la naturaleza descarnada de “las fantasías (que) pueden girar en torno a los cambios de forma y de cuerpo, en los que una persona se transforma inesperadamente en el sexo opuesto por medio de sucesos que bien pueden considerase ciencia ficción, como abducciones alienígenas, ingestión de pociones mágicas y un desvío en el espacio exterior”.
Inter alia, esta extraña conjunción de creencias hechiceras, sugiere una nueva vía de investigación psicológica. Quizá vivir demasiado tiempo en la realidad bidimensional del internet corroe el sentido de la realidad tridimensional –incluida la realidad tridimensional del propio cuerpo y el inerradicable ADN.
6.- Ambos cultos aumentan entre la población emocionalmente vulnerable.
Una y otra vez, los padres y los des-transicionales, entrevistados por Shrier y descritos por Soh, exhiben los mismos comportamientos psicológicos y sociales: aislamiento, problemas del espectro autista, ansiedad, pánico, adicción al internet. La mayoría de las chicas del estudio de Shrier tienen un historial médico de enfermedades mentales. Muchas se han visto arrastradas a otras formas de autolesión, como inflingirse cortadas o quemaduras, anorexia y bulimia.
El grupo demográfico de QAnon es de menor ingreso, mayor edad y parece más masculino. Sin embargo, las vulnerabilidades psicológicas son comparables. Cada uno de los participantes comienza con la noción de que la “realidad” es algo distinto de lo que parece ser, algo diferente de lo que le han contado.
Las vidas de las personas atraídas por la cosmovisión de Q abundan en desencadenantes similares a los que los sujetos de Shrier padecen: atomización, adicción, retraimiento social, luchas familiares y –aunque lo reitere ad nauseum– una cantidad desmesurada de tiempo en internet que usan en seguir obsesivamente al movimiento. Hay un caso revelador y positivo, que se menciona en Daños irreversibles: una adolescente dejó de ser trans después de que su madre la enviara a vivir en una granja de caballos durante un año y sin internet.
7.- Ambas sectas se han visto alimentadas por la ruptura familiar, incluida la alteración incitada por los compañeros de la secta.
En las semanas que siguieron al caos en el Capitolio, los perfiles sociales de los creyentes de QAnon, revelaron un patrón común: en muchos casos los familiares alarmados por la situación habían luchado por romper el control del grupo sobre sus seres queridos. En un titular del Washington Post se leía “QAnon destroza familias”.
Lo mismo ocurre con la moda de las infancias trans, como muestran los ejemplos de Daño irreversible y El fin del género. La diferencia es que los miembros trans son explícitos en querer cortar los lazos familiares en caso de que se interpongan en el camino de las creencias del culto. «Engañar a los padres y a los médicos está justificado si ayuda a la transición», explica Shrier. Estos juegos de manos son omnipresentes. Los comerciantes disfrazan sus productos: «Los binders [y otros productos] suelen venderse en paquetes discretos para no alertar a los padres que no los apoyan».
Incluso Anderson reporta en Cuando Harry se convirtió en Sally que algunas escuelas desarrollaron protocolos par ayudar a los estudiantes en la “transición” sin que sus padres se enteren. Mientras que algunos influencers –el equivalente actual de los ídolos adolescentes– prometen que transicionar dará lugar a “familias de brillantina” y “familias queer” que sustituirán las familias reales que son insuficientemente solidarias.
En el esfuerzo de la transexualidad tradicional, se ha escrito mucho sobre el significado filosófico y metafísico de frases como “nacer en el cuerpo equivocado”. Simultáneamente, la evidencia de Daño irreversible y El fin del género, sugieren explicaciones para la moda tran entre las jóvenes, más terrenales.
El primero es el uso de la testosterona. “T” aparentemente actúa como una droga milagrosa, especialmente para las chicas ansiosas, afines al espectro, de clase media alta, que constituyen gran parte del número de personas que inicián la «transición» en estos tiempos. Imagínese una substancia que al tiempo que elimina grasa corporal de las zonas no deseadas, hace que los usuarios se sientan más fuertes, que los vuelve literalmente más fuertes y que induce una sensación de confianza de la que antes carecían. Tales son los efectos descritos de la testosterona. No es de extrañar que varios de los sujetos de Shrier utilicen la palabra “adictivo” para describir la droga.
Se pueden encontrar pruebas adicionales en la vívida descripción de los efectos de las inyecciones de testosterona, por parte de Andrew Sullivan, en un artículo escrito en el año 2000:
«Mi apetito, en todo el sentido de la palabra, se expandió sin medida. Pasé de dormir la siesta dos horas al día, a apenas dormir durante el día y tengo energía suficiente para entrenar a diario y tener un horario de trabajo intenso… La depresión que antes era un rasgo habitual de mi vida, es ahora un recuerdo distante… En pocas horas, y a lo mucho en un día, siento una profunda oleada de energía… En una palabra, me siento preparado. ¿Para qué? Apenas parece importar.»
¿Qué chica inquieta, solitaria y vacilante no querría un estímulo semejante, especialmente si además le garantiza una cascada de dopamina procedente de una arrebatadora afirmación en línea? De un modo que no se ha entendido, pero debe entenderse, el fenómeno transgénero entre las chicas es farmacología cosmética sin límites. Razón de más para señalar otras consecuencias de la testosterona: aumento de irritabilidad y agresividad; añade kilos en las mismas zonas que en los hombres; hace que el vello corporal y los olores masculinos broten de la piel femenina. Sobre todo cuando se inyecta durante demasiado tiempo; también baja el timbre de voz de manera irreversible, marchita la vagina y el útero, y elimina la posibilidad de tener hijos.
Una segunda respuesta a la pregunta tácita que se expone en Daño irreversible y El fin del género conlleva un vistazo a nuestra civilización y en lo que se ha convertido. ¿Por qué actualmente un número récord de chicas odian ser chicas?
Basta mirar al océano en el que nadan. Cuando son niñas –y por siempre, gracias a Internet– se enfrentan a un mundo en el que abundan fenómenos aterradores incluyendo la pornografía violenta, no regulada y omnipresente.
Mientras que desde la educación básica los funcionarios de salud y otros influencers les aseguran que se espera de ellas actividades sexuales; y si acaso objetan, entonces las hacen sentir retrógradas e impopulares. Quienes acuden a la religión en busca de consuelo corren el riesgo de ser marcadas con las nuevas letras escarlatas: O e I, de odioso e intolerante.[5] Simultáneamente, dada la contracción e implosión de la familia, las niñas tienen menos padres, hermanos, tíos u otros hombres en sus vidas que puedan actuar como controles de la realidad, que las ayude a protegerlas de la explotación química, quirúrgica y comercial.
Lo que finalmente une a los miembros de las sectas de internet es la insoportable pesadez de su ser; la alienación de sus amigos y familia, a pesar de que precisamente los amigos y la familia son la medicina para el mal que las aflige. Por esta razón, la moda de las infancias transgénero es especialmente calamitosa.
Gracias a esta moda, el terror fundacional de la soledad, se convertirá en una profecía auto-cumplida entre las chicas a las que se les ha arrebatado la respuesta preferida por la naturaleza a la soledad: la procreación.
Algún día las autoridades que alimentan la moda de las infancias trans tendrán que responder a sus culpas –los políticos y médicos corruptos, los flamantes “teóricos de género”, los mirones de Internet, los comerciantes, incluyendo a Planned Parenthood– que lucran con este pathos (sufrimiento).
Mientras tanto, los ciudadanos, pueden dar un paso adelante. Si destruir los órganos reproductivos de adolescentes sanos no es reprobable, entonces no hay mucho que lo sea. Los conservadores sociales están haciendo su parte para protegerse de la moda de las infancias trans. Ahora los demás también pueden ayudar. Que los individuos L, G, B y T adultos que no quieran participar en este experimento repudien la afirmación de que lo aprueban. Que la histórica demanda de Keira Bell[6] en Reino Unido –que dio lugar a la prohibición del acceso infantil a los bloqueadores de la pubertad sin aprobación judicial– sea la primera de muchas.
Ahora que tenemos Daños irreversibles y El fin del género es hora de defender lo obvio.

[1] También conocida como “faja mamaria” es una pieza de ropa interior que se usa para aplanar la mama contra el pecho. N. de la E.
[2] ACLU son las siglas de American Civil Liberties Union (Sindicato Americano por las Libertades Civiles) y surgió tras la I Guerra Mundial, como respuesta a una serie de deportaciones, las “redadas Palmer” que violaban las libertades civiles. N. de la E.
[3] Red pill y red pilling son un modismo muy utilizado en algunos foros de internet, parte de la cultura cibernética y que significa el despertar a una realidad aunque sea difícil e incómodo. La referencia proviene de las píldoras (roja y azul) que Morfeo ofrece a Neo en la película Matrix. Elegir la píldora roja conlleva el despertar a la verdad y aceptarla, mientras que la azul implica rechazarla para seguir viviendo en la comodidad de la mentira. Normalmente se usa el término para denominar a ciertos grupos anti-feministas y de extrema derecha; puede usarse como un sustantivo, un verbo o un adjetivo. Aunque últimamente se ha utilizado el término para hablar tanto de los que pertenecen a un movimiento e ideología, como de sus detractores. N. de la E.
[4] El 20 de enero del 2021 Biden promulgó una ley para “combatir y prevenir la discriminación basada en la identidad de género o la orientación sexual”; que permite que atletas transgénero puedan competir contra atletas mujeres. El autobús de brillantina (glitter bus) hace referencia al colectivo LGTBQ+ y su relación con la brillantina (glitter) que se añadía a los cosméticos y diversos objetos y que señalizaban a las identidades queer y drag. Durante los 70´s algunos intérpretes del rock y glam –como David Bowie– utilizaban brillantina para crear una estética andrógina que hacía referencia a la movida de la vida nocturna queer. Asimismo se ha utilizado la brillantina para atacar a algunos políticos que fueron considerados homofóbicos. N. de la E.
[5] En el original las letras son H y B, por hater y bigot. N. de la E.
[6] Keira Bell es una activista inglesa que aboga por la des-transición y logró que no se comenzaran las transiciones en los adolescentes sin una orden judicial previa. Proveniente de una familia disfuncional y atormentada por depresión a los 14 años su madre le preguntó si no prefería ser un chico, ya que era poco femenina y sufría por la pubertad. Así comenzó su transición: un diagnóstico de disforia de género, uso de bloqueadores de pubertad, testosterona y una operación para remover sus senos. Sin embargo seguía sintiéndose miserable y al llegar a los 20 comenzó a des-transicionar, con ello fue objeto de numerosas críticas en internet y se convirtió en activista. Bell afirma que ella era solamente una niña que necesitaba ayuda, pero que fue tratada como un experimento. N. de la E.
Traducción y edición: Andrea Fajardo y Fernando Galindo. Agradecemos la autorización de Mary Eberstadt y Claremont Review of Books para traducir y publicar este artículo.



