
Hace poco empecé a ver Vikingos: Vallhala. Estaba muy emocionado porque hace años vi la serie original de Vikingos, y para mí fue una experiencia increíble. Pude aprender un poco de historia y de lo que eran los vikingos a la vez que me entretenía como pocas veces antes (y después).
Siempre he sido curioso y me encantó cómo la serie original incitó mi gusto por los nuevos conocimientos, llevándome a investigar sobre sucesos aparentemente fantásticos como la toma de París por el ejército vikingo. Aunque no hay ninguna evidencia de que Ragnar Lodbrok entrara nunca en París, es un hecho histórico que, en algún momento del siglo IX, los vikingos asaltaron París con éxito, y luego tres veces más durante los años siguientes.

Vikingos es, por supuesto, un retrato novelado de lo que se sabe de aquella época, y por supuesto no todo es históricamente correcto. Pero la serie es, en todo momento, un gran esfuerzo por dar vida a algunas de las figuras y acontecimientos históricos más importantes de aquella época. Ciertamente con muchas licencias creativas, pero siempre moderadas (en mi opinión). Por encima de todo, está magníficamente escrita, interpretada y producida. Al menos las tres primeras temporadas en su totalidad fueron una absoluta delicia, y eso es mucho decir de cualquier serie.
Vikingos: Vallhala, por otro lado, no estuvo a la altura de mis expectativas en absoluto. Los dos primeros episodios fueron muy divertidos y me alegró ver que, una vez más, iba a aprender historia mientras me entretenía. La masacre del día de San Bricio (St. Brice’s Day Massacre) era algo de lo que nunca había oído hablar y fue genial conocer el hecho y leer sobre el tema luego de ver el primer capítulo.

Más tarde, me enteré de que Leif Erikson nunca llegó a conocer a Harald Sigurdsson ni tuvo contacto alguno con los vikingos de Noruega y Dinamarca, lo que me pareció una licencia creativa bastante grande, casi grosera. Esta fue sólo la primera de muchas inexactitudes históricas que iban más allá de una simple libertad creativa y que me hicieron perder interés en la serie como fuente de nuevos conocimientos históricos.
Luego tienes escenas como la toma del Puente de Londres por el rey Canuto y su ejército, que no me podía creer lo sosa y aburrida que lograron hacerla (por no hablar de la tonelada de fallas históricas innecesarias que tienen lugar en solo unos minutos, como el hecho de que fue Olaf, no Canuto, quien tomó el puente).
En resumen, Vikingos fue genial, Vikingos: Vallhala, no tanto. Al principio pensé que si no tuviera la serie original como referencia, probablemente no sería tan duro contra la nueva (a decir verdad, es medianamente entretenida). Pero entonces me di cuenta de que esto no es más que un claro ejemplo de lo que viene ocurriendo con la televisión y el cine por muchos años ya.
No, no soy yo. Lo consideré. Pero luego regresé a ver algunas películas realmente buenas como Shawshank Redemption, La lista de Schindler, El Padrino y Gladiador (Gladiador II parece prometedora, pero prefiero no hacerme ilusiones). No soy yo. Antes había grandes películas, y no eran tan pocas. En cuanto a las series, baste el ejemplo de Vikingos.
Estamos en plena crisis creativa, y está pegando fuerte. Algo ha pasado y sigue pasando. No sé quién o qué tiene la culpa. Quizá Instagram y Twitter tengan la culpa, inculcando odio e idiotez en las mentes de la gente. Tal vez esto es lo que las masas demandan y nos hemos convertido en un rebaño de seres descerebrados que simplemente van a trabajar y consumen lo que se les dice. Tal vez la industria sea rehén de un grupo de personas que antepone el dinero a crear algo de valor.
Quizá sea mi culpa, y tuya, y de todos. Quizá deberíamos empezar a exigir calidad en lugar de cantidad. Realmente no sé la respuesta, pero espero vivir lo suficiente para ver un renacimiento del cine, donde las buenas películas y series no sean tan raras como ahora.

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