La película de Barbie ha causado furor. Ha hecho pensar a quienes la vieron. Generó placer en unos grupos y crítica en otros. A fin de hacer una reflexión filosófica y sintética fui a verla. Me llevé una sorpresa. Si bien, no suscribo necesariamente todas las tesis propuestas en la película, sí me encontré con un trasfondo interesante de búsqueda de humanidad, de la felicidad y de la trascendencia.
La película está en la tradición de la comedia clásica. Prueba de ello es que ha incomodado a muchas personas y ha dado de qué hablar. Tal como lo hicieron las comedias de Aristófanes en la Atenas clásica del siglo IV. A.C. No hay que olvidar que las tragedias muestran a los hombres mejor de lo que son, y las comedias los muestran peor de lo que son, tal como lo mencionó Aristóteles en la Poética. Por eso hay que pensar que la película de Barbie, como comedia, juega con las imágenes, el lenguaje, lo social, lo humano, lo verosímil y la verdad. Como cualquier obra de arte, la película dice algo verosímil, semejante a la verdad, pero no la verdad misma, la cual tiene que descubrir el espectador en su vida. Igualmente, como comedia, hace una crítica social que incomoda, genera risas, y que pretende llevar a la crítica y la acción.
No reseñaré la película, no quiero arruinársela al lector. Propongo unos puntos de reflexión sobre algunos momentos e ideas interesantes que llamaron mi atención y que vale la pena tomar en cuenta. Primeramente aparece el tema de la búsqueda de la humanidad, tanto de Barbie como de Ken. Luego el control mercadológico del consumismo sobre la individualidad humana. Por último se trata de la apertura a la trascendencia, que la película sugiere.
Busto de Aristófanes.
Barbie en busca de su humanidad
Barbie vive en Barbieland, en un matriarcado, un lugar imaginario en el que las mujeres pueden ser lo que quieran ser. Uno de los problemas de poder ser lo que se quiera radica en no saber qué se quiere ser. Justamente entran aquí las exigencias de la sociedad, en la que Barbie empieza a desencajar. Es por esta experiencia que comienza la búsqueda de su humanidad, que es reflejo de la humanidad de su dueña, Gloria.
Es de notar que Barbie y Ken van juntos en su viaje de búsqueda de humanidad, como si el hombre y la mujer fueran juntos en ese viaje complementándose. Ambos, Barbie y Ken, tienen intuiciones de los aspectos de humanidad que buscan. Cada quien busca cosas diferentes. Originalmente, Barbie es estereotípica e ingenua. Asume que su vida tiene que ser perfecta todos los días, es decir, que “cada día es el día perfecto para siempre”, pero tiene un gran poder intuitivo, porque considera que la felicidad no puede ser superficial. La Barbie rara, que tiene una conexión especial con lo humano y es, en cierto aspecto, una filósofa, la exhorta a encontrar la verdad sobre el cosmos, que sólo puede hallarse a través de un viaje interior. Barbie acepta ser valiente para buscar lo que la hace humana y también lo que significa ser mujer. Es notable que Barbie no está fuertemente conectada con su sexualidad.
Ante los albañiles dice que ella y Ken no tienen genitales, lo que él niega. Esta afirmación es llamativa porque es una muestra de la inmadurez que representa la Barbie estereotípica, que termina aceptando su feminidad cuando visita al ginecólogo.
Esta historia recuerda dos relatos clásicos griegos que tratan sobre la relación entre lo humano, lo femenino y lo masculino. Estos relatos son Dafnis y Cloe, de Longo, y Lisístrata, de Aristófanes. La novela Dafnis y Cloe, del autor griego del siglo II D.C. Longo de Lesbos, es una de las pocas novelas de la antigüedad que se conservan. En ella, el pastor Dafnis y su compañera Cloe comparten su infancia y comienzan a crecer juntos. Ambos viven su crecimiento y se encuentran con diversos problemas para resolver y eso les lleva a ser maduros. Al final plenifican su relación de amistad cuando ambos descubren juntos la sexualidad y el erotismo como parte de la naturaleza humana. En la película, Barbie y Ken, descubren este aspecto de su humanidad, cada uno a su modo, aunque su relación no llegue a ser correspondida.
Escultura Dafnis y Cloe de Virginio Arias.
Barbie quiere profundizar en la experiencia humana que comienza a vivir, de un modo más interior, afectivo e independiente. Por su parte, Ken se da cuenta de que es valioso por sí mismo, y que no necesita ganar la validación femenina de Barbie como perfección de su masculinidad. Como se ve, Barbie y Ken difieren de Dafnis y Cloe porque, al final, sus historias y amores no se entrelazan, lo cual también es válido. Pero ambas historias comparten la búsqueda de la genuina humanidad, la madurez y de una vida auténtica que valga la pena.
Por otra parte, la historia crítica y cómica en la que las mujeres tienen el poder y exigen a los hombres un mejor trato no es nueva. Es el argumento de Lisístrata, la comedia de Aristófanes. En esta comedia, la personaje principal, Lisístrata, organiza a las mujeres atenienses en una huelga; sin que puedan unirse con sus maridos. Todas las atenienses se encierran en la Acrópolis hasta que los hombres cambien su actitud machista, exageradamente masculina sin medida y poco humana.
En la película, se sigue un argumento parecido. Los Kens instauran un gobierno de masculinidad exagerada y viciosa. Antes ni siquiera tenían una casa propia, y llegan al poder con muchos cambios: la llamada masculinidad tóxica. Esto porque no han encontrado el fundamento de su humanidad y no tienen un parámetro para saber cómo ser un hombre en sí mismo, sin necesidad de aparentar una masculinidad exagerada para conquistar a las Barbies. Barbie estereotípica y Barbie rara, con ayuda de las humanas Gloria y Sasha, hacen una revuelta política, como Lisístrata en la Acrópolis, y logran restaurar el gobierno anterior.
En la película resalta el tema de la relación entre el individuo, el mercado y la felicidad. Naturalmente, se presenta como una sátira risible, pero tiene un trasfondo de verdad. Como un producto de las corporaciones, Barbie, es la imagen de la manipulación que las marcas y el mercado hacen de los seres humanos. En especial, de las mujeres, pues por una perspectiva corporativa y empresarial, Mattel lleva a Barbie a pensar que ella puede ser lo que quiera ser. Pero, incluso con esto, Barbie está perdida entre un montón de posibilidades, y no sabe quién es. Por eso, la pregunta “¿Quién soy, para qué estoy aquí? es fundamental en la búsqueda humana de Barbie y Ken.
La identidad humana y personal sólo puede encontrarse en la aceptación de lo que somos, sin idealizar las expectativas. Sin vivir para plenificar los planes de la sociedad, la pareja, las empresas o el mercado. El director de Mattel pretende mostrar lo que las mujeres y los hombres deben de ser con la idealización de lo femenino y lo masculino en Barbie y Ken. Justamente esta idealización impide que los personajes descubran su humanidad. Cargan con tal idealización como un lastre que les impide la autenticidad. Barbie siempre debe de ser perfecta y ese peso, dice Gloria la humana, le impide ser una mujer auténtica si sólo trata de plenificar lo establecido por el mercado y la sociedad.
Igualmente, Ken, sufre algo semejante cuando se encuentra con el patriarcado, o más bien, lo qué él entiende erróneamente por patriarcado como poder masculino. Cuando busca su felicidad en lo que el mercado o las empresas dicen que debe de ser lo masculino le hace un gran mal a su sociedad y a los hombres que en ella viven. Los hace cargar un peso externo que no va en concordancia con la autenticidad que surge de la vida interior. En general, la crítica es hacia la vida vertida exclusivamente hacia el exterior, o sea, la que trata de cumplir los criterios de los otros y no los propios en una vida auténtica de la interioridad. Barbie y Ken se acercan a su humanidad cuando se alejan de cumplir las expectativas de una vida exterior y cumplen con las intuiciones de su vida interior.
Por último aparece el tema de la apertura a la trascendencia, entendida como el encuentro, en vida, con Dios, más allá del mundo sensible y de plástico rosa. Mi opinión es que Dios está representado por Ruth Handler, que se presenta como la creadora de Barbie. Ellas hablan cara a cara, al tú por tú. Ruth es una de las pocas que comprende a Barbie en su búsqueda de sentido existencial. Pueden hablar de las cosas humanas que no son atractivas para la vida exterior, sino que son íntimas y sensibles en el mundo interior.
Me parece que Ruth es la imagen de Dios porque es la única que le dice a Barbie que fue creada para la libertad y para la felicidad. Ruth dice que la libertad es un regalo y que tiene sentido en función de la búsqueda de la libertad. Por eso Ruth insta a Barbie a que viva una vida humana, que brote del interior, pues la plenitud de la vida no está en la satisfacción de lo que el exterior nos pide. El encuentro entre Ruth y Barbie me parece que simboliza el encuentro entre el ser humano y Dios, en el que hay sentido, intimidad y comprensión, al margen de lo que diga el mundo exterior. Creo que ese símbolo es muy valioso para volver nuestros ojos a Dios en la trascendencia.
En suma, creo que la película tiene valiosas enseñanzas filosóficas, sobre todo antropológicas. Maneja muy bien las analogías de significado en las relaciones entre Barbie, Ken, Gloria y Sasha y Ruth, representando a Dios. Es una crítica fresca a la sociedad contemporánea y propone algunas reflexiones sobre lo que implica ser mujer, ser varón, ser humano.
La película dirigida por Chuck Konzelman y Cary Solomon, estrenada en abril del 2023, ha dado ya mucho de que hablar. Es impresionante cómo una producción de bajo presupuesto, pero con un potente mensaje, un gran guion y una excelente actuación, puede impactar en la sociedad. Es una especie de carga de profundidad, en donde, a través de los diálogos, volvemos a plantearnos las preguntas fundamentales de la existencia humana: ¿qué es el bien?, ¿qué es el mal?, ¿hay otra vida además de la que ahora vivimos?, ¿existe Dios?, ¿existen los demonios? Presenta agudamente, también, dos conflictos interesantes: el clásico seudo enfrentamiento entre ciencia y fe, entre un poseso y un psiquiatra ateo, por un lado, y por otro, el triste caso de un sacerdote sin fe en lo sobrenatural, lamentablemente frecuente en nuestros tiempos. El cóctel no puede ser más sugerente y explosivo.
La película puede utilizarse como un buen material de respaldo para el curso teológico de “Historia de la Salvación.” Es decir, el plan de Dios para salvarnos y, por contraparte, el del demonio para condenarnos. Nefarious le va explicando, con mucha paciencia al psiquiatra James Martin -¿velada alusión al sacerdote jesuita James Martin?- cómo dispuso Dios (el enemigo) las cosas y cómo su amo (el diablo), se ha empeñado en corromperlas desde el principio. Deja muy claro que los demonios nada pueden directamente contra Dios, pero indirectamente sí le afectan, matando y destruyendo lo que Él ama: la humanidad. Es particularmente aguda su descripción y actuación, del placer que experimentan los demonios por cada niño abortado, así como el “sufrimiento del Carpintero” (Jesús), por los niños asesinados en el vientre de su madre.
El filme aborda, podríamos decir, a dos niveles, los grandes debates de nuestro tiempo, sin timideces ni ambages, sino decididamente. En este sentido es contracultural y políticamente incorrecto, pero en ello estriba su éxito: en proclamar la verdad y defender la perspectiva sobrenatural, que viene a ser como una trama oculta detrás de toda la historia de la humanidad. La perene lucha entre el bien y el mal, de la cual no podemos abstenernos, aunque en teoría nos mantengamos al margen o indiferentes, pues esa actitud supone ya tomar una postura al respecto.
En un primer momento, toca decididamente y con gran fuerza tres grandes temas de actualidad, los tres relacionados con el “evangelio de la vida”: la eutanasia, el aborto y la pena de muerte. Y Nefarious les llama por su nombre: asesinatos. Profetiza al Dr. James Martin que antes de abandonar la prisión, habrá cometido tres asesinatos. El Dr. Martin se ríe de tal pretensión, pero, poco a poco, a lo largo del filme, Nefarious le va haciendo ver que ya los cometió: la eutanasia de su madre enferma hace 10 años, el aborto de su novia ese mismo día, y la firma de su condena a muerte, cuando ya tenía la certeza de que sí se trataba de un caso de posesión diabólica y que el desdichado poseído Edward Wayne Brady, nada tiene que ver con los asesinatos cometidos.
En una perspectiva más de fondo, la película muestra cómo la historia de la humanidad puede leerse como una gran trama -Historia de la Salvación- en la que se disputa el alma y el corazón del hombre. Y ofrece una clave de lectura a la vez profunda e interesante: el modo de vivir la libertad. El gran don de Dios a los ángeles y a los hombres es la libertad. Pero la libertad -nadie mejor que Dios lo sabe- encierra en sí misma un sentido y un riesgo. Fuimos creados libres, hombres y ángeles, para amar, pero corremos el riesgo de rebelarnos contra ese sentido originario de la libertad, y utilizarla para enaltecernos a nosotros mismos. El eco del “seréis como dioses” de la tentación de Adán y Eva en el paraíso, recorre toda la historia de la humanidad.
Es muy sugerente la “justificación” que Nefarious hace de la rebelión de los demonios contra Dios, la cual sigue seduciendo a muchos de nuestros contemporáneos: Dios nos crea libres, pero a la vez nos convierte en sus esclavos. Somos libres para adorarlo y alabarlo, pero si nos rebelamos, nos espera el infierno. La actitud de satán está llena de señorío: se rebela contra Dios, porque no quiere servir a nadie, porque su libertad es solamente para sí mismo. Él es el fin de su propia libertad, y convence a los hombres de que no sirvan a Dios ni a nadie, sino sólo así mismos. Ahí radica la grandeza de la libertad para el demonio. Se vuelve a cumplir entonces la aguda intuición de san Agustín: “Dos amores fundaron dos ciudades: el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial, y el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena.”
Manent, Pierre. Situation de la France. Paris: Desclée de Brouwer, 2015.
En el libro, Situación de Francia, Manent plantea la cuestión de la relación de la comunidad musulmana y Europa. Manent aplica sus décadas de experiencia en el campo de la filosofía política al malestar y la crisis actual de Francia y propone una vuelta a la nación reemplazando la sociedad laicista secularizada por una amistad cívica que tenga presente el valor social de la religión. Para Manent, los desafíos de incorporar a los musulmanes a la vida de la sociedad francesa constituyen una crisis cívica derivada de la incapacidad de los ciudadanos franceses en su conjunto para visualizar el bien común. La actual situación francesa se deriva no sólo de la expansión global del islam sino también de la crisis de autocomprensión colectiva francesa y europea.
Como el propio Manent señala, su ambición es “que el análisisde la experiencia europea sea suficientemente adecuado para que [los franceses] podamos ver el islam como una realidad objetiva, en lugar de que permanezca como el reflejo de nuestra propia ignorancia y desconocimiento de nosotros mismos.”
Esta crisis es resultado de varios procesos:
Desde la agitación cultural de 1968, la mayoría de las formas de autoridad se han degradado. Las políticas francesas que combinaron individualismo con rechazo a la ley mermaron la legitimidad de la nación, la Iglesia, y la familia. Se abandonó la idea de bien común, se deslegitimaron las reglas colectivas y se perdió la lealtad a la comunidad. Realmente se vació de sentido la nación francesa que era una república laica con corazón católico.
La política francesa de laicidad de principios de siglo XX, que armónicamente integraba un estado laico, con educación nacional y una sociedad civil católica, se transformó en un proyecto de secularización de la sociedad y desnacionalización de Francia. El resultado es un espacio social formado por individuos consumidores que tienen derechos y se mantienen parcialmente unidos por una burocracia europea transnacional.
Portada del libro «Situation de la France», Pierre Manent.
Hoy se sacrifican las formas de autoridad colectiva en el altar de los derechos individuales. Existen muchos individuos “con derechos” solos y sin ninguna esperanza en la política nacional ni en la religión, pero que aspiran a un estado europeo postnacional donde primen sociedades radicalmente laicistas libres de deberes compartidos. En Francia, el estado laicista ha neutralizado todo lo que su pueblo tenía en común y ha otorgado soberanía ilimitada al individuo.
Ante este panorama, los franceses, tienen problemas para ver y entender el desafío que representa la llegada del islam a lo poco que queda de la vida común francesa. Para Manent, la razón es que los franceses no toman en serio la nación ni la religión católica fuertemente vinculada a su historia. Las élites no logran entender la nueva presencia del islam porque no se toman en serio la religión, en particular el cristianismo y sus efectos en la nación.
Para Manent, hay dos obstáculos para abordar de manera efectiva la cuestión musulmana en Francia.
El primero es el laicismo cuya versión más radical busca sacar el islam y toda religión de la arena pública, a pesar de la innegable impronta cristiana del país. Manent sugiere que la versión más agresiva del laicismo es impotente ya que no puede unir a los ciudadanos porque va en contra de su experiencia histórica y además es demasiado débil para hacer frente a la fuerza colectiva del islam. Acostumbrados a varios siglos de laicismo como regla de la asociación política “hoy no sabemos más cómo hablar de la religión como un hecho social o político”. Para los occidentales, la religión es un asunto privado y no puede ser motivo legítimo para la acción política. Sin embargo, esta separación no se ha vivido entre los pueblos musulmanes.
Una de las principales tesis de Manent es que el actual laicismo francés es un fracaso. Ciertamente la laicidad como principio de gobierno que separa religión y política ha sido beneficiosa para Europa. Pero, el laicismo que hoy pretenden vivir los franceses es un laicismo “imaginario”, un laicismo que quiere “hacer desaparecer la religión como cosa social y espiritual”.
El segundo obstáculo para atender esta nueva situación de Francia es la comprensión europea dominante de la religión como algo privado e individualizado.
Esta postura que busca deshacerse del papel social e integrador de la religión, es impuesta como norma política y es central para la comprensión europea de la modernidad como una inevitable marcha hacia la secularización. Esta comprensión de la modernidad y de la religión, constituye un doble problema según Manent. Primero, porque no permite el acercamiento al islam como una tradición orientada hacia la comunidad y fuerza moral en la vida política. En segundo lugar, porque el supuesto punto de vista de la modernidad libre de religión impide a los franceses y europeos involucrarse en este desafío recuperando los fundamentos espirituales de la religión cristiana “propios” de la vida política europea.
Pierre Manent en la «Semaines sociales de France», Noviembre 2011.
Otorgar una soberanía ilimitada a los individuos, mantener que la religión es meramente una opinión privada y aceptar las diferencias de la vida siempre que no se violen los derechos de los demás, ha fracasado al tratar con la población musulmana de rápido crecimiento en Francia. La suposición laicista de que todos los problemas con los musulmanes se disiparán porque eventualmente se volverán modernos, seculares y democráticos, ha demostrado ser errónea. La vida pública para los musulmanes es un conjunto de moral y costumbres, no un entorno que garantiza derechos.
Aunado a esto, los países europeos sufren la deslegitimación de la nación como marco político de la vida y se debilita el Estado y su papel en la articulación e institucionalización del bien común. Europa sufre un debilitamiento del Estado que se ve agravado por el progresivo borrado de fronteras políticas, que indirectamente refuerza la legitimidad de las fronteras religiosas, principalmente del Islam, que se presenta como un “todo” lleno de sentido. Tenemos así, por un lado, la Europa “cristiana”, cuya forma política es el debilitado Estado-nación y que adopta el discurso de los derechos humanos, y por otro, el mundo musulmán, que habla el lenguaje de la ley y las costumbres religiosas, y cuya forma política ha sido inestable. Son dos formas totalmente diferentes de asociarse, pero deben encontrar un principio de convivencia.
Ante la fortaleza de unos y la debilidad de otros, Manent, concluye que el régimen político francés no tiene más remedio que ceder.
Los movimientos culturales de 1968 erosionaron la vida común y dieron paso a la islamización de Francia, ya que no proporcionaron ninguna vía para que sus propios ciudadanos o los inmigrantes musulmanes se unieran. Los laicistas proponen una aplicación más rigurosa del actual laicismo radical y los multiculturalistas proponen intentar preservar la identidad francesa a pesar de la presencia de musulmanes. Sin embargo, ambas posturas tratan a los musulmanes franceses como una abstracción y no como una realidad concreta. Y tampoco proponen ninguna acción política. Ambos apuestan por un proceso de despolitización. Algunos quieren más laicismo y otros simplemente denuncian el suicidio y decadencia nacional.
En contraste con esto, Manent responde que la única “política posible” es una política “igualmente alejada de las ensoñaciones de una “diversidad feliz” y de las inclinaciones mal reprimidas de un “retorno” de los inmigrantes “a sus casas”. Una “política de lo posible” implica un gran compromiso entre los ciudadanos musulmanes franceses y el resto del cuerpo político. Por un lado, Francia renuncia a “modernizar” las costumbres de los musulmanes y les otorga un lugar concreto dentro de las instituciones sociales. Por otro lado, establece claramente prohibiciones para preservar ciertos rasgos fundamentales de su régimen.
“Así que creo que las restricciones que nuestro sistema político está obligado a imponer a las costumbres musulmanas tradicionales se reducen a la prohibición de la poligamia y el velo completo. … El segundo principio que anuncié, se refiere a la preservación, o a la reafirmación de ciertos elementos constitutivos de nuestra vida común que pueden resultarles más difíciles de aceptar… [como] la completa libertad de pensamiento y expresión. Es un requisito que se encuentra en el corazón de la historia europea moderna. … La única condición para participar efectivamente en la sociedad europea es dar la cara y aceptar que la ley política no pone límites a lo que se puede pensar, decir, escribir, dibujar.”
La filosofía política detrás de estas propuestas se expone a lo largo de todo el libro La situación de Francia. Manent quiere recordar la naturaleza de la acción política. Los seres humanos tienen una “naturaleza política”, necesitan y se sienten atraídos por un arreglo de vida común que armonice las diferencias y que los una a todos a algo superior a ellos mismos, es decir, al bien común.
Manent critica las opiniones dominantes sobre los seres humanos y su convivencia, las cuales se resumen en el individualismo y el laicismo. Ninguno de los dos permite ver la realidad política y social tal como es, y ambos son incapaces de proporcionar alguna fuente de cohesión política. Bajo esta óptica, el desafío que ofrece el islam se suma al planteado por la despolitización contemporánea.
Sin embargo, esta situación obliga a Francia a plantearse si debe continuar con su búsqueda de un estilo de vida “post-político” –donde no se les pide nada a los ciudadanos excepto ser individuos con derechos y sin membresía en cuerpos políticos intermedios como la familia, la Iglesia y la escuela–, o si sería mejor recuperar aspectos de su antigua constitución como nación y llevar decididamente su “marca cristiana”.
En un auténtico espíritu Aristotélico, Manent escribe que “Toda acción, y especialmente la acción cívica o política, se despliega con miras al bien, especialmente con miras al bien común.” Por ello, para Manent, el principal problema de Francia es la ceguera ante este bien, que históricamente se expresó en términos espirituales, y que ahora se ha combinado con la necesidad de acomodar e integrar a la relativamente nueva población musulmana de Europa. Los estados sacrificaron el bien común (y finalmente a sí mismos) al dar prioridad al individualismo hasta el punto de que los «ciudadanos-individuos» contemporáneos no logran ver la persistencia y el significado político de las relaciones, las familias y el grupo o comunidad. Los europeos de hoy necesitan restaurar la creencia en un bien común.
Foto: Alotrobo.
Para Manent, lo distintivo de Europa es “el gobierno de sí mismo en relación con la proposición cristiana”. Bajo este tenor, la principal contribución política europea no sería el principio de la separación Iglesia-Estado sino la íntima unión entre proyectos políticos y religiosos, que vincula el orgullo de un ciudadano a la humildad de un cristiano. La historia europea no estuvo marcada por la separación radical o completa de la religión y la política (como imaginan los laicistas radicales), sino por la interacción prudencial de la religión y la política. Además, el cristianismo encontró su forma política en la nación, o la pluralidad de naciones que primero se llamó “cristiandad” y luego “Europa”. En palabras de Manent:
“En lugar de considerar la separación como el secreto … del desarrollo europeo, debemos buscar lo que ha sido a lo largo de nuestra historia el principio de reunión y de asociación del hombre europeo. La separación, tan útil e incluso necesaria como se ha vuelto, no es en sí misma un principio de vida. La unidad, o más bien la búsqueda de la unidad, es principio de vida. … Este es pues el punto de partida, el principio de la historia europea: gobernarse a sí mismo en una cierta relación con la propuesta cristiana. … Fue en una forma política sin precedentes [la nación] que los europeos emprendieron este proceso político y religioso sin precedentes: gobernarse a sí mismos obedeciendo el plan benévolo de Dios. Se podría decir: buscar constantemente conjugar el orgullo del ciudadano, o en general del hombre activo, y la humildad del cristiano. En este sentido, lo específico de Europa no es la separación entre lo religioso y lo político, sino la búsqueda de una unión más íntima entre ambos. … Lo que se busca constantemente en Europa puede definirse, en términos teológicos, como la acción común de la gracia y la libertad, y, en términos políticos, como la alianza de la comunión y la libertad.”
Para volver a poner en el centro el bien común y la esencia de la grandeza espiritual de Europa, los musulmanes no necesitan abandonar su religión, sino que deben verse a sí mismos como “ciudadanos musulmanes miembros de una comunidad nacional” y así, al entregarse a Francia y participar como ciudadanos, a la vez que reciben de ella la libertad de vivir su cultura y religión. Un estado laico puede ser neutral a la religión, pero la sociedad nunca puede serlo. Reconocer que Francia es una nación marcada principalmente por el cristianismo no significa que los musulmanes deban ser ciudadanos de segunda. De aquí surge la necesidad de reavivar la vida cívica y el régimen de representación. Los musulmanes deben participar en la plaza pública como musulmanes al igual que los cristianos y cualquier otro ciudadano. Para Pierre Manent, revitalizar la nación europea y la participación cívica ante la entrada del Islam y el agotamiento de un “EuroEstado” secular, es una oportunidad para apostar juntos como nación.
“… acogerlos sin más sería privarlos de su mejor oportunidad de vida cívica, o más bien abandonarlos en una Europa sin forma ni bien común. No es suficiente para reunir a las personas el declarar o incluso garantizar sus derechos. Necesitan una forma de vida común. El futuro de la nación de marca cristiana es un tema que nos une a todos.”
El libro de Manent es un llamado a los europeos a llegar a un acuerdo con el islam y aumentar su aceptación del estilo de vida musulmán tomando en serio el significado social de todas las religiones. Esta reconceptualización de la religión y el repensar el legado del laicismo, tendría dos efectos según Manent. En primer lugar, obligaría a los europeos a recuperar su “antigua constitución” para que el cristianismo pueda volver a vigorizar la vida política; y en segundo lugar, permitiría a los musulmanes encontrar su lugar en un país de marca cristiana y contribuir a la vida pública afirmando abiertamente sus compromisos religiosos. La “comunidad de ciudadanos”, según Manent, no es ni musulmana ni cristiana, pero, el carácter público de las identidades religiosas colabora para revivir el principal proyecto republicano, que es la amistad cívica y una visión compartida de bien común. En conclusión, los planteamientos de Pierre Manent en su libro Situation de la France ciertamente contribuyen a una mejor deliberación política en Francia sobre la situación de los musulmanes ese país al afirmar que todos los ciudadanos deben tener una responsabilidad y capacidad para contribuir a los ideales del bien común de la nación. Sólo de esta manera se dejará atrás una visión del desafío como una guerra entre “ellos” y “nosotros”. La superación de la crisis cívica consistiría en la conversión de los musulmanes franceses en ciudadanos completamente franceses en una renovada “nación de marca cristiana”.
Nos hemos malacostumbrado a los cárteles de “se busca”. Los vemos diariamente, a veces los compartimos y otras pasamos de largo. Estos carteles son el pan cotidiano de un país en el que cada hora desaparecen al menos tres niños. Sabemos que uno de los grandes males que aqueja a México es el narcotráfico, pero el tráfico de personas, especialmente el tráfico infantil (que es sexual, esclavista y de órganos), es tan lucrativo que compite duramente con el tráfico de armas y de narcóticos.
¿Por qué es tan lucrativo? Porque una bolsa de cocaína se vende una vez, mientras que a un mismo niño se le puede vender –explotar– varias veces al día e incluso su muerte puede aprovecharse. El tráfico infantil tiene un gran consumidor que es Estados Unidos y las herramientas son las plataformas de la dark web, que muchas veces incia con las redes sociales. Lo que comienza como una búsqueda de pornografía puede derivar incluso en viajes de turismo sexual, por lo que se pasa de espectador a delincuente por contacto (contact offender).
El futuro son los niños y es por ello que es nuestro deber moral proteger su integridad física y salvaguardar su inocencia. El ser humano es digno desde el momento de la concepción hasta la muerte, fin en sí mismo, nunca medio, ni consumidor, ni producto, sino persona. Y como persona no debería estar nadie a la venta: “los niños de Dios no están a la venta”, es una de las frases que se escucha en la película Sonido de libertad (Sound of Freedom), producida por Eduardo Verástegui y protagonizada por Jim Caviezel (La Pasión).
Una película dura, pero necesaria, basada en la historia real de Tim Ballard, que tardó ocho años en realizarse, por la investigación que requirió. Ballard es un ex agente del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien tras su renuncia, decide dedicarse a salvar niños del tráfico infantil con su propia fundación (2013) sin fines de lucro –Operation Underground Railroad, inspirado en los abolicionistas de la esclavitud en Estados Unidos–. En la película, Ballard (Jim Caviezel) promete a un pequeño niño de siete años rescatado de una red de tráfico, que también buscaría a su hermana, lo que lo llevó a salvar a 121 niños en la selva colombiana.
¿Por qué es tan importante esta película? Por la denuncia. Cuando se menciona el problema, podemos tomar conciencia e intentar prevenirlo desde nuestras trincheras. Sucedía lo mismo con la mafia, que parte de su poder radicaba en la clandestinidad y el secreto, pero una vez que comienza a denunciarse, se da el primer paso para solucionar el problema. Es más fácil operar cuando nadie cree que existes, porque así nadie se mete en tus asuntos y tienes más libertad de movimiento. Del mismo modo actúa el acusador.
En una entrevista Caviziel señala que, así como tras ver La lista de Schindler surge en los espectadores la intención de hacer algo, lo mismo sucede con Sonido de libertad, con la diferencia de que ahora estamos realmente en el momento histórico del problema y por ende nos compete hacer algo.
¿Qué acciones concretas podemos hacer para proteger a los niños cercanos a nosotros? Podemos comenzar desde cosas pequeñas como no exponerlos en redes sociales, porque una foto inocente y linda, será vista con malos ojos por aquellos pervertidores. Una segunda acción es tener mucho cuidado con el contenido que los pequeños consumen y limitar el uso de los dispositivos y juegos. Muchas veces los juegos en línea se prestan para que los pedófilos contacten a los niños, reporta Tim Ballard en una entrevista con Lewis Howes, pues es una técnica común que les pidan fotos o que se desnuden mientras juegan. Tim Ballard señala que lo más importante es entender las aplicaciones, juegos y saber lo que nuestros hijos hacen en línea. Una tercera acción es oponernos a la sexualización de los menores que muchas veces deriva en abuso y en otros casos en confusión de identidad (las llamadas infancias trans).
El 4 de julio se estrenó Sonido de libertad en Estados Unidos y ya desde la preventa fue todo un éxito. Varios han recomendado la película entre ellos Mel Gibson, quien afirma que “uno de los problemas más perturbadores del mundo actual es la trata de personas y en particular el tráfico infantil. El primer paso para erradicarlo es tomar conciencia”.
Aproximadamente a finales de agosto se estrenará en México, pero desde ahora podemos pedir que la proyecten en los cines más cercanos, para así hacer ruido, mostrar que somos legión y que no nos vamos a quedar callados porque ningún niño está a la venta.
Mucho se ha escrito ya sobre el documental “AMÉN” de Star+. He aquí una nueva contribución, que aspira a redescubrir el estilo del Papa y a valorar su oportunidad en el momento presente, así como su coherencia con la herencia bimilenaria de la Iglesia. Sabiendo que es un ambicioso proyecto en breve espacio, nos lanzamos a la aventura.
Francisco en “AMÉN” está siendo coherente con su planteamiento de fondo pastoral: es necesario ir a las periferias, a las periferias existenciales. El director y el guionista del documental se las llevaron ahí, a su presencia. El Papa fue al encuentro de las periferias existenciales. Es importante subrayarlo: no se trataba de una muestra aleatoria de la sociedad tal y como está –a la fecha no he conocido a nadie que me diga “soy no binario”-, sino de las periferias de esta sociedad, es decir, los extremos.
Ese ejercicio es muy importante, porque muchos de nosotros, al tratar de evangelizar, nos hemos encontrado con esos extremos. Personalmente, quitando al caso del chico/a no-binaria, me he encontrado con todos los otros ejemplos que ofrece el documental, experimentando muchas veces el muro que supone intentar dialogar con ellos, tender puentes, crear empatía. Por eso, pienso que lo que ha hecho el Papa es una “lección magistral” de “catequesis extrema.” Y ya en sí eso le otorga un valor importante al documental.
Algunos de los comentarios que han salido, en medios católicos, van por la línea de que al Papa le han puesto un cuatro. Efectivamente, la intención de los realizadores, y la ideología que está detrás de la empresa productora del programa, no era “evangelizar”, ni siquiera “hacerle publicidad a Francisco”; sino servirse del Papa para transmitir una idea: relativismo, todo da igual, lo importante es el amor; pero vacío de contenido, el amor puede representar lo que cada quien quiera, en la más férrea ortodoxia de la Revolución Sexual. Eso resulta evidente. Pero, personalmente, pienso que Francisco no “se chupa el dedo.” Sabe a lo que va: “la piel de Judas” les dice al principio, medio en broma, medio en serio. Como diría un cierto refrán popular, “a colmillo, colmillo y medio.” Pienso que Francisco tiene ese “colmillo y medio” para “jalar agua a su molino.”
En efecto, Francisco demuele la idea –tan difundida entre los jóvenes- de que la Iglesia está cerrada en sí misma, escondida detrás de un muro impenetrable de doctrina incomprensible y obsoleta. Al contrario, la muestra como un interlocutor válido en la vorágine del pensamiento y la cultura contemporáneos. Así, la voz de María, la chica católica, se deja oír en medio del mundo, la proclamación pública, de una chica joven, de sentirse amada por Jesucristo, y de que eso llena su vida. Aunque le pese al director y al guionista, al final le han dado carta de naturalidad a una forma de vivir cristiana, comprometida, en medio del mundo.
El documental también ha mostrado, valientemente, las “Llagas de la Iglesia” en expresión de Rosmini: la constante migración a iglesias evangélicas, la existencia de católicos que apoyan al aborto, la realidad de las defecciones al estado religioso, la existencia de la pedofilia… Es una radiografía de la situación de la Iglesia hecha por un agente externo a ella. El Papa no se esconde, no huye, no se excusa: da la cara. Es la realidad de la Iglesia el día de hoy, así está nuestra Madre la Iglesia a la que debemos curar y purificar con la gracia del Espíritu Santo.
¿Es correcta la respuesta de Francisco? A mí me parece que marca una línea, no la única, no exclusiva, no necesaria, pero una línea válida, la suya. Es decir, personalmente quizá le habría dicho a la chica que practica porno: “estás mal, tu alma peligra”, o quizá al no-binario: “no es verdad, tú tienes cromosomas XX o XY”. Pero eso es caer en polémicas estériles y cerrarse al diálogo. La mirada de Francisco es acompañar, comprender, dejar la puerta abierta al diálogo, y darle así una oportunidad a la gracia y al tiempo, para que se curen las heridas y se vaya descubriendo la verdad.
Una última observación. Mi madre me decía de pequeño: “no te creas todo lo que te dicen en la tele.” Pienso que es válido para el documental. Los chicos que están ahí, no necesariamente dicen la verdad. Personalmente, por haber seguido de cerca la cuestión, pienso que el chico que afirma haber sido abusado, miente simple y llanamente, y el documental es un intento de reabrir un caso que ya estaba cerrado.
Los rituales progresivamente se van extinguiendo y cada vez los realizamos menos de forma consciente. Por el contrario, consideramos que cuando hablamos de rituales, nos referimos a supercherías, asuntos diabólicos, etc. y pareciera que, en general, tienen mala prensa.
El mundo smart, intervenido por los dispositivos tecnológicos-inteligentes no permite que nos valgamos de la función ritual. Dentro del flujo de información posmoderna en que surfeamos desbocadamente, se vuelve imposible destacar una semilla de ritual. Y es que si tan sólo recordáramos que absolutamente todo puede ser ritualizable, toda acción humana, toda palabra, todo gesto puede volverse simbólico si así convenimos su ritualización.
¿Para qué hacer un ritual? Byung Chul-Han, en su libro La desaparición de los rituales, nos explica un poco el sentido que puede llegar a tener un ritual: su vinculación con lo sagrado, el ordenamiento de realidad que produce, su carácter de festividad, su vínculo con los otros, etc. Estoy de acuerdo, pero para mí, el hacer un ritual va por otro lado.
Si estiramos el concepto de ritual y lo abrimos hasta sus límites más explayados, podríamos comprender que cuando hablamos de ritual hablamos prácticamente de lo cotidiano. ‘Ritual’ y ‘habitual’ son palabras muy parecidas. Y si lo pensamos, en todo momento estamos haciendo rituales: lavarnos los dientes, levantarse del mismo lado de la cama, consumir alimentos a determinada hora, fumar un cigarrillo, etc. Este tipo de rituales están tan cerca de nosotros que ni los consideramos y los repetimos automáticamente. También conviene pensar en los rituales colectivos o sociales que compartimos en comunidad como: el uso de determinada vestimenta, las leyes, normas y reglas, las celebraciones patrias o religiosas, los días festivos y luctuosos, etc.
Byung-Chul Han
Detengámonos un momento.: reflexionemos en torno a todos los rituales de los cuáles participamos sin darnos cuenta, les propongo realizar una lista con los que más llamen su atención. Los rituales moldean nuestra vida humana, ¿por qué entonces no los estamos valorando inmediatamente? Al participar de rituales y no sabernos partícipes, se nos arroja a un lugar secundario. Quiero decir que se están creando rituales con nosotros como si fuésemos materia prima. Pero ¿qué pasaría si recuperáramos nuestro poder de establecer rituales a nuestro beneficio? Establecer rituales a nuestro favor y recuperar nuestro poder de simbolización, implica principalmente una reminiscencia de nosotros mismos, una recuperación de la capacidad de decisión, una apropiación determinada del tiempo y el espacio.
El arte nos propone un sinfín de posibilidades para inventar rituales, sencillamente porque no hay nada más simbólico que el arte mismo. Pintar un cuadro, escribir una canción, hacer una película, actuar una escena, bailar y cantar una canción, etc. solo por mencionar algunos ejemplos relacionados con las llamadas “bellas artes”. ¿Pero qué pasa si estiramos también el concepto de arte y nos situamos en su limítrofe? ¿Si todo lo que hagamos lo entendemos como arte, todo lo que hagamos entonces se vuelve ritual? Una vida humana, concebida como arte, indudablemente tiene relación con lo ritual. Y es que volver al ritual no tiene nada de primitivo, ni nos vuelve conservadores ni tampoco estamos diciendo nada nuevo.
Si el pesimismo de Byung Chul-Han, nos dice que los rituales han desaparecido o están por desaparecer; yo me coloco del otro lado de la acera para afirmar precisamente lo contrario: que los rituales van a volver, qué están volviendo y que no tardan en llegar para quedarse, algo así como la revitalización de los rituales. Así nos podríamos seguir, dando toda clase de ejemplos individuales y colectivos, pero lo que quiero dejar remarcado aquí no es tanto los ejemplos sino el retorno del ritual en tanto tal.
Creo que conforme vayamos adentrándonos al (re) conocimiento de lo que entendemos por ritual, interesándonos tan solo un poco en el tema, investigando un mínimo para superar ese estado de ignorancia y desconocimiento que es necesario quebrar, entonces pueden aparecérsenos nuevas combinaciones para inventar rituales. No se trata de llegar a un ritualismo ni que compulsivamente ritualicemos todo a nuestro paso. Se trata nuevamente de una toma de poder. Podemos ejercer un poder sobre nuestra realidad –aunque sea mínimo- y ese poder se establece a través del símbolo, del ritual.
Portada del libro la desaparición de los rituales.
¿Cómo sería nuestra vida si nos apropiamos tan solo un poquito de aquello que llamamos realidad? ¿Cómo viviríamos, cómo nos moveríamos, que palabras diríamos, que sentimientos tendríamos, sabiéndonos siquiera, ligados a la Realidad? ¿Qué es la Realidad? Es una pregunta que nos sobrepasa y que no sabría desarrollar aquí. Tan solo diré que es un misterio, y está bien que permanezca siendo Eso. Quizá nunca lleguemos a saber que es, pero lo que sí sé es que, podemos aproximarnos a un tipo de conocimiento de ese misterio que llamamos Realidad a través de la simbolización ritual, a través de este intermediario necesario que hace de nuestras acciones algo significativo.
Vivir de forma significativa, de forma simbólica, de forma ritual, es vivir una vida que bien vale ser vivida. Esto es una invitación a establecer nuevos rituales, nuevos hábitos; poner a prueba lo que podemos llegar a crear y observar cómo lo que llamamos realidad se empieza a moldear de acuerdo a nuevas posibilidades. Creo que podríamos cambiar nuestras vidas, implementando nuevas formas rituales en nuestro día a día, logrando habitar de una forma diferente la cotidianidad, pero sobre todo transformándola. Tenemos un poder que aguarda allí por nosotros, que espera que lo tengamos en nuestras manos para usarlo a nuestro favor y nuestro crecimiento.