–¡Emy, Emy! –Se escuchaban los gritos desesperados,– ¡ya están entrando! Se escuchaba la voz por el corredor.
Emy con su singular calma se encontraba sentada en la cocina vertiendo la leche a una olla para después llevarla al comedor, en donde ya estaba entrando la bella doncella con su esposo el Sr. Oswaldo. Quienes unas horas antes se habían unido ante Dios y siguiendo la vieja tradición, tenían que desayunar juntos una deliciosa tarta de pavlova hecha con una base crujiente de merengue y crema batida con frutas frescas acompañada de una buena taza de leche recién ordeñada, este primer desayuno nupcial tenían que hacerlo juntos y solos, ya que se aprovechaba para acordar los roles que cada uno debía cumplir dentro de su matrimonio.
Emy, escuchó el arrastrar de la silla agilizó el paso y logró colocar la olla de leche antes de que el joven matrimonio se sentara. Sutílmente volteo a ver al Sr. Oswaldo al mismo tiempo que daba una reverencia antes de retirarse, también le lanzó una mirada triste acompañada por un suspiro. Nadie sabía que Emy estaba enamorada del Sr. Oswaldo y que ardía de coraje y venganza, porque él le prometió nupcias a ella, dándose cuenta que solo le mintió para deshonrarla, nadie se imaginaba que ya tenía un plan en marcha que culminaría con la muerte de la joven pareja.
Emy se retiró hacia la cocina, lugar en donde depositaba todas sus emociones mientras cocinaba y platicaba con la ama de llaves de la casa la Sra. Paty.
Mientras Emy preparaba la cena en la cocina, la Sra. Paty se encontraba revisando que todo estuviera listo y ordenado en la habitación nupcial para que el joven matrimonio se pudiera instalar en su nuevo nidito de amor. Colocando jarrones con rosas rojas, rosas y blancas que eran las favoritas de la ahora señora de la casa, pidió que hubiera flores en el mueblecillo a lado de la cama, en el tocador y otros en el baño junto a la bañera. La cama estaba cubierta por una colcha de seda roja y las cortinas largas que arrastraban también hacían juego, la alfombra que cubría todo el suelo de la recamará era gris y las paredes de un blanco opaco. También pidió que estuviera lista la bañera con las esencias de sándalo, manzanilla y una vez que la princesa Margarita estuviera dentro de la bañera, le gustaba ir colocando pétalos de rosa, únicamente los rojos. Una vez que la Sra. Paty dejó todo listo y ordenado decidió ir a la cocina para verificar que las cocineras ya estuvieran preparando el estofado para la cena.
El joven matrimonio terminó su primer desayuno nupcial y dándose un beso muy tierno, cada uno se separó para comenzar con sus nuevas labores. Por un lado Sr. Oswaldo debía de encargarse de la economía de la familia, de verificar que los animales de granja y los caballos estuvieran en buen estado, así como también checar que los campesinos trabajaran en la siembra y cosecha en los viñedos.
Mientras que la princesa Margarita tenía que preocuparse de que todos los empleados adentro de la casa que cumplieran con sus labores, que eran mantener la casa limpia y ordenada, que el desayuno, comida y cena estuvieran justamente a una cierta hora y de organizar los recibos de las cuentas de los servicios que llegaban al correo de la casa. No se preocupaba por la despensa ya que eso se lo dejaba a la Sra. Paty, ni tampoco por los horarios de las comidas porque también lo hacia la ama de llaves, más bien se preocupaba por siempre verse hermosa y salir de paseo por los viñedos, por las calles empedradas de aquel pueblo, por ir de visita con sus amigas, eso era lo que realmente le importaba a la princesa Margarita.
La princesa Margarita una vez que su bello esposo salió de casa, decidió ir a conocer su nueva casa y mientras caminaba a su paso sin prisa por cada uno de los rincones y recamaras, llegó a la cocina y miró fijamente a Emy, la princesa no le dio importancia y continuó su camino.
La Sra. Paty volvió a la cocina para verificar la cena y notó en Emy una mirada diferente, le preguntó con una expresión preocupada: “¿Qué tienes Emy?” Emy respondió con un tono que dejó claro que no quería hablar del tema: “nada”. Pero nadie se imaginaba lo que esa noche iba a suceder.
Al paso de varias horas, Emy, le aviso a la Sra. Paty que la cena estaba servida, mientras se sentaban en la mesa los recién esposos, Emy y la Sra. Paty iban colocando la cena, una deliciosa sopa de elote acompañada de galletas saladas, olía tan bien que la princesa Margarita no aguantó más y se llevó la primera cucharada a la boca y justo cuando ya había acabado la sopa se levantó al instante y dio un grito de dolor llevándose las manos a su vientre. Oswaldo se apresuró a tomarla en sus brazos y moviéndola le gritaba “¡Margarita! ¡Margarita!”, pero ella no respondió. Ya estaba muerta.
Al fondo se escuchó como se cerró la puerta, pues Emy huía de la casa apresuradamente, una vez estando en la calle corrió hacia la avenida ancha y le hizo la parada al primer carruaje que paso por ahí.
La Sra. Paty corrió atrás de ella, y lo único que alcanzó fue una carta que Emy tiró al bajar las escaleras, la llevó dentro y se la entrego al Sr. Oswaldo.
La princesa Margarita tuvo un funeral lleno de personas, flores hermosas y a lo lejos tocaban “El lago de los cisnes”; su esposo realmente sufrió por su pérdida puesto que en verdad la amaba, esa noche al regresar a casa después de haber enterrado a su bella esposa, se dio una ducha caliente y antes de meterse a la cama recordó la carta que la Sra. Paty le había entregado, decidió ir a su despacho y leerla.
Fuiste el primer hombre al que besé y te creí cuando me prometiste nupcias, pero al verte llegar con ella, recién casados, me di cuenta que únicamente jugaste conmigo, quiero que sepas que me arruinaste y es por eso que yo te arruino a ti, quitándotela a ella y maldiciendo tu amor. No podrás casarte con nadie más, pues cuando una mujer se te acerque con intenciones de amor, verán a través de tu mirada el miedo, lo infeliz que es tu corazón, yo estaré en soledad lo que me resta de vida, pues en estos tiempos nadie voltea a ver a una desdichada, ese será mi castigo por haberte amado.
Después de terminar de leer la carta, la arrugó y dio un grito desgarrador. La Sra. Paty entró de inmediato y él le dijo: –saldré a hacer justicia.
Subió a su caballo y partió sin rumbo, hasta que recordó las caricias furtivas en la cabaña del viñedo. Se apresuró y la encontró sentada con la cabeza baja.
–Te odio, ¿por qué lo hiciste? Te haré pagar. –Ella subió la cara y con una media sonrisa le respondió.
–Ya lo pagué por adelantado, cuando decidí creer en tu amor. –Emy se abalanzó contra él empuñando un puñal, Oswaldo le sostuvo la mano y logró quitarle el cuchillo, a la fuerza la sentó y llamó a la policía.
La policía no tardo en llegar al lugar y se llevaron a Emy, le dieron 10 años de prisión acusada de asesinato.
Pasaron varios meses y Oswaldo no podía con la culpa de que Emy estuviera presa, así que fue a visitarla a la cárcel. Durante varios años la visitó, hasta que Emy salió bajo fianza por buena conducta, durante ese tiempo el Sr. Oswaldo se encariñó con Emy y le propuso por segunda vez que se casara con él.
Emy creía que para ella ya no habría otro destino que morir sola, pero, las palabras del Sr. Oswaldo le llenaron nuevamente el corazón de esperanza y amor.
Emy comenzó a tomar clases y en ese trayecto conoció gente, hizo amigos y hasta le parecía atractivo Octavio un joven cadete, inteligente y guapo. Comenzaron a salir y Emy cayó en cuenta que estaba enamorada de Octavio y no del Sr. Oswaldo.
Una mañana Emy ya no podía con ese sentimiento y fue a buscar a Oswaldo para decirle que cancelara la boda, que ella ya no lo amaba y que quería que la dejara ser feliz con Octavio. Oswaldo no se esperaba una noticia así y quedó perplejo al escuchar a Emy, pero notó en Emy tanta verdad, que la dejó ir.
El mar se fue de pronto. Un hombre está gritando. Dice que el agua volverá y al volver nos matará a todos. Está gritando. Quiere que corramos, que huyamos a las montañas. Algunos lo escuchan y corren. Los niños comienzan a llorar.
Yo solo me siento extrañado. No puedo mentir, también algo inquieto. Pero, ¿Qué le pasa a este hombre? ¿Por qué grita? ¿Qué gana este hombre sembrando el pánico? ¡Estábamos tan tranquilos! Volteo y veo tranquilo al sabio del pueblo, un anciano venerable que siempre ha guiado nuestro pueblo. La paz es la máxima que vive y predica a todos los que lo seguimos. No tiene caso preocuparse de más en esta vida. Verlo me tranquiliza casi del todo, solo queda un pequeño nudo en el fondo de mi estómago.
Ya muchos han corrido, uniéndose a los gritos del hombre alarmista, huyendo como si hubieran visto un espectro. El sabio levanta entonces la voz:
“¡No teman, hijos míos! El mar siempre ha sido amable con nosotros, ¿Por qué habría de ser distinto ahora? ¿Quién es este hombre que grita y vocifera para que le presten oídos? No dejen que el mal espíritu entre en ustedes. Mantengan la calma. Nada puede turbar el interior de quien en verdad vive en paz.”
Sus palabras me tranquilizan. Ahora que oigo al sabio sé que todo estará bien. No sé cómo pude dejarme turbar por el teatro de este loco.
“¡Escuchen, por favor! Sé que no me conocen. Soy extranjero, extraño en medio de ustedes, pero les suplico que crean cuando digo que lo que viene nadie puede detenerlo. El mar que ahora se ha retirado volverá con fuerza despiadada sobre ustedes y sus familias. ¡Huyan ahora que pueden!”
“¿A qué viene todo esto, insensato? ¿Quién te dio autoridad para hablar así? ¿Acaso has visto alguna vez al mar volcándose sobre la tierra, como dices?”
“Nunca con mis ojos, pero he visto lo que viene después. Conocí un pueblo, haya en el sur, que sufrió algo parecido; pocos sobrevivieron. Cuando llegué tenía no más de dos días de sucedido. Con mis propios ojos vi las casas destruidas y la tierra transfigurada en caos y escombros. También crucé caminos con un hombre de Oriente, habitante de una isla, que tuvo que salir de su hogar porque todo fue arrasado por el mar.”
“¿Y qué tienen que ver tus cuentos con nosotros?”
“Las dos historias comenzaron como ahora, con el mar retirándose de pronto.”
“¡Bah, necio tú y necio quien te escuche! Quieres sembrar el terror entre nosotros con tus historias disparatadas. ¡Largo de aquí, forastero! ¡Corre, ve a tu montaña! En este pueblo somos hombres de paz. En paz vivimos y en paz seguiremos, aquí, en nuestra playa. El mar se fue, ¿y qué? ¡Ya volverá!”
“¡Oh, sí que volverá, pero no como imaginas!”
“¿Quién ha oído que el mar ataque la tierra? ¡Fuera, largo ya! ¡Vete de aquí con tus fábulas!”
“¡Allá tú y los que te escuchen, anciano idiota! ¡Me voy! Quien ame su vida y quiera conservarla, venga ahora conmigo. ¡Nadie diga que no quise advertirles!”
Corre entonces el forastero y corren detrás suyo unos pocos más, dominados por el miedo.
Nuevamente entra la duda a mi corazón. Este forastero… ¿dirá la verdad? No, imposible. El sabio no puede estar equivocado. Debo ser fuerte. Debo luchar por guardar la paz. Aquí me quedaré, al lado del maestro.
Pasa el tiempo y nada pasa. Todo está en paz.
Pasa un poco más de tiempo y se ve entonces algo en el horizonte, allá lejos. Una línea azul.
En la cima de un risco, lejos de los hombres, cerca de Dios, había un pueblucho. Su placita era la joya del pueblo, con su fuente, su farola y sus gorriones. Artesanos, zapateros y alguna viejecita sin dientes ni paciencia, una que otra casa en medio de las rocas, una iglesia y poco más.
Llegó un día Don Belisario, gran empresario. Llegó con todo y asistente, con corbata y zapatos relucientes. Llegó con grandes planes para aquel lugar. Sabía a qué venía y no iba a fallar. Preguntó rápidamente por quien allí diera las órdenes. Horas después, se presentó Hipómenes.
— ¿Es usted quien manda aquí?
— Sí, se podría decir.
— Quiero hacer negocio con este pueblo hermoso.
— De eso no sé decirle, pues mío no es.
— Vale, pero podrá mostrármelo.
— De acuerdo.
Fue pues Hipómenes delante, con Belisario detrás, mostrándole lo poco que podía mostrar. Llegaron al risco, con su vista hermosa, y Don Belisario, codicioso como era, quiso tomarla toda y, en su codicia, avanzó de más.
Mire usted, Don Belisario, que, si no quería caerse, no debió haberse parado tan cerca de la orilla.
Una tarde, un joven aprendiz se acercó a su maestro lleno de dudas y hasta un poco cansado del ritmo de aprendizaje y de ciertas respuestas de su maestro, que no lo conducían a la acción, sino a la mera contemplación. En tal estado de duda, enojo y confusión preguntó a su maestro si no habría alguien que le pudiera enseñar temas más aptos y relevantes para la vida moderna.
El maestro un poco triste al escuchar la pregunta de su aprendiz, pero convencido de que responderle de la manera lo más precisa posible era lo mejor, le contestó:
-Existe un gran sabio maestro al norte del país. Lo llaman el maestro del té, él te puede enseñar todo cuanto es relevante para la vida moderna, si es eso a lo que aspiras.
A lo que el alumno respondió velozmente que sí, el maestro le dio el nombre del gran sabio maestro del té y le indicó cómo llegar a las montañas del norte, donde podría encontrarlo.
El joven alumno tuvo miedo al escuchar que debía cruzar todo el país y subir montañas para conocer al maestro del té, pero lleno de esperanza, pues aún confiaba en la sabiduría de su maestro, emprendió el largo y arduo camino.
En su camino al norte, donde moraba el maestro del té, el alumno se encontró con un gran río que debía cruzar, tal como se lo había anticipado su viejo maestro. Por su fuerte caudal, el río debía cruzarse solo durante ciertas temporadas del año, pero aún así requería un gran esfuerzo físico, porque las corrientes exigían aún a los más avispados nadadores.
Aprovechando que faltaban aún algunos meses para la bajada del caudal, el joven aprendiz comenzó a ejercitarse, nadando algunos minutos diariamente en el río, y alejándose cada vez un poco más de la orilla.
Pronto conoció a alguien que, junto con él, se preparaba para cruzar el río. Pero que luego de unas semanas decidió intentar el cruce. Todos en el pueblo, le señalaron que sería un error ya que el caudal aún era copioso y las corrientes feroces. Sin embargo, éste no cambió su decisión e incluso invitó a nuestro joven aprendiz a intentarlo el mismo.
No obstante la insistencia de su compañero, nuestro joven aprendiz, más guiado por el miedo que por otra cosa, decidió no intentarlo y esperar la bajada del río. Cuando su compañero lo intentó estuvo apunto de ahogarse en más de una ocasión, pero siempre era devuelto a la orilla por el tremendo caudal. Al anochecer, y sin haber conseguido cruzar el río, finalmente cesó en sus vanos intentos. La vergüenza llenó sus ojos y se apartó del lugar sin hablar con nadie y para nunca mas intentarlo.
Tan sólo unas pocas semanas más tarde, el joven aprendiz presenció la bajada importante en la cauda del río y más fortalecido que nunca por las semanas de preparación hizo su intento de cruzar el río. Lo logró con esfuerzo, pero sin peligro.
Nuestro aprendiz continuó su camino hasta que una tarde se detuvo en un poblado a presenciar un festival del año del mono. En el festival llamó poderosamente su atención una hermosa bailarina que tenía una gracia física que era casi espiritual. Apenas alcanzaba a apreciar sus ojos tras los hermosos tocados que adornaban su tradicional danza.
Pensó por un momento en marcharse y continuar su camino sin demora, pero fue tal su infatuación que decidió permanecer en aquel pueblo para intentar conocer a la dama.
Más pronto que tarde consiguió un trabajo de alfarero, y poco más adelante se cruzó nuevamente con esos ojos. La conoció y comenzaron a entablar amistad. Por mucho que él disfrutaba de platicar con ella y de su compañía, y aún y cuando esos ojos mágicos seguían haciendo surgir en él una gran emoción, pronto se dio cuenta de que, continuar con aquella aventura, le impediría conocer al maestro del té. Por lo que decidió que había andado ya mucho tiempo, y pasado muchas vicisitudes, para ahora dejarse detener por lo que él consideró un impulso desmedido de sus emociones y prosiguió su camino. Despidiéndose, no sin dolor, de aquellos ojos, que al despedirse de él se llenaron de llanto.
Finalmente, una tarde, luego de años de andar se encontró a las faldas de las montañas del norte, donde, de acuerdo con las palabras de su maestro, habría de encontrar al maestro del té.
Subió el monte con la agilidad y esperanza de ver sus esfuerzos retribuidos y se encontró con una sencilla choza negra de carrizo y al pie de ésta, un anciano. El maestro del té.
Corrió hacia él, y se arrojó a sus pies, apresuradamente le contó de su largo trayecto y de su intención de adquirir de él su gran conocimiento.
El maestro del té accedió a tomarlo por alumno, no sin antes reprenderlo por abandonar a su maestro.
A la mañana siguiente, el maestro del té se despertó muy temprano, antes del amanecer, y sin dar aviso se encaminó a realizar sus actividades ordinarias.
Poco más tarde, el emocionado aprendiz despertó y lo buscó sin poder hallarlo, por lo que decidió que mientras esperaba su regreso cortaría leña del bosque para prepararse para la fría anoche.
Ya muy tarde, bien entrada la noche, el maestro del té regresó y se sorprendió al ver que su nuevo aprendiz había hecho ya varias cosas para esperarlo; segado el arroz, cortado leños, cargado agua del pozo, comenzado la construcción de su cuarto, entre otras cosas menores.
El maestro casi en silencio lo invitó a sentarse al lado del fogón, donde con calma colocó un pocillo con agua que vertió parsimoniosamente.
Esperó en silencio que el agua hirviera para después poner en ella cuidadosamente unas cuantas hojas de té y permanecer en silencio y casi sin moverse.
En ese silencio, y en esa calma el aprendiz entendió la lección del maestro y prorrogando el silencio espero que el agua con aquellas hojas hiciera infusión.
El ser humano asesinó en la primera guerra mundial (1914) a más de 10 millones de personas, entre heridos y desaparecidos suman 40 millones aproximadamente. 25 años después, según la Enciclopedia Británica, se estima que entre 40 y 50 millones de personas murieron durante la Segunda Guerra Mundial (1939).
Según el libro La Segunda Guerra Mundial, del escritor e historiador británico Antony Beevor, miles de personas murieron en Hiroshima con la explosión de la bomba atómica, cifra que aumentó a 200 mil en los días siguientes, debido a las consecuencias de la radiación. «Alrededor de 100 mil personas murieron instantáneamente, y miles más perdieron la vida después, por quemaduras, shock o envenenamiento por radiación», escribe Beevor.
La tercera guerra mundial (2250) fue la más atroz y devastadora que terminó con la vida de 6 mil millones de personas. Los países conformados por la OTAN desataron el primer ataque nuclear a los países comunistas, entre ellos Rusia, Corea del Norte, y Japón que replicaron de inmediato el ataque. Más de 11 años transcurrieron para dar fin a la temible guerra y que por poco exterminó a la raza humana.
Posterior a la guerra nuclear, cerca de 160 mil personas se aglomeran en Uruguay, el país menos atacado por la guerra, donde las personas buscan un bien común: el vivir y ser felices, sin embargo, comenzar desde cero será difícil, hartos del capitalismo y del comunismo del mundo, buscan una nueva forma de gobernar.
Tras la terrible guerra nuclear se perdió todo, absolutamente todo: familia, amigos, propiedades, trabajos, medios de comunicación y medios de transporte. Se estima que murieron poco más del 80 por ciento de la humanidad total, y los pocos sobrevivientes quisieron reiniciar la humanidad en Uruguay. Por su posición geográfica fue el que menos sufrió las consecuencias nucleares, radioactivas y químicas de la guerra, se mencionaba que había gente refugiada en Groenlandia y la Antártida, pero no se obtuvo comunicación con ellos y sólo eran rumores.
En los años de la pre-guerra y antes de perderlo todo, el ser humano, poco a poco fue perdiendo lo inmaterial, lo no tangible, fue perdiendo la razón. Y con ello la reflexión, la duda, la pasión, el amor, y por imposición fue perdiendo los derechos más hermosos que gozaba, los derechos que con sangre los mártires habían conseguido: la libertad, la independencia, la soberanía.
Las falacias ideológicas penetraron fuerte en la política del mundo: se adoctrinó a niños, jóvenes y adultos, sobre toda idea en cuanto a gusto y placer conviniera. Se prohibieron los textos bíblicos y filosóficos, sólo los afortunados tenían algún libro en sus hogares, escondidos para no ser condenados por el gobierno. Ya no había iglesias ni escuelas, el humano sólo vivía para trabajar para la clase alta, el proletariado vivía como esclavo, sin derechos, sin un sueldo digno, sin protección social. Los de la clase media se quedaban sin trabajo, las instituciones gubernamentales (sector salud, educación y seguridad) empezaron a dejar de ser del gobierno y se vendieron a manos extranjeras. La mayoría de las personas que sufrieron más fueron la clase baja, la media se sostenía por sus ingresos que iban en picada.
La guerra nuclear del año 2250 vino a rematar el horror que todas estas personas estaban sufriendo. El fin de la humanidad se acercaba. Aun así, el ser humano sobrevivió en refugios antinucleares y sótanos caseros, la guerra regresó al hombre algo que había perdido: la compasión. En la guerra eran uno mismo, eran hermanos que se apoyaban para sobrevivir. Bastaron 11 años de guerra para casi extinguir al ser humano. En Uruguay eran poco más de 160 mil personas cuando finalizó la guerra. Y el 11 de diciembre del año 2260 terminó lo que parecía nunca iba a tener fin. ¡La guerra terminó!, ¡la guerra ya no existe!, ¡la guerra desapareció!, ¡ya no hay guerra! Gritaban miles de personas. Esa noche celebraron y se abrazaron por última vez.
¿Qué sigue para ellos si ya la guerra se lo llevó todo? Lo primero que se comenzó a discutir durante la postguerra fue el modelo económico que regiría a la nueva sociedad. Pero había un problema, nadie lideraba a nadie, no había algún representante general y como los efectos de la guerra eran recientes poca comunión había entre los hombres. Se hablaba de iniciar con el modelo capitalista para arrancar la economía, y así fue, sin nadie que gobernara o quien dirigiera al principio. Pasaron un par de meses y los 160 mil sobrevivientes se dividieron y agruparon en tres sectores: 60 mil de clase baja, 40 mil de clase media y 60 mil de clase alta. Cada clase tenía un objetivo en común, recrear una sociedad estable y con una política integra. Pero el objetivo se les fue olvidando al pasar los meses. Los de la clase alta querían ser los dueños de toda empresa que se construyera, de los puestos políticos y todo aquello que generara riqueza. Los de la clase media estaban dispuestos a trabajar mediante un sindicato que les proporcionara derechos justos. Los de la clase baja que fueron los más explotados en tiempos pasados decidieron que no trabajarían para nadie, sino que formarían su propia sociedad con principios socialistas. Fue en ese momento de desorden y confusión cuando aparece el mediador de las clases: Robert Lim, que vino a dirigir un evento que marcaría la humanidad por completo.
Lim promovió la formación de líderes en cada clase, y semanas después pudo convocar a los 3 líderes de las tres clases en una reunión. Jorge Gorman representaba a la clase alta, Toé Rodrigué a la media y José Cantú a los obreros; y así comenzó la famosa Semana del destino, donde en 7 días se definió el destino de todas las personas, compartiendo razones y justificaciones para comenzar la nueva vida. La reunión fue caótica, nadie quería dar y ceder. Ninguna de las clases quería aportar algo, los más indiferentes eran los de la clase baja, José Cantú afirmaba que nadie trabajaría sin garantías, derechos y buenos sueldos. El problema es que no había ni siquiera todavía una moneda de cambio. Pero el dinero, como antes era conocido, tardaría años en crearse e imprimirse, así que el trabajo de los próximos años no sería pagado. Era algo injusto. La clase alta quería los privilegios de antes. Parecía como si la guerra y la miseria se les hubiera olvidado. La clase medio y baja trabajaban casi como esclavos y la brecha de odio se hacía cada vez más patente y abierta. Ninguna clase se ponía de acuerdo. Fue entonces cuando a Robert Lim se le ocurrió la teoría circulatoria, o mejor conocida como circulismo. Robert Lim unificó a toda la población, clase alta, media y baja. Después estableció dos grupos: el grupo A y el grupo B. Los que conformarían el grupo A serían la primera clase, que era la baja con aproximadamente 60 mil personas, y 20 mil de clase media. El grupo B lo conformarían 20 mil personas de clase media y 60 mil de clase alta. Les hizo una propuesta a los tres líderes de las clases sociales: “Si no llegamos a un consenso hoy, mañana el ser humano entrara en crisis y volveremos a los tiempos antiguos de guerra, nos mataremos como animales, haremos cosas reprobables por placer, sufriremos y acabaremos con nuestra propia existencia. Así que queridos amigos escuchen esta propuesta, esta teoría se llama la teoría circulatoria, donde las personas cada 20 años cambiaran su clase social para pertenecer a la clase contraria. Es decir, el grupo A comenzará los primeros 20 años trabajando para el grupo B, y cuando se cumplan los 20 años, el grupo B será el que va a trabajar los siguientes 20 años, y el grupo A será quien disfrute. Así pues, será un círculo para toda la vida, donde cada 20 años se cambiarán los papeles.”
José Cantú preguntó: “pero ¿cómo elegirían qué grupo comenzaría a trabajar?” Alguno de los dos grupos tenía que empezar los 20 años de trabajo, pero nadie quería, los del grupo A, la mayoría clase baja, no aceptarían de nuevo volver a la casi esclavitud. Y los ricos por su propio ego no aceptarían trabajar como esclavos viniendo ellos de una clase social alta anteriormente. Se investigó a toda persona para ver quiénes eran y a que se dedicaban, sus ingresos eran lo que pondrían en tela de juego su destino. Así formaron el grupo A y grupo B.
El líder Robert Lim propuso a los dos líderes, anexando a Toé Rodrigué (clase media) a la clase alta: “Vayan con su gente y platiquen lo que propongo, la propuesta es esta: Un grupo trabajará por 20 años consecutivos, y el otro grupo disfrutará en esos mismos 20 años los beneficios que se puedan obtener. Al año 0 le llamaremos el inicio del círculo, y al año 20 el cierre del círculo. Cuando pasen 20 años y se cierre el círculo, el grupo que disfrutó ahora comenzará un nuevo círculo trabajando los próximos 20 años. ¿Quiénes empezarán siendo pobres o siendo ricos? Muy fácil, mediante una ceremonia donde estarán presentes todos los habitantes se echará suerte con una moneda y el perdedor será nombrado clase baja y empezará el circulo trabajando, y el ganador será nombrado clase alta y disfrutará de los beneficios obtenidos.”
Lim dió un día para que la propuesta fuera informada. La respuesta fue contundente: todos aprobaron la idea. Así comenzó una nueva división histórica, era el año cero después de la guerra (0 D.G.). Quienes ganaran la partida, dictarían las leyes, los derechos y obligaciones de todas las personas. Se convocó al día más esperado por la humanidad, el día del círculo, así fue llamado. De las tres clases sociales ahora sólo habría dos y se alternaría cada 20 años.
Lim presidió la ceremonia en un valle, en el que se agruparon más de 140 mil personas; Jorge Gorman y José Cantú pasaron al frente, como los representantes de cada grupo. Nadie sabía que la ceremonia daría inicio al siguiente infierno terrenal. Gorman y Cantú se dieron la mano, Lim lanzó la moneda al aire que decidiría el destino de la sociedad. La moneda antigua cayó cara, favoreciendo a la clase alta, es decir, la clase alta empezaría el círculo disfrutando los siguientes 20 años. Y la clase baja seria la trabajadora. Lim, Gorman y Cantú firmaron el acuerdo para el nuevo comienzo, mientras tanto los espectadores, algunos felices y otros con caras largas se alejaron del valle.
El primer día de la semana el grupo A dictó las nuevas leyes:
1.- El país se dividirá en dos por un muro –construido por el grupo B y supervisado por el A– para separar la región norte y sur. En el norte vivirá el grupo A porque era la región más conservada y el grupo B estará en el sur. Asimismo, la zona norte será reconstruida prioritariamente.
2.- El grupo B trabajará principalmente el campo, la construcción y todo lo que conlleve un mayor esfuerzo y sea manual. Los mejores trabajos serán para el grupo A.
3.- La zona norte será exclusiva para el grupo A. Solamente se le permitirá el ingreso a los trabajadores del grupo B que cuenten con el certificado de entrada. Al terminar la jornada deben volver al sur.
4.- Las armas quedan absolutamente prohibidas en el sur, solamente los guardianes y el grupo A podrá portarlas.
5.- Solamente el grupo A será educado. El grupo B y sus futuros descendientes tienen prohibido ir a la escuela y el único tipo de educación que tendrán será manual y referente a los oficios. Queda prohibido cualquier tipo de libro, escuelas e iglesias en la zona sur.
6.- Las actividades de ocio y deporte para el grupo B están prohibidas, a excepción de una vez al mes, que se les permitirá atender alguna actividad recreativa, siempre y cuando no interfiera con sus labores.
7. Las familias del grupo B no podrán reproducirse, a menos que cuenten con el permiso otorgado por el parlamento A. Toda mujer que se embarace sin el consentimiento del grupo A y empezando el año 0 D.C. será condenada a muerte. 8.- Está prohibida la vida familiar en el grupo B, no habrá comidas caseras, sino que todos comerán en los comedores comunes. La ración consistirá en una hogaza de pan, 50 gramos de fríjoles y 60 gramos de arroz. Ocasionalmente habrá una pequeña ración de carne.
9.- Queda prohibida la privacidad, toda familia del grupo B será monitoreada, tanto en el trabajo como en casa.
10.- Las mujeres del grupo B pueden usarse como madres subrogadas y con otros fines de concubinato por el grupo A.
11.- El grupo B tiene derecho a bañarse una vez a la semana en la bañera comunitaria.
12.- Los guardianes serán la máxima autoridad civil. El grupo B debe respetarla y obedecerla siempre. Los guardianes tienen derecho a castigar físicamente a los individuos problemáticos del grupo B.
13.- Quedan prohibidas las manifestaciones del grupo B y las reuniones de grupos mayores a 5 personas. En caso de que esto ocurra, los guardianes podrán castigarlos con la pena capital.
14.- Toda persona del grupo B mayo de 60 años, enfermo o con alguna discapacidad será enviada al campo experimental, con el fin de avanzar en el ámbito científico. El grupo A puede elegir a cualquier persona del grupo B para que sea transferida al campo experimental. Es posible que durante el experimento o después se produzca la muerte.
15.- El grupo A tiene derecho a gozar de todos los privilegios por decreto divino. Por los siguientes 20 años el grupo B tendrá que aceptar y someterse a cualquier cambio constitucional que el grupo A pueda llegar a dictaminar.
Con las nuevas leyes y el acuerdo firmado ya no había marcha atrás, se comenzó la construcción del muro, se confiscó cualquier cosa que pudiera ser utilizada como arma, se quemaron libros y los guardianes utilizaron su poder. La razón llevó a la humanidad a la fabricación de armas, tanques, bombas, casquillos y muertes. El circulismo surgió como un efecto de la postguerra, quería evitar futuros derramamientos de sangre, sin saber que desde el principio ya estaba condenado a la repetición. Se creyó que después de la Tercera Guerra Mundial el hombre volvería a la bondad y al menos así fue por un tiempo para sobrevivir a los horrores de la guerra nuclear. Pero después y con la calma regresó la corrupción, la arrogancia y el egoísmo. Se buscó el poder y el dinero cuando lo único que quedaba era la destrucción. El año 0 D.C. había comenzado.
«Quizás sólo sea necesario esperar que la rueda de su tiempo vuelva a pasar frente a nosotros y nos permita entender que nos resulta inútil ir en busca de aquello que jamás estuvo perdido”.
Docuserie “Historia de América latina”, Los mayas (ep 6).
«Disculpe, señora, ¿puedo hablar con usted un momento?” “Dicen que ustedes los mexicanos eran muy abiertos y es posible entablar este tipo de conversaciones casuales entre extraños. Ah, sí, soy extranjera, pero en esta década ya nadie es de ningún lugar. Todos nos hemos mezclado y los trabajos son muy fluctuantes como para arraigarse a una ciudad. Un día estás en una ciudad cálida, otra en una construida en las montañas y en otra te aventuras a las ciudades Isla o penínsulas que están semi tragadas por el agua. ¿Español? Ah, sí, lo hablo, verá, eso de la lengua universal nunca funcionó. Fue mucho más importante aprender todos los lenguajes posibles, dicen que sí hay algo más vital para el hombre no es que todos nos entendamos, sino que unos pocos nos entendamos, la exclusión siempre existirá, porque el poder siempre será lo más importante, al final, hablar español fue un idioma muy necesario para la supervivencia de la mayoría en ciertas ciudades y para entablar ciertos negocios, por eso lo hablo. Sí, al final no cambiamos mucho. Por eso ustedes son verdaderamente un “país” muy interesante para nosotros los de afuera. ¿Mi nombre? Samanta. Sí, aún tenemos nombres, ¿quién le contó eso de los números? Lo que usted menciona quizá es el número de cuenta encriptado para identificarnos que traemos en el celular, muchas veces más importante que el nombre, lo admito, pero aún no hemos abandonado su uso. Bueno, ¿puede dejar de hacer tantas preguntas? Yo de lo que quiero hablar es Edge of Domino. ¿Oyeron hablar de él? Sí, fue una gran tragedia. ¿Le molesta si lee esta carta?”
”¿Qué le pareció? Sí, yo no la entiendo muy bien. Pero Tadeo, un muchacho de por acá… ah, sí, ese. ¿No sabía que también es famoso afuera de su país? Nos ha llamado mucho la atención lo que él hace. Las plantillas que crean las inteligencias artificiales nos acostumbraron a algo muy concreto en los programas, y ver algo tan diferente nos llamó la atención al instante. Además de que ayuda a los que quieren mudarse a este mundo. En fin, el chiste es que él me dijo que esta carta pudo evitar la tragedia. Pero aún no veo por qué sería ¿Que quién la escribió?”
Samanta estaba pensativa, sintió un nudo en el pecho, estuvo a punto de llorar, y la señora, pese a sentirse algo asustada por ciertas cosas que le había escuchado decir y que no tenían nada de sentido, no pudo evitar sentir cierta empatía y le colocó la mano en el hombro.
México era un país que, como Cuba, se convirtió en una cápsula del tiempo, aislado de todo el mundo. Pero no por un dictador, ni nada por el estilo, sino por un extraño fenómeno que no nos detendremos explicar, ya que sólo una persona con un grado avanzado en el estudio de la física cuántica y, extrañamente, de la alquimia y mitología podría entender. Sólo digamos que México, o la Ciudad de México para ser más precisos, desapareció, el mundo cambió y, de la nada, volvió a aparecer. Claro, había una diferencia, este México, pese a conservar cosas de ese pasado de la humanidad, lucía muy diferente, como si hubiera sido más bien reconstruido al momento antes del desastre ecológico que vivió y su desaparición, era una Ciudad de México con canales de agua, trajineras y canoas, pero con una extraña tecnología que a veces parecía magia.
Cuando ocurrió la reaparición de México en el mapa, Samanta jugaba un juego con una inteligencia artificial que estaba diseñando, se llamaba: la última palabra. Consistía en un simple juego de dominó. El detalle era que una alarma era programada de manera aleatoria. Si esta sonaba, los jugadores debían de parar el juego y colocar dos fichas de su mano en la mesa. Si sólo le queda una, se le daba una aleatoria de la mano del contrincante, en caso de que no haya ninguna sobrante o también el contrincante sólo tuviera una, el programa les daba una aleatoria de las que se hayan jugado. Cada uno debía decir un número, quien se acercara más al número total que sumaban ambas fichas de su contrincante, ganaba el juego. Era interesante, puesto que a veces, la partida terminaba y no sonaba ninguna alarma, en ese caso, ganaba el que ganaba la partida normal. Lo cuál lo hacía un juego con muchas posibilidades y muchas estrategias que podrían ser arruinadas si la suerte no te sonreía. En el programa que jugaba, habían varios niveles, donde según el nivel, los algoritmos de la máquina se iban haciendo cada vez más complejos y la máquina tenía herramientas para predecir mejor qué ocurriría después.
Este cochino juego le costó su trabajo y su relación, pues aunque su novio al principio la ayudaba con la programación, luego de un rato le pareció muy ridículo y frustrante. Pero ella estaba empecinada por lograrlo, se lo debía a su hermanita quien, víctima de tantas enfermedades nuevas, se la pasaba todo el día en la cama y le pidió un juego que la mantuviera entretenida y le enseñara cómo funcionaba el mundo de afuera, pues temía que el encierro le haría difícil entender al mundo si alguna vez lograra salir. El prototipo salió muy bien. Pero su hermana tenía una queja algo extraña e inesperada.
—¡Quiero sentir que la máquina es superior! Quiero que pueda ganar más veces que las que yo hago para sentir un verdadero reto ¿Te acuerdas del video que me dejó ver el doctor? Era de un filósofo y un poeta que hablaban sobre un texto de un escritor muy antiguo llamado Ted Chiang (¿Sí se llamaba así?). Bueno ahí dijeron algo raro, de que la vida ya escribió nuestro final, y que nosotros no le podemos ganar, sólo fingir que lo intentamos y, al final, ganamos así.
—¿Y eso qué quiere decir?
—¡No tengo idea! Pero si arreglas el juego para que pueda predecir mejor las tiradas quizá lo entienda.
—¿Y por qué quieres entender eso?
—¡Porque lo necesito! —gritó entre lágrimas.
Su hermana murió tres días después, y ella, víctima de una severa depresión, decidió lograr mejorar la inteligencia artificial. Quizá si ella entendía esa frase gracias al juego se sentiría mejor. Se dio cuenta de que, para hacerla más perfecta, no sólo debía de contar de una manera eficiente las fichas del juego para tratar de predecirlas, sino también debería de poder predecir la aletoriedad del otro sistema de tiempo para saber cuándo sonará la alarma, además de volver más eficientes los cálculos que necesita para ganar, pues el exceso de cálculos, alentarían el proceso. Aunque ahí estaba el detalle ¿Cuántos cálculos eran suficientes?
Finalmente, después de varios intentos, estaba frente al nivel legendario, creía que lo había logrado, pues la maestría que mostró durante el juego normal de domino era diferente, como si cada pieza que tiraba, cada error, cada cosa que permitía que pasara, cada ficha que comía estuviera fríamente calculada. Sonó la alarma, y Samanta se excitó. ¡Sonó justo cuando ella se deshizo de su tercera ficha y sólo le quedaban dos! Eso quería decir que todo había sido fríamente calculado para facilitar el cumplimiento de su labor:
—Estas son mis dos fichas —escribía la inteligencia en la bandeja de texto— ¿Me muestra las suyas?
—Sí, claro. Estoy emocionada por perder.
—¿A qué se refiere? ¿No se trata de ganar?
—Es que yo gano si tú ganas.
—¿Es una trampa? ¿Cómo que usted gana si yo gano?
—Ambos ganamos si tu aciertas, a eso me refiero. Verás, se lo debo a alguien que quiero. Si tu triunfas yo ya no le deberé nada y me sentiré tranquila con mi espíritu. Realizada.
—¿Entonces ambos ganamos si te sientes realizada? ¿Qué se requiere para que te sientas realizada?
—Bueno, si descubro el significado de una frase luego de terminar el juego, entonces no le deberé a alguien a quien quiero, supongo. Aunque, ahora que lo reflexionó, es una victoria agridulce. Porque me hubiera gustado hacerlo a tiempo. ¿Me explico? Pagarle a una persona que amo cuando aún puedo. Ayudarla y darle cariño cuando aún vale la pena, ¿no crees? —sintió como si una revelación terrible estuviera apunto de ocurrir, una que la haría romper la máquina de ira, esa máquina no le iba a regresar a su hermana con una estúpida reflexión filosófica, y había perdido todo por recuperar un fantasma. Pero, antes de poder hacerlo, las palabras de la computadora la intrigaron de sobre manera.
—En ese sentido, si logro hacer que la jugada más imposible de la realidad, salvar al prójimo, se realice, todos ganamos, ¿no?
—No hables más, suenas muy raro. Sigamos con el juego. A ver, me toca adivinar tus fichas. “Declaro que tus fichas sumarán un número cercano al 27”. ¿Tu predicción?
La máquina no respondía. Sólo aparecía la leyenda “formulando cálculos” ¿Qué tanto formulaba? ¿No ya la había atrapado y sabía cuáles eran las dos fichas que le quedaban? ¿O ella había mal entendido el proceso y sólo fue la casualidad? Estaba impaciente, ya casi llevaban dos minutos, y la inteligencia no respondía. Ella trató de reiniciar, pero sólo lee salió una ventana con el anuncio: por favor, espere a que se termine de realizar el cálculo pertinente para el juego de la vida.
Se impaciento un poco, trató de ver si estaba trabada o qué, pero sólo no respondía ¿Habrá sido demasiado que falló al final? ¿O fue esa rara charla que sobrecargó con información innecesaria? Después de todo, es una máquina que no busca hacer todos los cálculos, sino los cálculos altamente eficientes; charlas demás podrían poner en riesgo su cálculo, ¿o no? ¿Esa rara charla fue predeterminada para alterar algunos cálculos más? ¿Cálculos de qué? Finalmente, llegó un mensaje a su bandeja y lo leyó:
—Lo lamento, hemos perdido los dos.
—¿A qué te refieres no puedes calcular el número?
—No es eso, es que el amor de su vida se suicidará en cinco días, y usted no podrá llegar a tiempo para hacerle saber que usted existe, y que se pueda permitir otro día más de vida. Le deberá una persona que ama sin saberlo, y esto ninguna máquina lo podrá arreglar.
—¿Qué diablos dices? —reflexionó— ¿Sergio está bien? —Se estremeció— ¿Estás diciendo que me equivoqué con él? Maldición. Sabía que había algo raro con el hecho de que no me llamara más ¿Le dolió tanto nuestra ruptura?
—Sergio es uno de los amores de tu vida, pero no corre ningún peligro. No sé qué le deparará el destino, pero a él no le debes nada, mi cálculo sólo aplica a él hasta ayer.
—Momento, ¿entonces, por qué lo llamas amor de mi vida? ¿No sólo hay uno?
—Usé sus terminologías, el amor de tu vida es alguien que te trasforma, que su presencia sólo te hace creer que tu vida se transcribe a su alrededor y una vez que se va, te mata, para comenzar una nueva vida, una resurrección donde puede haber otro amor de tu nueva vida. El amor es el fénix humano. A veces con uno basta y mueres antes de saber que habían otros. En realidad, por probabilidad, la mayoría de la gente tiene 27 amores de su vida (dependiendo de la cantidad total de población en el mundo), algunos más otros menos, sólo que el esparcimiento de estos y el timing es tan variable que tal vez sólo conozcas a dos o tres, o a uno. En tu caso, hay varios chicos y chicas que cumplen con las características para transformar tu vida. Eres de las afortunadas, pese a que desperdiciaste gran parte de tu tiempo programándome, aún estás en buen momento para toparte con varias de estas personas, según mis cálculos, luego de mi creación te volverías millonaria e ibas a tener a tres al mismo tiempo. Toda una mujer feliz.
—¿Entonces? ¿Por qué dices que perdí? ¿Quién podía ser esta persona que sobresale para hacernos perder?
—En realidad, es un lastre, me irritó encontrarlo en los cálculos. Porque esta persona sólo te tiene a ti como posible amor de su vida, ya nos arruinó todo.
—¿Cómo que sólo yo?
—Sí, según mis cálculos, esta persona, por alguna anomalía estadística, sólo podrá amarte a ti. Y si no te ama, no se podrá amar a sí mismo. Según mis cálculos, otra locura, pero más frecuente de lo que la lógica humana es capaz de predecir. Y él será el único de su país, pero el primero de una avalancha de los nuestros en los territorios que rodean su valle.
—¿País? ¿No es un término muy anticuado? ¿Dónde vive, entonces?
—En México.
—¿Qué? —saltó con un calofríos— Recuerdo ese nombre, para estudiar español leí algunos antiguos escritores de ese lugar; pero, desapareció, se lo tragó el espacio cuando todavía existía la idea de país, antes de que se descentralizaron los gobiernos luego de la guerra y el desastre de la década pasada. Es más, según yo ni siquiera fue un país, sino una sola ciudad de ese país. El resto del territorio fue absorbido.
—No, justo cuando escribiste 27, México volvió a aparecer. Podrás ver las noticias luego de nuestra charla y comprobar este extraño suceso. Apenas se están enterando los señores feudales de este asunto. Yo fui el primero en notarlo, cosa que casi retuerce mi funcionamiento.
—¿Pero por qué volvió a aparecer? ¿Por qué se fue en primera instancia?
—Información irrelevante para mi cálculo, sólo sé que por eso, al reaparecer en esta dimensión, de pronto, las probabilidades le dieron a este sujeto la posibilidad de tener un amor de su vida, tú. En su dimensión, era ninguna.
—¿Y por qué se matará? ¿Por qué debo ir a salvarlo si hace sólo unos minutos su existencia era improbable para las ramificaciones de mi vida?
La maquina comenzó una narrativa inverosímil, tanto que se atropellaba de vez en cuando. Según sus cálculos de predicción, ella terminaría la conversación y vería en las noticias que México ha vuelto. Una especie de cosquillas, de sensación de esperanza se formaría en ella ¿Quién era esta persona tan ínfima que, pese a ser fácilmente reemplazable por todos los amantes que tendrá, la quería conocer? ¿Era por una sensación mesiánica de tener el poder para salvarle la vida a otro? ¿Su computadora era Dios y ella una deidad superior al crearla, o una especie de súper mujer o chamana al escucharla? Empacaría sus cosas ¿pero habría vuelos a México? ¿Alguna forma de llegar? La inteligencia artificial le daría las señas de las aventuras marítimas, un tipo de turismo que hacía que zarparas en embarcaciones especiales donde la gente se perdía en ellas por meses, en ellas había la posibilidad de bajar en tierras desconocidas si se quería. Pero le tomaría cuatro días llegar a tierras cercanas antes conocidas como Veracruz, a menos que secuestrara el barco. Ahí se encontraría con dos amores de su vida. Difícil decisión. Iniciar esta aventura junto a esta chica y este chico guapísimos y perderse en millones de aventuras, o ignorarlos. Los ignoraría, y ellos le guardarían un rencor bestial que, por detalles irrelevantes para la inteligencia artificial, causarían otro cambio matemático de probabilidades que cortarían la posibilidad de encontrarse con otros seis amores de su vida.
Pero ella seguiría su camino con seguridad. Bajaría en lo que llamaban México y trataría de viajar hasta donde él se encontraba, pero le tomaría dos días. Tarde, llegaría justo a la calle donde, caminando bajo la lluvia, ahí, el amor de su vida, se había tragado días antes con ayuda de la lluvia unas pastillas que lo mataron. Ella lloró al llegar a ese lugar, como si las gotas sobre su piel le hiciera sentir la caída en el asfalto que su amado experimentó ahí. El hecho de que estuviera en México hizo que fuera imposible que conociera a tres personas que, en un futuro, la llevarían a otros dos amores de su vida que ya no podrían ser.
Entonces, se quedaría ahí, aún sabiendo que ya no lo encontraría, recorriendo una ciudad particularmente extraña para sus estándares, pero con una carga nostálgica en sus muros, por alguna razón tendría recuerdos inexistentes de lo que la relación con ese chico sería.
Luego ocurriría el Edge of Domino, una semana en la que la gente tomaría por iniciativa suicidarse en los territorios foráneos a México. Sería un gran suicidio colectivo que causaría un gran impacto. Tres de sus posibles amores morirían ahí, no porque se suicidaran, sino porque ocurría que con tantos suicidios se incrementarían accidentes colaterales que le costaría la vida a mucha gente. ¿Dije tres? No, quiero decir catorce. Sería verdaderamente un caos en los territorios feudales que culminarán en uno que otro estallido revolucionario, y muchas otras muertes como consecuencia. El narcisismo se volvería contradictorio y, pese a que habría creado poblaciones estáticas que preferían mantener el estatus quo antes que sacrificar la integridad de sus cuerpos, generaría locura en la mente de las personas que se unirían a esta revolución sin temor a morir por… ¿por qué pelearán? Un misterio, sería la primera revolución sin sentido, ahora nadie manipularía los hilos. La gente sólo saldría a matar al extranjero, al otro, al vecino por impulso, así como hacían sus trámites, sus trabajos, su alimentación y sus horas de sueño: el genocidio de hombres sin dirección alguna.
Curiosamente, aunque la mayoría de la población fallecería durante este desastre, el único mexicano que se iba a suicidar en esas fechas será el amor de la vida de Samanta. Cosa que muchos mexicanos no podrán entender. Si bien será un adelantado a su época, también era un extranjero en sus tierras, pues nadie, por lo que sea que hayan vivido durante su desaparición, creerían tan racional el suicidio como sí lo harían en los territorios feudales.
Por esto último, se harían comunes los extranjeros que huirían a México para escapar de la catástrofe y limpiarse de los aires enfermos de su sociedad autodestructiva. Así que algunos programas locales abrirían segmentos de sus programas para entrevistarse con los nuevos y saber cómo había sido el mundo afuera y que opinaban del de aquí adentro. Obvio, Tadeo no será el primero, pero sí el mejor en hacerlo. Llevaría acabo sondeos increíbles gracias a su carisma con la gente y apoyaría a los nuevos extranjeros. Entonces, Tadeo se encontraría con Samanta, quien vendría de encontrarse con algún uno de los amores de su vida, pero ella no podría enamorarse de ese también, por alguna razón.
—¿Y usted, señorita? ¿Cómo está?
—Bueno, algo vacía.
—¿Vacía? ¿Qué le hace falta?
—Alguien —diría temblando, odiándose por hacerlo, nunca por ningún hombre o mujer se permitía ser tan vulnerable. Porque eso no es correcto. Pero a estas alturas, ella ya no haría lo correcto.
—Ah, ya veo, viene a buscarse un amor mexicano. Fíjese que varios extranjeros han llegado aquí y han encontrado pareja.
—Yo ya no… sí, yo lo voy a encontrar. A eso vine. A encontrarme con el amor de mi vida —diría sin la sensación de vergüenza ajena que en otro tiempo solía ocurrir.
—Vaya —suspiraría— ¿Sabe?, no se ofenda, pero usted de verdad es muy bonita.
—Ora, Tadeo, eres casado. —intervino el camarógrafo.
—No, no me mal interpreten. Es que mirándola así, como que me dio sentimiento. Como que quiero presentársela a mi amigo. Lástima que lo perdí hace unos días —no podría aguantar el llanto— ¿sabe? Yo no sería nada sin él. Chance y no era tan guapo, un tipo normal. Pero qué listo era y cuántas habilidades tenía. Yo hice lo que pude porque él siempre me apoyó y siempre sin pedirme nada a cambio. “No quiero nada de dinero” me dijo “no tiene sentido para mí”. Esa era su frase, ¿sabe? “¿Para qué?” Nunca se quiso superar o ser más agresivo, decía que no quería pertenecer al sistema, a la sociedad, que no la entendía, que se sentía aparte ¿Por qué jugar un juego que no me interesa? ¿Pero sabe qué lo mantenía con vida? Me decía: “Es irracional y estúpido, pero volví a soñar con ella”. Una mujer en sus sueños que quería mucho como a ninguna viva pudo. Creía que si la conocía a ella quizá podría ver algo más allá de una pila de dominós —sacaré una nota.
—¿Aún con esa nota, Tadeo? —dijo el camarógrafo.
—Esto lo iba a leer en un programa. Le dije que se expresara en el micrófono, que nos leyera esto y quizá alguien llamaría y diría que lo entiende. Quizá así se abriría al mundo y dejaría de temer tanto. Mire, esta es la frase que más me duele.
—Tadeo, quedamos en que esa carta y todo esto no lo contaríamos al aire. Mira, ahora somos el sitio del optimismo, de la buena vibra y el desmadre a diferencia del mundo que nos rodea. Vas a espantar a los turistas —agregó el camarógrafo.
—¿Y no crees que ellos quieren oír esto también? Mire, señorita, ahí está esta frase: “tengo mucho miedo, porque cuando voy a atreverme a algo veo como una columna de dominós frente a mí, y si doy el primer paso, todo se vendrá abajo. Cualquier paso hacia el frente, es un paso hacia la nada. Si tan sólo tuviera a alguien a mi lado que me hiciera reírme del desastre y bailara conmigo en las noches, pero las expectativas no tienen sentido del humor, y eso es todo lo que tengo a mi lado”.
—¿No ves que nos escucha el planeta entero? —gritó enojado el camarógrafo.
—Si esto lo hubiera leído mi amigo en ese primer programa, nadie se hubiera suicidado.
—¿Cómo no? ¿No te acuerdas lo que sigue en su carta? Si por eso se suicido. Se metió toda esa mierda en su cabeza.
—Los que se quieren suicidar no quieren escuchar a alguien que les dice desde arriba que todo está bien con nuestro puto optimismo, quieren escuchar a alguien en el fango con una gota de esperanza, y esta carta lo tenía, lo tenía. Porque…
Tadeo quedó helado, miró de nuevo a Samanta, ahora todo tenía sentido, ese sentimiento. ¿Podría ser la misma chica de los mentados sueños? Entonces, recordaría esas frases cuando lo invitó al programa: “Siento que podría conocerla, ahora sí, que las dimensiones chocaron, es posible conocerla, pero puta, ya estoy muy cansado”.
Luego ella tomaría la carta, un camión y hablaría con una señora desconocida sobre si esa carta, a tiempo y leída ante el mundo, haría la diferencia.
Por suerte, ahora habla con otra señora completamente diferente, muchos días antes, porque luego de escuchar esta narrativa, la inteligencia artificial pudo calcular una cierta serie de procedimientos nuevos, pero se quemó y se desprogramó antes de poder terminar de ajustar y dictaminar las consecuencias de lo que haría, no sin antes mandar a imprimir la carta. Hasta el momento, dicha predicción funcionó, pues en vez de enojar a los amores de su vida en el crucero, les habló desde el corazón. Los que iban en ese crucero iban a suicidarse en un par de meses, serían los primeros en iniciar el movimiento de Edge of Domino. Tal vez por eso les llegó la historia a un nivel irracional, tener esperanza de que algo podría ser diferente. En sólo dos días llegaron a México, y algunos la apoyaron para que sólo tardara dos días en llegar. Claro, se perdió inevitablemente, porque, nuevamente, las consecuencias y los cambios en el tiempo no estaban del todo calculados a la perfección, ya que no estaban en lo que había narrado, ¿o sí?
La mujer que leyó la carta no entendía cómo en tan pocos días Tadeo era tan conocido si apenas estaba empezando y no había oído hablar de ningún programa a extranjeros. Pero en vez de reclamarle eso, al ver sus lágrimas, le dio su opinión de la carta:
—Quien haya escrito esta carta trata de convencerse a sí mismo de que debe morir, pero se nota de que, muy en el fondo, buscaba lo contrario.
Entonces, en el mundo de la acción, llovió, y ella bajó del camión. Tadeo terminaba de hablar con el futuro suicida tras tomar un café y unas crepas cerca de donde ella había bajado. Acordaron que escribiría algo de lo que él siente para el podcast del día siguiente, y él se quedó un rato más, escribiendo dicha carta con lágrimas y una taza de té de manzanilla. Salió del café y, contradiciendo la narrativa, tiró la carta. Samanta vio su espalda. Se aceleró su corazón ¿Por qué amaba esa espalda? No sabía si tras los cambios igual había ahuyentado a todos sus posibles amores de su vida como en la narrativa de la inteligencia artificial. Él sintió un escalofrío y se paró en seco. Ella se emocionó. Le gritó su nombre. Dios, no tenía idea si todo cambiaría, si todo saldría bien y esa carta leída al mundo le daría una razón para no iniciar el Edge of domino, o si ella ya lo había hecho al hablar con los del crucero. Él tenía ya las pastillas en su garganta, las había tragado justo cuando la miró y unas lágrimas de felicidad lo rodearon. Ella lo abrazó con fuerza, sabiendo que ya había tragado las pastillas y, sin embargo, también sonriendo. Entonces, conjugó un verbo sin darse cuenta.