Cuando eres joven y convives mucho con viejos, te das cuenta que en cierto punto aparece como algo común la familiaridad con la muerte. Familiares, conocidos, contemporáneos comienzan a irse y generaciones más antiguas desaparecen. Y, “te das cuenta que pronto tú también te irás”.
Para quienes no viven un duelo prematuro de su propia vida, o para quienes ya lo han atravesado. La muerte se convierte en un destino multifacético que adquiere diferentes caras a lo largo del tiempo, para al final recibirla, según algunos, como una voluble amiga. O, según algunos otros, como el terrible culmen de una vida de frustraciones. Pero lo que es cierto y común para la mayoría de las personas es que conforme más te acercas a ella, menor sentido tienen las turbaciones de la vida: el dinero, los bienes, el futuro… la incipiente incertidumbre se transforma en la certeza del único destino que siempre estuvo ahí. Es entonces cuando la vida adquiere un nuevo significado, uno mucho más ligero. Te deshaces de lo que va perdiendo sentido y cosas que antes parecían insignificantes se vuelven tan valiosas como lo fue en su momento conseguir ese nuevo auto o comprar una casa. Una rica comida, una buena plática, un abrazo, convivir con las personas que amas, bailar, levantarte y que no te duela nada… son ese tipo de cosas las que ahora, con la muerte viéndote de frente, tienen todo el sentido del mundo.
No obstante, la vejez también acarrea consigo cierto arrepentimiento y aprendizaje de lo que es, de lo que pudo haber sido y de lo que se pudo haber hecho mejor. De ahí que los consejos de los viejos sean tan necesarios, pues cuando uno es viejo no solo se valoran otras cosas, sino que se ve lo que uno debió valorar más cuando era joven. Entre las cosas que he escuchado que deben ser valiosas para la juventud rara vez he escuchado acerca del auto nuevo o la casa. Más bien… entre la sabiduría de la gente mayor se habla de haber cuidado la salud, de haber aprovechado más el tiempo que pasaban sus seres queridos, de no preocuparse tanto, de haber sabido agradecer o pedir disculpas cuando fue necesario y por supuesto de haber hecho más, porque “al final la vida es muy corta”. Tal vez cuando lleguemos a viejos siempre resonará en cada uno de nosotros eso último, pero al menos por ahora mientras seamos jóvenes y sin saber cuánto tiempo nos queda para familiarizarnos con la muerte, podemos pensar en aprovechar mejor la vida valorando lo que realmente importa. Y ¿cómo sabremos qué es lo que realmente importa? Bueno, siempre podemos escuchar lo que tienen que decir los viejos.
En la cima de un risco, lejos de los hombres, cerca de Dios, había un pueblucho. Su placita era la joya del pueblo, con su fuente, su farola y sus gorriones. Artesanos, zapateros y alguna viejecita sin dientes ni paciencia, una que otra casa en medio de las rocas, una iglesia y poco más.
Llegó un día Don Belisario, gran empresario. Llegó con todo y asistente, con corbata y zapatos relucientes. Llegó con grandes planes para aquel lugar. Sabía a qué venía y no iba a fallar. Preguntó rápidamente por quien allí diera las órdenes. Horas después, se presentó Hipómenes.
— ¿Es usted quien manda aquí?
— Sí, se podría decir.
— Quiero hacer negocio con este pueblo hermoso.
— De eso no sé decirle, pues mío no es.
— Vale, pero podrá mostrármelo.
— De acuerdo.
Fue pues Hipómenes delante, con Belisario detrás, mostrándole lo poco que podía mostrar. Llegaron al risco, con su vista hermosa, y Don Belisario, codicioso como era, quiso tomarla toda y, en su codicia, avanzó de más.
Mire usted, Don Belisario, que, si no quería caerse, no debió haberse parado tan cerca de la orilla.
Esta semana han pasado muchas cosas. Entre ellas terminé un libro que requirió un compromiso largo que acepté antes de empezar. Era El Quijote. Si quisieras leer El Quijote sin spoilers, no leas este correo. (Pondré una advertencia cuando empiecen los spoilers del final del libro)
Cuando acabé el libro quedé en shock. No estaba seguro de lo que sentía. Primero, ese sentimiento de acabar un libro y preguntarte ¿Ahora qué? un compañero que estuvo a mi lado durante cuatro meses se había separado. Era parte de mí pero al mismo tiempo ya no estábamos juntos. Miré el libro unos minutos tratando de procesar todo lo que había sucedido y no me resolvía a alabar o condenar el libro. No entendía porque sucedió lo que sucedió.
Esta pregunta siempre me ha llamado la atención: “cuando una fuerza imparable se enfrenta a un objeto inamovible ¿qué es lo que pasa?”, he tratado de convertirlo en una metáfora para darle sentido a la pregunta. En nuestra vida hay elementos que definen quienes somos, dan forma a nuestra identidad. Uno de ellos son las ideas, o mejor dicho los ideales y sueños que perseguimos, que nos mueven a salir de nuestra zona de comfort e impulsan nuestro actuar, esa sería “la fuerza imparable”. Por otra parte, todos tenemos una base sólida de donde partir, tenemos un marco de referencia que guía nuestras acciones: nuestras convicciones; ese es el objeto inamovible.
¿Qué pasa cuando nuestros sueños e ideales chocan con nuestras convicciones? ¿Cuál permanece y cuál se destruye? Es algo tan importante que no podemos vivir sin ninguno de los dos. Todos tenemos sueños y aspiraciones a dónde queremos llegar. De igual manera, todos tenemos pilares que definen lo que hacemos, lo que creemos que es correcto y lo que no. No necesariamiente uno va a chocar con el otro pero si llegara a pasar necesariamiente hay un cambio el alguno de ellos y en nuestra propia vida. Pienso en una solución pero me gustaría escuchar la tuya. Después de este Gif empiezan los spoilers.
¿Qué sucede en el Quijote? La historia de Don Quijote de la mancha es una serie de aventuras que sólo le podrían pasar a un loco. En un resumen muy exagerado, Alonso Quijano es un señor de edad avanzada que fundió su cerebro por leer tantos libros de caballeros antiguos. Esto le llevó a pensar que las historias eran ciertas, y que él mismo debe restaurar el honor de los antiguos caballeros convirtiéndose en uno. Por su falta de juicio, alucina cosas, pelea contra molinos pensando que son gigantes y entra en posadas como si fueran grandes castillos. En una introducción de Mario Vargas Llosa describe el libro en un paso de la realidad a la ficción, como la historia que el Quijote busca se va convirtiendo en la verdad. Esto es cierto, poco a poco las historias se alinean más con el personaje, de alguna u otra forma se revive el mundo de los caballeros.
Sin embargo, el final del libro rompe la tesis. Rompe al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y nos presenta a otra persona. En los últimos capítulos, el Quijote es derrotado por el caballero de la luna blanca (su amigo Sansón de Carrasco) y es forzado a regresar a su aldea y dejar el ejercicio de la caballería por un año. Esto con la idea de sanar su juicio en este tiempo. En el camino hay un cambio de clima en la trama, se puede notar cómo el espíritu peleador y valiente de Don Quijote va apagándose, entra poco a poco en la melancolía (conocida hoy en día como depresión) y pierde sus ánimos. En su aldea enferma y en pocos días empeora, uno de esos días, despierta sano, lúcido, arrepentido… pide que le lleven un confesor y un escribano para realizar su testamento, da su último respiro queriendo disculparse por arriesgar a los demás y llevar a Sancho con él.
Ahora bien, a lo largo del libro conocimos a Don Quijote y sólo al final entendimos quién es Alonso Quijano. Claramente no son la misma persona. La pregunta es ¿fue bueno el cambio? ¿Qué quiere decir Cervantes? Me parece que es una cuestión de identidad, ideales y convicciones. Si realmente estaba enfermo no podemos decir que tuviera entero uso de su razón, por tanto de su libertad, no podemos juzgar sus acciones. Pero suponiendo que estuviera lejos de enfermedad, ¿cuál debió permanecer?
Sus convicciones son las que quedan después del dilema. Prefiere morir siendo buen hombre para llegar al cielo que aferrarse a la caballería. Los ideales cambiaron, y lo llevo a él a cambiar. Dejó de ser ese caballero para ser Alonso el bueno, el sano. No porque el caballero estaba mal, sino porque era mejor ser el bueno. Se dió cuenta que sin sus valores, convicciones, sus ideales no valen nada, porque no se puede ser dos personas distintas.
El ser humano asesinó en la primera guerra mundial (1914) a más de 10 millones de personas, entre heridos y desaparecidos suman 40 millones aproximadamente. 25 años después, según la Enciclopedia Británica, se estima que entre 40 y 50 millones de personas murieron durante la Segunda Guerra Mundial (1939).
Según el libro La Segunda Guerra Mundial, del escritor e historiador británico Antony Beevor, miles de personas murieron en Hiroshima con la explosión de la bomba atómica, cifra que aumentó a 200 mil en los días siguientes, debido a las consecuencias de la radiación. «Alrededor de 100 mil personas murieron instantáneamente, y miles más perdieron la vida después, por quemaduras, shock o envenenamiento por radiación», escribe Beevor.
La tercera guerra mundial (2250) fue la más atroz y devastadora que terminó con la vida de 6 mil millones de personas. Los países conformados por la OTAN desataron el primer ataque nuclear a los países comunistas, entre ellos Rusia, Corea del Norte, y Japón que replicaron de inmediato el ataque. Más de 11 años transcurrieron para dar fin a la temible guerra y que por poco exterminó a la raza humana.
Posterior a la guerra nuclear, cerca de 160 mil personas se aglomeran en Uruguay, el país menos atacado por la guerra, donde las personas buscan un bien común: el vivir y ser felices, sin embargo, comenzar desde cero será difícil, hartos del capitalismo y del comunismo del mundo, buscan una nueva forma de gobernar.
Tras la terrible guerra nuclear se perdió todo, absolutamente todo: familia, amigos, propiedades, trabajos, medios de comunicación y medios de transporte. Se estima que murieron poco más del 80 por ciento de la humanidad total, y los pocos sobrevivientes quisieron reiniciar la humanidad en Uruguay. Por su posición geográfica fue el que menos sufrió las consecuencias nucleares, radioactivas y químicas de la guerra, se mencionaba que había gente refugiada en Groenlandia y la Antártida, pero no se obtuvo comunicación con ellos y sólo eran rumores.
En los años de la pre-guerra y antes de perderlo todo, el ser humano, poco a poco fue perdiendo lo inmaterial, lo no tangible, fue perdiendo la razón. Y con ello la reflexión, la duda, la pasión, el amor, y por imposición fue perdiendo los derechos más hermosos que gozaba, los derechos que con sangre los mártires habían conseguido: la libertad, la independencia, la soberanía.
Las falacias ideológicas penetraron fuerte en la política del mundo: se adoctrinó a niños, jóvenes y adultos, sobre toda idea en cuanto a gusto y placer conviniera. Se prohibieron los textos bíblicos y filosóficos, sólo los afortunados tenían algún libro en sus hogares, escondidos para no ser condenados por el gobierno. Ya no había iglesias ni escuelas, el humano sólo vivía para trabajar para la clase alta, el proletariado vivía como esclavo, sin derechos, sin un sueldo digno, sin protección social. Los de la clase media se quedaban sin trabajo, las instituciones gubernamentales (sector salud, educación y seguridad) empezaron a dejar de ser del gobierno y se vendieron a manos extranjeras. La mayoría de las personas que sufrieron más fueron la clase baja, la media se sostenía por sus ingresos que iban en picada.
La guerra nuclear del año 2250 vino a rematar el horror que todas estas personas estaban sufriendo. El fin de la humanidad se acercaba. Aun así, el ser humano sobrevivió en refugios antinucleares y sótanos caseros, la guerra regresó al hombre algo que había perdido: la compasión. En la guerra eran uno mismo, eran hermanos que se apoyaban para sobrevivir. Bastaron 11 años de guerra para casi extinguir al ser humano. En Uruguay eran poco más de 160 mil personas cuando finalizó la guerra. Y el 11 de diciembre del año 2260 terminó lo que parecía nunca iba a tener fin. ¡La guerra terminó!, ¡la guerra ya no existe!, ¡la guerra desapareció!, ¡ya no hay guerra! Gritaban miles de personas. Esa noche celebraron y se abrazaron por última vez.
¿Qué sigue para ellos si ya la guerra se lo llevó todo? Lo primero que se comenzó a discutir durante la postguerra fue el modelo económico que regiría a la nueva sociedad. Pero había un problema, nadie lideraba a nadie, no había algún representante general y como los efectos de la guerra eran recientes poca comunión había entre los hombres. Se hablaba de iniciar con el modelo capitalista para arrancar la economía, y así fue, sin nadie que gobernara o quien dirigiera al principio. Pasaron un par de meses y los 160 mil sobrevivientes se dividieron y agruparon en tres sectores: 60 mil de clase baja, 40 mil de clase media y 60 mil de clase alta. Cada clase tenía un objetivo en común, recrear una sociedad estable y con una política integra. Pero el objetivo se les fue olvidando al pasar los meses. Los de la clase alta querían ser los dueños de toda empresa que se construyera, de los puestos políticos y todo aquello que generara riqueza. Los de la clase media estaban dispuestos a trabajar mediante un sindicato que les proporcionara derechos justos. Los de la clase baja que fueron los más explotados en tiempos pasados decidieron que no trabajarían para nadie, sino que formarían su propia sociedad con principios socialistas. Fue en ese momento de desorden y confusión cuando aparece el mediador de las clases: Robert Lim, que vino a dirigir un evento que marcaría la humanidad por completo.
Lim promovió la formación de líderes en cada clase, y semanas después pudo convocar a los 3 líderes de las tres clases en una reunión. Jorge Gorman representaba a la clase alta, Toé Rodrigué a la media y José Cantú a los obreros; y así comenzó la famosa Semana del destino, donde en 7 días se definió el destino de todas las personas, compartiendo razones y justificaciones para comenzar la nueva vida. La reunión fue caótica, nadie quería dar y ceder. Ninguna de las clases quería aportar algo, los más indiferentes eran los de la clase baja, José Cantú afirmaba que nadie trabajaría sin garantías, derechos y buenos sueldos. El problema es que no había ni siquiera todavía una moneda de cambio. Pero el dinero, como antes era conocido, tardaría años en crearse e imprimirse, así que el trabajo de los próximos años no sería pagado. Era algo injusto. La clase alta quería los privilegios de antes. Parecía como si la guerra y la miseria se les hubiera olvidado. La clase medio y baja trabajaban casi como esclavos y la brecha de odio se hacía cada vez más patente y abierta. Ninguna clase se ponía de acuerdo. Fue entonces cuando a Robert Lim se le ocurrió la teoría circulatoria, o mejor conocida como circulismo. Robert Lim unificó a toda la población, clase alta, media y baja. Después estableció dos grupos: el grupo A y el grupo B. Los que conformarían el grupo A serían la primera clase, que era la baja con aproximadamente 60 mil personas, y 20 mil de clase media. El grupo B lo conformarían 20 mil personas de clase media y 60 mil de clase alta. Les hizo una propuesta a los tres líderes de las clases sociales: “Si no llegamos a un consenso hoy, mañana el ser humano entrara en crisis y volveremos a los tiempos antiguos de guerra, nos mataremos como animales, haremos cosas reprobables por placer, sufriremos y acabaremos con nuestra propia existencia. Así que queridos amigos escuchen esta propuesta, esta teoría se llama la teoría circulatoria, donde las personas cada 20 años cambiaran su clase social para pertenecer a la clase contraria. Es decir, el grupo A comenzará los primeros 20 años trabajando para el grupo B, y cuando se cumplan los 20 años, el grupo B será el que va a trabajar los siguientes 20 años, y el grupo A será quien disfrute. Así pues, será un círculo para toda la vida, donde cada 20 años se cambiarán los papeles.”
José Cantú preguntó: “pero ¿cómo elegirían qué grupo comenzaría a trabajar?” Alguno de los dos grupos tenía que empezar los 20 años de trabajo, pero nadie quería, los del grupo A, la mayoría clase baja, no aceptarían de nuevo volver a la casi esclavitud. Y los ricos por su propio ego no aceptarían trabajar como esclavos viniendo ellos de una clase social alta anteriormente. Se investigó a toda persona para ver quiénes eran y a que se dedicaban, sus ingresos eran lo que pondrían en tela de juego su destino. Así formaron el grupo A y grupo B.
El líder Robert Lim propuso a los dos líderes, anexando a Toé Rodrigué (clase media) a la clase alta: “Vayan con su gente y platiquen lo que propongo, la propuesta es esta: Un grupo trabajará por 20 años consecutivos, y el otro grupo disfrutará en esos mismos 20 años los beneficios que se puedan obtener. Al año 0 le llamaremos el inicio del círculo, y al año 20 el cierre del círculo. Cuando pasen 20 años y se cierre el círculo, el grupo que disfrutó ahora comenzará un nuevo círculo trabajando los próximos 20 años. ¿Quiénes empezarán siendo pobres o siendo ricos? Muy fácil, mediante una ceremonia donde estarán presentes todos los habitantes se echará suerte con una moneda y el perdedor será nombrado clase baja y empezará el circulo trabajando, y el ganador será nombrado clase alta y disfrutará de los beneficios obtenidos.”
Lim dió un día para que la propuesta fuera informada. La respuesta fue contundente: todos aprobaron la idea. Así comenzó una nueva división histórica, era el año cero después de la guerra (0 D.G.). Quienes ganaran la partida, dictarían las leyes, los derechos y obligaciones de todas las personas. Se convocó al día más esperado por la humanidad, el día del círculo, así fue llamado. De las tres clases sociales ahora sólo habría dos y se alternaría cada 20 años.
Lim presidió la ceremonia en un valle, en el que se agruparon más de 140 mil personas; Jorge Gorman y José Cantú pasaron al frente, como los representantes de cada grupo. Nadie sabía que la ceremonia daría inicio al siguiente infierno terrenal. Gorman y Cantú se dieron la mano, Lim lanzó la moneda al aire que decidiría el destino de la sociedad. La moneda antigua cayó cara, favoreciendo a la clase alta, es decir, la clase alta empezaría el círculo disfrutando los siguientes 20 años. Y la clase baja seria la trabajadora. Lim, Gorman y Cantú firmaron el acuerdo para el nuevo comienzo, mientras tanto los espectadores, algunos felices y otros con caras largas se alejaron del valle.
El primer día de la semana el grupo A dictó las nuevas leyes:
1.- El país se dividirá en dos por un muro –construido por el grupo B y supervisado por el A– para separar la región norte y sur. En el norte vivirá el grupo A porque era la región más conservada y el grupo B estará en el sur. Asimismo, la zona norte será reconstruida prioritariamente.
2.- El grupo B trabajará principalmente el campo, la construcción y todo lo que conlleve un mayor esfuerzo y sea manual. Los mejores trabajos serán para el grupo A.
3.- La zona norte será exclusiva para el grupo A. Solamente se le permitirá el ingreso a los trabajadores del grupo B que cuenten con el certificado de entrada. Al terminar la jornada deben volver al sur.
4.- Las armas quedan absolutamente prohibidas en el sur, solamente los guardianes y el grupo A podrá portarlas.
5.- Solamente el grupo A será educado. El grupo B y sus futuros descendientes tienen prohibido ir a la escuela y el único tipo de educación que tendrán será manual y referente a los oficios. Queda prohibido cualquier tipo de libro, escuelas e iglesias en la zona sur.
6.- Las actividades de ocio y deporte para el grupo B están prohibidas, a excepción de una vez al mes, que se les permitirá atender alguna actividad recreativa, siempre y cuando no interfiera con sus labores.
7. Las familias del grupo B no podrán reproducirse, a menos que cuenten con el permiso otorgado por el parlamento A. Toda mujer que se embarace sin el consentimiento del grupo A y empezando el año 0 D.C. será condenada a muerte. 8.- Está prohibida la vida familiar en el grupo B, no habrá comidas caseras, sino que todos comerán en los comedores comunes. La ración consistirá en una hogaza de pan, 50 gramos de fríjoles y 60 gramos de arroz. Ocasionalmente habrá una pequeña ración de carne.
9.- Queda prohibida la privacidad, toda familia del grupo B será monitoreada, tanto en el trabajo como en casa.
10.- Las mujeres del grupo B pueden usarse como madres subrogadas y con otros fines de concubinato por el grupo A.
11.- El grupo B tiene derecho a bañarse una vez a la semana en la bañera comunitaria.
12.- Los guardianes serán la máxima autoridad civil. El grupo B debe respetarla y obedecerla siempre. Los guardianes tienen derecho a castigar físicamente a los individuos problemáticos del grupo B.
13.- Quedan prohibidas las manifestaciones del grupo B y las reuniones de grupos mayores a 5 personas. En caso de que esto ocurra, los guardianes podrán castigarlos con la pena capital.
14.- Toda persona del grupo B mayo de 60 años, enfermo o con alguna discapacidad será enviada al campo experimental, con el fin de avanzar en el ámbito científico. El grupo A puede elegir a cualquier persona del grupo B para que sea transferida al campo experimental. Es posible que durante el experimento o después se produzca la muerte.
15.- El grupo A tiene derecho a gozar de todos los privilegios por decreto divino. Por los siguientes 20 años el grupo B tendrá que aceptar y someterse a cualquier cambio constitucional que el grupo A pueda llegar a dictaminar.
Con las nuevas leyes y el acuerdo firmado ya no había marcha atrás, se comenzó la construcción del muro, se confiscó cualquier cosa que pudiera ser utilizada como arma, se quemaron libros y los guardianes utilizaron su poder. La razón llevó a la humanidad a la fabricación de armas, tanques, bombas, casquillos y muertes. El circulismo surgió como un efecto de la postguerra, quería evitar futuros derramamientos de sangre, sin saber que desde el principio ya estaba condenado a la repetición. Se creyó que después de la Tercera Guerra Mundial el hombre volvería a la bondad y al menos así fue por un tiempo para sobrevivir a los horrores de la guerra nuclear. Pero después y con la calma regresó la corrupción, la arrogancia y el egoísmo. Se buscó el poder y el dinero cuando lo único que quedaba era la destrucción. El año 0 D.C. había comenzado.
¿Qué pasaría si los libros y las bibliotecas desaparecieran?
Hace una semana, el 24 de octubre, se conmemoró el día de las bibliotecas. Esta fecha se celebra desde 1997 en recuerdo de la quema de la Biblioteca de Sarajevo, en 1992, por órdenes de un político nacionalista serbio y profesor de “Poesía y Crítica” en la Universidad de Sarajevo. Ávido lector de Shakespeare y responsable de la orden que produjo la quema de una biblioteca, se trata de dos rostros que parecen incoherentes en Nikola Koljevich (1936-1997).
Vendran Smailović, músico bosnio conocido como “el violonchelista de Sarajevo”, tocando Adagio en G Menor de Albinoni, en las ruinas de la Biblioteca de Sarajevo en 1992.
La pregunta de mi título es un esfuerzo por valorar realistamente esta conmemoración: ¿Son tan importantes las bibliotecas para el ejercicio intelectual y el proceso educativo como asumimos? Formulo la pregunta desde el punto de vista de quien está realizando labores bibliotecarias en la Universidad Panamericana y quien es un usuario frecuente de las bibliotecas.
Hago saber al lector que tengo en la memoria dos presentaciones relevantes que escuché durante mis estudios de filosofía en 2021: el seminario sobre Ciudad y Belleza, del Dr. Víctor Isolino Doval; y, la ponencia del Dr. José Luis Rivera sobre Defensa del Iletrado. No es necesario conocerlas, ofrezco aquí lo necesario para aclarar lo que quiero decir.
En términos muy generales, el Dr. Isolino Doval afirma que la arquitectura de los lugares tiene un efecto importante en la formación de nuestros hábitos. Podemos suponer que las bibliotecas, e incluso las universidades, son espacios para la lectura y el estudio, que han sido diseñados para propiciar a los profesionistas, a los intelectuales y a las personas que se apropian de la tradición con un sentido de discernimiento para actuar virtuosamente.
Tal propuesta puede denominarse como: “arquitectura social”. Y se inscribe ante el vértigo de la modernización de los espacios urbanos, cuyo exponente es el arquitecto francés Le Corbusier (1887-1965), autor de La Ciudad del Futuro (1920). La arquitectura social la podríamos atribuir a Jane Jacobs (1916-2006), autora de Muerte y Vida de las Grandes Ciudades (1961). Su argumento principal es una crítica a la modernización de las ciudades que estorba a las personas para sus funciones sociales, fragmentando las comunidades; y a cada uno de sus miembros, podría añadirse.
Maqueta de La Ciudad Radiante (La Ville Radieuse) de Le Corbusier.
Por otro lado, el Dr. José Luis Rivera defiende que no es tan efectiva la relación entre los libros y el buen aprendizaje. Estoy extendiendo este argumento a las bibliotecas y a las universidades. Su argumentación se apoya en dos fragmentos clave de la literatura: Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury. Y Don Quijote de la Mancha (1605) de Cervantes.
Los fragmentos clave son los discursos del Capitán Beatty, quien el Dr. Rivera enfatiza que sustenta su decisión de quemar los libros a partir de su estudio de los mismos. Siempre responde a Montag, el protagonista, con citas y lecturas argumentadas sobre las contrariedades e irrelevancias que contienen libros que habitualmente asumimos invaluables (la Biblia, Pope, Shakespeare…). En opinión de Beatty, leer no vale la pena y lo dice en pretensión de sabiduría.
También, el fragmento del Don Quijote donde los amigos lectores de Alonso Quijano, el barbero y el sacerdote, hacen una revisión de los libros que éste tenía en su biblioteca y que pudieron influir en su locura de ser un caballero y en abandonar sus responsabilidades. Los libros que dañaron a su amigo, los queman.
Según el Dr. Rivera, esta escena es clave de la versión cinematográfica de Fahrenheit 451 de 1966 dirigida por François Truffaut.
Mi posición es que ambos argumentos, el del Dr. Isolino y el Dr. Rivera, tienen que verse a trasluz de nuestra libertad y de nuestra disposición a actuar con prudencia. Si no se comprenden así, creo que fácilmente ambas posturas pueden derivarse en vértigos. Al decir esto no asumo que ambos profesores no tienen esto en cuenta.
En el primer capítulo de El Trabajo Intelectual (1951), Jean Guitton nos da su testimonio de cómo actúa un intelectual cuando pierde sus libros y su espacio. Guitton fue prisionero de guerra durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial y en ese tiempo no tuvo acceso a sus libros ni a un espacio diseñado para el ejercicio intelectual. Descubrió en esta situación que ni la frugalidad de los instrumentos ni la comodidad de los espacios define a los buenos frutos intelectuales.
Jean Guitton (1901-1999), filósofo francés del Catolicismo.
Guitton nos invita a cambiar el enfoque y a usar la prudencia antes que los instrumentos o nuestros espacios. Por ejemplo, parafraseando a Aristóteles, nos dice que el signo del conocimiento es la capacidad de enseñar. Y que el signo de nuestra profesión es la vocación manifiesta en el hábito experto. Los artistas siguen haciendo arte reinventando sus materiales y sus espacios. Lo mismo aplica para los intelectuales.
Mi invitación no es a quemar libros, no apoyo al Capitán Beatty: el olvido de lo inútil es natural. Esto está inscrito en nuestros procesos sociales, neurocognitivos y en la evolución. Tampoco esta es una invitación a dejar de investigar y evitar dar clases en las universidades. Sólo señalo que no es sostenible convencernos que hay una conexión fuerte entre la lectura y los espacios designados para el ejercicio intelectual, y, aquellos resultados del esfuerzo intelectual y educativo que les atribuimos; que es lo que realmente valoramos.
El capitán Beatty y Guy Montag.
No hay otro secreto para nuestros ejercicios intelectuales y la preservación de sus instituciones. Concluyo este argumento parafraseando una vez más a Aristóteles: adoptando este principio en nuestros esfuerzos intelectuales ya habremos logrado la mitad de toda nuestra responsabilidad.
Por lo anterior, me inclino a definir con claridad nuestros objetivos con la preservación de la tradición y de la misma actitud crítica (que puede fracasar al enfrentarse a su misma duda o a sus convicciones). Poner en el centro de todo esfuerzo de investigación su practicabilidad, a partir de una amplia comprensión de las virtudes humanas.
Esto significa convertir los libros, las bibliotecas y las universidades (todo dispositivo intelectual; incluso la investigación “lógica”, “ética” o “pedagógica” ), en oportunidades para el aprendizaje de quienes, de antemano, valoran el aprendizaje como objetivo último.
Lo cual requiere manejar el discurso institucional de los y las “intelectuales”, parafraseando al filósofo C. S. Peirce (1839-1914): con convicción de la falibilidad humana, y, de la utilidad del conocimiento enfocado a la solución de problemas, que tienen un espacio y tiempo, y perfecciona a las personas; y, quizá sobre todo, una gran pasión por aprender y por cooperar intelectualmente.
Charles Sanders Peirce, filósofo del PragmatismoAmericano.
Por ahora, mi respuesta a la pregunta de este ensayo es que si los libros, las bibliotecas y las universidades desaparecieran, tendríamos que reinventarlas.
Mientras tanto, podemos enfocar nuestros esfuerzos en mantener tales instituciones, recordando que su valor reside en los hábitos que formamos día con día en su uso. Pues si las instituciones educativas e intelectuales como las conocemos desaparecen o se transforman, sólo será una manifestación de lo que ya ha ocurrido en nosotros mismos. Se trata de una extensión de nuestros hábitos intelectuales y educativos. Entonces, concluyo con una pregunta que invito a hacernos: ¿Qué dice el estado actual de estos espacios e instrumentos intelectuales sobre nuestros hábitos comunitarios y personales? La tarea es desmenuzar nuestros hábitos intelectuales y educativos en virtudes y vicios, para esforzarnos en mantener sólo lo bueno.
Tras un día lleno de emociones, Jane y Michael Banks no podían conciliar el sueño. Así que Mary Poppins los arrulló contándoles la historia de una viejecita mendicante que pasaba sus días sentada en la escalinata de la Catedral de San Pablo en Londres, vendiendo en dos centavos bolsitas de migajas para alimentar a las palomas.
Al día siguiente los niños vieron a la viejecita cuando pasaban frente a la catedral de camino al banco donde trabajaba su padre, George Banks. Solo alzando la voz y casi a la fuerza George pudo evitar que Michael corriera a comprar la bolsita de migajas.
Gracias a los rendimientos notables pronto la moneda “comenzaría a generar interés compuesto”; satisfacción personal y creciente sentimiento de conquista conforme se “expande la afluencia”; creciente sentimiento de grandeza, conforme se expande la influencia del inversionista en las altas esferas financieras.
Más allá de los beneficios personales, el dinero de Michael puesto a trabajar en el banco produciría estructuras ferroviarias en África; presas en el Nilo; flotas de navieros comerciales; majestuosos canales que se pagarían solos (self-amortizing) y plantaciones de té listo para cosecharse.
Los banqueros no escatimaron en adverbios para calificar el manejo de las inversiones: prudentemente, sobriamente, ahorradoramente, frugalmente, pacientemente, cuidadosamente, confiadamente. ¡Qué puede supercalifragilísticoespiralidoso frente a estos adverbios!
Y sin embargo el pequeño Michael no se dejaba convencer y prefería la satisfacción emocional inmediata de comprar la bolsita de migajas.
Las inversiones tienen consecuencias
Dos enseñanzas resaltan de estos simpáticos episodios: No es fácil hacer el bien con el dinero invertido; y es fácil obtener rendimientos o algún tipo de satisfacción emocional a corto plazo, pero a costa del futuro a mediano y largo plazo. Ninguna de las dos opciones de Michael cumpliría con los criterios de ESG (medio ambiente, sociedad y gobernanza) contemporáneos.
El gesto generoso de la bolsa de migajas no resolverá nada, y sí agudizará problemas ya existentes: la proliferación de las palomas eventualmente dañará el edificio con la acidez de sus excrementos, como vemos que sucede en tantos templos y edificios antiguos. Y la viejecita mendicante no estará más cerca de superar las condiciones indignas en que vive. Los dos pennies de Michael únicamente le permitirán subsistir.
Invertir el dinero en el banco tiene sus propios problemas: estructuras ferroviarias en África, presas en el Nilo y demás, son inversiones que presentan todos los riesgos relacionados con el daño al medio ambiente, y el daño a la sociedad a través de la explotación laboral, en muchos casos hasta llegar a trabajos forzados y casi a trabajos en condiciones de esclavitud; la devastación del ecosistema que es fuente de supervivencia para muchas comunidades, e incluso conflictos geopolíticos, resultado de un dominio imperial colonial.
A pesar de las afirmaciones a coro de los banqueros, la historia reciente y no tan reciente nos enseña que al invertir el dinero ajeno muchas instituciones sí predican, pero no siguen los valores del “Fidelity, Fiduciary Bank” de la historia de Mary Poppins.
Las inversiones tienen consecuencias. Consecuencias que van más allá de rendimientos u ocasionales pérdidas. Toda inversión ocasiona de manera más o menos directa externalidades benéficas o perjudiciales para el medio ambiente, para el sistema financiero y para la sociedad. Externalidades que, como en el caso del consumo del tabaco o el uso de hidrocarburos, no siempre se ven reflejadas en el precio monetario que paga el consumidor. Y por tanto no siempre afectan el desempeño financiero de la inversión.
Invertir por el futuro
Es difícil obtener rendimientos sin causar ninguna externalidad negativa (sin hacer algún daño) Es aún más difícil obtener rendimientos y hacer el bien generando externalidades positivas. Gastar dinero sin buscar rendimiento financiero sino únicamente “impacto social”, tampoco es fácil — como muestra el ejemplo de la bolsita de migajas.
Obtener rentabilidad financiera causando externalidades negativas es lo contrario de invertir en el futuro y en pro del futuro; es invertir a costa del futuro: obtener hoy un rendimiento que generará costos futuros muy superiores al rendimiento inmediato para la sociedad, el medio ambiente y a veces incluso para la institución inversionista.
Sobran ejemplos de inversiones a costa del futuro en el uso inadecuado de los recursos naturales: tala inmoderada, monocultivo, pescar con dinamita, son actividades que obtienen ganancias a costa de destruir las condiciones necesarias para que las generaciones futuras puedan seguir aprovechando tales recursos naturales. Algunas de estas actividades incluso pueden afectar las condiciones ambientales para la vida de las generaciones futuras.
El poder de una inversión responsable
Conscientes de este peligro, comunidades religiosas tradicionales como los Cuáqueros, los Metodistas o los Católicos han aplicado desde hace décadas criterios de exclusión para evitar invertir en sectores que van en contra de sus principios teológicos o éticos.
En la historia de la inversión responsable el Pax World Fund es un punto de inflexión: Establecido en 1971 (en plena guerra de Vietnam) fue el primer fondo de inversión que excluyó y excluye hasta la fecha de manera explícita y estricta toda inversión relacionada con la industria armamentista.
Algunos años después, en enero de 2004, el entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan, convocó a directores generales de importantes corporaciones empresariales a reflexionar sobre estrategias de inversión redituable y benéfica para la sociedad y el medio ambiente. El resultado de esta convocatoria fue un reporte titulado “Who Cares Wins” (“Quien se preocupa y cuida, sale ganando”) Dicho reporte acuñó la denominación ESG y sentó las bases para la red de los Principios de Inversión Responsable (PRI)
Como sabemos, el primero de los seis principios nos compromete a integrar criterios de ESG en el análisis de la inversión y en los procesos de toma de decisión sobre colocación de activos. Tal compromiso va más allá del ingenuo y simplista dilema entre la bolsita de migajas y el dinero en el banco. Pero también es más exigente que la aplicación de criterios de exclusión en sectores y empresas que afecten negativamente al medio ambiente y a la sociedad. El principio demanda cuidar que nuestras inversiones no sean redituables a costa del futuro, pero también que tengan un impacto positivo, que sean inversiones en pro de nuestro futuro y de las generaciones venideras.