Desayuno nupcial

Desayuno nupcial

Por Belén Romero

–¡Emy, Emy! –Se escuchaban los gritos desesperados,– ¡ya están entrando!
Se escuchaba la voz por el corredor.

Emy con su singular calma se encontraba sentada en la cocina vertiendo la leche a una olla para después llevarla al comedor, en donde ya estaba entrando la bella doncella con su esposo el Sr. Oswaldo. Quienes unas horas antes se habían unido ante Dios y siguiendo la vieja tradición, tenían que desayunar juntos una deliciosa tarta de pavlova hecha con una base crujiente de merengue y crema batida con frutas frescas acompañada de una buena taza de leche recién ordeñada, este primer desayuno nupcial tenían que hacerlo juntos y solos, ya que se aprovechaba para acordar los roles que cada uno debía cumplir dentro de su matrimonio.

Emy, escuchó el arrastrar de la silla agilizó el paso y logró colocar la olla de leche antes de que el joven matrimonio se sentara. Sutílmente volteo a ver al Sr. Oswaldo al mismo tiempo que daba una reverencia antes de retirarse, también le lanzó una mirada triste acompañada por un suspiro. Nadie sabía que Emy estaba enamorada del Sr. Oswaldo y que ardía de coraje y venganza, porque él le prometió nupcias a ella, dándose cuenta que solo le mintió para deshonrarla, nadie se imaginaba que ya tenía un plan en marcha que culminaría con la muerte de la joven pareja.

Emy se retiró hacia la cocina, lugar en donde depositaba todas sus emociones mientras cocinaba y platicaba con la ama de llaves de la casa la Sra. Paty.

Mientras Emy preparaba la cena en la cocina, la Sra. Paty se encontraba revisando que todo estuviera listo y ordenado en la habitación nupcial para que el joven matrimonio se pudiera instalar en su nuevo nidito de amor. Colocando jarrones con rosas rojas, rosas y blancas que eran las favoritas de la ahora señora de la casa, pidió que hubiera flores en el mueblecillo a lado de la cama, en el tocador y otros en el baño junto a la bañera. La cama estaba cubierta por una colcha de seda roja y las cortinas largas que arrastraban también hacían juego, la alfombra que cubría todo el suelo de la recamará era gris y las paredes de un blanco opaco. También pidió que estuviera lista la bañera con las esencias de sándalo, manzanilla y una vez que la princesa Margarita estuviera dentro de la bañera, le gustaba ir colocando pétalos de rosa, únicamente los rojos. Una vez que la Sra. Paty dejó todo listo y ordenado decidió ir a la cocina para verificar que las cocineras ya estuvieran preparando el estofado para la cena.

El joven matrimonio terminó su primer desayuno nupcial y dándose un beso muy tierno, cada uno se separó para comenzar con sus nuevas labores. Por un lado Sr. Oswaldo debía de encargarse de la economía de la familia, de verificar que los animales de granja y los caballos estuvieran en buen estado, así como también checar que los campesinos trabajaran en la siembra y cosecha en los viñedos.

Mientras que la princesa Margarita tenía que preocuparse de que todos los empleados adentro de la casa que cumplieran con sus labores, que eran mantener la casa limpia y ordenada, que el desayuno, comida y cena estuvieran justamente a una cierta hora y de organizar los recibos de las cuentas de los servicios que llegaban al correo de la casa. No se preocupaba por la despensa ya que eso se lo dejaba a la Sra. Paty, ni tampoco por los horarios de las comidas porque también lo hacia la ama de llaves, más bien se preocupaba por siempre verse hermosa y salir de paseo por los viñedos, por las calles empedradas de aquel pueblo, por ir de visita con sus amigas, eso era lo que realmente le importaba a la princesa Margarita.

La princesa Margarita una vez que su bello esposo salió de casa, decidió ir a conocer su nueva casa y mientras caminaba a su paso sin prisa por cada uno de los rincones y recamaras, llegó a la cocina y miró fijamente a Emy, la princesa no le dio importancia y continuó su camino.

La Sra. Paty volvió a la cocina para verificar la cena y notó en Emy una mirada diferente, le preguntó con una expresión preocupada: “¿Qué tienes Emy?” Emy respondió con un tono que dejó claro que no quería hablar del tema: “nada”. Pero nadie se imaginaba lo que esa noche iba a suceder.

Al paso de varias horas, Emy, le aviso a la Sra. Paty que la cena estaba servida, mientras se sentaban en la mesa los recién esposos, Emy y la Sra. Paty iban colocando la cena, una deliciosa sopa de elote acompañada de galletas saladas, olía tan bien que la princesa Margarita no aguantó más y se llevó la primera cucharada a la boca y justo cuando ya había acabado la sopa se levantó al instante y dio un grito de dolor llevándose las manos a su vientre. Oswaldo se apresuró a tomarla en sus brazos y moviéndola le gritaba “¡Margarita! ¡Margarita!”, pero ella no respondió. Ya estaba muerta.

Al fondo se escuchó como se cerró la puerta, pues Emy huía de la casa apresuradamente, una vez estando en la calle corrió hacia la avenida ancha y le hizo la parada al primer carruaje que paso por ahí.

La Sra. Paty corrió atrás de ella, y lo único que alcanzó fue una carta que Emy tiró al bajar las escaleras, la llevó dentro y se la entrego al Sr. Oswaldo.

La princesa Margarita tuvo un funeral lleno de personas, flores hermosas y a lo lejos tocaban “El lago de los cisnes”; su esposo realmente sufrió por su pérdida puesto que en verdad la amaba, esa noche al regresar a casa después de haber enterrado a su bella esposa, se dio una ducha caliente y antes de meterse a la cama recordó la carta que la Sra. Paty le había entregado, decidió ir a su despacho y leerla.

Fuiste el primer hombre al que besé y te creí cuando me prometiste nupcias, pero al verte llegar con ella, recién casados, me di cuenta que únicamente jugaste conmigo, quiero que sepas que me arruinaste y es por eso que yo te arruino a ti, quitándotela a ella y maldiciendo tu amor. No podrás casarte con nadie más, pues cuando una mujer se te acerque con intenciones de amor, verán a través de tu mirada el miedo, lo infeliz que es tu corazón, yo estaré en soledad lo que me resta de vida, pues en estos tiempos nadie voltea a ver a una desdichada, ese será mi castigo por haberte amado.

Después de terminar de leer la carta, la arrugó y dio un grito desgarrador. La Sra. Paty entró de inmediato y él le dijo: –saldré a hacer justicia.  

Subió a su caballo y partió sin rumbo, hasta que recordó las caricias furtivas en la cabaña del viñedo. Se apresuró y la encontró sentada con la cabeza baja.

–Te odio, ¿por qué lo hiciste? Te haré pagar. –Ella subió la cara y con una media sonrisa le respondió.

–Ya lo pagué por adelantado, cuando decidí creer en tu amor. –Emy se abalanzó contra él empuñando un puñal, Oswaldo le sostuvo la mano y logró quitarle el cuchillo, a la fuerza la sentó y llamó a la policía.

La policía no tardo en llegar al lugar y se llevaron a Emy, le dieron 10 años de prisión acusada de asesinato.

Pasaron varios meses y Oswaldo no podía con la culpa de que Emy estuviera presa, así que fue a visitarla a la cárcel. Durante varios años la visitó, hasta que Emy salió bajo fianza por buena conducta, durante ese tiempo el Sr. Oswaldo se encariñó con Emy y le propuso por segunda vez que se casara con él.

Emy creía que para ella ya no habría otro destino que morir sola, pero, las palabras del Sr. Oswaldo le llenaron nuevamente el corazón de esperanza y amor.

Emy comenzó a tomar clases y en ese trayecto conoció gente, hizo amigos y hasta le parecía atractivo Octavio un joven cadete, inteligente y guapo. Comenzaron a salir y Emy cayó en cuenta que estaba enamorada de Octavio y no del Sr. Oswaldo.

Una mañana Emy ya no podía con ese sentimiento y fue a buscar a Oswaldo para decirle que cancelara la boda, que ella ya no lo amaba y que quería que la dejara ser feliz con Octavio. Oswaldo no se esperaba una noticia así y quedó perplejo al escuchar a Emy, pero notó en Emy tanta verdad, que la dejó ir.

Emy se casó con Octavio y abandonaron el pueblo.

El mar se fue de pronto

El mar se fue de pronto

El mar se fue de pronto. Un hombre está gritando. Dice que el agua volverá y al volver nos matará a todos. Está gritando. Quiere que corramos, que huyamos a las montañas. Algunos lo escuchan y corren. Los niños comienzan a llorar.

Yo solo me siento extrañado. No puedo mentir, también algo inquieto. Pero, ¿Qué le pasa a este hombre? ¿Por qué grita? ¿Qué gana este hombre sembrando el pánico? ¡Estábamos tan tranquilos! Volteo y veo tranquilo al sabio del pueblo, un anciano venerable que siempre ha guiado nuestro pueblo. La paz es la máxima que vive y predica a todos los que lo seguimos. No tiene caso preocuparse de más en esta vida. Verlo me tranquiliza casi del todo, solo queda un pequeño nudo en el fondo de mi estómago.

Ya muchos han corrido, uniéndose a los gritos del hombre alarmista, huyendo como si hubieran visto un espectro. El sabio levanta entonces la voz:

“¡No teman, hijos míos! El mar siempre ha sido amable con nosotros, ¿Por qué habría de ser distinto ahora? ¿Quién es este hombre que grita y vocifera para que le presten oídos? No dejen que el mal espíritu entre en ustedes. Mantengan la calma. Nada puede turbar el interior de quien en verdad vive en paz.”

Sus palabras me tranquilizan. Ahora que oigo al sabio sé que todo estará bien. No sé cómo pude dejarme turbar por el teatro de este loco.

“¡Escuchen, por favor! Sé que no me conocen. Soy extranjero, extraño en medio de ustedes, pero les suplico que crean cuando digo que lo que viene nadie puede detenerlo. El mar que ahora se ha retirado volverá con fuerza despiadada sobre ustedes y sus familias. ¡Huyan ahora que pueden!”

“¿A qué viene todo esto, insensato? ¿Quién te dio autoridad para hablar así? ¿Acaso has visto alguna vez al mar volcándose sobre la tierra, como dices?”

“Nunca con mis ojos, pero he visto lo que viene después. Conocí un pueblo, haya en el sur, que sufrió algo parecido; pocos sobrevivieron. Cuando llegué tenía no más de dos días de sucedido. Con mis propios ojos vi las casas destruidas y la tierra transfigurada en caos y escombros. También crucé caminos con un hombre de Oriente, habitante de una isla, que tuvo que salir de su hogar porque todo fue arrasado por el mar.”

“¿Y qué tienen que ver tus cuentos con nosotros?”

“Las dos historias comenzaron como ahora, con el mar retirándose de pronto.”

“¡Bah, necio tú y necio quien te escuche! Quieres sembrar el terror entre nosotros con tus historias disparatadas. ¡Largo de aquí, forastero! ¡Corre, ve a tu montaña! En este pueblo somos hombres de paz. En paz vivimos y en paz seguiremos, aquí, en nuestra playa. El mar se fue, ¿y qué? ¡Ya volverá!”

“¡Oh, sí que volverá, pero no como imaginas!”

“¿Quién ha oído que el mar ataque la tierra? ¡Fuera, largo ya! ¡Vete de aquí con tus fábulas!”

“¡Allá tú y los que te escuchen, anciano idiota! ¡Me voy! Quien ame su vida y quiera conservarla, venga ahora conmigo. ¡Nadie diga que no quise advertirles!”

Corre entonces el forastero y corren detrás suyo unos pocos más, dominados por el miedo.

Nuevamente entra la duda a mi corazón. Este forastero… ¿dirá la verdad? No, imposible. El sabio no puede estar equivocado. Debo ser fuerte. Debo luchar por guardar la paz. Aquí me quedaré, al lado del maestro.

Pasa el tiempo y nada pasa. Todo está en paz.

Pasa un poco más de tiempo y se ve entonces algo en el horizonte, allá lejos. Una línea azul.

“¿Qué es eso?”

“¡Es el mar, que vuelve!” grita una voz alegre

“¿Ven ahora, hijos míos? Nada había que temer.”

Todo puede suceder

Por Agustín Galindo Álvarez Malo

Un niño que llevaba sin hacer tres tareas de forma consecutiva hizo su tarea, porque a la cuarta falta de tarea sería sancionado con una suspensión.

Mientras el niño pasaba al baño, su perro se metió a la casa y se comió solo la hoja del cuaderno en la que estaba la tarea, pero el niño no se dio cuenta de lo ocurrido.

Al día siguiente quiso mostrar la tarea, pero la hoja había desparecido, y el niño fue suspendido. Como la casa del niño estaba muy cerca, decidió regresar caminando y de camino se encontró con un perro callejero, y como estaba enojado le pisó la cola. El perro se enojó y lo empezó a perseguir y al pasar junto a unos botes de basura, el perro se estrelló con uno y lo tiró. Y como había muchos botes de basura en fila se cayeron todos como piezas de dominó causando un gran estruendo.

Los policías que estaban patrullando la calle fueron a ver qué había causado el estruendo, y también llamada por la curiosidad llegó la mayor banda de criminales de la ciudad. Se encontraron amobs grupos y hubo una gran batalla que iban ganando los ladrones, hasta que llegaron los refuezos y los policías ganaron.

El niño fue premiado por atraer a la banda a salir de sus escondites y los cirminales fueron apresados. Por eso, cuando el niño por fin llegó a su casa sus papás lo felicitaron y se olvidaron de su suspensión.

Nadie es invencible

Ya estábamos hartos. Todos los recreos eran lo mismo con Octavio. Sus zancadas de mamut sacudían todo el polvo del patio mientras pedía a cada miembro del grupo un arancel de bocadillos para saciar su hambre prehistórica. Si vieran lo flaquito que me había puesto por no comer bien, porque a mí era el que me quitaba todo el sandwich de huevo con longaniza que con tanto amor me preparaba mi mami. Pero ya no lo iba a permitir, tenía un plan. Me acabé a bocaditos mi sandwich durante las clases y sólo dejé uno especial que había preparado con todas las salsas habidas y por haber que me encontré en mi casa.

Llegó la hora. El mastodonte caminaba por la llanura. Yo no esperé mucho. Valientemente, lo intercepté y le ofrecí mi comida. Él me la arrebató de un golpe y se la metió toda en su boca de rana. Sus ojos casi se le salían. Escupió mi trampa y se fue corriendo a los baños a quitarse el picor con un buche. Todos reíamos. Sin embargo, el júbilo duró poco. La bestia trotaba fúrica desde lo lejos con las carnes zangoloteándole por todo el cuerpo. No lo pensé dos veces y me eché a correr. Corrí y corrí sin mirar atrás. Creo que le di como ocho vueltas a la escuela. De pronto, choqué y caí al suelo. Me levanté rápido y miré con asombro que había colisionado con el mismísimo Octavio, quien sólo había podido arrastrar su humanidad durante medio pasillo antes de desfallecer en el piso ¿Por qué nunca lo pensamos?

A partir de ese día, nunca más volvió a quitarnos la comida, sólo teníamos que correr tres cuartos de pasillo, y él se quedaría tirado todo el resto del recreo. Tuvimos un final feliz. Lo malo es que nuestra estrategia tenía un límite. Cuando nuestro amigo se vuelva más rápido gracias a la dieta y el ejercicio al que lo sometimos, necesitaremos otro plan.

Your favorite writer

¿Español?

It has been five years since Alberto decided to become a poet. He wanted to leave the rough world of advertising and design. This was thanks to the fact that he rescued a photo of his late mother, where she appeared lulling him with poems by Antonio Machado and Xavier Villaurrutia. He explored the depths of his experiences, read books on mythology and history from all over the world and found some symbolism that he developed during a whole collection of poems.

His goal was not to send his texts to contests. He did not trust the judgments of those elites and governments whose prizes seemed to have already been arranged in advance. He decided to jump straight to the people and put together a whole performance on his social networks. However, he soon realized that, as a writer, he didn’t generate the hook for people to pay attention to him. Moreover, his writings seemed an anachronism with respect to the trends of the literary market. He was a dull boy who had a happy childhood that does not sell or is not usually preserved in today’s scholarly libraries. 

He decided to invent a character: Albermus. A sordid son of a prostitute who had to sell drugs to pay for his studies and read most of the dilapidated books in public libraries. His years of advertising had to be worth something.

The success was immediate. The stories of this character were very attractive and brought instant traffic. He soon saw how this avatar had brought him out of anonymity and made him an interesting person for all kinds of outreach materials. 

One night, while writing an autobiographical book for a publisher who contacted him, he realized he was out of coffee, and went out to buy a packet at the store. No one attended to him. Everyone ignored him as if he were a ghost. He returned intrigued and admired to his horror that Albermus was in the room rewriting the book.

When Mexico started the war

¿Español?

—What?

—Get up! The bell rings. The priest is calling to mass.

—What? But have you seen the time? Why is he calling us?

—It must be something terrible.

The husband looked at his wife, caressed his head and embraced her tenderly when he saw her tremors.

—Calm down.

The husband and wife and the rest of the people arrived at the parish of the town of Dolores. The woman trembled and held her husband’s hand tightly.

—What’s the matter with you?

—Did you see who is there?

—Well, the priest, who else?

Few knew that the gods had become angry with the priest for wanting to change the necessary course of history to rescue the king of Spain. Therefore, they banished him from the earth and, as punishment, put in his place a former prisoner to lead the people in a bloody war. Everyone, except the woman, listened attentively to what that impostor (called Sisyphus in old times) commanded. 

MDNMDN