Conexiones panaderas

Conexiones panaderas

Por Víctor Elguea

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Estimados lectores, hace unos pocos días llegó a mis manos, como un regalo de mis padres, una bolsa de papel que contenía en su interior un delicioso bollo llamado “chocolatín”. Este hecho ordinario me llevó a escribir las conexiones existentes entre este delicioso manjar de trigo y la historia que les comparto. En verdad les digo que soy un glotón.  He comido decenas de veces esta pieza de pan, pero ninguno como este. La belleza exterior me volvió dubitativo para decidir si algo tan sublime debía ser devorado por las fauces del homo sapiens que suscribe. He de advertir que las tribulaciones fueron cortas e hinque el diente en el panificado tras tres segundos de acalorado debate interior para descubrir que existía una proporción directamente proporcional entre el elemento exterior con el interior: sublime en diseño y en sabor.

Este frenesí de sabor y textura alimentó mi curiosidad de conocer el origen de este delicado bizcocho. En la pesquisa descubrí la relación entre éste y los austriacos. El Chocolatín está clasificado dentro de la panadería vienesa, conocida como Viennoiserie. Nuestro invitado está elaborado con masa de trigo y mantequilla, el amasado requiere destreza y dedicación del artesano panadero para ser de calidad, a fin de lograr el esponjado en capas que se entrelazan al contacto de calor del horno.

Antes de dar a conocer las conexiones históricas, quisiera comentar al lector, que el pan que llegó a mis manos denotaba el esmero y labor de quién conoce el oficio gastronómico y no es tentado a la charlatanería de las cadenas de hamburguesas que venden productos cuyas fotografías no son acordes a lo que recibe el comensal.   

En mi boca, el chocolatín, transformó mis sensaciones, se dirigió a mis cinco sentidos y despertó mi curiosidad. Tras investigar, descubrí que el método de elaboración es concomitante con otro de los panes más famosos del mundo: el Croissant.

He notado que tanto el  chocolatín como el croissant están hechos con la misma masa de lo que en México conocemos como Cuernito. 
El croissant y el chocolatín no sólo comparten casi la misma receta, sino que su conexión es de origen histórico.

El croissant se remonta a Viena en los postrimeros años del siglo XVII. La batalla de Kahlenberg, o segundo sitio de Viena, tuvo lugar los días 11 y 12 de septiembre de 1683. El Sacro Imperio Romano Germánico y la Liga Santa (Mancomunidad de Polonia-Lituania) resistieron por dos meses el asedio de las tropas otomanas, antes de que se librara esta batalla. El rey Leopoldo, de Polonia, decidió intervenir en la cruzada para prever que una ciudad cristiana cayera bajo el dominio musulmán. El éxito de la batalla por parte de los defensores evitó el avance del Imperio Otomano en Europa.

Pero ¿qué relación hay entre esta batalla y el croissant?

La leyenda cuenta que fue creado para conmemorar el levantamiento del sitio que el ejército otomano ejercía en la ciudad en 1683. Los panaderos vieneses, que laboraban en la noche, descubrieron que los turcos estaban cavando túneles bajo las murallas para entrar sin ser vistos; dieron la voz de alarma, y así impidieron el asalto y salvaron a Viena de sucumbir ante el invasor.

Ante tal éxito, el rey de Polonia y Lituania, encargó a los panaderos la creación de un pan con la forma de luna en cuarto creciente, emblema de los turcos y así surgió el kipferl, y sus posteriores variaciones: croissant, cornetto, brioche, cuernito y chocolatín.
Si la leyenda es cierta y los vieneses no hubiesen ganado, quizá el croissant no existiría como lo conocemos.

Afortunadamente, este bollo, fue posteriormente introducido a la corte francesa por María Antonieta de Austria en 1770. De ahí que pueda desatar confusiones sobre su origen francés.

August Zang, un pastelero austriaco, abrió en 1838 su panadería en París: la Boulangerie Viennoise, y entre todos los bollos se encontraba el Kipferl. Pronto la panadería vienesa y su variedad de bollos y pasteles se volvieron muy populares en París.

Consistencia de la masa del Kipferl.

Es hasta 1920 cuando aparece el croissant tal y como lo conocemos ahora: los panaderos parisinos remplazaron la masa original por una de hojaldre con manteca, que es un orgullo de la panadería francesa para el deleite de la humanidad.

Lo antes narrado, fue un acontecimiento para mí, porque había vivido engañado durante mi media centuria de vida pensando erróneamente que el croissant era de origen francés y que su forma era en alusión a las cornamentas del ganado vacuno. 

Ahora, cuando el lector coma un croissant evocará en su imaginación la media luna de la bandera turca y el origen austriaco de este bollo.

Homo religiosus:  Un acercamiento al ser humano y su relación con lo divino

Homo religiosus: Un acercamiento al ser humano y su relación con lo divino

Por Daniela Cruz Guzmán

«Entre otras cosas, la religión es también investigación: investigación sobre, conducente a teorías acerca de, y acción a la luz de… la experiencia no sensible, no física, puramente espiritual.» 

Aldous Huxley

Desde que el ser humano se concibe como homo sapiens, incluso ya desde el homo erectus, ha estado estrechamente ligado al núcleo de lo trascendente, su inquietud hacia la incertidumbre de la vida y el mundo que habita no ha mermado hasta nuestros días, ni lo hará en escenarios futuros. Las grandes preguntas que surgieron en las mentes de nuestros ancestros son las mismas preguntas que hoy en día seguimos haciéndonos, y es justamente en este marco de pensamiento en el que podemos asociar al ser humano con la esfera de lo divino. Debemos aclarar que, para explicar este fenómeno único e intrínseco en el hombre, existen varios términos que bien podríamos asociar, como santo, sagrado o espiritual, sin embargo, cada uno de estos conceptos tiene una carga y un marco histórico distinto, por esta razón es preferible utilizar un término que ofrezca un sentido más universal: lo divino.

Lo divino nos remonta a un poder trascendental y su manifestación en el mundo, aunque no por ello se presupone la existencia de uno o varios dioses; a su vez, también puede ser relativo a deidades sin hacer referencia a una religión en específico, pero sí a ciertas prácticas o cultos que los seres humanos llevan a cabo para relacionarse con la vida misma. No pretendo analizar una religión en particular, sino más bien al sentido religioso que es tan propio de lo humano, lo divino nos brinda la posibilidad de explorar este sentir sin ninguna connotación dogmática. Lo religioso se puede explorar desde dos perspectivas: la antropológica y la etimológica. 

Imagen: Pexels

Nos dice Julien Ries que desde el homo erectus el ser humano ya era poseedor del fuego, lo cual representó un gran paso en la historia humana porque este elemento fue la primera fuente de energía dominada por nuestra especie, lo que se reflejó en las relaciones familiares y sociales como religiosidad, pues ya se pueden rastrear algunos rituales relacionados con el fuego. También podemos hablar de una creencia después de la muerte, puesto que se descubrieron cráneos mutilados que evocan rituales relacionados con este acontecimiento. Es decir que, desde muy temprano en nuestra historia, el ser humano ya se identifica con un sentir religioso que tiene que ver con la vida, la muerte y la técnica. Quizá la relación más estrecha entre la especie humana y lo divino encuentra su núcleo más allá de nuestro horizonte: en la bóveda celeste. 

La internalización de la bóveda celeste implicó en nuestra especie un crecimiento psíquico, intelectual y religioso, ya que tanto el homo erectus como el homo sapiens poseían una visión bien establecida acerca del cosmos en la que éste funcionaba como el techo de la tierra. La observación del cosmos, el cielo, los amaneceres y las puestas del sol, el movimiento que da paso a las estaciones, la sucesión del día y la noche, entre muchos otros fenómenos encaminaron al hombre hacia un pensamiento religioso. Relacionar la naturaleza con lo divino es el efecto de las grandes preguntas ontológicas a las que seguimos buscando una respuesta. En este seno surgen los mitos, sobre todo los cosmogónicos y los que tienen que ver con el origen, que reflejan ya una memoria religiosa en la que la trascendencia es parte fundamental del conocimiento de la vida. Lo religioso, no  hace referencia a un culto en particular o congregación, sino al motor inherente del hombre que lo conecta con el mundo que habita y que comienza a descifrar. 

Citando a Francisco Diez, lo que entendemos por religión tiene mucho que ver con el «nosotros», con la identidad que se enseña y se construye socialmente, por lo que tendemos a definir la religión según las pautas que nos marca nuestra cultura. 

Pero el fenómeno religioso adopta formas muy variadas, por lo que definirlo parece una tarea imposible, pues el significado sobrepasa a la definición, de modo que debemos permitirnos la apertura hacia la comprensión de su universalidad. El sentido etimológico de la palabra nos ofrece esta apertura.

El concepto de religión tiene dos acepciones que provienen del latín, religare  y relegere, una ofrecida por Cicerón y otra por Lactancio, el primer término debemos entenderlo como «estar ligado o sujeto a» y el segundo como «reunir de nuevo»; ambas acepciones, por tanto, nos revelan una experiencia de vida que está llena de sentido para el que la experimenta, no hay un abandono de la realidad, sino una manera cuidadosa de comprender la naturaleza a través de una o varias figuras trascendentes, que pueden ser deidades o no,  y que son las que sostienen al mundo:

«Religare tendría que ver con el territorio íntimo de piel para dentro, relegere se referiría a aquello que crea lazos con lo que está fuera, ya se trate de lo social o, desde una lectura creyente, de algún ser sobrenatural. Esta referencia a la etimología no es mera divagación erudita, ejemplifica que, desde una época remota, quedaba de manifiesto que la religión aparece en dos ámbitos muy diversos, aunque interconectados. Por una parte, el que radica en el interior, hecho de silencios… Por otra el exterior, que interconecta con los demás, se caracteriza por ser expresión, se construye por medio de acción y práctica social…» 

Diez de Velasco, Breve historia de las religiones, op. cit., pp. 10-11. 

El término religión responde a la estrecha relación que el ser humano ha mantenido, desde que es consciente de su existencia, con el mundo y el cosmos, sin importar la creencia, culto o práctica a la que pertenezca. En este contexto llamamos al hombre religioso y a su relación con lo trascendente lo divino. 

Esta relación que se presenta tan personal e íntima, el ser humano desarrolla una comunicación dialéctica que se presenta ad intra en primer lugar y posteriormente ad extra: La apertura de la consciencia al mundo implica que el hombre se pregunte quién es, cuál es su lugar en el mundo, cuál es el sentido de la existencia, si tiene un lugar en el cosmos y cómo debe relacionarse con éste; cuestionamientos que lo hacen percatarse de su propia humanidad, ad intra, y de lo que está fuera de él, ad extra. 

Plantearse proposiciones de esta índole le permiten al ser humano formular un sentido de la vida que quizá no concebiría sin la internalización del mundo como espacio sagrado, ahí donde la naturaleza se presenta como poseedora y encarnación de lo divino, y en la cual el hombre puede desplegar su existencia como individuo pero también como parte de algo que es superior a él y lo rebasa. 

El hombre habita el mundo y sin importar el tiempo en el que se encuentre, se sabe como parte de un cosmos que no logra comprender en su totalidad, necesita vincularse a éste, sentirse parte de él, se siente ligado al cosmos, similar y parte constitutiva.  El ser humano se relaciona con el entorno desde la religiosidad, entendida como una orientación fundamental del ser humano, a la que algunos llaman espiritualidad, creencia o filosofía de vida. 

La relación entre el ser humano y lo divino es un vínculo intrínseco que lo atraviesa desde sus orígenes hasta nuestros días, y que no sólo responde a la manera en la que el hombre interactúa con el espacio que habita, sino también con su desenvolvimiento dentro de la sociedad a la que pertenece, pues en su reconocimiento frente al otro descubre una conexión que da sentido a la vida, a la muerte y a su propia existencia. 

Sin importar el tiempo o el lugar en el que el ser humano se encuentre, éste concibe la realidad como algo que nunca termina de asir y que, aunque tengamos respuestas que aparentemente son lógicas y verdaderas, el misterio de lo sobrehumano y trascendente permanece. El cosmos es un espacio divino que nos permite desdoblarnos hacia dentro y hacia fuera repetidas veces y sin fin en un ejercicio de contemplación acerca de nuestro valor en el mundo y nuestra razón de ser.

El término homo religiosus, hombre religioso, no responde al creyente de algún dogma o al practicante de alguna corriente espiritual, sino al género humano en su totalidad, como ser que se vincula de manera simbólica primero consigo mismo y, posteriormente, con el mundo, los astros y lo que está más allá de su propio entendimiento. En tanto que las preguntas ontológicas fundamentales de nuestra especie sigan sin obtener una respuesta satisfactoria, incluso científica, nuestra vinculación con la trascendencia seguirá arraigada a un espacio que ya hemos establecido como divino y sí, también sagrado. 

Nuestra propia existencia se nos presenta como sobrenatural, como el mayor de los misterios jamás resuelto, pero que esconde su respuesta en las manifestaciones de la naturaleza proyectada hacia el cosmos y alojada en nuestro interior. 

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Cuando la gente piensa en México, a la mayoría le viene a la mente su rica cultura y tradiciones. Los mexicanos deben muchas de éstas al enriquecedor encuentro que se produjo entre los españoles y las culturas indígenas. Sin embargo, hay quienes piensan que México fue una colonia española con una situación similar de los países africanos bajo el dominio europeo, pero tal idea es completamente errónea y absolutamente ignorante de la historia mexicana. 

Si pensamos en una relación en cierta forma perjudicial para México, deberíamos re-enfocar nuestra mirada hacia sus vecinos del norte. Pero, ¿por qué es así? ¿Acaso los españoles no mataron a gran parte de la población indígena? ¿Qué no invadió Estados Unidos a México una sola vez? 

Las diferencias entre estos dos países son más profundas que la evidente diferencia socioeconómica y la “oposición entre desarrollo y subdesarrollo, riqueza y pobreza, dominación y dependencia”, afirma Octavio Paz en el texto Posiciones y contraposiciones: México y Estados Unidos. Para comprender la compleja relación entre México y Estados Unidos y las profundas diferencias entre ambos, es necesario retroceder en el tiempo. 

La oposición entre México y Estados Unidos es antigua y se remonta a la América precolombina. “El norte del continente estaba poblado por naciones nómadas y guerreras; Mesoamérica, en cambio, conoció una civilización agrícola, dueña de complejas instituciones sociales y políticas”. Unos pobladores eran cazadores y otros, agricultores. Esta división influyó enormemente en las políticas de los ingleses y los españoles hacia los nativos americanos.

Las diferencias entre los ingleses y los españoles que respectivamente fundaron «Nueva Inglaterra» y «Nueva España» también fueron decisivas: “en Inglaterra triunfó la Reforma mientras que España fue la campeona de la Contrarreforma”. Conquista y evangelización, ambas palabras profundamente españolas y católicas, describen mejor lo que ocurrió en México. La expansión colonial de Inglaterra no tuvo relación con ellas.

El catolicismo traído a México por los españoles estuvo lleno de asimilación y hubo una mezcla de culturas. De la cultura indígena, México conservó: la familia, la amistad, las actitudes hacia el padre y la madre, la imagen de la autoridad y el poder político, la visión de la muerte, el trabajo y la fiesta. De la cultura española, México conservó: la lengua, la religión, las instituciones políticas y el espíritu aventurero y valiente. México es una nación nacida de dos civilizaciones con un rico pasado, tanto de los indígenas como de los españoles. 

Por el contrario, en Estados Unidos no hay ningún elemento indígena. La mayoría de los nativos americanos fueron exterminados, y los pocos que quedaron fueron recluidos en «reservaciones». Como escribió el premio Nobel mexicano Octavio Paz, “los Estados Unidos se fundaron sobre una tierra sin pasado”. Estados Unidos no tiene raíces, y exactamente lo contrario ocurre con México, que tiene una herencia muy vasta. En uno de sus ensayos, Octavio Paz sugiere que la actitud del catolicismo hispano es incluyente, y la del protestantismo inglés es excluyente: asimilación vs. segregación.

Otra oposición significativa se relaciona con la actitud de cada nación hacia el trabajo y la fiesta. Para la sociedad novohispana, el trabajo no redimía, y el trabajo manual era servil. El hombre superior mandaba, contemplaba y disfrutaba. El ocio era noble. Y si se tenía riqueza, se construían iglesias y palacios y se hacían grandes celebraciones. Por el contrario, la sociedad protestante de Estados Unidos, afirmaba el valor redentor del trabajo y rechazaba el valor de la fiesta. Para los puritanos, el trabajo era redentor porque liberaba al hombre, y esa liberación era una señal de la elección divina. 

La sociedad mexicana era muy heterogénea, por lo que requería un gobierno central fuerte controlado por el monarca español y la Iglesia católica. La situación de Estados Unidos era diferente. Las pequeñas comunidades coloniales eran más bien homogéneas, y las instituciones democráticas podían florecer allí más fácilmente. 

Para Octavio Paz, el mayor contraste entre estos países es su posición respecto al tiempo. Estados Unidos es una sociedad orientada hacia el futuro. “El norteamericano vive en el límite extremo del ahora, siempre dispuesto a saltar hacia el futuro. El fundamento de la nación no está en el pasado sino en el porvenir… su acta de fundación, fue una promesa de futuro”. La posición de México es justo la contraria. “[E]l ideal fue perdurar a imagen de la inmutabilidad divina… pluralidad de pasados, todos ellos presentes y combatiendo en el alma de cada mexicano… La utopía, para ellos, no consistía en construir el porvenir sino en regresar al origen, al comienzo.”

Estas historias y caminos distintos han hecho que ambos países sean profundamente diferentes. Sin embargo, hay que decir que la sociedad mexicana era más rica y próspera que la estadounidense hasta finales del siglo XVIII. Pero todo cambió…

Justo después de la independencia de México, Estados Unidos, comenzó a perturbar aún más la inestable situación de la nueva nación. Una de las figuras más oscuras del imperialismo estadounidense y uno de sus mejores espías y alborotadores fue Joel R. Poinsett, el primer agente especial estadounidense en Sudamérica y ministro plenipotenciario de Estados Unidos en México. Era un oficial protestante, masón, anticatólico, antihispano, antimonárquico, codicioso y de mente clara, decidido a obtener el mayor beneficio para Estados Unidos de la situación política mexicana. Podríamos decir que era bastante anti-mexicano.

Fue enviado a promover un ajuste fronterizo que concediera a Estados Unidos dos tercios del territorio mexicano. Por supuesto, su petición fue denegada. Pero tras sus intentos fallidos, optó por una estrategia diferente: dividir a los mexicanos y fomentar intrigas entre ellos. Para ello, estableció las logias masónicas, que desde entonces han manejado y desgraciado a los gobiernos mexicanos. Además, fomentó la «leyenda negra» antiespañola que dice que los españoles solo robaron y asesinaron a las grandes culturas indígenas. Pero esto no es preciso. La nación mexicana es mestiza, lo que significa que surge de la mezcla de españoles e indígenas. Por supuesto hubo algunos abusos, pero el balance es más positivo que negativo. La situación en México propició los primeros desarrollos de la noción de los derechos humanos por parte de los misioneros religiosos y México no tuvo esclavos como Estados Unidos porque sus ciudadanos eran súbditos directos del reyes españoles como lo pidió la reina Isabel desde que Colón descubrió estas tierras. 

Las malas intenciones de Poinsett también fomentaron la expulsión de los españoles que quedaban, lo que produjo una mayor crisis en México en muchos sentidos: hubo una pérdida de población en varias regiones que quedaron como presa fácil para americanos ambiciosos, una pérdida de capital e industria necesarios para el desarrollo del nuevo país, y la pérdida de muchos sacerdotes y misioneros. Finalmente, se pidió la expulsión de Poinsett del país por toda la inestabilidad que estaba provocando. Pero en 1847, Estados Unidos invadió México, lo ocupó y le impuso terribles y pesadas condiciones de paz. Fue la guerra mexicano-estadounidense en la que Estados Unidos obligó a México a ceder más de la mitad de su territorio. La codiciosa expansión territorial del presidente Polk dejó a México con una agitación interna peor, muchas vidas perdidas y un sentimiento nacional en un estado de degradación y ruina.

Durante gran parte del siglo XIX, México sufrió guerras civiles, y los liberales mexicanos (principalmente masones dejados por obra de Poinsett) trataron de implantar una república democrática enfrentándose a la Iglesia católica. Esto supuso una ruptura radical con el pasado y produjo más división interna. Esta ruptura con la Iglesia hizo colapsar la educación y produjo que mucha gente quedara analfabeta y pobre. Las guerras acabaron produciendo el militarismo que llevó a la dictadura del presidente Díaz, que a su vez condujo a la Revolución Mexicana, que no pudo implantar una verdadera democracia sino sólo un régimen autoritario con una máscara de democracia. La desigualdad social y la acción de los monopolios económicos, entre ellos los de Estados Unidos, han dificultado desde entonces en gran medida el desarrollo de México. 

Hasta estos días, la injerencia estadounidense en la política mexicana continúa pero se ha transformado en la presión económica de las grandes empresas y su poder para manipular y abusar de las frágiles instituciones mexicanas corroídas por la corrupción. Además, Estados Unidos abusa de alguna manera de la dependencia de su vecino del sur y se aprovecha de la mano de obra barata sin proporcionar derechos laborales ni seguridad a las familias de los empleados. 

Una situación particular de injusticia en las relaciones México-Estados Unidos que puede ser retratada como una «sombra global» es la relacionada con la guerra contra las drogas. Es una sombra multifacética de poder, privilegio, inconsistencia e irresponsabilidad porque el gobierno de Estados Unidos ha avanzado poco en la reducción de la demanda y el consumo de drogas ilegales. Esto ha fomentado el crecimiento del mercado de las drogas, lo que detona también el crecimiento de los cárteles y desencadena muchos círculos viciosos al mismo tiempo. La violencia del narcotráfico destruye las comunidades y muchos jóvenes mueren por la violencia relacionada con las drogas o por sobredosis. Las madres tienen que trabajar en fábricas (lejos de sus casas) para mantener a sus hijos, y mientras tanto, los niños quedan solos a merced de los cárteles de la droga que los enrolan para su negocio. El consumo de drogas es un mal social, pero los más afectados son los más vulnerables. A Estados Unidos parece importarle sólo su beneficio económico y se lava las manos proporcionando más armas para combatir a los cárteles, pero no hace nada para solucionar el vicio de sus ciudadanos que causa todos los problemas. Mientras tanto, además de todos sus problemas, México mismo se está convirtiendo en un consumidor de drogas, y la legalización de la marihuana en algunas jurisdicciones estadounidenses ha empujado a las organizaciones del narco a concentrarse en drogas más duras.

Una solución podría ser reducir el consumo mediante campañas serias y no fomentar más el consumo mediante la legalización de las drogas. Hay que cambiar la cultura. La enfermedad de Estados Unidos es moral, y su hedonismo es otra cara de la desesperación. El libertinaje no es libertad. La libertad no es hacer lo que uno quiera. La verdadera libertad es hacer el Bien. Enseñemos a nuestros jóvenes a usar su libertad para servir al prójimo con amor.

Los defensores de la legalización de las drogas dicen que se erradicará el mercado negro, pero bien podrían seguir vendiendo marihuana a menor precio y a los menores de edad. NO a la marihuana y SÍ a la educación. Al buscar el bien común, el Estado debe proteger a sus ciudadanos. Ejerciendo la verdadera libertad, uno no se perjudica a sí mismo ni a los demás…  

El genial Octavio Paz termina su perspicaz ensayo sobre México y Estados Unidos –publicado en The New Yorker en 1979– con una advertencia que sigue siendo válida hoy: 

“Hoy los Estados Unidos se enfrentan a enemigos muy poderosos pero el peligro mortal no está fuera sino dentro: no es Moscú sino esa mezcla de arrogancia y oportunismo, ceguera y maquiavelismo a corto plazo, volubilidad y terquedad, que ha caracterizado a su política exterior en los últimos años … Para vencer a sus enemigos, los Estados Unidos tienen primero que vencerse a sí mismos: regresar a sus orígenes. Pero no para repetirlos sino para rectificarlos: el otro y los otros —las minorías del interior tanto como los pueblos y naciones marginales del exterior— existen. Si los Estados Unidos han de recobrar la entereza y la lucidez, tienen que recobrarse a sí mismos y para recobrarse a sí mismos tienen que recobrar a los otros: a los excluidos del Occidente”.

Octavio Paz, «Reflections Mexico and United States».

La frase «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los estados Unidos» se atribuye a Porfirio Díaz.

Quemar las naves: el camino hacia la muerte

Quemar las naves: el camino hacia la muerte

Una de las pocas certezas de esta vida es que moriremos. Inevitablemente y a pesar de todo, nuestros cuerpos se dirigen día con día hacia la muerte. Somos conscientes hasta cierto punto de nuestra finitud.

En algunas culturas la muerte está más presente que en otras. No sólo por la violencia que se nos presenta en las noticias. Pero las muertes son más que una estadística, cada número corresponde a un nombre y a una historia.

La tradición cristiana –en todo el mundo- recuerda a los difuntos el 2 de noviembre; en México se celebra como en ningún otro lugar el Día de muertos e incluso en el pequeño pueblo de Toraja en Indonesia tienen una concepción de la muerte muy particular. Cada año, en agosto, exhuman los cuerpos momificados, les cambian las vestiduras y se fotografían con ellos. Este ritual –Ma`Nene– es llamado “cuidar a los antepasados”. Para ellos la muerte es un proceso largo; cuando alguien muere no se entierra inmediatamente, sino que se coloca un poco de formol al cadáver y permanece el tiempo que la familia decida –a veces casi un año- como un habitante más de la casa y como si solamente estuviera descansando, los visitantes, le llevan comida y cigarrillos. Una vez que están listos para realizar los funerales, sacrifican un gran número de cerdos y búfalos para que el difunto pueda llegar al más allá.

En algunos sitios es más fácil ser consciente de que la vida es efímera. Sin obsesionarnos con los aspectos tétricos de la muerte, podemos reflexionar y meditar sobre un suceso al que nos enfrentamos cada día en nuestra propia carne y con aquellos que nos rodean. La meditatio mortis no tiene desperdicio, nos prepara para afrontar la muerte.

Sin embargo, desde hace algunos años vivimos como si la muerte no existiera. El “comamos y bebamos que mañana moriremos” (Is. 22:13) ha devenido en un hedonismo desbordado que rinde culto al cuerpo y la personalidad. Hay que matizar: no a todo cuerpo, sino a aquellos cuerpos fuertes, sanos, jóvenes y bellos. De pronto ya no es gozar porque mañana moriremos, sino que eliminamos la última parte, jugando a ser inmortales. 

El fenómeno de ocultar la muerte lo observamos cotidianamente: en los empaques de huevo, leche y carne nos presentan animales en prados, sin sufrimiento y –por qué no- alegres, pretendiendo encubrir con una etiqueta el hecho de que en el contenedor de plástico yace un cadáver al que le inyectaron antibióticos y que no sólo padeció una muerte (sino también una corta vida) masificada, que ha sido procesado hasta perder su forma original. Consumimos alimentos procesados y amorfos y pensamos que no hay nada más sencillo que comprar un congelado. Mientras que nuestras abuelas despellejaban un pollo, nosotros abrimos una caja de plástico con nuggets y sólo sabemos que es pollo por la etiqueta. 

Empaque de pollo
Foto: AF
Pollo
Foto: AF

Paradójicamente vivimos en la era del plástico: todo se desecha y se descarta fácilmente. Aquello que causa dolor, que no es bello y no produce placer instantáneo es mejor tirarlo. La muerte nos resulta insoportable, no queremos verla y tampoco al sufrimiento. Cerramos los ojos ante lo evidente: nuestra fragilidad y temporalidad. Ocultamos lo que no queremos ver deslizando el dedo en una pantalla. Como si en la vida todo fuera un cuerpo joven y bello, ignorando la realidad de la decadencia.

Y es que la muerte es tan insoportable que queremos darle cierta liviandad y ocultamos el dolor con un poco de humor en el café llorón –funeral- mientras buscamos darle un sentido y finalidad. 

No basta la negación de la muerte para vencerla, si acaso fuera posible vencer lo invencible. Existe una industria millonaria que lucra con la pérdida y se adapta a todo presupuesto: el negocio de las funerarias, ataúdes personalizados, urnas, lápidas, mausoleos, nichos, velas, flores, embalsamamiento, inhumación o cremación. Una industria que innova y negocia no sólo con la muerte sino también con nuevas ideas de preservación. Con el ánimo de lograr lo imposible, para distraernos aún más de la muerte y por ridículo que parezca, la industria de la muerte, nos brinda nuevas alternativas. Como si no fuera suficiente despedirnos ante un féretro del cuerpo de nuestro ser querido -que luce como un durmiente irreal bien arreglado- en su última aparición pública.

Como si con morir no fuera suficiente, se intenta añadir una finalidad, pero no pasa de lo corporal, y que afirma de cierta manera que hay que sacar provecho absoluto de nuestra materialidad. No solo de nuestro bolsillo –a fin de cuentas lo que acumulemos aquí se queda- sino también de nuestro cuerpo. La industria de la muerte nos sugiere opciones que van de lo convencional a lo extravagante. Aparentemente ser enterrado o incinerado ya pasó de moda. Del nicho en una cripta o una lápida en el camposanto predilecto pasamos a la opción eco-friendly donde nuestro cuerpo se abrirá paso en una maceta para convertirse en un árbol o colocar hongos específicos que faciliten la descomposición del cuerpo y evite que toxinas contaminen la tierra. 

También existen opciones para los amantes de las joyas ¿por qué no aprovechar al abuelo y convertirlo en un diamante so pretexto de cargarlo siempre contigo? Otra extravagancia sería enviar el cuerpo al espacio, porque no hay suficientes satélites obsoletos gravitando por ahí. Incluso si tienes el dinero suficiente podrías pagar por la promesa de inmortalidad. No me refiero a la piedra filosofal o a la salvación del alma, sino a la criogenización: la última esperanza para aferrarse a la vida.

Criogenización
Collage: Mariana Barry

La vejez, las enfermedades, los accidentes y un sin fin de sucesos pueden quitarnos la vida. ¿Qué pasaría si nos prometen, sin decir cuándo y sin garantizar que así ocurra, que podemos volver a vivir? Un grupo de médicos llegaría a tiempo –una vez que muriéramos- para congelar nuestra sangre y órganos con la esperanza de que cuando descubran una cura para nuestra enfermedad –o vejez- nos despertarán del frío sueño de la muerte para curarnos. En ocasiones sólo se preservará la cabeza, un poco menos costoso, que eventualmente será colocada quizá en un cuerpo robótico, aumentando la vida hasta que los engranajes se desgasten y sean reemplazados. Claro está que no hay garantías, hasta la fecha nadie ha sido descongelado y aunque lo hubiera sido ¿el cuerpo sería la misma persona? ¿Los recuerdos y personalidad que configuran a una persona específica se mantienen orgánicamente? A pesar de los muchos interrogantes éticos, prácticos y fácticos la criogenización no es ciencia ficción.

¿Acaso funcionan estas argucias para evitar la muerte? La muerte sigue ahí, pero buscamos engañarnos con una falsa vida y finalidad puramente materialista. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?” (1 Cor. 15: 55) Ciertamente no en las promesas e intentos de alargar la vida. La industria de la muerte nos ha hecho olvidar el sentido de la muerte y ocultar su crudeza con baratijas brillantes.

No debemos ocultar la muerte como si se tratara de algo antinatural, es tiempo de eliminar los distractores de la muerte verdadera y replantearnos el verdadero significado de la ausencia, el sufrimiento y la muerte. Hemos cerrado los ojos demasiado tiempo, es necesario volver a tomar consciencia de nuestra fragilidad y que no merece la pena intentar borrar el paso del tiempo en nuestras vidas. Ser conscientes de nuestra temporalidad nos permite reconciliarnos con nuestra propia existencia y prepararnos para la muerte; para afrontarla con esperanza. No hay vuelta atrás, moriremos y hay que aceptarlo, las naves están quemadas.

Desayuno nupcial

Desayuno nupcial

Por Belén Romero

–¡Emy, Emy! –Se escuchaban los gritos desesperados,– ¡ya están entrando!
Se escuchaba la voz por el corredor.

Emy con su singular calma se encontraba sentada en la cocina vertiendo la leche a una olla para después llevarla al comedor, en donde ya estaba entrando la bella doncella con su esposo el Sr. Oswaldo. Quienes unas horas antes se habían unido ante Dios y siguiendo la vieja tradición, tenían que desayunar juntos una deliciosa tarta de pavlova hecha con una base crujiente de merengue y crema batida con frutas frescas acompañada de una buena taza de leche recién ordeñada, este primer desayuno nupcial tenían que hacerlo juntos y solos, ya que se aprovechaba para acordar los roles que cada uno debía cumplir dentro de su matrimonio.

Emy, escuchó el arrastrar de la silla agilizó el paso y logró colocar la olla de leche antes de que el joven matrimonio se sentara. Sutílmente volteo a ver al Sr. Oswaldo al mismo tiempo que daba una reverencia antes de retirarse, también le lanzó una mirada triste acompañada por un suspiro. Nadie sabía que Emy estaba enamorada del Sr. Oswaldo y que ardía de coraje y venganza, porque él le prometió nupcias a ella, dándose cuenta que solo le mintió para deshonrarla, nadie se imaginaba que ya tenía un plan en marcha que culminaría con la muerte de la joven pareja.

Emy se retiró hacia la cocina, lugar en donde depositaba todas sus emociones mientras cocinaba y platicaba con la ama de llaves de la casa la Sra. Paty.

Mientras Emy preparaba la cena en la cocina, la Sra. Paty se encontraba revisando que todo estuviera listo y ordenado en la habitación nupcial para que el joven matrimonio se pudiera instalar en su nuevo nidito de amor. Colocando jarrones con rosas rojas, rosas y blancas que eran las favoritas de la ahora señora de la casa, pidió que hubiera flores en el mueblecillo a lado de la cama, en el tocador y otros en el baño junto a la bañera. La cama estaba cubierta por una colcha de seda roja y las cortinas largas que arrastraban también hacían juego, la alfombra que cubría todo el suelo de la recamará era gris y las paredes de un blanco opaco. También pidió que estuviera lista la bañera con las esencias de sándalo, manzanilla y una vez que la princesa Margarita estuviera dentro de la bañera, le gustaba ir colocando pétalos de rosa, únicamente los rojos. Una vez que la Sra. Paty dejó todo listo y ordenado decidió ir a la cocina para verificar que las cocineras ya estuvieran preparando el estofado para la cena.

El joven matrimonio terminó su primer desayuno nupcial y dándose un beso muy tierno, cada uno se separó para comenzar con sus nuevas labores. Por un lado Sr. Oswaldo debía de encargarse de la economía de la familia, de verificar que los animales de granja y los caballos estuvieran en buen estado, así como también checar que los campesinos trabajaran en la siembra y cosecha en los viñedos.

Mientras que la princesa Margarita tenía que preocuparse de que todos los empleados adentro de la casa que cumplieran con sus labores, que eran mantener la casa limpia y ordenada, que el desayuno, comida y cena estuvieran justamente a una cierta hora y de organizar los recibos de las cuentas de los servicios que llegaban al correo de la casa. No se preocupaba por la despensa ya que eso se lo dejaba a la Sra. Paty, ni tampoco por los horarios de las comidas porque también lo hacia la ama de llaves, más bien se preocupaba por siempre verse hermosa y salir de paseo por los viñedos, por las calles empedradas de aquel pueblo, por ir de visita con sus amigas, eso era lo que realmente le importaba a la princesa Margarita.

La princesa Margarita una vez que su bello esposo salió de casa, decidió ir a conocer su nueva casa y mientras caminaba a su paso sin prisa por cada uno de los rincones y recamaras, llegó a la cocina y miró fijamente a Emy, la princesa no le dio importancia y continuó su camino.

La Sra. Paty volvió a la cocina para verificar la cena y notó en Emy una mirada diferente, le preguntó con una expresión preocupada: “¿Qué tienes Emy?” Emy respondió con un tono que dejó claro que no quería hablar del tema: “nada”. Pero nadie se imaginaba lo que esa noche iba a suceder.

Al paso de varias horas, Emy, le aviso a la Sra. Paty que la cena estaba servida, mientras se sentaban en la mesa los recién esposos, Emy y la Sra. Paty iban colocando la cena, una deliciosa sopa de elote acompañada de galletas saladas, olía tan bien que la princesa Margarita no aguantó más y se llevó la primera cucharada a la boca y justo cuando ya había acabado la sopa se levantó al instante y dio un grito de dolor llevándose las manos a su vientre. Oswaldo se apresuró a tomarla en sus brazos y moviéndola le gritaba “¡Margarita! ¡Margarita!”, pero ella no respondió. Ya estaba muerta.

Al fondo se escuchó como se cerró la puerta, pues Emy huía de la casa apresuradamente, una vez estando en la calle corrió hacia la avenida ancha y le hizo la parada al primer carruaje que paso por ahí.

La Sra. Paty corrió atrás de ella, y lo único que alcanzó fue una carta que Emy tiró al bajar las escaleras, la llevó dentro y se la entrego al Sr. Oswaldo.

La princesa Margarita tuvo un funeral lleno de personas, flores hermosas y a lo lejos tocaban “El lago de los cisnes”; su esposo realmente sufrió por su pérdida puesto que en verdad la amaba, esa noche al regresar a casa después de haber enterrado a su bella esposa, se dio una ducha caliente y antes de meterse a la cama recordó la carta que la Sra. Paty le había entregado, decidió ir a su despacho y leerla.

Fuiste el primer hombre al que besé y te creí cuando me prometiste nupcias, pero al verte llegar con ella, recién casados, me di cuenta que únicamente jugaste conmigo, quiero que sepas que me arruinaste y es por eso que yo te arruino a ti, quitándotela a ella y maldiciendo tu amor. No podrás casarte con nadie más, pues cuando una mujer se te acerque con intenciones de amor, verán a través de tu mirada el miedo, lo infeliz que es tu corazón, yo estaré en soledad lo que me resta de vida, pues en estos tiempos nadie voltea a ver a una desdichada, ese será mi castigo por haberte amado.

Después de terminar de leer la carta, la arrugó y dio un grito desgarrador. La Sra. Paty entró de inmediato y él le dijo: –saldré a hacer justicia.  

Subió a su caballo y partió sin rumbo, hasta que recordó las caricias furtivas en la cabaña del viñedo. Se apresuró y la encontró sentada con la cabeza baja.

–Te odio, ¿por qué lo hiciste? Te haré pagar. –Ella subió la cara y con una media sonrisa le respondió.

–Ya lo pagué por adelantado, cuando decidí creer en tu amor. –Emy se abalanzó contra él empuñando un puñal, Oswaldo le sostuvo la mano y logró quitarle el cuchillo, a la fuerza la sentó y llamó a la policía.

La policía no tardo en llegar al lugar y se llevaron a Emy, le dieron 10 años de prisión acusada de asesinato.

Pasaron varios meses y Oswaldo no podía con la culpa de que Emy estuviera presa, así que fue a visitarla a la cárcel. Durante varios años la visitó, hasta que Emy salió bajo fianza por buena conducta, durante ese tiempo el Sr. Oswaldo se encariñó con Emy y le propuso por segunda vez que se casara con él.

Emy creía que para ella ya no habría otro destino que morir sola, pero, las palabras del Sr. Oswaldo le llenaron nuevamente el corazón de esperanza y amor.

Emy comenzó a tomar clases y en ese trayecto conoció gente, hizo amigos y hasta le parecía atractivo Octavio un joven cadete, inteligente y guapo. Comenzaron a salir y Emy cayó en cuenta que estaba enamorada de Octavio y no del Sr. Oswaldo.

Una mañana Emy ya no podía con ese sentimiento y fue a buscar a Oswaldo para decirle que cancelara la boda, que ella ya no lo amaba y que quería que la dejara ser feliz con Octavio. Oswaldo no se esperaba una noticia así y quedó perplejo al escuchar a Emy, pero notó en Emy tanta verdad, que la dejó ir.

Emy se casó con Octavio y abandonaron el pueblo.

El legado de Francisco

El legado de Francisco

Hace poco más de doce años participaba en un programa de televisión católica, en el canal peruano JN 19.  Nos habían invitado a dos sacerdotes para comentar el cónclave, con la pretensión de “adivinar” quién sería el próximo papa. Obviamente no teníamos ni idea, pero hicimos nuestro mejor esfuerzo. En ese momento preciso salió la “fumata blanca” y unos minutos después el nombre del elegido: Jorge Mario Bergoglio. Nos sorprendió a todos, no nos lo esperábamos, a pesar de ser presuntos “vaticanistas”. Se trataba del primer papa latinoamericano, primer papa jesuita de la historia y primer papa en elegir como nombre pontificio “Francisco.”

Y, ¡vaya que Francisco ha hecho historia! A lo largo de estos doce años su pontificado ha marcado hondamente a la Iglesia, dejando una profunda huella. Simplificó la figura del Papa, la acercó a la gente, poniendo el énfasis en que es “obispo de Roma”, quitándole ínfulas al cargo.

Su pontificado es susceptible de dos lecturas antagónicas: una que subraya la “hermenéutica de la ruptura”, en feliz expresión del papa Benedicto XVI, frente a la que ofrece una hermenéutica de la continuidad. Se puede tener, en consecuencia, una visión antitética y una versión complementaria de los últimos pontificados. La realidad, sin embargo, no suele ser tan simple, ni resulta correcto, ordinariamente, reducirla a esquemas dicotómicos.

Francisco desarrolló, por ejemplo, algunas de las líneas de fuerza del pontificado de san Juan Pablo II: la misericordia, la centralidad de la persona. Si el papa polaco instituyó la fiesta de la Misericordia divina, en cuyas vísperas falleció, Francisco nos ha enseñado, yendo él por delante, a vivir la misericordia en primera persona, con los necesitados y con los que sufren. Es el ejemplo de la misericordia hecha vida, y como nota programática de la misión de la Iglesia.

Francisco complementó al pontificado de Benedicto XVI. Si para el papa alemán lo importante era la ortodoxia (la doctrina recta, como deja ver su lema: “cooperadores veritatis”), para Francisco lo importante es la “ortopraxis”, la práctica correcta, la puesta por obra de la caridad y la misericordia. Y más que ver a los dos pontificados como antitéticos, se pueden contemplar como complementarios. Finalmente, desde una perspectiva de fe, es el Espíritu Santo el que va dando sus líneas maestras a la Iglesia sirviéndose de los papas como instrumentos.

De Francisco destacan su coherencia y su autenticidad. Su empeño por llevar a la práctica las directrices del Evangelio, con gestos a la par simbólicos y elocuentes: celebrar su cumpleaños con mendigos de la calle, darles acogida en el Vaticano, celebrar la Misa In coena Domini en las prisiones, lavándole los pies a prisioneras y prisioneros, etc. La pobreza y el tenor sobrio de su vida, así como su cultura del trabajo dejan muy alto el listón de la sede papal.

Francisco diversificó los intereses políticos y sociales de la Santa Sede. Si antes estaban centrados, casi exclusivamente, en la promoción de la paz y la defensa de la vida, especialmente en la lucha contra el aborto y la eutanasia; ahora, sin dejar aquellos rubros, la Iglesia ha subido un clamor incesante por los migrantes y refugiados, así como en la defensa de nuestra casa común, es decir del planeta. El magisterio de Francisco sobre la ecología es bastante rico y elocuente.

Imagen generada con IA.

Otro tema donde Francisco ha sido pionero, y que ha impactado profundamente en la forma de entender la Iglesia y hacer la Iglesia es la sinodalidad, como forma de dirigirla y encauzarla. También durante su pontificado, se ha observado un lento pero progresivo protagonismo de la mujer en el seno de la Santa Sede. Claramente Francisco tuvo la intención de colocar a mujeres en altos puestos del Vaticano, para beneficiarse de la impronta femenina en la organización y el gobierno de la Iglesia.

En fin, Francisco, desde el primer momento de su pontificado, luchó por conseguir y promover una Iglesia abierta, “en salida”, como le gustaba decir, donde caben todas y todos, y donde nadie se sienta incómodo o excluido, como, por ejemplo, las personas homosexuales o los divorciados vueltos a casar. Un buen amigo, nada practicante, al enterarse de su fallecimiento, me escribió: “Siempre lo recordaremos, sobre todo cuando mencionó: «En la Iglesia ninguno sobra. Ninguno está de más. Hay espacio para todos. Así como somos.»”

¿Cuáles serán los principales desafíos del próximo papa? El sucesor de Francisco se encuentra con una Iglesia marcadamente dividida. Muchos miembros de la Iglesia han leído la ortopraxis de Francisco en clave antagónica o dialéctica respecto a la ortodoxia de Benedicto XVI y san Juan Pablo II. Tres han sido los hitos que han provocado esta deriva antagónica: la ambigüedad del capítulo octavo de Amoris Laetitia, que abre la puerta de la comunión a divorciados vueltos a casar; el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe llamado Fiducia suplicans, donde se permite dar bendiciones a parejas homosexuales; y el hecho de que personas marcadamente heterodoxas participaran en los sínodos, especialmente en los sínodos sobre la sinodalidad.

En ese sentido se ha simplificado superficialmente la división en el seno de la Iglesia entre liberales o reformistas y conservadores; entre una Iglesia que se mimetiza con el mundo -mundana a fin de cuentas- y otra que desarrolla una función profética respecto del mundo, denunciado su corrupción y yendo contra corriente. El nuevo papa se enfrenta con una Iglesia dividida, y tiene el desafío de ser el vínculo de unidad en el seno de la misma, que es la misión específica de todo sumo pontífice Por nuestra parte, a los fieles católicos no nos queda sino rezar por el eterno descanso de Francisco y por el papa que va a recibir su legado, que no la tiene fácil.

MDNMDN