Conexiones panaderas

Conexiones panaderas

Por Víctor Elguea

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Estimados lectores, hace unos pocos días llegó a mis manos, como un regalo de mis padres, una bolsa de papel que contenía en su interior un delicioso bollo llamado “chocolatín”. Este hecho ordinario me llevó a escribir las conexiones existentes entre este delicioso manjar de trigo y la historia que les comparto. En verdad les digo que soy un glotón.  He comido decenas de veces esta pieza de pan, pero ninguno como este. La belleza exterior me volvió dubitativo para decidir si algo tan sublime debía ser devorado por las fauces del homo sapiens que suscribe. He de advertir que las tribulaciones fueron cortas e hinque el diente en el panificado tras tres segundos de acalorado debate interior para descubrir que existía una proporción directamente proporcional entre el elemento exterior con el interior: sublime en diseño y en sabor.

Este frenesí de sabor y textura alimentó mi curiosidad de conocer el origen de este delicado bizcocho. En la pesquisa descubrí la relación entre éste y los austriacos. El Chocolatín está clasificado dentro de la panadería vienesa, conocida como Viennoiserie. Nuestro invitado está elaborado con masa de trigo y mantequilla, el amasado requiere destreza y dedicación del artesano panadero para ser de calidad, a fin de lograr el esponjado en capas que se entrelazan al contacto de calor del horno.

Antes de dar a conocer las conexiones históricas, quisiera comentar al lector, que el pan que llegó a mis manos denotaba el esmero y labor de quién conoce el oficio gastronómico y no es tentado a la charlatanería de las cadenas de hamburguesas que venden productos cuyas fotografías no son acordes a lo que recibe el comensal.   

En mi boca, el chocolatín, transformó mis sensaciones, se dirigió a mis cinco sentidos y despertó mi curiosidad. Tras investigar, descubrí que el método de elaboración es concomitante con otro de los panes más famosos del mundo: el Croissant.

He notado que tanto el  chocolatín como el croissant están hechos con la misma masa de lo que en México conocemos como Cuernito. 
El croissant y el chocolatín no sólo comparten casi la misma receta, sino que su conexión es de origen histórico.

El croissant se remonta a Viena en los postrimeros años del siglo XVII. La batalla de Kahlenberg, o segundo sitio de Viena, tuvo lugar los días 11 y 12 de septiembre de 1683. El Sacro Imperio Romano Germánico y la Liga Santa (Mancomunidad de Polonia-Lituania) resistieron por dos meses el asedio de las tropas otomanas, antes de que se librara esta batalla. El rey Leopoldo, de Polonia, decidió intervenir en la cruzada para prever que una ciudad cristiana cayera bajo el dominio musulmán. El éxito de la batalla por parte de los defensores evitó el avance del Imperio Otomano en Europa.

Pero ¿qué relación hay entre esta batalla y el croissant?

La leyenda cuenta que fue creado para conmemorar el levantamiento del sitio que el ejército otomano ejercía en la ciudad en 1683. Los panaderos vieneses, que laboraban en la noche, descubrieron que los turcos estaban cavando túneles bajo las murallas para entrar sin ser vistos; dieron la voz de alarma, y así impidieron el asalto y salvaron a Viena de sucumbir ante el invasor.

Ante tal éxito, el rey de Polonia y Lituania, encargó a los panaderos la creación de un pan con la forma de luna en cuarto creciente, emblema de los turcos y así surgió el kipferl, y sus posteriores variaciones: croissant, cornetto, brioche, cuernito y chocolatín.
Si la leyenda es cierta y los vieneses no hubiesen ganado, quizá el croissant no existiría como lo conocemos.

Afortunadamente, este bollo, fue posteriormente introducido a la corte francesa por María Antonieta de Austria en 1770. De ahí que pueda desatar confusiones sobre su origen francés.

August Zang, un pastelero austriaco, abrió en 1838 su panadería en París: la Boulangerie Viennoise, y entre todos los bollos se encontraba el Kipferl. Pronto la panadería vienesa y su variedad de bollos y pasteles se volvieron muy populares en París.

Consistencia de la masa del Kipferl.

Es hasta 1920 cuando aparece el croissant tal y como lo conocemos ahora: los panaderos parisinos remplazaron la masa original por una de hojaldre con manteca, que es un orgullo de la panadería francesa para el deleite de la humanidad.

Lo antes narrado, fue un acontecimiento para mí, porque había vivido engañado durante mi media centuria de vida pensando erróneamente que el croissant era de origen francés y que su forma era en alusión a las cornamentas del ganado vacuno. 

Ahora, cuando el lector coma un croissant evocará en su imaginación la media luna de la bandera turca y el origen austriaco de este bollo.

Religiones y cambio climático

Religiones y cambio climático

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San Juan Pablo II en tres ocasiones (1986, 1993 y 2002) reunió a los líderes religiosos del mundo para orar por la paz en Asís. Quería mostrar de esa forma cómo la religión en general puede ser una fuerza de paz, generar paz a su entorno y no violencia como algunas veces sucede — en el 2002 estaba muy reciente el atentado a las Torres Gemelas perpetrado por fundamentalistas islámicos. La crítica atea suele señalar que la religión es quizá la causa más profunda de la de división en el mundo, y por ello sería un deber moral atacarla. El Papa santo salió a refutar tal crítica tendenciosa y mostró cómo los líderes religiosos pueden obviar sus diferencias, dialogar y unirse para orar por la paz.

Ahora, en el 2021, la humanidad, junto con la necesidad de paz, que nunca puede darse por descontada, tiene la urgencia de cuidar el planeta. ¿Pueden unirse las religiones para pedir por la salud del planeta y hacer frente al cambio climático? Lo que san Juan Pablo II hizo por la paz, lo hace ahora Francisco con el cambio climático: El Papa reunió en el Vaticano cerca de 40 líderes religiosos para expresar su apoyo a la COP 26 de Glasgow y su preocupación por el cambio climático. Todos firmaron un llamamiento para frenar el cambio climático. Entre los participantes se encontraban el Arzobispo de Canterbury, el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Imán de Al-Azhar, entre otros: Las religiones unidas para hacer frente a la contaminación y defender la salud del planeta.

Junto a los representantes de las diferentes confesiones cristianas, había líderes judíos, musulmanes, hinduistas, budistas, sijs, confucionistas, taoístas y zoroástricos. Representantes de las religiones más representativas del planeta. Todos expresaban su común preocupación por el clima y la ecología. Esta realidad muestra cómo las religiones tienen puntos en común, a pesar de sus diferencias históricas y culturales, y esos puntos en común convergen en beneficio de la humanidad. El cambio climático contribuye de esa forma también a la unidad entre los diferentes credos, pues muestra como todos juntos pueden trabajar en pro del hombre y la sociedad. Las diferencias doctrinales no son obstáculo para poder hacer el bien en conjunto, en equipo.

El Papa Francisco tuvo el detalle de no leer su discurso, para no extender en demasía la ceremonia y dar pie a que los demás líderes religiosos pudieran explayarse. Pero les entregó escrita su intervención. En ella insiste, fiel a su habitual esquema de pensamiento, en tres puntos: “la mirada de la interdependencia y de compartir, el motor del amor y la vocación al respeto”. Fiel a sus intuiciones de fondo, Francisco recuerda que “todo está conectado”, y por ello debemos tener una “mirada abierta a la interdependencia y al compartir”. Todos somos miembros de la única familia humana, y compartimos la responsabilidad de sacarla adelante.

El tercer elemento señalado por Francisco es el “respeto por la creación, respeto por el prójimo, respeto por sí mismos y respeto hacia al Creador. Pero también respeto mutuo entre fe y ciencia”, para que el fecundo diálogo entre ellas esté orientado al “cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y fraternidad”. Como se puede observar, el Papa Francisco es ambicioso en su perspectiva. Considera que es mucho lo que la religión puede aportar a la ciencia, y cómo juntas pueden contribuir para frenar el cambio climático. En el ámbito cristiano, este cuidado formaría parte la espiritualidad católica.

Una oferta que no podrás rechazar: del Padrino a Gomorra

Una oferta que no podrás rechazar: del Padrino a Gomorra

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Llegamos a Catania, Sicilia, cuando ya estaba oscuro. Tomamos el autobús hacia el centro y nos bajamos en el puerto. No era un malecón en el que se pudiera pasear, sino que era la zona del puerto de carga, con contenedores y barcos gigantes. En resumen: una zona poco turística. 

Al menos otras cuatro personas se bajaron en la misma estación. Los autos y motonetas no se detenían, así que le dije a Steffen, mi compañero de viaje, que ignorara su mentalidad alemana, porque cruzaríamos la calle a la italo-mexicana. Después de varias semanas se acostumbró, aunque realmente le fastidió la velocidad y la falta de reglas viales. 

Una vez, del otro lado, continuamos derecho al menos cuatro cuadras más. Cabe destacar que era una calle empinada de un sólo sentido, aunque esto no evitaba que se estacionaran. Habían varias bolsas de basura y un polvo negro –al día siguiente a plena luz me di cuenta de que el polvo negro era ceniza del volcán Etna- la zona se veía un poco descuidada y nos pusimos nerviosos. Finalmente, giramos a la izquierda en una estrecha calle, obscura y solitaria. Steffen me preguntó si llegamos a la dirección correcta. Eso es lo que marcaba el mapa, pero, si el lugar estaba muy mal, al día siguiente buscaríamos otro. 

Edificios abandonados en Catania. Foto: A. Fajardo

Cuando reservé la habitación me fijé que era un lugar muy céntrico a un precio relativamente razonable. Después leí en los comentarios que los turistas percibían que el barrio no era muy tranquilo, pero, para los primeros días en que no tendríamos un auto, estaría bien. Claro que después, sabiendo que el mayor índice de autos robados es en Catania, preferí buscar otro lugar para la última noche. Afortunadamente, nunca utilizamos el seguro en Sicilia.

Giuseppe nos abrió el portón y, después de saludarnos, nos advirtió: “esta calle puede llevarlos directo al centro, pero mejor no la usen, especialmente de noche. Si quieren ir al centro salgan de nuevo a la calle más ancha y después caminen por la avenida o una de las calles principales. No pasa nada, pero mejor no vayan por ahí.” Teníamos hambre, así que después de dejar las maletas, caminamos hacia la calle principal y encontramos un local a punto de cerrar en el que compramos una arancina, que es un plato típico siciliano, una bola de arroz empanizado relleno de Ragù u otros sabores.

Hicimos caso a la advertencia. Volvimos y cenamos en la habitación. Al día siguiente, respaldados por el sol, comprobamos que la zona no era tranquila, que en la calle por la que no deberíamos pasar había varias prostitutas y chulos. La calle estaba prácticamente vacía y aún así te sentías observado. También encontramos muchísimos edificios abandonados, un fenómeno que se observa en toda Sicilia.

Casas abandonadas en Paceco, provincia de Trapani.
Foto: A. Fajardo

Entre Sicilia y México hay muchas semejanzas: el paisaje –las buganvilias y nopales– a veces árido, otras montañoso, es una de ellas, pero sobre todo la gente amable, dispuesta a ayudar y de carácter alegre. Otra semejanza se observa en los cambios radicales de zonas: caminas por un lugar normal y, si te desvías una calle, entras a un barrio que ya no es bonito, ni limpio, ni tranquilo. Esto sucedió varias veces, pero recuerdo una especialmente. 

Hace más de ocho años estuve una semana en Palermo y fue un tiempo fantástico, así que quería rememorar aquella semana de mi juventud. Y claro que lo hicimos, por ejemplo, cenamos en el mercado de la Vucciria, justo como lo hice hace años con mis amigos, aunque ahora el mercado es bastante popular, especialmente para los turistas. Buscando las calles que antes había recorrido, de pronto, nos encontramos caminando en una zona en la que nos sentimos un poco inseguros, las calles y los edificios se notaban abandonados y lo único que pudimos hacer es caminar lo más rápido posible e intentar orientarnos buscando la catedral. No me espanta. Lo mismo sucede en México.

Ni siquiera era el barrio más peligroso; aquel en el que los policías viven acuartelados en la estación -como  nos contó un amigo que además es militar- en el que el ejército entra como si estuviese en situación de guerra: siempre en contacto con la caserma, monitoreando sobre todo su entrada y salida. Mi amigo confesó que al entrar al barrio Zen1, en la zona de Brancanccio, experimentaba el mismo estado de alerta que el periodo que pasó en Afganistán. No es una exageración. En las zonas en las que estas organizaciones mandan, la mortandad es equiparable a las zonas en guerra. 

Streetart en algún barrio palermitano. Foto: A. Fajardo

Las semejanzas más brutales y tristes entre México y Sicilia son las causas y efectos de las organizaciones criminales: los narcos y la mafia. No hablo de la romantización que se ha hecho de estos personajes, sino de las familias destruidas, la mala fama que acarrea, la libertad aprisionada y sus consecuencias. 

La trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola es una de las obras maestras del cine y también de mis películas favoritas. Todo comienza y gira en torno de la vendetta, un concepto crucial para comprender la antigua mafia. Vito Andolini sufre el asesinato de su padre a manos de un jefe mafioso (Don Ciccio) que, para evitar que se vengara en el futuro, decide también matarlo a él. Porque la venganza se transmite de generación en generación. Así que su madre lo envía a Estados Unidos. 

No es mi intención reseñar la trilogía, sino abrir la conversación. Basta con mencionar que, tras establecerse en Nueva York, Vito Andolini se convierte en Don Vito Corleone (Marlon Brando y en su juventud Robert De Niro) un importante jefe mafioso, el padrino, quien hacía ofertas que no podrías rechazar. 

Stencil Don Vito Corleone en el mercado de la Vucciria, Palermo. Foto: A. Fajardo

Sonny y Fredo siguen los pasos de su padre en el negocio y Michael (Al Pacino) prefiere mantenerse al margen. Sonny muere tras querer vengarse de un intento de asesinato a su padre y eso lleva a que Michael lo vengue y tenga que huir por un tiempo a Sicilia. En pocas palabras, Michael toma el lugar de Don Vito y se convierte en el padrino; y en la última película su sobrino tomará su lugar. 

Como dato cultural, las escenas de El padrino no fueron filmadas en Corleone, sino en el pequeño pueblo sobre un acantilado llamado Savoca y que es considerado uno de los más bellos de Italia, y donde todavía puedes sentarte a tomar un café en el mítico Bar Vitelli, el lugar en el que Michael le pide al padre de Apollonia conocerla. La iglesia en la que Apollonia y Michael se casaron es de la Santísima Anunciación en el pueblo de Forza d ́Agrò; la famosa Villa en la que explota el automóvil se encuentra en Fiumefreddo di Sicilia, un sitio en las faldas del Etna.

Bar Vitelli en Savoca. Foto: A. Fajardo.

Una de las escenas más impactantes y mejor logradas de la historia del cine: el intento de asesinato a Michael mientras en el fondo suena la opera Cavalleria Rusticana y culmina con la muerte de su hija, sucede en el Teatro Massimo de Palermo.

¿Por qué no filmaron en Corleone si todo te hace pensar que el origen de la familia es corleonesi? La película está ambientada en los años 50, pero fue filmada en los 70, así que para ese entonces Corleone no era el sitio adecuado. Estaba demasiado modernizado. 

Se ha especulado mucho sobre quién inspiró el personaje de Don Vito. Incluso en una entrevista, Mario Puzo, afirmó que algunas historias se las contaba su madre cuando era niño y que se inspiró en ella para crear a un personaje fuerte y sabio. Aunque, claro, también tuvo que documentarse sobre la mafia y para ello hay dos personajes clave: Carlo Gambino y Totò Riina.

Teatro Massimo, Palermo. Foto: A. Fajardo.

Carlo Gambino fue el líder de la Familia Gambino, una organización que existe hasta la fecha y sus negocios se diversificaban entre el transporte, construcción, sindicatos y recolección de basura. Gambino nació en la provincia de Palermo y emigró a Estados Unidos en 1921. En los años 50 fue elegido el jefe de la mafia en Nueva York; mantenía el perfil bajo y se oponía al narcotráfico. También se relacionó con políticos e, incluso, con Frank Sinatra. Vivió 74 años, de los cuales solamente 22 meses estuvo en prisión; tuvo tres hijos y su primo Paul Castellano tomó su lugar cuando murió. Con esta breve información, casi podemos afirmar que la vida ficcional de Don Vito Corleone es casi idéntica a la de Carlo Gambino. Especialmente por su oposición al narcotráfico. Recordemos que en la película, el dinero provenía de la protección (pizzo), transportes, sindicatos, construcción, armas y después Fredo introdujo los casinos. 

Pero como siempre ocurre, la realidad supera a la ficción y, aunque la mafia comienza así y claramente diversifica sus negocios, también es evidente que se ha liado con el narcotráfico, especialmente la cocaína.

Roberto Saviano escribe en el libro Cero, cero, cero: Cómo la cocaína gobierna el mundo al respecto y analiza cómo los narcotraficantes blanquean el dinero; las conexiones entre estas organizaciones sobrepasan fronteras; no es casualidad que en la última captura del Chapo encontraran una copia de este libro entre sus pertenencias. De cierta forma, la figura del Padrino ha inspirado a más de uno e incluso existe una versión mexicana: el padrino Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes o el zar de la cocaína; líder en los 80´s del cártel de Guadalajara. 

La vida de Salvatore (Totò) Riina no es tan semejante a la de Carlo Gambino, pero es posible que también influyera a Puzo y sin duda marcó la región y ha sido uno de los capos más influyentes. Riina nació en 1930 en Corleone; la provincia era muy pobre y la familia pasaba hambre, un día su padre y hermano encontraron una bomba americana en el campo y decidieron abrirla para vender el metal y la pólvora, pero explotaron. Tras la muerte de sus padres se acercó al mafioso local, Liggio, que trabajaba para Don Navarra, el capo de Corleone. Basta decir que, con tan sólo diecinueve años, Totò Riina fue condenado a doce años en prisión por homicidio. En 1956 es liberado y junto con Liggio comienza una lucha. Uno tras otro eliminan a los hombres de Don Navarra, pero para 1963 es nuevamente encarcelado por portar un arma sin permiso y documentos falsos. En 1969 es puesto en libertad por “insuficiencia de pruebas”, lo que significa que amenazó a los jueces y sus familias. Él, Liggio y Provenzano ganaron fama de sanguinarios, y comenzaron a hacer negocios con las familias palermitanas de la Cosa Nostra. 

Totò Riina fue relacionado con la masacre de la calle Lazio, en la que eliminaron al capo rebelde Michele Cavataio. Tristemente la mafia llegó al estado y formó su escuadra política, como en el caso de Vito Ciancimino quien fuera alcalde de Palermo en 1971 y tenía evidentes conexiones mafiosas. 

En 1978, comienza una guerra entre las familias mafiosas para eliminar a los viejos capos, pero también a políticos y procuradores que luchan contra la mafia como: Piersanti Mattarella, Pio La Torre, Rizzotto, Della Chiesa, Bernardino Verra y los famosos asesinatos de los procuradores del Maxiproceso de 1992: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Los dos últimos asesinatos fueron la gota que derramó el vaso, la gente estaba harta y en 1993 arrestaron a Riina, quien murió en 2017 a los 87 años. 

Mural Bernardino Verro, General Carlo Alberto della Chiesa y Placido Rizzotto en el CIDMA, Corleone. Foto: A. Fajardo

Sea quien sea la inspiración de Mario Puzo, entre la mafia de la pantalla y la real existen algunas inconsistencias. En primera, nos muestran hombres bien vestidos y con gabardinas, acorde a la moda de los años 50, y de ahí no hemos podido modificar mucho nuestro imaginario. Cuando la mayoría de las veces ni siquiera se ven como los imaginamos. Roberto Saviano analiza sobre todo el caso de los narcotraficantes mexicanos, que quizá antes usaban camisas a cuadros, botas y sombreros, pero ahora los hijos estudian en universidades prestigiosas, hablan inglés fluidamente, son expertos en negocios y marketing, se visten con trajes de Armani y relojes carísimos.

En segunda instancia, nos los muestran como hombres honorables y de familia; claro que tienen una familia, pero tendríamos que repensar en qué clase de vida sumergen a sus hijos y a sus esposas. Como último punto, afirma que respetan por sobre todas las cosas a niños y mujeres. Pero entonces ¿qué sucedió con Giovani De Mattei en 1993 y Cocò Castelongo en 2014? 

El pequeño Giovanni era hijo de un hombre que decidió hablar con la policía y al que transfirieron a una localidad protegida. En 1993, unos hombres vestidos de policía secuestraron a Giovanni. El pequeño estuvo mucho tiempo secuestrado hasta que finalmente el boss decide asesinarlo y deshacer su cuerpecito en ácido.

El pequeño Cocò tenía 3 años, su madre Maria Antonia Ianicelli estaba en prisión por asociación delictiva. El pequeño y sus hermanas vivían en casa de sus abuelos, pero era una familia perteneciente a la ́ Ndrangheta. 

Giuseppe Ianicelli, el padre de Maria Antonia, era un capo de poca monta que pasó varios años encarcelado. Cuando salió de la cárcel, su hija pensó que quizá querría cambiar de vida, pero Ianicelli empezó a formar un nuevo clan. Cuando Ianicelli salía a la calle, utilizaba de escudo al pequeño Cocò y a su amante, una chica marroquí. Los tres fueron asesinados a sangre fría y sus cuerpos fueron quemados. En la escena del crimen dejaron una moneda de cincuenta centavos, que significaba lo poco que valían sus vidas. Maria Antonia Ianicelli narra el suceso en el documental Mafia is Cose Nostre (2018). El acto conmocionó a toda Italia. ¿Qué hay del respeto por los niños y las mujeres? Nulo. Esa es la verdadera cara de la mafia.

Busto de Bernardino Verra en Corleone. Foto: A. Fajardo

La mafia surgió en el siglo XIX tras la unidad de Italia, sobre todo en tres regiones -Sicilia, Calabria y Nápoles- como una asociación delictiva que imitaba las estructuras de las asociaciones secretas y usan métodos de represión e intimidación. Su mayor poder era precisamente el silencio, para moverse entre las sombras.

Nunca es demasiado tarde para hacer los matices pertinentes y es que, aunque el gusto por el crimen, la violencia, el silencio y los métodos suelen ser parecidos, al grado de que todo lo englobamos en la abstracción de “mafia y mafiosos”, hay que distinguir también sus diferencias, que no son únicamente regionales.

En Sicilia se encuentra la mafia o Cosa Nostra, que es la estructura jerárquica que observamos en las películas y que emigró a los Estados Unidos: los soldados son los que simplemente ejecutan órdenes; después está el Capodecina o sea el jefe de diez esbirros y cada capo de familia tendrá a un Consigliere o consejero que le ayuda en la toma de decisiones. Tres familias conforman un mandato, que a su vez está bajo las órdenes de la comisión provincial. El capo de todas las comisiones es el Capo dei capi o jefe de jefes y es la punta de la pirámide. Aunque se habla de familias, no por fuerza tienen una relación sanguínea; además de que los jefes son regularmente votados.

En Calabria mandan los capos de la ´Ndrangheta, su nombre significa irónicamente “actúo como un hombre decente”. Es la única mafia que tiene negocios en los cinco continentes y la mafia más rica de Europa. Se consideraba que era la menos poderosa, porque actúa en zonas rurales y por eso no es el centro de la noticia, sin embargo, al subestimarla y perseguir a la Camorra y a la Cosa Nostra, le dieron pie a que creciera. Si estás ocupado con el chico problemático y que hace mucho ruido, descuidas a los otros y es posible que surja una nueva cabecilla. Justamente esto sucedió con la ´Ndrangheta, que controla el negocio de la cocaína, los juego de azar y los desechos tóxicos y radioactivos. Aunque también hay cierta jerarquía, el poder se hereda de padres a hijos. 

En Nápoles se encuentra la Camorra, que es una organización más horizontal. Hay varios clanes y cada uno tiene su propio boss y jerarquía. Es un poco menos estable que las otras dos, precisamente por la guerra entre los clanes que luchan entre sí, como el clan de Raffaele Cutolo contra el clan de la Nuova Famiglia. En los años 80 se contaban 32 clanes, pero ahora hay por lo menos 108, además de que se pensaba que era una variante desorganizada de la mafia. Del 2004 al 2007 fueron los años más sanguinarios y aunque la mayoría de los muertos pertenecen a un clan, siempre hay por ahí una bala perdida.

Roberto Saviano escuchaba por una radio cuando alguien informaba sobre un crimen y a veces llegaba antes que la policía, en su scooter, para registrar e investigar. Así fue como comenzó sus investigaciones sobre la Camorra y los clanes Di Lauro, Nuvoletta y dei Casalesi. En 2006 -a los 29 años- publicó el libro Gomorra y en 2008 Matteo Garrone dirigió la película, que ha sido una de las más vistas en Italia. El libro también fue todo un éxito publicado en 52 países. Saviano desmanteló la estructura y la Camorra lo amenazó de muerte, de cierta forma, la fama del libro lo condenó a vivir como persona protegida. Aunque afirma que el interés por sus palabras lo mantiene seguro, cuando la atención mediática decayera, entonces correría más peligro.

Portada del libro Gomorra de
Roberto Saviano.

Ya desde el principio es escalofriante, Gomorra comienza en el puerto de Nápoles. Cargan un contenedor. Cuando lo abren, caen los cuerpos de aquellos migrantes chinos que son explotados para producir falsificaciones de bolsas, zapatos y ropa. Llegan muchas personas y cargan como si fuera algo muy normal los cuerpos en otro contenedor. Cuando los migrantes chinos mueren, utilizan los mismos documentos, para que otro emigrante chino lo reemplace y, a cambio, la mafia transporta sus cuerpos a China para que los entierren. Incluso uno de estos diseñadores hizo un vestido que fue utilizado por una celebridad en una alfombra roja, aunque, claro, el diseño era de una gran casa de moda, no de un sastre chino oculto en alguna provincia napolitana. Pero las falsificaciones no son el único negocio de la Camorra, otro muy productivo es el tratamiento de los desechos tóxicos, que simplemente son botados en un orificio de la tierra, traspasando el manto acuífero y produciendo enfermedades entre los pobladores. La Camorra no solamente tiene el negocio de la droga, sino que con estos otros negocios incluso puede ramificarse hacia negocios que aparentemente son limpios y dentro del sistema. La denuncia más triste es la de los chicos que desde pequeños están envueltos en este mundo, que quieren imitar al gánster del momento, a las películas y que se convierten en copias burdas, que se prestan para hacer las tareas más básicas de recaderos, pero que poco a poco suben escalones en el clan.

Curiosamente, narra Saviano, la mayoría de los capos, cuando no son eliminados entre ellos, cometen deslices que les pueden resultar caros: la mayoría han sido descubiertos al salir de sus escondites, al reunirse con alguna mujer. Cabe resaltar, que aunque se consideren hombres de familia, se les encuentra cuando no pueden soportar por más tiempo eludir un encuentro con sus amantes. Rechazan tanto los pequeños placeres cotidianos, que terminan arriesgando todo por cinco minutos de un polvo frenético. El patrón se repite, es parte de su naturaleza.

Saviano no es un idealista y tampoco un temerario, sino que denuncia con valentía, justo como exhorta Paolo Borsellino: “Hablen de la mafia, hablen en el radio, en televisión y en los periódicos. ¡Pero hablen!” Saviano habló y ahora vive las consecuencias, y aunque es una vida dura, hizo lo que tenía que hacer. Porque parte de la solución del problema es señalarlo y delimitarlo para poder hacer un plan de acción.

El poder de la mafia radica justamente en el silencio, que la muestra como algo casi inexistente, pero cuando la nombramos y pasamos de las abstracciones a las personas concretas también la lucha se materializa. Además de que es preciso observar su evolución, para estar preparados. Las organizaciones criminales han cambiado con el tiempo, del silencio absoluto han pasado a los perfiles de Facebook y vídeos de TikTok. Hace algunos meses publicaron en el periódico Frankfurter Allgemeine (FAZ) una nota sobre cómo la mafia utilizaba el TikTok y la cultura popular, como en el caso de Emanuelle Sibillo un boss de diecinueve años que murió en una guerra de clanes. Algunos hacen videos en los que besan su busto o se muestran emocionados visitando una capilla que levantaron en su honor. Además de que Sibillo subía a Facebook varios vídeos donde mostraba su poder, para amedrentar y reclutar jóvenes. Otro caso es la Fanpage de Vincenzo Torcasio, alias Japan, de la ´Ndrangheta, que aunque está en prisión con una condena de 30 años, su cuenta tiene aproximadamente ochenta mil seguidores. Ellos no son los únicos, en México, los narcos comenzaron a subir en el –arcaico– Youtube sus propios vídeos mucho antes de que estas nuevas generaciones de camorristas utilizaran el TikTok. 

Estas páginas de personas públicas, son una de las tantas hipocresías de Facebook, por mencionar otra, están los grupos que sin lugar a dudas son pedófilos y en los que incluso podría haber un mercado de trata. Pero claro, eso no es nada, en lugar de eso, es mejor bloquear contenido y memes que podrían herir susceptibilidades de corrección política. 

Un punto clave y peligroso es la imitación. Si deslizamos nuestro dedo en TikTok nos aparecen vídeos de lo más variados y entre ellos podría haber alguno de un camorrista, en la que los emojis tienen otro significado y son propiamente un lenguaje secreto aunque a la vista, y los niños y adolescentes los miran sin discernir lo que ven. Consumen contenido mafioso y como muestran el lado cool de los viajes, los relojes, los autos y las mujeres, pueden comenzar a imitar y ponerse en contacto con ellos. Mi denuncia no es nueva y los efectos se ven desde hace algún tiempo: los niños en Sinaloa disfrazados de sicarios, las mujeres que se operan de acuerdo con la estética que les gusta a los narcos, los niños que cobran dinero a sus compañeros para no molestarlos.

Quizá las series sobre Pablo Escobar y Narcos (Colombia y México) muestran más la crudeza, pero también de cierta forma muestran un tipo de vida que a algunos les puede resultar atractiva. Lo peor es que también se genera cierta empatía y admiración. Y así es como llegamos incluso a “documentales” como el de Kate del Castillo y su encuentro con el Chapo. 

La romantización de la mafia ni siquiera muestra por completo las jerarquías, porque obviamente no vivirán con los mismos lujos el jefe que el sicario. Y ni siquiera muestran la mayor paradoja: jefes millonarios que viven escondidos en cuchitriles, porque el dinero no les compra la libertad. 

No me refiero solamente a la libertad contrapuesta con la prisión, sino que en algún punto la persona deja de pertenecerse. Obedecen órdenes, casi como androides, sin importar su jerarquía. Aunque tienen el dinero y las excentricidades para tener un zoológico como Escobar, un Cadillac como Al Capone, celulares bañados en oro, o un mausoleo que parece mansión; al mismo tiempo viven sin libertad, escondidos en búnkeres obscuros o lugares en los que viven miserablemente, pero sobre todo lejos de aquellos a los que aman y con el miedo constante a perderlo todo, a la policía o a que alguien más poderoso decida asesinarte en la madrugada.

Giacomo Campiotti -el director de Prefiero el paraíso (2010), Bakhita (2009); Moscati: el médico de los pobres (2007) entre otras- filmó una película que no tiene desperdicio: Liberi da scegliere: Hijos de la ´Ndrangheta (2019) basada en una historia real. Pertenecer a la ´Ndangheta se transmite de generación en generación, al igual que la vendetta, los niños crecen rodeados de armas, odio e inestabilidad. La idea de familia es casi sagrada, sólo se confía en la familia, pero es una familia disfuncional; en la que el padre es un proveedor ausente y la madre se limita a cocinar y criar en esos valores mafiosos. Los hijos obedecen las órdenes del padre y siguen su camino: delincuencia, cárcel y muerte. Las hijas tienen que ser amas de casa sumisas, condenadas a repetir las vidas de sus madres: casarse con alguno de los hombres del clan, visitar a sus hijos en prisión y llorarles cuando mueran. 

Un juez –a pesar de la amenaza de muerte y de que otros no quisieran colaborar por miedo– le da la libertad condicional a Domenico, un menor de edad, pero establece que su madre es incapaz de cuidarlo, por lo que el estado se volverá su tutor. Para ello tiene que sacarlo de Calabria, cruzan el estrecho de Messina (entre la bota y Sicilia) y vive en una casa de acogida junto con otros jóvenes. Al principio se muestra renuente, pero después experimenta la diferencia entre una vida libre y otra en la que debe obedecer en todo al capo, entre una vida que le permite las alegrías de la vida, como cenar con amigos y nadar en el mar, a diferencia de la constante ansiedad de las armas.

Al principio la decisión fue muy cuestionada, ¿acaso las madres de mafia no tienen derechos sobre sus hijos? Sí y no. El bienestar del niño es el principal derecho y si la madre no puede garantizar que el niño tenga una vida buena, entonces tampoco debería tener ese derecho. La mafia se cultiva en la familia, por lo que esta iniciativa es una lucha contra una de las raíces más profundas de la mafia, al tiempo de que garantizas una vida digna. Los niños de la mafia están obligados a crecer muy rápido y ningún niño debería pasar por eso. 

Portada de la película Libres para elegir: los hijos de la ´Ndrangheta.

Recorrimos muchos caminos en Sicilia, evitamos las autopistas, para poder detenernos cuando quisiéramos y mirar el paisaje. A fin de cuentas el viaje era el camino. Salimos de Palermo con dirección a Villa Adriano, el pueblo en el que Giuseppe Tornatore filmó Cinema Paradiso; y dormiríamos en Corleone. El navegador a veces nos llevaba por caminos francamente intransitables, y así fue como condujimos por el monte y en carreteras curveadas en las que sólo podía pasar un auto. Terracería y del otro lado el barranco. Ahí noté que comienzo a parecerme a mi madre o que quizá confío más cuando mi padre va al volante, cualquiera de las dos opciones es posible. En algún punto tuvimos que detenernos porque los borregos nos rodearon y bloquearon el paso. Casi al final del día llegamos a Corleone, aunque semanas antes mi querida amiga siciliana me había advertido “en Corleone no hay nada”; ella se refería a que no es un lugar tan turístico. Yo ya sabía que no vería nada de El Padrino ahí, pero de todos modos pensé que si estaba en Sicilia, tenía que ir a Corleone, porque aunque no es el pueblo más bello, sí es significativo.

Borregos en la carretera siciliana.
Foto: A. Fajardo

El Centro Internacional de Documentación de la Mafia y el Movimiento Antimafia (CIDMA) estaba a punto de cerrar y nos unimos a la última visita guiada. En el centro se pueden observar varias fotografías, pero necesitas que la guía te cuente la historia de cada una, para que comprendas que la mafia tiene siempre esa doble cara. De un lado las fotos de las mujeres de los capos, con pieles en salones con mármol y bebiendo champaña; del otro lado las mujeres en la miseria sosteniendo a un hijo muerto en brazos. En este lugar aprendí que la mafia no debe ser romantizada, que debemos mostrar más su cara perversa: que el TikTok con el Ferrari y los zapatos Gucci tienen un precio de sangre; que la mafia no respeta ni a niños ni a mujeres, empezando por los propios; que viven sin libertad.

En una de las salas también se encuentran las carpetas con la documentación del Maxiproceso, son copias, pero la información es pública y además es la representación del cambio de estructura. Al principio, algún procurador investigaba a algún capo y cuando el procurador era asesinado la información también desaparecía y tenían que empezar desde cero. Con el Maxiproceso todos podían acceder a la investigación, así que si alguien era asesinado, el proceso no se detenía. De ahí la importancia de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Sala de las carpetas. CIDMA, Corleone.
Foto: A. Fajardo

Además de concientizar sobre la verdadera cara de la mafia, la población se ha revelado, especialmente los jóvenes, quienes ya no están dispuestos a vivir en la opresión y con pequeñas acciones concretas, pero poderosas, lo demuestran. Qui non si paga il pizzo, afirman con una pegatina a la entrada de algún negocio, cafetería o cooperativa. Con una mezcla de valentía y miedo resisten las amenazas y libran una batalla, porque no seguirán pagando por “protección”. No seguirán sometidos. 

Giovanni Falcone definió a la mafia en Cosas de la Cosa Nostra como un poder que abusa de los valores, como la familia y el honor:

“La mafia: sistema de poder, articulación del poder, metáfora del poder, patología del poder. La mafia, que se transforma en estado y donde el estado está trágicamente ausente. La mafia: sistema económico, por siempre implicado en actividades ilícitas, fructíferas y que pueden ser explotadas metódicamente. La mafia es la organización criminal que usa y abusa de los tradicionales valores sicilianos”.

Giovanni Falcone, Cosas de la Cosa Nostra

El poder es la facultad de hacer alguna cosa, pero al vivir dentro de una comunidad el poder tiene límites delimitados por el bien común. Es por eso que la mafia, aunque tenga poder y así lo manifiesta, tiene un poder viciado, enfermo, patológico. Tienen el poder de hacer lo que quieren y por eso no tienen escrúpulos, pero tienen una aparente libertad. Son juegos de poder, en los que viven con el ansia de perder lo que tienen. Son poderosos, pero viven ocultos en un búnker húmedo con una hornilla eléctrica y sus familias son las que pagan las consecuencias. 

La mafia ha cambiado su modo de operación, ahora llevan cuellos blancos, pero siguen manchados de sangre. Ya no les importa ser mediáticos, incluso parece que es su nueva estrategia de marketing, aunque no por ello los periodistas y procuradores dejan de ser asesinados. Su poder se extiende en el mundo y aún así son sólo un puñado en comparación con la gente de buena voluntad. Hablemos de ellos y de lo que hacen, hablemos para que los niños sigan siendo niños y no se les fuerce a crecer con las falsas imágenes, hablemos para que los niños quieran ser como aquellos que sin miedo se han atrevido a hablar.

ST. JOHN HENRY NEWMAN, SEMBLANZA DE UNA CONVERSIÓN EXTRAORDINARIA

ST. JOHN HENRY NEWMAN, SEMBLANZA DE UNA CONVERSIÓN EXTRAORDINARIA

Por José de Jesús Rivera

El propósito de este artículo es mostrar algunas de las meritorias características de la vida del santo cardenal inglés John Henry Newman y que sirva como aliciente para la difusión de sus enseñanzas con el fin de contribuir al fortalecimiento de la fe en una sociedad que paulatinamente ha desertado de la experiencia religiosa para sustituirla por el consumismo.

¿Qué hay de apasionado y apasionante en la vida del cardenal Newman?  

John Henry Newman nació el 21 de febrero de 1801 en Londres. Fue en su juventud cuando tuvo un profundo acercamiento hacia la teología calvinista, pues consideraba que esta poseía sólidas doctrinas. Durante esta etapa de su vida, atravesó ciertas crisis vocacionales, pues creía que su verdadera vocación solo podría hallarse al servicio de la iglesia, de tal manera que se interesó cada vez más por el estudio de su fe cristiana. En 1822, se ordenó como presbítero anglicano.  

Cabe señalar que la Iglesia Anglicana de su tiempo se hallaba en una etapa de decadencia—debido en buena medida a grupos protestantes adversos—por lo que el entonces presbítero deseaba y buscaba la renovación de esta institución con una vuelta a las raíces apostólicas, junto con la restauración de las fracturadas relaciones entre la Iglesia de Inglaterra y Roma.

Su proximidad con los textos de los Padres de la Iglesia en el verano de 1828, a pesar de haberlos comprendido desde una perspectiva protestante, contribuyó de manera considerable en su conversión al catolicismo. Hacia finales de 1829, Newman decidió adoptar el celibato como forma de vida.  

Newman viajó a Roma, en compañía de su amigo Hurrell Froude, para realizar una visita a Wiseman, rector del Colegio Inglés de la Ciudad Eterna, con quien mantuvieron una interesante entrevista acerca de la solidez que representa el catolicismo, aunque Newman, instalado en su férreo carácter británico, tuvo aún ciertos prejuicios que no le convencían de aceptar el catolicismo. Pero, en Roma, Newman se percató de la piedad popular, del sentido religioso del catolicismo y, sobre todo, del fundamento doctrinal que la sostiene, características que quedaron anuladas en el anglicanismo.

De vuelta a Inglaterra, dio inicio el Movimiento de Oxford, liderado entre otros por Newman, cuyas pretensiones iniciales consistían en formular una Vía Media entre el protestantismo y el catolicismo, basándose en las siguientes premisas: el protestantismo ha roto sus vínculos con la tradición apostólica y el catolicismo; el anglicanismo, por otro lado, a pesar de conservar la tradición apostólica, contiene innovaciones. Se concluye entonces que el anglicanismo es el verdadero sucesor de la Iglesia antigua y medieval. Newman ya había sentido una atracción hacia la iglesia romana (con relación a lo doctrinal y lo religioso), pero sus intenciones en ese momento eran beneficiar y restaurar a la Iglesia de Inglaterra a partir de las raíces de la Iglesia de Roma.

Newman emprendió la tarea intelectual de componer y distribuir los Tractos (breves folletos en los cuales se debatían puntos de vista sobre asuntos religiosos), proyecto intelectual y religioso, al cual se le denominó más tarde como Movimiento Tractariano. El propósito inicial de este movimiento consistía en retornar a la Sucesión Apostólica y a la defensa de su Liturgia. Sus principales exponentes fueron Keble, Newman y Froude. En los Tractos, se solicitaba que la Iglesia anglicana retornara a los sacramentos, a los oficios litúrgicos antiguos y al conocimiento profundo de los Santos Padres de la Iglesia. Se publicaron 90 tractos, de los cuales 25 fueron escritos por Newman.

El Tracto 90 es quizá uno de los escritos más significativos de Newman, pues en él expuso la afinidad de la Iglesia de Inglaterra con el catolicismo más que con el protestantismo, de acuerdo con los 39 Artículos. Según el texto, dichos artículos, una de las bases de la fe anglicana, censuraban las corrupciones existentes en el catolicismo romano, pero admitían como cierta la doctrina católica y, por lo tanto, eran susceptibles a una interpretación católica, no protestante. El Tracto 90 fue tema de discusión en la Cámara de los Comunes, tildándolo como una prueba de deslealtad a la Iglesia de Inglaterra por parte de Oxford. En consecuencia, el Tracto 90 fue censurado por la Universidad de Oxford, pues estaban en desacuerdo con su propuesta.

Newman percibió que las circunstancias no favorecían la renovación del anglicanismo. Aunque en su momento no contempló su entrada en la Iglesia católica, sintió que había algo de verdad en ella. Posteriormente decidió abandonar Oxford para trasladarse a Littlemore e inició un periodo de ayuno, oración y penitencia. En octubre de 1845 ingresó a la Iglesia católica, asistió a su primera misa y poco a poco comenzó a relacionarse con los católicos.

“Si se pregunta al autor por qué se hizo católico, sólo puede dar la respuesta que la experiencia y la mente le presentan como la única verdadera, es decir, que vino a la Iglesia católica sencillamente porque creía que ella y sólo ella era la Iglesia de los Padres; porque creía que había una Iglesia sobre la tierra, y solamente una, hasta el fin del tiempo; y porque a menos que esta Iglesia fuera la de Roma y solamente ella, no había ninguna” (Cfr. Difficulties of Anglicans XII, 367).  

Si con tal profundidad, coherencia y belleza incomparables hubiere de hablar Newman respecto a su conversión al catolicismo, no son de extrañar las críticas que despertó entre varios de sus colegas anglicanos y familiares más cercanos, sorprendidos por su conversión a una fe que siempre habían criticado. A pesar de ello, Newman prosiguió su camino sin que eso le preocupara demasiado; sabía en su interior que estaba en búsqueda de la verdad.

Después de pasar un tiempo en Roma, Newman sintió un profundo interés por el Oratorio de San Felipe Neri, el cual buscará replicar más tarde en Inglaterra con el permiso del Papa Pío IX.

Inicialmente se instalaron en Maryvale (anteriormente conocido como Oscott), pero posteriormente vieron en Birmingham la oportunidad idónea para ejercer la tarea espiritual propia de los oratorianos. Birmingham contaba con una presencia mínima del anglicanismo. Por esa razón, los oratorianos deciden mudarse a esa ciudad, que cada vez se volvía más famosa por el desarrollo industrial pero que carecía de pastores para las almas católicas. Newman nunca estuvo a salvo de las críticas que le hacían los anglicanos por haberse cambiado de “bando”, pero él continuó empeñado en cumplir el deber de contribuir en la viña del Señor con la fundación del Oratorio en Birmingham. Bien dijo Jesús que “si el mundo los odia, sepan que antes me han odiado a mí” (Jn 15:18). 

Contra viento y marea, Newman sostuvo su compromiso de afianzar el Oratorio, primero en Birmingham y posteriormente en Londres, aunque sólo estuvo al frente del segundo por poco tiempo, pues prefirió regresar a Birmingham, en donde pudo dedicarse de lleno a la labor pastoral de predicación, catequesis y confesión, además de reservar un tiempo para el estudio y la atención a las correspondencias que recibía. Newman, junto con los oratorianos, experimentó la pobreza franciscana conjugándola con ayunos y oraciones. 

Newman recomendó a los conversos al catolicismo que el proceso no debía realizarse de manera precipitada, sino que había que emplear tiempo, oración y reflexión antes de tomar cualquier decisión. Baste con recordar que, en el arduo proceso de su conversión al catolicismo, en Newman intervinieron diversas circunstancias, como la deslumbrante visita a la Ciudad Eterna, el encuentro con la coherencia del sistema católico, y el cómo Dios lo guio a puerto seguro por medio de las deleitosas y sustanciales obras de los Padres de la Iglesia. La radical transformación de Newman, en plena crisis del anglicanismo languideciente de su tiempo, tuvo su impulso definitivo con la iniciativa del Movimiento de Oxford.

Cabe mencionar, como un detalle no sólo curioso sino también de profunda significación simbólica, el hecho de que Newman considerara que la Universidad de Irlanda debía convertirse en la universidad católica de lengua inglesa para el mundo, haciendo competencia a Oxford (de confesión anglicana). Se convirtió en rector de esta universidad el 4 de junio de 1854. Sin embargo, los ataques en su contra no tardaron en llegar por ser un inglés entrometido en asuntos que sólo competían a los irlandeses, lo que terminó orillándolo a abandonar ese proyecto y retirarse de nuevo a Birmingham para continuar viviendo en cristiana sencillez. Prosiguió una intensa actividad pastoral en el Oratorio y no dejó de confesar hasta los 80 años. No fue sino hasta 1854 que la Universidad de Oxford empezó a admitir a alumnos católicos.

Newman poseía una mente privilegiada, que le permitió abarcar un extenso campo de temas, entre los cuales destacan la política, las ciencias y la literatura. Una de sus actividades predilectas fue la redacción de cartas en las cuales expresaba con claridad sus sentimientos y pensamientos. Él consideraba que era el mejor medio para comunicarse con los demás.  

Newman descubrió que la Vía Media anglicana era imposible y que la verdadera vía era la romana.  En la Apologia Pro Vita Sua (1864), Newman expuso la defensa de sus creencias religiosas; en Grammar of Assent (1870) explicó que todos los creyentes poseen razones fundadas para creer, aunque no todos sean capaces de exhibir una razón. Finalmente, en Letter to the Duke of Norfolk (1875) mencionó que los ciudadanos católicos pueden ser súbditos leales en cualquier Estado. No existe oposición alguna entre la conciencia y la autoridad.

El 12 de mayo de 1879 fue nombrado cardenal por el Papa León XIII. El 11 de agosto de 1890, Newman partió a la Casa del Padre en Birmingham. El 22 de enero de 1991, Juan Pablo II declaró las virtudes heroicas de Newman. Fue beatificado el 19 de septiembre de 2010 por el Papa Benedicto XVI y canonizado por el Papa Francisco el 13 de octubre de 2019.

El Papa Benedicto XVI destacó algunos puntos en su homilía acerca de la beatificación de Newman:

 “Las virtudes heroicas de este santo inglés / Jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Cristo / Vivió entregado al ministerio sacerdotal / Se volcó en enseñar, predicar y escribir / Con el estudio buscó una sabiduría humana y amor intenso al Señor / Comprendió que la vida cristiana es una llamada a la santidad / Vio en la oración un efecto natural en el alma, que la espiritualiza y eleva / Vio que el divino Maestro nos asigna una tarea específica a cada uno / Su tarea fue aplicar su inteligencia y su pluma a exponer la fe / Trabajó de modo particular la relación entre fe y razón / Vio clara la importancia de ofrecer una educación integral a los laicos / Quiso formar laicos que, conociendo su religión, supieran dar razón de su fe y conocieran la historia para aclarar prejuicios difundidos durante siglos / Cuidó el ministerio pastoral con un enfoque cálido y humano / Dedicó muchas horas a rezar, visitar enfermos y pobres, consolando al triste o atendiendo a los encarcelados, en los años vividos en el Oratorio” (José Manuel Mañú Noain, San John Henry Newman, pp.39-40) 

Tardía fue su conversión al catolicismo, pero qué fecunda y valiosa para la cristiandad. Sus virtudes heroicas, su entrega al ministerio sacerdotal, su comprensión sobre la vida cristiana que es una llamada a la santidad y su incesante búsqueda por encontrar una adecuada relación entre la fe y la razón le valieron el proceso de beatificación por parte del papa Benedicto XVI cuando éste realizó una visita pastoral al Reino Unido en el 2010 y posteriormente la canonización por el papa Francisco en 2019.  

Newman trastocó los paradigmas al tomar la decisión de cambiarse de credo, lo que fue tomado como una grave e ignominiosa ofensa a las autoridades de la Iglesia de Inglaterra y a su pueblo. Actualmente, la asombrosa vida de Newman es semilla de nuevos conversos, la mayoría de ellos, en búsqueda de una espiritualidad más enriquecida con los sacramentos y la Tradición apostólica.  

REFERENCIAS

Mañú Noain, José Manuel. San John Henry Newman. Madrid: Ediciones Palabra, 2019.

Morales, José. Newman. Madrid: Ediciones RIALP, 2010.

La herencia religiosa: un encuentro con Dios en las bondades cotidianas. 

La herencia religiosa: un encuentro con Dios en las bondades cotidianas. 

Por: Sara Paola Arriaga Lovera.

Es muy curioso que dentro de todo lo que nos heredaron nuestros padres la forma de relacionarnos con la espiritualidad es una de ellas. Si nuestros padres son ateos, nosotros seremos ateos; si nuestros padres son agnósticos, seremos agnósticos; y si son católicos, seremos católicos. Al menos en primera instancia. 

Según el INEGI (2020), en México, el 77.7% de la población es católica, pero incluso dentro de ese porcentaje es mucho menor la cantidad de personas que realmente conocen el catolicismo. Pensemos en aquellos que se denominan “católicos practicantes” y “católicos no practicantes”, como si la religión fuera separable de su ejercicio. O, en aquellos que se bautizan, se confirman y se casan solo porque “es lo que se acostumbra”, pero jamás pisan el templo un día ordinario ni se han preguntado por su fe o por qué hacen lo que hacen. Seguramente el término “católico” debería ser aristotélico, porque al parecer se dice de muchas maneras.

Luego, por otro lado están los que quedan por fuera de ese porcentaje, aquellos que practican otra religión: mormones, cristianos, protestantes, musulmanes, etc. Pero ya sea que se consideren católicas o no muchas personas repiten incontables prejuicios sobre el catolicismo, la mayoría repiten estos prejuicios por ignorancia, francamente. Me parece desconcertante que los afirmen con tanta seguridad y hasta con odio, odio por algo que ni siquiera es lo que creen que es y, peor aún, que no se dan ni el  tiempo de conocer al menos para saber si su crítica es válida. 

Yo soy católica, pero mis padres no lo son; es decir, estoy bautizada porque los padres de mis padres son católicos y es la espiritualidad que les heredaron. Mis padres participaban de ese pequeño grupo que hace las cosas por costumbre sin conocer su fe, cuando les pregunté por qué se habían casado me respondieron que era lo que se acostumbraba y nada más. Claro que mis padres se querían, pero cuando llegaron los problemas y se sumaron al desconocimiento del significado de su propio matrimonio, quedó claro que su amor no era suficiente para mantener su unidad en medio de las vicisitudes de la vida.

Cuando mis padres se divorciaron se metieron en todo tipo de búsqueda espiritual alternativa. Y no los puedo culpar, el divorcio es algo que no existe en el catolicismo y la disolución de un matrimonio es algo mucho más difícil que solo separarse porque ya no quieren lidiar juntos con las circunstancias. Nadie quiere sentir que le falló a Dios por “divorciarse”, entonces se vuelve mucho más fácil buscar otra religión que responsabilizarse de su falta, aunque el verdadero problema es el desconocimiento de la fe. 

Así es que yo más bien crecí en un entorno “alternativo” de misticismo, reencarnación, feng shui, péndulo, imanes, cristales con poderes mágicos, numerología tántrica, meditaciones de estilo oriental y algunos otros revoltijos. Una crianza muy ”new age”, aunque estoy muy segura que las generaciones de ahora que practican estas cosas terminan inmersos en ellas por razones muy similares a las de mis padres. Al final Dios nos habla a cada uno de nosotros como solo él sabe que podemos entenderlo y quien realmente quiera buscarlo, estoy segura de que lo encontrará, sin importar el camino del que parta. La verdad es solo una; única y absoluta. Y, curiosamente, fue esta misma premisa la que me llevó al catolicismo.

Cuando era adolescente era discípula de una mujer que se autodenominaba como médium, “canal crístico”, exorcista, numeróloga… entre otras cosas. Yo sentía que algo no estaba bien, encontraba muchas inconsistencias en su discurso: acciones perjudiciales para personas en situación de crisis; una estrecha relación entre la “espiritualidad” y la monetización; un desprendimiento del juicio y la realidad (los hechos); intrusión abusiva en la vida de los demás y muchas otras características perturbadoras. 

Entonces, entendí dos cosas. 

La primera, ese tipo de experiencias son como estar borracho, se siente bien… hasta que llega la resaca y ves que la falta de sobriedad espiritual te puede llevar a la locura, como tener una “actitud positiva” completamente desarraigada de lo que está pasando y que al final no te ayudará a solucionar nada. O ver cosas que en realidad no están ahí y desarrollar psicosis. 

Y lo segundo que entendí es que la desesperación te lleva a creer lo que sea, y cualquiera de nosotros es susceptible de ello, sobre todo si es algo que nos llena el ego o nos brinda cierto sentido de identidad, como: “tú tienes un don”, o “eres especial”, o “puedes ver cosas que otros no ven”, o “tienes un nivel de conciencia superior”. Por ello debemos conducirnos con sobriedad y humildad, porque es muy fácil perderse en la vida espiritual. 

Entonces me di cuenta: yo no estaba dispuesta a renunciar a buscar a Dios por un vano consuelo de satisfacción que llenara mi ego. Así me encontré de frente con el catolicismo, no como la religión que me trasmitieron mis padres, sino como una mano amiga que se extendió ante la incertidumbre y no la hizo desaparecer, pero la degradó en matices de esperanza. No fue inmediato, tampoco agradable. Pero, me hizo mirarme a mi misma con atención y aceptación para confrontar mis pensamientos, palabras y emociones. Conformando mi sentir en una conversación con Dios, reconociendo cuando he fallado para pedir perdón e intentarlo de nuevo. Ahí, es donde aprendí que no se necesita ser “especial” para hacer algo bueno, todos somos capaces de hacerlo conforme a nuestras posibilidades y son esas pequeñas bondades en las que verdaderamente encontramos a Dios.

Tal vez mis padres no me heredaron mi espiritualidad. Tal vez con ello me mostraron un camino más largo. Quizá, sin proponérselo,más bien me enseñaron lo que no debía hacer. O incluso puede ser que lo que aprendí de ellos no fue lo que intentaban enseñarme. Pero, lo que sí aprendí fue a elegir libre y voluntariamente mi manera de encontrarme con Dios. De escoger las pequeñas, pero buenas acciones, para no perderme.

Prudentia Dei: El Papado de cada Pontifice como un regalo de Dios en la historia

Prudentia Dei: El Papado de cada Pontifice como un regalo de Dios en la historia

Por Rodrigo Guerra

Publicado orignalmente en inglés el 26 de febrero de 2025.

Traducción Spes: Irene González

El Papa Francisco se encuentra actualmente en el Hospital Gemelli de Roma recibiendo tratamiento por una doble neumonía. Los rumores sobre su salud y el ejercicio de su ministerio aumentan. ¿Cómo vive este momento la Curia romana? ¿Cómo ve el Vaticano a la Iglesia en Estados Unidos? ¿Cómo debemos interpretar la carta que el propio Francisco envió recientemente a los obispos estadounidenses? ¿Qué nos pueden enseñar estos momentos sobre el significado de “ser Papa”?

Para ayudar a responder estas preguntas, Where Peter Is entrevistó a Rodrigo Guerra, Doctor en Filosofía por la Academia Internacional del Principado de Liechtenstein; miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales; miembro ordinario de la Academia Pontificia para la Vida; fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV-México); y Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina de la Santa Sede.

¿Cómo es trabajar en el Vaticano durante la enfermedad y hospitalización del Papa?

RG: Estamos muy atentos a la evolución de la salud del Santo Padre, pero seguimos con nuestro trabajo habitual en cada uno de los Dicasterios. Por la tarde, casi todos los que colaboramos al servicio del Papa nos reunimos en la Plaza de San Pedro para rezar el Rosario, que dirigen el cardenal Pietro Parolin, el cardenal Tagle y otros. Estos momentos son una hermosa oportunidad para expresar nuestro amor y fidelidad al Sucesor de Pedro. Me viene inmediatamente a la mente la expresión del filósofo francés Gabriel Marcel: “Amar es decir: ¡no morirás!”. El don de la vida es un misterio de gratuidad. Debemos estar siempre agradecidos por este don y rezar para que el Papa siga dándonos el don de su presencia, de su palabra y de su ministerio providencial, que tanto nos corrige y nos educa.

¿Qué piensa de quienes han manifestado que les gustaría ver un cambio en la cabeza del gobierno de la Iglesia más pronto que tarde?

RG: Los buitres, cuando vuelan en círculos, anuncian la muerte o deseos de muerte. El evangelio de la vida no va en esa dirección. Los buitres, a veces disfrazados de palomas, exhiben públicamente una contradicción perversa.

¿Hasta qué punto estará limitado el Papa Francisco en su capacidad de guiar a la Iglesia después de una enfermedad tan grave?

RG: Los límites son una dimensión constitutiva de la condición humana. Sin embargo, Dios concede gracias especiales al Sucesor de Pedro para ejercer su ministerio de manera constante. El Papa, incluso en el hospital, sigue trabajando en el gobierno de la Iglesia y permanece atento a la escena mundial. Sus recientes declaraciones sobre el pueblo ucraniano martirizado o sobre el desafío que enfrentan los obispos en Estados Unidos son ejemplos de esto.

¿Cómo ve usted, desde su perspectiva en la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), el catolicismo de origen latinoamericano en Estados Unidos?

RG: Estados Unidos es un país muy complicado. Tiene una población de aproximadamente 335 millones de habitantes, de los cuales casi 70 millones son católicos. El 45 por ciento de los católicos en Estados Unidos son de origen hispano. Además, el 60 por ciento de los católicos menores de 18 años son hispanos. Esto significa que la transformación demográfica de la Iglesia católica en Estados Unidos es significativa. Los latinoamericanos tienen un protagonismo notorio en la vida pastoral de la Iglesia estadounidense, y traen consigo esperanza, alegría y elementos del espíritu comunitario de la Iglesia en América Latina.

¿Por qué cree que este cambio demográfico no se refleja en la composición del episcopado y el liderazgo pastoral en Estados Unidos?

RG: Mi impresión es que estamos en un momento comprensible: las estructuras de gobierno y organización pastoral en Estados Unidos siguen estando lideradas mayoritariamente por católicos anglosajones. Sin embargo, es previsible que poco a poco el liderazgo hispano vaya adquiriendo mayor relevancia en las estructuras de gobierno eclesial. La sinodalidad nos invita, entre otras cosas, a tomar decisiones para abrir espacios, derribar muros y superar cualquier barrera que impida a grupos tan significativos como la comunidad hispana jugar un papel decisivo en el presente y futuro de la Iglesia en Estados Unidos.

¿La Pontificia Comisión para América Latina también tiene la mirada puesta en Estados Unidos, aunque no sea oficialmente de su competencia?

RG: El Papa Francisco ha animado a la CAL a acompañar y animar a las comunidades católicas de origen latinoamericano en Estados Unidos y a fomentar el diálogo y la colaboración Norte-Sur. En el contexto de la actual reconfiguración política y social global, esto será cada vez más relevante.

¿Cómo debemos entender e interpretar la reciente carta del Papa Francisco a los obispos estadounidenses en el contexto de las deportaciones anunciadas por la nueva administración?

RG: Mi opinión es que el Papa Francisco ha querido, en primer lugar, manifestar su paternidad sobre los obispos y la Iglesia católica a través de esta importante carta. El Papa es el Pastor universal, el signo principal de la unidad eclesial y el garante de la correcta interpretación del Evangelio. En segundo lugar, la carta del Papa pasará a la historia como una valiente proclamación de un aspecto a menudo “olvidado” de la verdad del ser humano revelada en Jesucristo: todos tenemos la misma dignidad y estamos llamados a vivir juntos como hermanos. Cualquier respuesta a un desafío social que se deba afrontar no puede ignorar este hecho, que es el factor legitimador fundamental de todo Estado de derecho y de toda sociedad auténticamente solidaria y democrática.

Muchos han discutido sobre cómo el Papa Francisco habla en su carta sobre el verdadero “ordo amoris” que debemos promover frente al desafío actual de las migraciones. Algunos críticos han tratado de desacreditarlo contraponiendo sus palabras a las de San Agustín o San Bernardo. ¿Qué piensa de estas críticas?

RG: Agradezco mucho esta pregunta. En primer lugar, es necesario decir que la noción de ordo amoris es análoga, no unívoca. Se puede hablar de ordo amoris en varios planos y niveles. Enseguida me ha venido a la mente el maravilloso libro Metafísica del amor de Dietrich von Hildebrand, en el que hay valiosas reflexiones sobre este tema. En segundo lugar, al hablar del ordo amoris es necesario que evitemos oponernos al Magisterio del Santo Padre, aislando frases o citas de una comprensión integral de cómo enseñaban la doctrina del amor San Agustín o San Bernardo. Ambos santos, referentes intelectuales en la Iglesia, hicieron valiosas aportaciones a una comprensión “personalista” del amor. El amor se despliega de muchas maneras. Sin embargo, en sus aspectos más eminentes y arquetípicos, el amor consiste en hacer el bien al otro por el otro. En otras palabras, el ordo amoris fundacional es el amor benévolo que Dios dispensa a todos nosotros y que todos estamos llamados a vivir como norma suprema de vida. Desde este punto de vista, el Papa Francisco no podría haber sido más claro, contundente y pedagógico: en la parábola del “Buen Samaritano” podemos encontrar una manera increíblemente transformadora de entender un poco del corazón de Jesucristo al morir en la cruz por la salvación de todos. Es el amor in extremis –no en una perspectiva individualista sino comunitaria– lo que permite repensar nuestra respuesta a los inmensos desafíos actuales en materia de inmigración.

¿No es cierto que cuando se trata de amar, primero debemos comenzar por los más cercanos y luego cuidar a los más lejanos, como ha dicho el vicepresidente de los Estados Unidos?

RG: En su carta a los obispos estadounidenses, el Papa Francisco disipa y descarta una interpretación formalista del “amor al prójimo” que fácilmente conduce a una especie de individualismo expansivo. En efecto, en la carta, el Papa afirma de manera muy concisa algo que ya ha explicado muchas veces en otros lugares, en fiel continuidad con el Evangelio, los Padres y Doctores de la Iglesia y el Magisterio papal anterior: ¡debemos amar al prójimo!

Pero ¿quién es nuestro “prójimo”? Esta pregunta es fundamental.

El vicepresidente Vance intentó responderla mediante un modelo de círculos concéntricos, por decir lo menos, incompleto. La pregunta sobre la esencia de la noción de “prójimo” fue planteada a Jesucristo por un Maestro de la Ley, como podemos ver en el Evangelio de Lucas, capítulo 10. La respuesta de Cristo fue precisamente la parábola del Buen Samaritano. En su exégesis del Buen Samaritano en el extraordinario Capítulo II de Fratelli Tutti, el Papa Francisco explica extensamente el criterio supremo que está en la raíz de cualquier comprensión legítima del ordo amoris.

¿Estaría de acuerdo con esto San Juan Pablo II?

RG: En mi opinión, San Juan Pablo II estaría completamente de acuerdo con el Papa Francisco. De hecho, en su mensaje de Cuaresma de 1982, trata directamente esta cuestión. Además, como filósofo, Karol Wojtyla, en cierto modo, abordó la misma cuestión al formular la validez universal de la norma personalista de la acción: “Persona est affirmanda propter seipsam!” – ¡hay que amar a la persona por sí misma y nunca utilizarla como un mero medio! Este principio moral no admite excepciones y está en la base de la actual crítica pontificia a la “cultura del descarte”.

¿Cómo debemos aplicar este principio a la situación de los millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos?

RG: En cualquier estado gobernado por el estado de derecho, una persona debe tener siempre protección legal, incluso si entró al país de manera irregular. Esto es muy importante. La norma positiva no es el fundamento de la dignidad humana. Al contrario, la dignidad es el fundamento de los derechos humanos. Y los derechos humanos son, por su naturaleza, anteriores a las leyes del Estado. Todo ser humano, en cualquier circunstancia en que se encuentre, es persona y, por tanto, sujeto de derechos inalienables. Las leyes deben reconocer este principio para ser consideradas justas. Por eso, los especialistas en migración suelen reconocer que no existen “personas ilegales”. Toda persona es “legal”, es decir, un bien jurídicamente protegido por el mero hecho de “ser persona”. La situación jurídica irregular de un migrante que ha entrado clandestinamente en un país debe ser regulada de acuerdo con la ley. Si un migrante irregular comete un delito, debe ser tratado con “el debido proceso”. Si un migrante irregular no comete un delito, debe ser tratado con respeto y con comprensión de su condición particularmente vulnerable. Por otra parte, la Doctrina Social de la Iglesia siempre ha señalado que es necesario afrontar las causas estructurales que están en el origen de la necesidad de migrar o de buscar refugio. Esto implica la necesidad de promover el desarrollo humano integral en los países de donde parten los migrantes, tanto por parte de ellos como de la comunidad internacional.

Algunos críticos del Papa Francisco han argumentado que fue demasiado lejos al afirmar que Jesucristo era un migrante similar a los migrantes de hoy. ¿Es esto correcto?

RG: El Papa Francisco, con gran agudeza, citó a Pío XII, quien sostuvo en su Constitución Apostólica sobre estos temas que la familia de Nazaret es el modelo, ejemplo y consuelo de los migrantes y refugiados de todas las épocas. Me agradó que, al final de la página, el Santo Padre también haya colocado la cita original en latín del Papa Pacelli, para que su significado y contenido sean muy claros. Esta doctrina ha sido constantemente ratificada por el Magisterio de la Iglesia desde entonces.

Los sectores tradicionalistas de la Iglesia nos recuerdan constantemente que el Papa no es infalible en su enseñanza social o en sus decisiones disciplinarias y de gobierno. Argumentan que existe un derecho legítimo a disentir en estas áreas. ¿Cómo debe acoger un católico las enseñanzas que el Papa Francisco promulga en documentos como la carta dirigida a los obispos de Estados Unidos?

RG: El tema de la obediencia al Magisterio requeriría una explicación extensa, que no podemos dar en el marco de esta entrevista. Sin embargo, brevemente señalaré tres cosas. En primer lugar, la carta que el Papa Francisco envió a los obispos de Estados Unidos es verdadero Magisterio ordinario. En segundo lugar, está plenamente vigente el canon 752, que enseña: “Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres, aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio; por tanto, los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente con la misma”.

¿Cuál fue el tercer punto?

RG: Hay, de hecho, algunos sectores eclesiales que se consideran “más fieles a la Tradición”. La verdadera Tradición en la Iglesia es la Tradición apostólica, y no la que esta o aquella sensibilidad “tradicionalista” define como tal. Cualquier forma de “tradicionalismo” que no tenga esto en cuenta llega rápidamente a callejones sin salida, negando, por ejemplo, la autoridad del Concilio Vaticano II o de los Papas postconciliares.

En otras palabras, la guía del Magisterio de la Iglesia es decisiva para una adecuada interpretación de la auténtica Tradición apostólica. Sin ella, se favorece la constitución de una especie de “nuevo protestantismo” —conservador, pseudotradicionalista, ajeno a la verdadera Iglesia—. Por eso, en ocasiones, me parece pertinente y pedagógico recordar a quienes adhieren a estas nociones un breve texto de un autor particularmente citado por ellos:

“Cuando se ama al Papa, no se discute sobre lo que Él dispone o exige, o hasta dónde debe llegar la obediencia, y en qué cosas hay que obedecer; cuando se ama al Papa, no se dice que Él no ha hablado con suficiente claridad, como si Él estuviera obligado a repetir al oído de todos esa voluntad claramente expresada tantas veces no sólo de voz, sino por cartas y otros documentos públicos; no se ponen en tela de juicio sus órdenes, dando el pretexto fácil de quienes no quieren obedecer, de que no es el Papa quien manda, sino quienes lo rodean; no se limita el campo en el que Él puede y debe ejercer su autoridad; no se antepone a la autoridad del Papa la de otras personas por doctas que sean que disienten del Papa.” (Discurso del Santo Padre San Pío X a los sacerdotes de la Unión Apostólica, 18 de noviembre de 1912).

Ese texto es muy incisivo.

RG: Lo es. Es muy fácil ser fiel al Papa cuando pienso que está de acuerdo con mis ideas, con mis prejuicios y con mi modo subjetivo de entender la fe. Sin embargo, el Sucesor de Pedro es un custodio de la objetividad de la fe. Nos educa y nos corrige. El Papa —sea quien sea— es la ayuda providencial que Dios da para guiar a la Iglesia en cada momento de la historia. Así como agradecemos el don de San Juan Pablo II o del Papa Benedicto XVI, hoy estamos llamados a acoger la persona y la enseñanza del Papa Francisco, que ha tenido el enorme mérito de invitarnos a todos a una recepción más profunda del Evangelio y del Concilio Vaticano II.

¿Definiría usted a Francisco como un Papa “providencial”? ¿Qué cree que nos depara el futuro? RG: El Papa Francisco es, sin duda, un Sucesor “providencial” de Pedro. La Providencia —dice Santo Tomás de Aquino— es la “prudentia Dei”, la prudencia de Dios. Y la prudencia de Dios siempre nos tiene reservadas sorpresas.

Sobre el autor:

Rodrigo Guerra López es secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.

Originario de Ciudad de México, se licenció en Filosofía por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP); posteriormente obtuvo el grado superior en Humanismo Universitario por la Universidad Iberoamericana (México) y el doctorado en Filosofía por la Academia Internacional de Filosofía del Principado de Liechtenstein.

Ha desempeñado el cargo de coordinador académico del Instituto Pontificio Juan Pablo II de la Ciudad de México y ha sido profesor de metafísica, bioética y filosofía del derecho en la Universidad Panamericana, México. En 2013 impartió las Conferencias Conmemorativas Karol Wojtyla en la Universidad Católica de Lublin, Polonia.

De 2004 a 2007 dirigió el Observatorio Socio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano. En 2008 fundó el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), del que es profesor-investigador de la División de Filosofía y miembro del Consejo de Gobierno.

Es miembro de la Comisión Teológica del Consejo Episcopal Latinoamericano y de la Pontificia Academia para la Vida, y autor de numerosas publicaciones en el campo de la antropología, la bioética y la filosofía social.

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