Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos

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Cuando la gente piensa en México, a la mayoría le viene a la mente su rica cultura y tradiciones. Los mexicanos deben muchas de éstas al enriquecedor encuentro que se produjo entre los españoles y las culturas indígenas. Sin embargo, hay quienes piensan que México fue una colonia española con una situación similar de los países africanos bajo el dominio europeo, pero tal idea es completamente errónea y absolutamente ignorante de la historia mexicana. 

Si pensamos en una relación en cierta forma perjudicial para México, deberíamos re-enfocar nuestra mirada hacia sus vecinos del norte. Pero, ¿por qué es así? ¿Acaso los españoles no mataron a gran parte de la población indígena? ¿Qué no invadió Estados Unidos a México una sola vez? 

Las diferencias entre estos dos países son más profundas que la evidente diferencia socioeconómica y la “oposición entre desarrollo y subdesarrollo, riqueza y pobreza, dominación y dependencia”, afirma Octavio Paz en el texto Posiciones y contraposiciones: México y Estados Unidos. Para comprender la compleja relación entre México y Estados Unidos y las profundas diferencias entre ambos, es necesario retroceder en el tiempo. 

La oposición entre México y Estados Unidos es antigua y se remonta a la América precolombina. “El norte del continente estaba poblado por naciones nómadas y guerreras; Mesoamérica, en cambio, conoció una civilización agrícola, dueña de complejas instituciones sociales y políticas”. Unos pobladores eran cazadores y otros, agricultores. Esta división influyó enormemente en las políticas de los ingleses y los españoles hacia los nativos americanos.

Las diferencias entre los ingleses y los españoles que respectivamente fundaron «Nueva Inglaterra» y «Nueva España» también fueron decisivas: “en Inglaterra triunfó la Reforma mientras que España fue la campeona de la Contrarreforma”. Conquista y evangelización, ambas palabras profundamente españolas y católicas, describen mejor lo que ocurrió en México. La expansión colonial de Inglaterra no tuvo relación con ellas.

El catolicismo traído a México por los españoles estuvo lleno de asimilación y hubo una mezcla de culturas. De la cultura indígena, México conservó: la familia, la amistad, las actitudes hacia el padre y la madre, la imagen de la autoridad y el poder político, la visión de la muerte, el trabajo y la fiesta. De la cultura española, México conservó: la lengua, la religión, las instituciones políticas y el espíritu aventurero y valiente. México es una nación nacida de dos civilizaciones con un rico pasado, tanto de los indígenas como de los españoles. 

Por el contrario, en Estados Unidos no hay ningún elemento indígena. La mayoría de los nativos americanos fueron exterminados, y los pocos que quedaron fueron recluidos en «reservaciones». Como escribió el premio Nobel mexicano Octavio Paz, “los Estados Unidos se fundaron sobre una tierra sin pasado”. Estados Unidos no tiene raíces, y exactamente lo contrario ocurre con México, que tiene una herencia muy vasta. En uno de sus ensayos, Octavio Paz sugiere que la actitud del catolicismo hispano es incluyente, y la del protestantismo inglés es excluyente: asimilación vs. segregación.

Otra oposición significativa se relaciona con la actitud de cada nación hacia el trabajo y la fiesta. Para la sociedad novohispana, el trabajo no redimía, y el trabajo manual era servil. El hombre superior mandaba, contemplaba y disfrutaba. El ocio era noble. Y si se tenía riqueza, se construían iglesias y palacios y se hacían grandes celebraciones. Por el contrario, la sociedad protestante de Estados Unidos, afirmaba el valor redentor del trabajo y rechazaba el valor de la fiesta. Para los puritanos, el trabajo era redentor porque liberaba al hombre, y esa liberación era una señal de la elección divina. 

La sociedad mexicana era muy heterogénea, por lo que requería un gobierno central fuerte controlado por el monarca español y la Iglesia católica. La situación de Estados Unidos era diferente. Las pequeñas comunidades coloniales eran más bien homogéneas, y las instituciones democráticas podían florecer allí más fácilmente. 

Para Octavio Paz, el mayor contraste entre estos países es su posición respecto al tiempo. Estados Unidos es una sociedad orientada hacia el futuro. “El norteamericano vive en el límite extremo del ahora, siempre dispuesto a saltar hacia el futuro. El fundamento de la nación no está en el pasado sino en el porvenir… su acta de fundación, fue una promesa de futuro”. La posición de México es justo la contraria. “[E]l ideal fue perdurar a imagen de la inmutabilidad divina… pluralidad de pasados, todos ellos presentes y combatiendo en el alma de cada mexicano… La utopía, para ellos, no consistía en construir el porvenir sino en regresar al origen, al comienzo.”

Estas historias y caminos distintos han hecho que ambos países sean profundamente diferentes. Sin embargo, hay que decir que la sociedad mexicana era más rica y próspera que la estadounidense hasta finales del siglo XVIII. Pero todo cambió…

Justo después de la independencia de México, Estados Unidos, comenzó a perturbar aún más la inestable situación de la nueva nación. Una de las figuras más oscuras del imperialismo estadounidense y uno de sus mejores espías y alborotadores fue Joel R. Poinsett, el primer agente especial estadounidense en Sudamérica y ministro plenipotenciario de Estados Unidos en México. Era un oficial protestante, masón, anticatólico, antihispano, antimonárquico, codicioso y de mente clara, decidido a obtener el mayor beneficio para Estados Unidos de la situación política mexicana. Podríamos decir que era bastante anti-mexicano.

Fue enviado a promover un ajuste fronterizo que concediera a Estados Unidos dos tercios del territorio mexicano. Por supuesto, su petición fue denegada. Pero tras sus intentos fallidos, optó por una estrategia diferente: dividir a los mexicanos y fomentar intrigas entre ellos. Para ello, estableció las logias masónicas, que desde entonces han manejado y desgraciado a los gobiernos mexicanos. Además, fomentó la «leyenda negra» antiespañola que dice que los españoles solo robaron y asesinaron a las grandes culturas indígenas. Pero esto no es preciso. La nación mexicana es mestiza, lo que significa que surge de la mezcla de españoles e indígenas. Por supuesto hubo algunos abusos, pero el balance es más positivo que negativo. La situación en México propició los primeros desarrollos de la noción de los derechos humanos por parte de los misioneros religiosos y México no tuvo esclavos como Estados Unidos porque sus ciudadanos eran súbditos directos del reyes españoles como lo pidió la reina Isabel desde que Colón descubrió estas tierras. 

Las malas intenciones de Poinsett también fomentaron la expulsión de los españoles que quedaban, lo que produjo una mayor crisis en México en muchos sentidos: hubo una pérdida de población en varias regiones que quedaron como presa fácil para americanos ambiciosos, una pérdida de capital e industria necesarios para el desarrollo del nuevo país, y la pérdida de muchos sacerdotes y misioneros. Finalmente, se pidió la expulsión de Poinsett del país por toda la inestabilidad que estaba provocando. Pero en 1847, Estados Unidos invadió México, lo ocupó y le impuso terribles y pesadas condiciones de paz. Fue la guerra mexicano-estadounidense en la que Estados Unidos obligó a México a ceder más de la mitad de su territorio. La codiciosa expansión territorial del presidente Polk dejó a México con una agitación interna peor, muchas vidas perdidas y un sentimiento nacional en un estado de degradación y ruina.

Durante gran parte del siglo XIX, México sufrió guerras civiles, y los liberales mexicanos (principalmente masones dejados por obra de Poinsett) trataron de implantar una república democrática enfrentándose a la Iglesia católica. Esto supuso una ruptura radical con el pasado y produjo más división interna. Esta ruptura con la Iglesia hizo colapsar la educación y produjo que mucha gente quedara analfabeta y pobre. Las guerras acabaron produciendo el militarismo que llevó a la dictadura del presidente Díaz, que a su vez condujo a la Revolución Mexicana, que no pudo implantar una verdadera democracia sino sólo un régimen autoritario con una máscara de democracia. La desigualdad social y la acción de los monopolios económicos, entre ellos los de Estados Unidos, han dificultado desde entonces en gran medida el desarrollo de México. 

Hasta estos días, la injerencia estadounidense en la política mexicana continúa pero se ha transformado en la presión económica de las grandes empresas y su poder para manipular y abusar de las frágiles instituciones mexicanas corroídas por la corrupción. Además, Estados Unidos abusa de alguna manera de la dependencia de su vecino del sur y se aprovecha de la mano de obra barata sin proporcionar derechos laborales ni seguridad a las familias de los empleados. 

Una situación particular de injusticia en las relaciones México-Estados Unidos que puede ser retratada como una «sombra global» es la relacionada con la guerra contra las drogas. Es una sombra multifacética de poder, privilegio, inconsistencia e irresponsabilidad porque el gobierno de Estados Unidos ha avanzado poco en la reducción de la demanda y el consumo de drogas ilegales. Esto ha fomentado el crecimiento del mercado de las drogas, lo que detona también el crecimiento de los cárteles y desencadena muchos círculos viciosos al mismo tiempo. La violencia del narcotráfico destruye las comunidades y muchos jóvenes mueren por la violencia relacionada con las drogas o por sobredosis. Las madres tienen que trabajar en fábricas (lejos de sus casas) para mantener a sus hijos, y mientras tanto, los niños quedan solos a merced de los cárteles de la droga que los enrolan para su negocio. El consumo de drogas es un mal social, pero los más afectados son los más vulnerables. A Estados Unidos parece importarle sólo su beneficio económico y se lava las manos proporcionando más armas para combatir a los cárteles, pero no hace nada para solucionar el vicio de sus ciudadanos que causa todos los problemas. Mientras tanto, además de todos sus problemas, México mismo se está convirtiendo en un consumidor de drogas, y la legalización de la marihuana en algunas jurisdicciones estadounidenses ha empujado a las organizaciones del narco a concentrarse en drogas más duras.

Una solución podría ser reducir el consumo mediante campañas serias y no fomentar más el consumo mediante la legalización de las drogas. Hay que cambiar la cultura. La enfermedad de Estados Unidos es moral, y su hedonismo es otra cara de la desesperación. El libertinaje no es libertad. La libertad no es hacer lo que uno quiera. La verdadera libertad es hacer el Bien. Enseñemos a nuestros jóvenes a usar su libertad para servir al prójimo con amor.

Los defensores de la legalización de las drogas dicen que se erradicará el mercado negro, pero bien podrían seguir vendiendo marihuana a menor precio y a los menores de edad. NO a la marihuana y SÍ a la educación. Al buscar el bien común, el Estado debe proteger a sus ciudadanos. Ejerciendo la verdadera libertad, uno no se perjudica a sí mismo ni a los demás…  

El genial Octavio Paz termina su perspicaz ensayo sobre México y Estados Unidos –publicado en The New Yorker en 1979– con una advertencia que sigue siendo válida hoy: 

“Hoy los Estados Unidos se enfrentan a enemigos muy poderosos pero el peligro mortal no está fuera sino dentro: no es Moscú sino esa mezcla de arrogancia y oportunismo, ceguera y maquiavelismo a corto plazo, volubilidad y terquedad, que ha caracterizado a su política exterior en los últimos años … Para vencer a sus enemigos, los Estados Unidos tienen primero que vencerse a sí mismos: regresar a sus orígenes. Pero no para repetirlos sino para rectificarlos: el otro y los otros —las minorías del interior tanto como los pueblos y naciones marginales del exterior— existen. Si los Estados Unidos han de recobrar la entereza y la lucidez, tienen que recobrarse a sí mismos y para recobrarse a sí mismos tienen que recobrar a los otros: a los excluidos del Occidente”.

Octavio Paz, «Reflections Mexico and United States».

La frase «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los estados Unidos» se atribuye a Porfirio Díaz.

Las 5 enseñanzas que nos deja la narración más antigua de la historia: la Epopeya de Gilgamesh

Las 5 enseñanzas que nos deja la narración más antigua de la historia: la Epopeya de Gilgamesh

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La Epopeya de Gilgamesh es un poema con una antigüedad de más de 4,000 años. Es el texto narrativo más antiguo que conserva la humanidad. Fue escrito por la civilización sumeria con caracteres cuneiformes sobre tablillas de arcilla, en la región entre el Tigris y el Éufrates que hoy conocemos como Irak.

La historia de Gilgamesh todavía tiene mucho que decir a los seres humanos de nuestro tiempo. Es, a final de cuentas, la primera y la más importante de todas las aventuras: la aventura de buscar un sentido para la vida humana.

Por eso, sin reducirla a estas pocas líneas, sino con el ánimo de invitar a que sea más conocida y disfrutada, aquí se proponen cinco grandes verdades contenidas en la Epopeya de Gilgamesh, que el lector podrá descubrir si se adentra en el texto.

El poder debe limitarse para evitar la tiranía.

Gilgamesh, rey de la ciudad de Uruk, es el hombre más poderoso del mundo, más divino que humano. Su fuerza, la efectividad de sus armas, la gloria y la majestad de su liderazgo indiscutido no tienen par en toda la tierra y, precisamente por eso, porque no existen límites materiales a sus deseos, inevitablemente se convierte en un tirano: esclaviza a los hijos de sus súbditos, toma por la fuerza a las mujeres de su pueblo para saciar sus impulsos más básicos.

En medio del éxito y la riqueza, el ser humano es retratado en Gilgamesh con toda su miseria: cuanto más poder tiene, tiende más a la tiranía; porque el mundo de los deseos es desordenado, y si no se le limita, engendra la monstruosidad.

Los habitantes de Uruk claman a los dioses para que pongan freno a las injusticias de su glorioso rey. No quieren deshacerse de él, no piden que sea fulminado por el rayo o destruido por las fuerzas sobrenaturales; lo que piden es que pueda medirse frente a un semejante, que encuentre –como diríamos en México– la horma de su zapato.

El poder político, militar, económico o de cualquier otro tipo no puede ser destruido. Tiene la característica de que, si alguien lo deja, otra persona inmediatamente lo toma, porque es quizá el recurso más deseado del mundo, el que da la capacidad de hacer valer la propia voluntad. Por lo que la única manera de evitar su corrupción es enfrentarlo a otro poder igual.

Estatua de Gilgamesh en la Universidad de Sidney.

La igualdad puede dar miedo, pero es una condición indispensable para el amor.

La respuesta de los dioses ante el clamor de los habitantes de Uruk es crear a un hombre, Enkidu, tan fuerte como el propio Gilgamesh, al que ubican fuera de la ciudad, como un salvaje que vive entre las bestias.

Ante la noticia de que los dioses han creado a un hombre que lo iguala en fuerza, Gilgamesh siente temor. Tiene pesadillas acerca de cómo ese otro ser puede despojarlo de su poder, quitarle la veneración de sus súbditos y reducirlo a vasallaje.

La intuición de Gilgamesh sobre Enkidu es que tendrán que luchar hasta que uno prevalezca, pero la conclusión de la batalla entre ellos es que dos seres iguales no pueden ni vencer ni quedar derrotados entre sí. La constatación de esa realidad aplaca sus miedos y su ira, y da pie a una relación de auténtica amistad, tan profunda que engendra el amor.

El amor entre Gilgamesh y Enkidu no es un amor erótico, es un amor que nace del reconocimiento mutuo y desvela una realidad más profunda: el auténtico amor sólo puede darse entre personas que se reconocen como iguales.

Una persona que se ama sólo puede amar en otra aquello que identifica como reflejo de lo que ama en sí misma. Otro tipo de relaciones provienen de la carencia que se quiere resolver, la admiración que se quiere expresar o el deseo que se quiere realizar; pero el amor en libertad, sin el factor necesidad de por medio, exige necesariamente la igualdad.

El amor que nace entre Gilgamesh y Enkidu es transformador también, porque aleja a Gilgamesh de la tiranía y lo empuja fuera de su reino a emprender aventuras nuevas, junto a su amigo. Es un amor que se reafirma constantemente en el trabajo de equipo, en los logros y las dificultades que se comparten. Es un modelo de amor que puede trasladarse a otros ámbitos además de la amistad, desde la pareja hasta la familia y la sociedad.

La sexualidad tiene un poder civilizador.

Muchos piensan en la sexualidad como una fuerza instintiva, casi animal. Irónicamente, la Epopeya de Gilgamesh reconoce en la sexualidad más bien un ejercicio de inculturación.

El poderoso Enkidu, tan fuerte como Gilgamesh, vivía libre de toda civilización antes de encontrarse con el que se convertiría en su mejor amigo; creció en medio de las bestias, se comunicaba con ellas, comía la hierba y abrevaba en el lago junto a las gacelas, vivía en esa forma de Edén al que algunos filósofos luego llamaron “estado de naturaleza”.

Antes de presentarse con Gilgamesh, Enkidu experimentó un proceso de civilización a través del sexo.

Shamhat, una prostituta (probablemente sacerdotisa de la diosa Ishtar), es enviada al abrevadero para encontrarse con Enkidu cuando las gacelas bajaran a beber. En el momento mismo en que Enkidu la ve, Shamhat se desnuda y él es inmediatamente atraído hacia ella.

Seis días y siete noches pasó Enkidu haciendo el amor con Shamhat, pero cuando por fin sació todos sus impulsos sexuales, las bestias –que antes eran sus hermanas– huyeron de él, no lo reconocieron más, perdió la vida como la conocía, para poder abrirse a una nueva etapa en la que ganó, tanto sabiduría como capacidad de conocer y darse a conocer a otro ser humano, con un lenguaje que entre las bestias nunca alcanza ese nivel de eficiencia comunicativa.

En definitiva, la sexualidad humana en la Epopeya de Gilgamesh, sin renunciar a su esencia de impulso, y hasta en cierta medida de instinto, es sobre todo una forma de comunicación y por lo tanto de cultura.

Tarde o temprano hay que enfrentar la finitud.

Gilgamseh y Enkidu ganaron incluso más fama y poder juntos, pero en el camino, también se enemistaron con los dioses. Después que Gilgamesh rechazara la oferta de matrimonio de la diosa Ishtar, ésta amenazó con hacer surgir de la tierra a todos los muertos para que superaran a los vivos (el primer apocalipsis zombie) si Gilgamesh no era castigado, por lo que el dios Anu decide enviar al toro del cielo para que castigue la insolencia de Gilgamesh, pero él y Enkidu –magníficos y poderosos– matan al toro del cielo, con lo que desatan una auténtica confrontación entre los dioses y los hombres.

El viejo sueño humano de erigirse en dios de sí mismo está ya retratado en este primer poema épico de la humanidad, pero como cualquiera sabe, entre los dioses y los hombres hay una diferencia sustancial: la muerte.

El consejo de los dioses decide castigar directamente a la dupla y hace enfermar gravemente a Enkidu que, viendo la muerte cercana, maldice toda su vida, maldice sus logros, maldice a la mujer que lo hizo hombre y muere en medio de la confusión y de la tristeza.

Gilgamesh se enfrenta por primera vez con una realidad que lo sobrepasa y que no puede evitar: su mejor amigo, el gran amor de su vida, está muerto y él no puede hacer nada más que llorar; ordena que lloren todos los súbditos de su ciudad, vela a Enkidu, transido de dolor y desesperación como una leona que ha sido privada de sus cachorros, y lo despide con un glorioso funeral.

La realidad de la muerte lo atormenta y piensa que debe haber una manera de evitarla. Sabe que hay un hombre inmortal en la tierra, Utnapishtim “el lejano”,que sobrevivió al diluvio construyendo un arca (sí, es el primer Noé), y a quien los dioses concedieron la inmortalidad junto a su esposa, aunque a costa del exilio.

Sólo que Utnapishtim le hace ver a Gilgamseh que la inmortalidad es patrimonio exclusivo de los dioses y sólo ellos pueden concederla. A lo mucho, le enseña que existe una planta que le puede devolver la juventud.

Gilgamesh consiguió la planta, pero la pierde al fin, porque una serpiente se la robó. Con lo que a Gilgamesh no le queda más que encontrar la resignación en la idea de que, sin importar cuánta gloria haya conseguido, también su vida debe terminar en algún momento.

Cansado, derrotado al fin, simplemente se detiene, no tiene ya más qué buscar.

La verdadera felicidad está en las cosas pequeñas.

El mensaje de la Epopeya de Gilgamesh podría parecer desolador, por más bello que sea el texto, sin embargo, la más importante de sus enseñanzas da al lector un auténtico sentido, no sólo para la aventura de su personaje, sino para la vida humana en general.

En la antigua versión babilonia de la Epopeya de Gilgamseh, Siduri la tabernera, diosa de la fermentación del vino y la cerveza, trata de persuadir a Gilgamesh de buscar la inmortalidad –empresa inútil– con unas palabras que mantienen una vigencia eterna:

Haz de cada día un gozo,
baila y toca instrumentos día y noche.
Ponte ropa limpia,
lávate el pelo y báñate.
Contempla al pequeño que te toma la mano.
Deja que tu esposa disfrute tu abrazo repetidamente.
Pues ese es el destino del hombre mortal.

Por lo que la principal enseñanza es esta: la vida de los grandes y de los pequeños es igual en dignidad, su destino es el mismo, su alegría consiste en disfrutar los pequeños placeres cotidianos y la vida familiar. Todo lo demás, o bien carece de importancia, o bien engendra dolor.

ST. JOHN HENRY NEWMAN, SEMBLANZA DE UNA CONVERSIÓN EXTRAORDINARIA

ST. JOHN HENRY NEWMAN, SEMBLANZA DE UNA CONVERSIÓN EXTRAORDINARIA

Por José de Jesús Rivera

El propósito de este artículo es mostrar algunas de las meritorias características de la vida del santo cardenal inglés John Henry Newman y que sirva como aliciente para la difusión de sus enseñanzas con el fin de contribuir al fortalecimiento de la fe en una sociedad que paulatinamente ha desertado de la experiencia religiosa para sustituirla por el consumismo.

¿Qué hay de apasionado y apasionante en la vida del cardenal Newman?  

John Henry Newman nació el 21 de febrero de 1801 en Londres. Fue en su juventud cuando tuvo un profundo acercamiento hacia la teología calvinista, pues consideraba que esta poseía sólidas doctrinas. Durante esta etapa de su vida, atravesó ciertas crisis vocacionales, pues creía que su verdadera vocación solo podría hallarse al servicio de la iglesia, de tal manera que se interesó cada vez más por el estudio de su fe cristiana. En 1822, se ordenó como presbítero anglicano.  

Cabe señalar que la Iglesia Anglicana de su tiempo se hallaba en una etapa de decadencia—debido en buena medida a grupos protestantes adversos—por lo que el entonces presbítero deseaba y buscaba la renovación de esta institución con una vuelta a las raíces apostólicas, junto con la restauración de las fracturadas relaciones entre la Iglesia de Inglaterra y Roma.

Su proximidad con los textos de los Padres de la Iglesia en el verano de 1828, a pesar de haberlos comprendido desde una perspectiva protestante, contribuyó de manera considerable en su conversión al catolicismo. Hacia finales de 1829, Newman decidió adoptar el celibato como forma de vida.  

Newman viajó a Roma, en compañía de su amigo Hurrell Froude, para realizar una visita a Wiseman, rector del Colegio Inglés de la Ciudad Eterna, con quien mantuvieron una interesante entrevista acerca de la solidez que representa el catolicismo, aunque Newman, instalado en su férreo carácter británico, tuvo aún ciertos prejuicios que no le convencían de aceptar el catolicismo. Pero, en Roma, Newman se percató de la piedad popular, del sentido religioso del catolicismo y, sobre todo, del fundamento doctrinal que la sostiene, características que quedaron anuladas en el anglicanismo.

De vuelta a Inglaterra, dio inicio el Movimiento de Oxford, liderado entre otros por Newman, cuyas pretensiones iniciales consistían en formular una Vía Media entre el protestantismo y el catolicismo, basándose en las siguientes premisas: el protestantismo ha roto sus vínculos con la tradición apostólica y el catolicismo; el anglicanismo, por otro lado, a pesar de conservar la tradición apostólica, contiene innovaciones. Se concluye entonces que el anglicanismo es el verdadero sucesor de la Iglesia antigua y medieval. Newman ya había sentido una atracción hacia la iglesia romana (con relación a lo doctrinal y lo religioso), pero sus intenciones en ese momento eran beneficiar y restaurar a la Iglesia de Inglaterra a partir de las raíces de la Iglesia de Roma.

Newman emprendió la tarea intelectual de componer y distribuir los Tractos (breves folletos en los cuales se debatían puntos de vista sobre asuntos religiosos), proyecto intelectual y religioso, al cual se le denominó más tarde como Movimiento Tractariano. El propósito inicial de este movimiento consistía en retornar a la Sucesión Apostólica y a la defensa de su Liturgia. Sus principales exponentes fueron Keble, Newman y Froude. En los Tractos, se solicitaba que la Iglesia anglicana retornara a los sacramentos, a los oficios litúrgicos antiguos y al conocimiento profundo de los Santos Padres de la Iglesia. Se publicaron 90 tractos, de los cuales 25 fueron escritos por Newman.

El Tracto 90 es quizá uno de los escritos más significativos de Newman, pues en él expuso la afinidad de la Iglesia de Inglaterra con el catolicismo más que con el protestantismo, de acuerdo con los 39 Artículos. Según el texto, dichos artículos, una de las bases de la fe anglicana, censuraban las corrupciones existentes en el catolicismo romano, pero admitían como cierta la doctrina católica y, por lo tanto, eran susceptibles a una interpretación católica, no protestante. El Tracto 90 fue tema de discusión en la Cámara de los Comunes, tildándolo como una prueba de deslealtad a la Iglesia de Inglaterra por parte de Oxford. En consecuencia, el Tracto 90 fue censurado por la Universidad de Oxford, pues estaban en desacuerdo con su propuesta.

Newman percibió que las circunstancias no favorecían la renovación del anglicanismo. Aunque en su momento no contempló su entrada en la Iglesia católica, sintió que había algo de verdad en ella. Posteriormente decidió abandonar Oxford para trasladarse a Littlemore e inició un periodo de ayuno, oración y penitencia. En octubre de 1845 ingresó a la Iglesia católica, asistió a su primera misa y poco a poco comenzó a relacionarse con los católicos.

“Si se pregunta al autor por qué se hizo católico, sólo puede dar la respuesta que la experiencia y la mente le presentan como la única verdadera, es decir, que vino a la Iglesia católica sencillamente porque creía que ella y sólo ella era la Iglesia de los Padres; porque creía que había una Iglesia sobre la tierra, y solamente una, hasta el fin del tiempo; y porque a menos que esta Iglesia fuera la de Roma y solamente ella, no había ninguna” (Cfr. Difficulties of Anglicans XII, 367).  

Si con tal profundidad, coherencia y belleza incomparables hubiere de hablar Newman respecto a su conversión al catolicismo, no son de extrañar las críticas que despertó entre varios de sus colegas anglicanos y familiares más cercanos, sorprendidos por su conversión a una fe que siempre habían criticado. A pesar de ello, Newman prosiguió su camino sin que eso le preocupara demasiado; sabía en su interior que estaba en búsqueda de la verdad.

Después de pasar un tiempo en Roma, Newman sintió un profundo interés por el Oratorio de San Felipe Neri, el cual buscará replicar más tarde en Inglaterra con el permiso del Papa Pío IX.

Inicialmente se instalaron en Maryvale (anteriormente conocido como Oscott), pero posteriormente vieron en Birmingham la oportunidad idónea para ejercer la tarea espiritual propia de los oratorianos. Birmingham contaba con una presencia mínima del anglicanismo. Por esa razón, los oratorianos deciden mudarse a esa ciudad, que cada vez se volvía más famosa por el desarrollo industrial pero que carecía de pastores para las almas católicas. Newman nunca estuvo a salvo de las críticas que le hacían los anglicanos por haberse cambiado de “bando”, pero él continuó empeñado en cumplir el deber de contribuir en la viña del Señor con la fundación del Oratorio en Birmingham. Bien dijo Jesús que “si el mundo los odia, sepan que antes me han odiado a mí” (Jn 15:18). 

Contra viento y marea, Newman sostuvo su compromiso de afianzar el Oratorio, primero en Birmingham y posteriormente en Londres, aunque sólo estuvo al frente del segundo por poco tiempo, pues prefirió regresar a Birmingham, en donde pudo dedicarse de lleno a la labor pastoral de predicación, catequesis y confesión, además de reservar un tiempo para el estudio y la atención a las correspondencias que recibía. Newman, junto con los oratorianos, experimentó la pobreza franciscana conjugándola con ayunos y oraciones. 

Newman recomendó a los conversos al catolicismo que el proceso no debía realizarse de manera precipitada, sino que había que emplear tiempo, oración y reflexión antes de tomar cualquier decisión. Baste con recordar que, en el arduo proceso de su conversión al catolicismo, en Newman intervinieron diversas circunstancias, como la deslumbrante visita a la Ciudad Eterna, el encuentro con la coherencia del sistema católico, y el cómo Dios lo guio a puerto seguro por medio de las deleitosas y sustanciales obras de los Padres de la Iglesia. La radical transformación de Newman, en plena crisis del anglicanismo languideciente de su tiempo, tuvo su impulso definitivo con la iniciativa del Movimiento de Oxford.

Cabe mencionar, como un detalle no sólo curioso sino también de profunda significación simbólica, el hecho de que Newman considerara que la Universidad de Irlanda debía convertirse en la universidad católica de lengua inglesa para el mundo, haciendo competencia a Oxford (de confesión anglicana). Se convirtió en rector de esta universidad el 4 de junio de 1854. Sin embargo, los ataques en su contra no tardaron en llegar por ser un inglés entrometido en asuntos que sólo competían a los irlandeses, lo que terminó orillándolo a abandonar ese proyecto y retirarse de nuevo a Birmingham para continuar viviendo en cristiana sencillez. Prosiguió una intensa actividad pastoral en el Oratorio y no dejó de confesar hasta los 80 años. No fue sino hasta 1854 que la Universidad de Oxford empezó a admitir a alumnos católicos.

Newman poseía una mente privilegiada, que le permitió abarcar un extenso campo de temas, entre los cuales destacan la política, las ciencias y la literatura. Una de sus actividades predilectas fue la redacción de cartas en las cuales expresaba con claridad sus sentimientos y pensamientos. Él consideraba que era el mejor medio para comunicarse con los demás.  

Newman descubrió que la Vía Media anglicana era imposible y que la verdadera vía era la romana.  En la Apologia Pro Vita Sua (1864), Newman expuso la defensa de sus creencias religiosas; en Grammar of Assent (1870) explicó que todos los creyentes poseen razones fundadas para creer, aunque no todos sean capaces de exhibir una razón. Finalmente, en Letter to the Duke of Norfolk (1875) mencionó que los ciudadanos católicos pueden ser súbditos leales en cualquier Estado. No existe oposición alguna entre la conciencia y la autoridad.

El 12 de mayo de 1879 fue nombrado cardenal por el Papa León XIII. El 11 de agosto de 1890, Newman partió a la Casa del Padre en Birmingham. El 22 de enero de 1991, Juan Pablo II declaró las virtudes heroicas de Newman. Fue beatificado el 19 de septiembre de 2010 por el Papa Benedicto XVI y canonizado por el Papa Francisco el 13 de octubre de 2019.

El Papa Benedicto XVI destacó algunos puntos en su homilía acerca de la beatificación de Newman:

 “Las virtudes heroicas de este santo inglés / Jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Cristo / Vivió entregado al ministerio sacerdotal / Se volcó en enseñar, predicar y escribir / Con el estudio buscó una sabiduría humana y amor intenso al Señor / Comprendió que la vida cristiana es una llamada a la santidad / Vio en la oración un efecto natural en el alma, que la espiritualiza y eleva / Vio que el divino Maestro nos asigna una tarea específica a cada uno / Su tarea fue aplicar su inteligencia y su pluma a exponer la fe / Trabajó de modo particular la relación entre fe y razón / Vio clara la importancia de ofrecer una educación integral a los laicos / Quiso formar laicos que, conociendo su religión, supieran dar razón de su fe y conocieran la historia para aclarar prejuicios difundidos durante siglos / Cuidó el ministerio pastoral con un enfoque cálido y humano / Dedicó muchas horas a rezar, visitar enfermos y pobres, consolando al triste o atendiendo a los encarcelados, en los años vividos en el Oratorio” (José Manuel Mañú Noain, San John Henry Newman, pp.39-40) 

Tardía fue su conversión al catolicismo, pero qué fecunda y valiosa para la cristiandad. Sus virtudes heroicas, su entrega al ministerio sacerdotal, su comprensión sobre la vida cristiana que es una llamada a la santidad y su incesante búsqueda por encontrar una adecuada relación entre la fe y la razón le valieron el proceso de beatificación por parte del papa Benedicto XVI cuando éste realizó una visita pastoral al Reino Unido en el 2010 y posteriormente la canonización por el papa Francisco en 2019.  

Newman trastocó los paradigmas al tomar la decisión de cambiarse de credo, lo que fue tomado como una grave e ignominiosa ofensa a las autoridades de la Iglesia de Inglaterra y a su pueblo. Actualmente, la asombrosa vida de Newman es semilla de nuevos conversos, la mayoría de ellos, en búsqueda de una espiritualidad más enriquecida con los sacramentos y la Tradición apostólica.  

REFERENCIAS

Mañú Noain, José Manuel. San John Henry Newman. Madrid: Ediciones Palabra, 2019.

Morales, José. Newman. Madrid: Ediciones RIALP, 2010.

Un manual para ejercitar la paciencia: Cinco panes y dos peces

Un manual para ejercitar la paciencia: Cinco panes y dos peces

Con la misma esperanza, de que un día de estos o alguna de estas semanas volveré a casa, escribo, no asemejando las situaciones, sino siguiendo los pasos, siguiendo el manual: los cinco panes y los dos peces para alcanzar la serenidad y la paciencia.

Andrea Fajardo

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Uno de los males contemporáneos de la sociedad es el desprecio hacia la vulnerabilidad. Queremos ser siempre fuertes, duros, jóvenes y tener todo bajo control. Olvidamos que si nos cortamos también sangramos,que somos finitos, falibles y necesitados. ¿Quién quiere ser vulnerable? Parecería ridículo, y sin embargo en la vulnerabilidad y la flaqueza hay mayor fuerza. Una contradicción, pero así es el mundo: contradictorio, extraño e incontrolable.

El viernes desperté como cualquier día normal y me preparé para una revisión rutinaria; después de desayunar puse en una bolsa mis documentos, la cartera, el teléfono con la mitad de la batería porque planeaba volver a casa después de un par de horas, tomé el rosario –no tanto porque fuera a rezar en ese momento, sino porque siempre lo cargo, como se carga la cartera­– y por último, guardé el libro Cinco panes y dos peces del Cardenal Van Thuan (1928 – 2002). Un libro muy ligero, con menos de 90 páginas y que no tiene desperdicio. Caminé hacia la estación del Sbahn, transbordé una vez y luego tomé el autobús hasta el consultorio.

Un día normal, como cualquier otro, en el que pensamos que todo está bajo control, pero no hay nada más alejando de la realidad que pensar que podemos controlar minuciosamente lo que sucede, como si la vida fuera un reloj suizo. La doctora me miró seriamente y me dijo que debía llamar una ambulancia. ¿Una ambulancia? Nunca me he subido a una y me siento bien, no me siento enferma, no siento nada extraño, lo que sí siento es miedo. Los paramédicos llegan, me colocan en una silla y me bajan; quería decirles, si acaso no preferían que bajara por mi propio pie las escaleras, pero desde ese momento, la voz se debilita y en plena vulnerabilidad extiendes tus manos, otro te ciñe y te lleva hacia donde no quieres. (Cf. Juan 21, 18)

La ambulancia se dirige hacía algún hospital, ellos saben hacia dónde, yo sólo me dejo conducir y cuando llegamos alcanzo a ver el nombre. Sin saber bien dónde estoy, al menos puedo avisar en dónde me encuentro y pedir que me traigan un par de cosas por si acaso. De pronto comienza un espiral de miedo, angustia, revisiones, inyecciones, catéter, muestras de sangre, piquetes, noticias a medias, diagnósticos incomprensibles, soledad y espera. Algo que en momentos me resulta abrumador, como si estuviera dentro de la misma estación esperando a Godot, sin saber qué espero y por cuánto tiempo, hasta que llega una respuesta y después una nueva espera, con una nueva angustia que carcome, hasta que se repita el ciclo o termine.

Hace muchos años, Fernando Galindo, dijo en una clase que una de las funciones de la filosofía es aprender a ser resistentes a la frustración. Quizá ya no recuerde esa clase, pero fue una frase que me impactó y que me gusta repetir a mis alumnos. Es cierto, una de las funciones prácticas de la filosofía es que de cierto modo aprendemos a resistir la frustración. Ahora está de moda hablar de la resiliencia, que consiste en adaptarse a la adversidad del mejor modo posible. Prefiero pensar en esa tolerancia a la frustración y que desemboca en la paciencia.

Etimológicamente la paciencia viene del verbo latino pati (patientia) y que significa sufrir. Bíblicamente es un don del Espíritu Santo que consiste en saber sufrir. Podemos pensar que la paciencia es un esperar pasivo y sufriente hasta que la adversidad termine, sin embargo, no hay nada más activo que ser paciente. Y en ese sentido el libro Cinco panes y dos peces es el manual perfecto para ejercitarnos en la paciencia.

Desde que comencé el libro, el mes pasado, pensé que merecía una reseña, porque consiste en el testimonio de 13 años en prisión de un inocente y expone ante los jóvenes siete claves para ser pacientes en la adversidad. Claro que desde la comodidad del hogar y las distracciones diarias lo dejaba para el día siguiente, y así sucesivamente. En mi defensa debo decir, que estaba en México y que mi plan era hacerlo cuando regresara al frío invierno berlinés.

Cinco panes y dos peces.

Llevo más de una semana en el hospital y hasta el momento no sé cuándo volveré a casa, ante la incertidumbre, pensé que podría escribirla al regresar, pero ésta mañana he cambiado de parecer: no hay mejor momento para escribirla que bajo estas circunstancias. El cardenal Van Thuan escribió parte de su testimonio y lo que aprendió en el cautiverio. Él ejerció cada día durante 13 años la paciencia; sin saber cuándo podría ser liberado, pero con la esperanza de que algún día lo sería. Con la misma esperanza, de que un día de estos o alguna de estas semanas volveré a casa, escribo, no asemejando las situaciones, sino siguiendo los pasos, siguiendo el manual: los cinco panes y los dos peces para alcanzar la serenidad y la paciencia.

El cardenal Van Thuan comienza el libro inspirado en el Evangelio de Juan (Jn. 6, 5-11) para resumir sus vivencias que “a veces con gozo, a veces en sufrimiento, en la cárcel, pero siempre llevando en el corazón una esperanza rebosante” en 7 puntos que lo ayudaron durante los 13 años de cautiverio.

Van Thuan, obispo de Saigon (Vietnam) fue detenido el 15 de agosto de 1975, día de la Asunción, y liberado el 21 de noviembre de 1988, día que se conmemora la presentación en el templo de la Virgen María. El motivo de su detención fue ser un sacerdote católico en un país bajo el régimen comunista, en otras palabras, una víctima más de la persecución cristiana de esta época.

A continuación, les presento los cinco panes y los dos peces:

François-Xavier Nguyen Van Thuan

“Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor”.

Cardenal Van Thuan

Primer pan: vivir el momento presente

Tras su detención y mientras lo conducían 450 km en la oscuridad nocturna sintió tristeza, abandono y cansancio. En el camino recordó las palabras de un sacerdote que estuvo prisionero 12 años en China, y que se la vivió esperando. Fue entonces que tomó una decisión. “Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor”.

No podemos estar siempre esperando, ¿esperando qué? A veces lo que esperamos nunca ocurre. Esto no significa que debemos sumergirnos en la apatía y dejar de esperar cosas, sino que hay que esperar de otro modo, no pasivamente, sino activamente.

En esos momentos Van Thuan consiguió lo necesario para comenzar a escribir su libro El camino de la esperanza, porque le preocupaba dejar a los pocos católicos sin pastor. Van Thuan se pregunta ¿cómo puedo vivir el momento presente con amor? Dejando lo que es accesorio y concentrándonos en lo esencial e imprimiendo en cada acto, así sea simple, el máximo de amor posible.

Si te toca esperar, entonces espera con amor; si te van a inyectar, sacar sangre, hacer otra prueba, tomar pastillas: hazlo con amor. Es fácil decirlo y muy difícil hacerlo, pero cada día se puede intentar de nuevo. Van Thuan no sabía cuánto tiempo tendría que esperar en el encierro, y yo tampoco, pero la espera se vuelve más soportable cuando la ofrecemos y vivimos intensamente, no en la pasividad.

Es posible elegir esperar en la angustia, desesperación y la tristeza, o intentar, aunque sea muy duro y cueste una fuerza enorme, esperar activamente: descansando en la paciencia. Claro que hay momentos más difíciles, pero no hay que olvidar que no estamos solos.

Segundo pan: Discernir entre Dios y las obras de Dios

Van Thuan es un sacerdote muy dinámico y activo, por lo que el cautiverio en un pequeño espacio y soledad era una tortura mental que lo tenía al borde de la locura. Una noche escuchó en su corazón que debía aprender a discernir entre Dios y las obras de Dios. Todas las actividades pastorales que realizaba eran obras de Dios, pero no eran Dios. Y él había elegido a Dios, a su voluntad, no a sus obras.

Es como aquella inspiración de Margarita María Alacoque “encárgate tú de mis cosas, que yo me encargaré de las tuyas”, porque a fin de cuentas Dios lo resuelve todo mejor de lo que nosotros lo podemos solucionar. De este modo Van Thuan dejó su misión pastoral en manos de Dios, porque comprendió que Él lo quería ahí, en prisión. En ese momento sintió una paz que ya no lo abandonó.

Hace algunos días intenté salir voluntariamente, aunque estaba indecisa al no comprender cien por ciento el diagnóstico y los procesos, pensando que los médicos alemanes pecan de exageración. Llevaba días de desesperación, con dolor en un brazo por las constantes tomas de sangre, en los dedos por las mediciones de azúcar y en el otro brazo por el catéter. Y en esa desesperación y sin sentirme enferma, pensé que aun cuando tuviera que guardar reposo, estaría mucho mejor en casa.

Quería irme a toda costa, pero sin un panorama claro, durante la noche y con los nervios a flor de piel aumentados por la oscuridad, en oración pedí ayuda para discernir. Aquella mañana me levanté alegre, pensando que me iría en pocas horas y en oración repetía, “yo no sé lo que es mejor, pero quisiera volver a casa, si esa es tu voluntad abre toda puerta y hazlo de forma sencilla; pero si no debo irme y es tu voluntad que me quede, dilo claramente y dame serenidad para aceptarlo”. Basta decir que no pudimos hacer la alta voluntaria, tampoco me dieron una fecha aproximada de salida, y aunque en el momento pensé “qué pesado estar aquí sin fecha final”, poco a poco he tenido una mayor serenidad para vivir un día a la vez en el hospital, porque por el momento aquí es donde debo de estar.

Portada del libro «El camino de la esperanza» del Card. Van Thuan.

Una fuerza que sostiene es saber que otros oran por ti, que una comunidad que te ama y se preocupa, intercede por ti así sea al otro lado del Atlántico.

Andrea Fajardo

Tercer pan: Un punto firme, la oración

“ ”Padre, en la prisión usted ha tenido mucho tiempo para orar.” No es tan simple como se podría pensar. El señor me ha permitido experimentar toda mi debilidad, mi fragilidad física y mental. El tiempo pasa lentamente en la prisión, particularmente durante el aislamiento”. Se dispone del tiempo, pero a veces cuesta demasiado concentrarse o dejar de sentirse solo. Así que en ocasiones basta con una oración sencilla: “cuando me faltan las fuerzas y no logro siquiera recitar mis oraciones, repito: “Jesús, aquí estoy, soy Francisco”. Me entra el gozo y el consuelo, experimento que Jesús me responde: “Francisco, aquí estoy, soy Jesús”.”

No siempre tenemos la disposición de una oración con palabras complicadas, es más, las palabras sobran, basta con algo sencillo, como los niños cuando se espantan y gritan por papá y mamá. No tiene que decir mucho e inmediatamente los padres van y los tranquilizan con su presencia. Así que podemos simplemente llamar a Jesús o al soplo del Espíritu Santo, y ellos sin dudarlo acudirán.

Van Thuan también menciona que le gusta orar con la Palabra de Dios, pero cuando lo apresaron no pudo tomar la Biblia, lo único que llevaba consigo era el rosario. Así que recolectó todos los pedacitos de papel que pudo y en ellos escribió más de 300 frases del Evangelio, hizo una pequeña Biblia que utilizaba para orar. Entre otras oraciones se encuentra el Magnificat, Te Deum y el Veni Creator.

Es cierto que tras los momentos difíciles la oración serena e incluso alegra el corazón, nos aliviana el peso. Pero quisiera añadir que no es solamente la propia oración, también la comunidad es muy importante. Una fuerza que sostiene es saber que otros oran por ti, que una comunidad que te ama y se preocupa, intercede por ti así sea al otro lado del Atlántico.

El aspecto comunitario de la religión es muy importante, pero no sólo por la comunidad que se forma al participar de los mismos ritos, sino que hay una forma de amor desinteresado que los une, fortalece y acompaña. Aprovecho para agradecer a todos aquellos que me han tenido presente en sus corazones y que me acompañan cercanamente a pesar de la distancia.

Cuarto pan: Mi única fuerza, la Eucaristía

Es muy conocido y conmovedor el testimonio del cardenal Van Thuan y la Eucaristía. Se las apañó para que le enviaran vino por motivos medicinales y cada día a las 3 de la tarde celebraba la misa, con tres gotas de vino y una de agua, en la palma de su mano. Pero esta fuerza no la guardó para sí mismo, sino que en ocasiones podía compartirla con otros católicos, quienes también en la prisión tenían la oportunidad de comulgar: “Fabricamos bolsitas con el papel de las cajetillas de cigarros para conservar al Santísimo Sacramento. Jesús eucarístico estuvo siempre en la bolsa de mi camisa”.

Y no solamente la misa, también los presos montaban guardias nocturnas y adoraban a Jesús Eucaristía, quien les “ayudaba inmensamente con su presencia silenciosa”. Van Thuan, en esta locura y escándalo para el mundo, incluso se atreve a decir que aquellas misas en el cautiverio fueron las más bellas de su vida.

En México algunas cosas son más sencillas, siempre se conoce a algún padre o ministro de la Eucaristía, que visita a los enfermos. Sin embargo, en Alemania, un país que otrora se autodenominaba cristiano, la Iglesia es un poco más fría y ciertas cosas no son tan sencillas. Si bien no puede venir un sacerdote o ministro diario a traerme la comunión, sí puede ocurrir algunas veces. El día que el padre vino a visitarme y me trajo la Eucaristía, me sentí alimentada, cobijada y con la fuerza para resistir. Y para estos casos, podemos contar también con la comunión espiritual.

Card. Van Thuan en prisión.
Fuente: cardinalvanthuan.org

Ver con otros ojos, con los ojos de Jesús, ayuda a amar y perdonar incluso a aquellos que nos hacen mal.

Andrea Fajardo

Quinto pan: Amar hasta hacer la unidad es el testamento de Jesús

Al principio los guardias no le hablaban a Van Thuan, lo trataban como un enemigo y el trato ensombrecía el ambiente. Hasta que un día pensó que, a pesar de la cautividad, él tenía una mayor riqueza: el amor de Cristo. A partir de ese momento comenzó a amar a los guardias y a ofrecer pequeñas muestras cotidianas de caridad, una sonrisa, una palabra amable e incluso llegó a enseñarles otros idiomas y resolver sus dudas religiosas. El ambiente cambió radicalmente.

Van Thuan escribe en El camino hacia la esperanza, “cuando hay amor se siente el gozo y la paz, porque Jesús está en medio de nosotros. Viste un solo uniforme y habla una sola lengua: la caridad”. Ver con otros ojos, con los ojos de Jesús, ayuda a amar y perdonar incluso a aquellos que nos hacen mal, algo que encontraban inconcebible los guardias.

Los cristianos deberíamos ser el instrumento del amor de Dios en el mundo. “El más grande error es el no darse cuenta que los otros son Cristo. Hay muchas personas que no lo descubrirán sino hasta el último día. Jesús fue abandonado en la Cruz y ahora lo sigue estando en el hermano y en la hermana que sufre en cualquier rincón del mundo. La caridad no tiene límites; si los tiene no es caridad”.

Cuando nos duele una muela, toda nuestra atención se centra en esa muela. Incluso la sentimos más porque estamos constantemente al pendiente de ese dolor y dejamos de notar otras sensaciones corporales. Lo mismo sucede con el sufrimiento, que puede llevarnos a centrarnos únicamente en nosotros mismos y cuando sólo pensamos y atendemos nuestra miseria caemos en la victimización y el egoísmo: Nos auto-pobreteamos, nos sentimos la única víctima, el único sufriente.

En una semana cambié cuatro veces de compañera de habitación. Cada una con situaciones diferentes, cada una con un propio dolor. En el hospital te puedes encontrar de todo dependiendo de la sección: desahuciados, gente con dolores tremendos, mujeres que acaban de parir, bebés prematuros en incubadoras o que deben ser operados, mujeres que yacen con el miedo de perder a sus bebés y tantas incontables enfermedades y sufrimientos.

Desde hace algunos días comparto habitación con la misma mujer, ella tampoco sabe cuánto tiempo se quedará, también tiene miedo y sufre. En las mesas de noche ella tiene el Corán y yo tengo la Biblia. A veces ella llora, otras veces, lloro yo. Pero si algo ha sucedido es que, a pesar del propio sufrimiento, no nos hemos cerrado al sufrimiento de la otra. Me preocupa su diagnóstico, me apena verla llorar, no necesitamos hablar mucho porque basta una palmadita en la espalda y la seña de que oraré también por ella. Ella se preocupa por su bebé, por su hija y su marido, y dentro de toda la avalancha, no hace oídos sordos a mis problemas, porque sin que lo esperara me compartió un plátano y me consiguió una sopa. Cosas sencillas porque la caridad comienza por lo pequeño y escala hacia lo más grande. Esa es la caridad que todo lo transforma y que acompaña, que nos hace salir de nosotros mismos.

Primer pez: María inmaculada mi primer amor

La madre y la abuela de Van Thuan infundieron su amor a María y ella ha sido una señal a lo largo de su vida. Lo arrestaron el día de la Asunción y lo liberaron, de una forma tan sencilla, que incluso sorprende, el día de la presentación de la Virgen en el templo. Van Thuan reconoce la mano de María a lo largo de su vida y especialmente durante el cautiverio. Cuando física y moralmente se sentía abatido en la prisión, oraba el Ave María, pero no solamente pide por su intercesión, sino que también le pregunta “Madre, ¿qué cosa puedo hacer por ti? Estoy listo para seguir tus órdenes, para realizar tu voluntad por el Reino de Jesús”.

Van Thuan nunca se sintió abandonado por María, y como mexicanos, nos es natural saber que en las aflicciones y miedos ¿acaso no está aquí la que es nuestra madre? “Para mí, María es mi Madre, que me dio Jesús. La primera reacción de un niño que siente miedo, que está en dificultades o sufre, es la de clamar: “mamá, mamá”, esta palabra es todo para el niño”. Es un reflejo natural buscar el apoyo materno, a veces mucho más instintivo que buscar al padre, por eso María, como madre, es una figura tan accesible.

Van Thuan pensaba constantemente en el Virgen del Perpetuo Socorro, y lo mismo hago yo. Me fascina el icono: María sostiene firmemente y con ternura al bebé Jesús, quien está espantado porque unos ángeles le presentan la Cruz y el martirio. El bebé Jesús tiene miedo y tiembla, por lo que uno de sus zapatos está a punto de caer. Pero ahí está María con la mirada serena y sosteniéndolo con sus manos.

Desde hace muchos años tengo especial cariño al icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, cuando la vi en Roma y un querido sacerdote amigo mío me explicó, lleno de ternura, el temblor de Jesús que se ve en su pequeño pie y zapato quedé profundamente conmovida.

Por las noches, antes de dormir, coloco el rosario en mi vientre, porque es como tener la mano de María, y a modo de jaculatoria le digo: “madre, sostén con tu mano a Elías, del mismo modo y con el mismo amor con que sostuviste al bebé Jesús”.

Icono Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Segundo pez: he elegido a Jesús

A modo de conclusión Van Thuan nos presenta 24 puntos prácticos para vivir un día unidos a Jesús. Recuerdo que querido amigo, y ahora sacerdote, dijo en alguna ocasión que el camino de santidad se construye día con día, que cada mañana podemos orar para que Dios nos conceda 24 horas de fidelidad. Estos últimos 24 consejos, que pueden parecer breves y sencillos, nos ayudan a mantenernos en la esperanza, la paciencia y la fidelidad.

Cinco panes y dos peces: Testimonio de 13 años de cárcel es un manual muy práctico, escrito desde lo que podría haber sido la desolación, para ayudarnos a ejercitar la paciencia en un mundo turbulento.

Canonizaciones difíciles

Canonizaciones difíciles

La Iglesia no es inmune a la cultura, finalmente está formada por hombres de su tiempo y debe transmitir sus mensajes en esas coordenadas espacio temporales y, por lo tanto, culturales. En ese sentido, no es impermeable a la moda de lo “políticamente correcto” ni a la corriente “woke” o “de la cancelación”. Parece ser que ha habido santos -personas que, podemos suponer con bastantes visos de credibilidad, están en el Cielo- que sin embargo han sido “cancelados” y no se pueden canonizar. No es gratuita esta pretensión de declararlos “santos antes de tiempo”, pues tienen fama de santidad, sus vidas han dejado una profunda estela de bien en la Iglesia y en la historia de la humanidad, y se ha estudiado concienzudamente su vida. ¿Cuál es su error? Pretender acceder a los altares en el momento equivocado.

Sierva de Dios Isabel la Católica

Sin hacer una investigación exhaustiva, me vienen a la mente dos ejemplos: la Sierva de Dios Isabel la Católica y el Venerable Fulton J. Sheen. Isabel I de Castilla murió con fama de santidad, aunque su proceso comenzó muy tarde, en 1974, es decir, se trataría de un proceso histórico que intentaría determinar su fama de santidad a lo largo de los siglos, como una especie de “culto inmemorial” al estilo del Beato Duns Escoto, que a su vez determine, a través de una estricta indagación histórica, cómo vivió heroicamente las virtudes cristianas. A parte de eso, la cristiandad y la civilización occidental tienen una deuda enorme con Isabel: gracias a su apoyo América fue descubierta, y fue defensora de los derechos de los indígenas como personas humanas, adelantándose por siglos a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En efecto, la reina les da el tratamiento de súbditos libres y reconoce sus derechos humanos. A partir de ese momento, los reyes de España se consideraron protectores de los indígenas, por lo menos durante el reinado de los Habsburgo. Es verdad que algunos colonizadores, encontraban la manera de eludir la ley, pero la ley estaba escrita y fue promulgada por Isabel I.

¿Cuál es el pecado imperdonable de Isabel la Católica? La expulsión de los judíos sefardíes del reino de España. Comprender este hecho implica sumirse en su contexto histórico. Obviamente, con ojos del siglo XXI nos parece una barbaridad, pero quizá no lo fuera tanto desde la perspectiva del siglo XV, que fue cuando ocurrieron los eventos. Justo en ese momento se estaba fraguando el concepto de “nación” o “estado” en su sentido moderno. La nobleza perdía el poder, el cual se concentraba en la figura de los reyes. Había diversos elementos que componían el cóctel de una nación: un solo rey, una sola lengua, una sola moneda, una sola religión. Por eso, en el siglo siguiente se adoptó la consigna: “cuius regio, eius religio”, es decir: según sea la religión del rey, esa será la religión del pueblo que él gobierna. Y esta norma se adoptó en todo el territorio europeo. Es decir, mirando el contexto religioso, fue una medida “normal”, aunque, objetivamente injusta; pero esa injusticia estaba más allá del horizonte de interpretación de la reina. Su beatificación supondría un duro golpe al diálogo interreligioso mantenido con los judíos desde el Concilio Vaticano II, y por ese motivo está en stand-by.

Venerable Fulton J. Sheen

El caso del Venerable Fulton J. Sheen es más sorprendente. Iniciado su proceso durante el pontificado de san Juan Pablo II, declarado Venerable por Benedicto XVI, aprobado por Francisco el milagro que debería abrirle las puertas a la beatificación -finalmente, un milagro documentado atribuido a su intercesión vendría a ser como el acta notarial de que efectivamente se encuentra en el Cielo-, fijada su fecha de beatificación para el 21 de diciembre de 2019, fue suspendida pocos días antes de celebrarse. Este evento, sin duda, resulta novedoso para la añosa historia de la Iglesia, nunca había sucedido algo así. ¿El motivo? Un obispo juzgó que el comportamiento del obispo Sheen con un sacerdote que tuvo una conducta sexual inapropiada en 1963 pudiera ser mal entendido por el Fiscal General de Nueva York. Sobra decir que la investigación histórica realizada durante el proceso exoneraba completamente a Sheen del caso, afirmando rotundamente que “nunca había puesto a niños en peligro”. Pero, dado el revuelo actual sobre el triste caso de la pederastia clerical, donde no hay presunción de inocencia sino de culpabilidad, aconsejaron meter en la congeladora su beatificación, a pesar de su milagro, los frutos en conversiones de su predicación y su magnífica doctrina.

Mirando retrospectivamente, pienso que algunos de los santos más grandes de la historia de la Iglesia, no serían canonizados con los criterios actuales. Me vienen a la memoria dos ejemplos: san Ambrosio de Milán y san Cirilo de Alejandría. San Ambrosio es culpable de lo que podríamos denominar “la primera quema de una Sinagoga en la historia”, perpetrada por monjes en Raqqa, actual Siria. El emperador Teodosio intentó castigar a los culpables, pero Ambrosio, furibundo antisemita, impidió que lo hiciera, sugiriendo que la Iglesia tenía derecho a hacerlo. Mientras san Cirilo de Alejandría, quien también fue antisemita (destruyó su Sinagoga y los expulsó de Alejandría), es culpado por instigar el salvaje asesinato que el populacho perpetró contra Hipatia de Alejandría, filósofa, matemática y astrónoma. Cabe hacer notar que ambos son doctores de la Iglesia y “campeones de la ortodoxia”: san Cirilo es el principal promotor, dentro del Concilio de Éfeso en el 431 d.C., de que María siguiera considerándose “Theotokós”, es decir, “Madre de Dios”; y san Ambrosio de la conversión de san Agustín, quizá el pensador católico más prominente de la historia. Pero en su época, ser antisemita no te bloqueaba el camino a los altares.

San Ambrosio de Milán

En su tiempo el antisemitismo no era un pecado, ahora sí lo es. La Iglesia ha reconocido, quizá un poco tarde, su parte de culpa en la formación del antisemitismo gracias al gran san Juan Pablo II, que en el contexto de la “purificación de la memoria” publicó: “Nosotros recordamos: Una reflexión sobre la Shoah”. San Ambrosio, san Cirilo e Isabel la Católica obraron con buena conciencia, aunque lo que hicieron objetivamente estuvo mal. Pero en su tiempo eso no se percibía y ello no les impidió a los primeros dos el acceso a los altares, a la última sí. Pienso que lo mismo le sucede a Fulton J. Sheen, durante su vida no había la sensibilidad que hay ahora, y por ello la Iglesia vacila al ponerlos como ejemplo. Pero, finalmente, pienso que eso les tiene a ellos sin cuidado, pues seguro estarán ya disfrutando de la visión de Dios en el Cielo, aunque nosotros no queramos reconocerlo.

Cuando las paredes oyen: entre lo privado y lo público

Cuando las paredes oyen: entre lo privado y lo público

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Ilustración: David Zertuche

El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y, con ello, la República Democrática Alemana (RDA) comenzó a diluirse poco a poco. Algunos días después, el 13 de noviembre, el parlamento de la RDA llamado la “Cámara del pueblo” (Volkskammer), entró en sesión para discutir sobre la reunificación. Entre sus miembros se encontraba Erich Mielke, quien fuera el Ministro de la Stasi. La RDA contaba con un servicio de inteligencia muy eficiente y que también fue un instrumento de opresión, control y vigilancia de los alemanes orientales; el Ministerio para la Seguridad Estatal (MfS) era el servicio de seguridad estatal (Staatssicherheit), mejor conocida como la Stasi. 

El parlamento convocó a Erich Mielke para que rindiera cuenta por los crímenes de la Stasi. Mielke continuaba dirigiéndose a todos con el término “camaradas” (Genossen), exasperando a varios; cuando finalmente subió al estrado, uno de los hombres más temibles de la RDA formuló una bizarra e irónica declaración de amor: “ich liebe doch alle, alle Menschen” (yo amo a todos, a todos los hombres). El parlamento, y seguramente los alemanes que seguían la sesión por televisión, explotaron de risa. 

Video Erich Mielke «Amo a todos los hombres».

Por amor a los camaradas la Stasi tenía que oprimir, vigilar, manipular, torturar y, muchas veces, convertir en colaboradores informales a la población. Se vivía una constante paranoia, porque no era posible saber quién era un agente o un colaborador, incluso entre familias y amigos. Una madre, un buen amigo o el hijo del vecino podían ser colaboradores informales.

Las conversaciones eran escuchadas y, para ello, había varios métodos de vigilancia muy efectivos. Popularmente, se dice que “las paredes oyen”, y con la Stasi «velando por la seguridad nacional» el dicho se cumplía: se implantaban micrófonos y hasta la conversación más banal era escuchada con atención y protocolada minuciosamente. Ni siquiera en la intimidad y privacidad del hogar se podía estar seguro, porque la esfera privada se había vuelto pública. 

Con la caída del Muro de Berlín y la toma del cuartel principal de la Stasi, las actas se hicieron públicas. Con “públicas” no me refiero a que cualquiera puede acceder a los archivos y leer las actas de la Stasi, porque sería una violación a la privacidad; sino que aquellos que tienen una acta o sus familiares directos pueden leerla en el archivo general. Las actas tenían que volverse públicas, para reparar un poco la privacidad violada de las víctimas. 

Sin duda, debe ser aterrador leer un protocolo detallado de tu vida diaria: a dónde fuiste, con quién hablaste, cuánto tiempo tardaste en llegar, los lugares que frecuentas, si algo te gusta o no te gusta, lo último que dijiste, la carta que escribiste a tu padre, tus problemas de alcoba e, incluso, el tiempo que estuviste sentado en el váter. La minuciosidad con la que todo queda registrado es escalofriante

¿Hay algún lugar dentro de mi intimidad al que no pueden acceder? Quizá a mi pensamiento, si es que no se ha vuelto predecible, tras la continua vigilancia ¿Te resulta conocido? La Stasi no colocó micrófonos secretos en tu hogar, cada uno de nosotros colocó su propio micrófono: el móvil o la querida Alexa. Nosotros abrimos la puerta.

Pandemia Digital
Acuarela: David Zertuche

La filósofa alemana, Hannah Arendt, propone que el mundo es un espacio de apariencias conformado por dos esferas coexistentes: la esfera pública y la esfera privada. Sin embargo, estas esferas no se contraponen, sino que cada una requiere de la otra para conformarse, son interdependientes e iguales. La esfera privada se identifica con el hogar y la intimidad, mientras que la esfera pública tiene como característica principal el discurso y la acción, esto posibilita que la esfera pública pueda ser también política. 

Las facultades del espíritu –el pensamiento, la voluntad y el juicio– son invisibles, pero se manifiestan por medio del lenguaje. En el mundo, aparecen cosas y seres que son públicos y privados, que se perciben por medio de los sentidos y que se expresan por medio del lenguaje.

Cada uno de nosotros percibimos el mundo que nos rodea, pero también queremos ser percibidos y mostrarnos al mundo. La interacción entre el mundo exterior y el interior de la persona se logra por medio del lenguaje que expresa las facultades del espíritu, y que permite distinguir entre lo público y lo privado. 

La actividad de las facultades del espíritu se vive en el interior, pero, desde lo privado, se puede dar el salto a lo público, al mundo externo. Decidimos, en nuestro interior, cómo mostrarnos y revelarnos en público. Las esferas, privada y pública, son dependientes entre sí y en cada una está la potencialidad de la otra.

Arendt señala que, aunque el campo político es el espacio para la libertad, es necesario mantener la esfera privada. Por el contrario, en un estado totalitario, todo se vuelve político y público; la esfera privada desaparece y con ella se acalla la identidad, la diferencia y la pluralidad. 

Que lo privado se vuelva público es peligroso, especialmente si ambas esferas están mediatizadas. El filósofo Jürgen Habermas ha reflexionado por mucho tiempo sobre la esfera pública (Öffentlichkeit) y considera que es el entorno para deliberar espontáneamente y en comunidad sobre lo racional, sin las interferencias del estado, los intereses económicos y los medios de comunicación.

Sin embargo, lo público es aquello que tiene visibilidad y, por lo tanto, está mediatizado por los medios de comunicación que se encargan de producir una realidad pública que tiene el poder de controlar y determinar por medio de narrativas mediáticas, las pocas visiones del mundo que se imponen. 

Estas narrativas procuran entretener para adormecer la razón. Los actores con legitimidad para expresarse públicamente son los políticos, periodistas y la “opinión pública”; sin embargo, el internet ha fragmentado la mediatización, porque cualquiera puede escribir sus opiniones en Facebook o Twitter

¿Se trata de una superación de la mediatización o sólo se ha modificado la estructura de mediatización pero ésta sigue siendo necesaria? 

Un buen ejemplo de la mediatización es la película “They live” (1988) de John Carpenter, basada en el relato de ciencia ficción de Ray Nelson Eight O´Clock in the Morning, el protagonista observa a través de unas gafas especiales que hay unos seres diferentes, extraterrestres, que controlan el mundo a través de los medios de comunicación, especialmente la televisión. John Nada ve en los anuncios publicitarios el mensaje subliminal: obedece, cásate y reprodúcete, consume, trabaja ocho horas; y el dinero, afirmaba, “este es tu dios”. El control se ejercía por la mediatización: La esfera privada se determinaba de acuerdo con una simulación de la esfera pública que imponía su visión del mundo pero que no estaba en realidad abierta ni a la libertad, ni al disenso ni a la pluralidad. . 

They live de John Carpenter

Da la impresión de que desde el arribo de las redes sociales y quizá un poco antes la delgada línea entre la esfera pública y la esfera privada se ha diluido y vuelto confusa. Desde hace algunos años, comenzó a exhibirse la vida privada. Primero, la de los artistas en los programas de cotilleos, luego, la de los políticos y, ahora, nosotros exhibimos, sin que nadie nos lo pida, nuestra privacidad. Fotografiamos lo que comemos, lo que vestimos, los lugares a los que vamos y hasta los momentos más íntimos y delicados. Lo privado se vuelve público. Incluso surgió un nuevo trabajo: los influencers, quienes comercian con su vida diaria.

El lema feminista de los años 60 “lo personal es político” afirma que lo que acontece en la esfera privada puede y debe discutirse en la esfera pública; y, aunque se pretende reivindicar la dimensión política de la vida privada y la participación, lo político se vuelve personal y puede resultar peligroso. 

Obey, Berlín
Foto: A. Fajardo

La esfera privada puede enriquecer la esfera pública; la esfera privada es la condición de posibilidad de existencia de la esfera pública y viceversa. Sin embargo, no por ello todo lo privado debe hacerse público. Exhibir nuestra privacidad sólo nos vuelve más vulnerables ante la mediatización y elimina el ámbito de la intimidad; ámbito protegido de la luz pública y que todos necesitamos para vivir plenamente y mantener nuestra salud mental.

Cada vez que entramos a un sitio de Internet nos aparece una leyenda que afirma preocuparse por nuestra privacidad, autorizamos diferentes aplicaciones para que tengan acceso a nuestra imágenes, micrófono y contactos; y recientemente los cambios de la privacidad de Whatsapp inquietaron a algunos. Los memes no se hicieron esperar, y otros afirmaban que, en realidad, nadie puede estar interesado en los mensajes de tu madre, los chistes de tu tío, las recetas de la abuela, las conversaciones tóxicas con tu ex y los memes del Baby Yoda que te envían tus amigos.

Podría parecer intrascendente y banal y, sin embargo, la información recopilada es valiosa, de otro modo, no habría servidores para almacenarla y algoritmos cada vez más precisos para analizarla. “Cuando algo es gratis, entonces, tú eres el producto”, aplica tanto para los covers del antro, como para las aplicaciones que recopilan nuestros datos. La frase “la información es poder” quizá parezca trillada y de superación personal, pero no ha perdido nada de su relevancia.

Pienso que la esfera pública continua mediatizada y ahora las personas con poder suficiente cuentan con instrumentos más eficientes para la manipulación, y también la esfera privada se ha visto afectada. Si la esfera privada desaparece y todo se vuelve público, no habrá espacio para el silencio ni la interioridad; la privacidad está en peligro. Si la esfera pública llega a ser dominada por unos cuantos, la democracia y la libertad estarán en peligro.

La invasión a la privacidad llevada a cabo por la Stasi intimidó e intentó controlar la vida de muchos alemanes. Horroriza pensar que alguien entre sin nuestro consentimiento a nuestro hogar, coloque micrófonos por todas partes y hurgue en nuestros cajones; pero ahora nosotros les abrimos las puertas y los recibimos con los brazos abiertos.

Hay un tercero -invisible- en la habitación, escuchando y llevando un protocolo detallado de nuestras actividades, de lo que hablamos, escribimos, pensamos, de nuestras reuniones, contactos, compras, del tiempo que miramos una imagen, de los gestos que hicimos e incluso de nuestros momentos más íntimos; y así, vigilan descaradamente nuestra privacidad. Lo intuimos, pero no lo vemos; incapaces de escapar a su juego, dejamos de sentir miedo y procuramos vivir como si no estuviera ahí. 

MDNMDN