El trabajo intelectual Jean Guitton, Rialp (Madrid), 2005. pp. 160.
En esta civilización “archisaturada” de conocimientos y medios para adquirirlos, todos alguna vez nos hemos sentido desalentados porque utilizamos imperfectamente nuestra energía mental y porque en el siglo XXI nuestro saber ya no puede ser enciclopédico. No obstante, el maestro Guitton nos ofrece una guía para ordenar nuestros estudios y mejorar su rendimiento, “para perfeccionar la memoria, nervio del entendimiento; para entrelazar el espíritu con el cuerpo, obtener un esfuerzo y una labor absolutos y mantenerse, sin embargo, alegres.” Nos enseña cómo tener un tesoro sin que se pierdan ninguno de nuestros esfuerzos, ya que “lo que desalienta en los estudios, es ver que los conocimientos no se acaban de adquirir jamás, que no se conservan, no se agregan unos a otros en un desarrollo continuo y sustancial”. Así, este pensador nos orienta sobre cómo recoger, mediante signos, el trabajo del espíritu, fijar el pensamiento propio y el de los demás, para que podamos volver a pensar sobre lo que una vez hemos conocido y amado en ese movimiento de retorno que representa el conocimiento.
Jean Guitton, pensador católico, doctor en letras y miembro de l’Académie française, nos regaló hace más medio siglo un valiosísimo libro llamado: El Trabajo Intelectual. Podría sonarnos ajeno este título, porque usualmente descuidamos ese aspecto que es el único que al final del día nos colma de satisfacción. Pero es un error pensar que las fatigantes actividades del trabajo diario no puedan compaginarse con semejante delicia. Es aquí donde entra monsieur Guitton para compartirnos con la elocuencia de un sabio, su experiencia y consejo en este respecto.
Enriquecido con referencias tanto interesantes como divertidas y haciendo el libro sumamente ameno al incluir anécdotas suyas y de sublimes personajes de la talla de Simone Weil, Pascal, Victor Hugo y Napoleón, el autor nos invita a tomar el tiempo en nuestras manos y convertirlo en una experiencia provechosa.
Con la sencillez y amenidad de un maestro que no ha dejado de ser alumno, nos guía por el camino que debemos seguir para ejercitar nuestra voluntad y sacar provecho de nuestra existencia cotidiana. Nos recuerda cómo disponer de las herramientas que nos permitirán emplear de la mejor manera nuestra actividad intelectual y que precisamente se encuentran tan sólo en nosotros mismos. Desde cómo tomar notas, cómo dejar correr al monstruo, los beneficios de guardar de vez en cuando nuestro detritus, y qué tipo de libros disfrutar.
Además, sus palabras nos ponen de manifiesto que el esfuerzo intelectual puede realizarse incluso cuando se ha trabajado todo el día en la oficina. ¿Por qué escindir de los deberes de nuestra profesión las alegrías del ocio que nos concede el goce de la libertad pura? El chiste es tener siempre una atención y disposición vivaz puesto que las vicisitudes de esta vida tienen ritmos y suspensos en los cuales puede alojarse una acción del alma. Aunado a esto, “una obligación regular, que no exige una atención excesiva, pero que obliga a hacer gestos sin poner en ellos el alma, […] sirve a muchos de sostén y reposo para el trabajo del espíritu. Lo que hay que evitar es ser absorbido por ella…”
Con máximas verdaderas, simples y esenciales Guitton nos invita a ser nuestro propio maestro interior y a enriquecer la propia vida con la sustancia de lo que leemos y hacemos, puesto que todo concurre a nutrir. La clave está en “que el espíritu debe aprender a concentrarse y a encontrar en el tema, cualquiera que fuere, su punto de aplicación; que debe hacer trabajar al reposo y a los intervalos del tiempo, a fin de madurar; [y en] que le hace falta expresarse para conocerse…”
Considero que en una ciudad caótica, en un mundo sumamente atareado, conocemos el valor del tiempo y es por eso que estamos obligados a pensar en los métodos que nos permitan utilizarlo del modo más provechoso, cosa que este profesor francés nos facilita.
En fin, este brillante librito nos mueve a conferir un valor absoluto al acto de atención, a la perfección formal o a la tarea de un día, al reiterarnos que todo acto de atención, de paciencia, de afán de mejoramiento por mínimo que sea, encuentra en sí mismo su recompensa, independientemente del provecho y de todo resultado.
Después de todo esto, cabe decir, sin embargo, que no nos obliga a adoptar métodos rigurosos ni resoluciones heroicas. Al contrario, nos tranquiliza e infunde confianza puesto que el progreso se logra con una práctica simple de aplicación cotidiana, como él bien refiere. Los grandes hombres no son de una esencia diferente a la nuestra, todo hombre posee una vida intelectual en su ser y sólo es cuestión de ser creativos para engrandecer todas nuestras pequeñas tareas.
Pero no me mal entiendan. El Trabajo Intelectual no es cualquier libro de superación personal, es un manjar suculento que no se nos ofrece ya digerido y vulgarizado de manera simplona como un “libro de tips”. Jean Guitton nos permite saborear ese manjar del crecimiento intelectual y espiritual en carne propia. Nos ilumina sutilmente, cual luciérnaga posada sobre una flor, para que con nuestra paciencia aguardemos el glorioso amanecer del esfuerzo que ilumina nuestra vida.
Mejor regalo que el que hace Jean Guitton a la inteligencia y a la energía incansable de la juventud no se puede ofrecer. Sin embargo, no es un libro sólo para jóvenes. Guitton es un maestro que ningún alma ávida de pasión intelectual debe evitar. De esta forma, se nos brinda a los no tan jovencitos, la oportunidad de reflexionar sobre nuestra temprana educación escolar que frecuentemente criticamos por sus carencias, pero que examinada a la luz de lo que somos hoy y lo que nos resta por ser guarda un gran tesoro precisamente por esa imperfección.
Pensar es un arte que la sociedad actual ha dejado de valorar, pero como en todo arte, es preciso dominar las técnicas y métodos que los grandes hombres han usado, para así estar en aptitud de crear y recrear nuestro propio ser. Tengan la certeza de que esta breve joya les permitirá hacer gozar el alma en medio del propio trabajo.
La irrupción de una turba en el capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021, lidereado en parte por los seguidores de un movimiento conspiracionista presente en internet conocido como QAnon, desencadenó un examen de conciencia entre los conservadores. De manera súbita aquellos que tenían poca conciencia de QAnon y compañía fueron forzados a confrontar hasta qué grado estas visiones conspiracionistas empapan al pensamiento conservador. ¿Era quizá cierto que Donald Trump propugnó una guerra secreta contra pedófilos satánicos? Pedófilos que formaban parte del «Deep State», aquel grupo conspiracionista que sin mandato popular y de manera secreta y mafiosa se había enquistado en la estructura de administración pública del Estado Americano. ¿Y que esta guerra culminaría en una «Tormenta» milenaria, que enviaría a los enemigos que eran parte de las altas esferas de y que culminaría con una “tormenta” milenaria, que enviaría a sus enemigos a Guantánamo e inauguraría una nueva era de relaciones humanas? Antes de los disturbios esta mitología parecía confortablemente oscura.
Ya que QAnon se denomina típicamente como una “teoría de la conspiración”, es –o quizá fue– con mayor precisión descrito como un culto: un sistema de creencias que los engloba todo. QAnon bullía de energía, comunidades online, actualizaciones constantes, sucursales en otros países y argumentos fascinantes, aunque bizantinos. Generó una comercialización robusta. Su cháchara es incesante, seria, ensimismada, reforzadora, maniquea, empíricamente insolvente y castigadora contra los incrédulos. Sobre todas las cosas es una moda impensable sin el internet.
Incluso si existiera un culto maniático con raíces profundas en ciertas esferas sociales, esto no sorprendería a nadie, mucho menos a los conservadores. Después de todo, el mundo occidental ha vivido desde hace años con otro sistema de creencias globalizante, alojado del otro lado del espectro político. También este otro sistema bulle de energía, cuenta con comunidades online, actualizaciones constantes, sucursales en otros países y argumentos fascinantes y bizantinos. También tiene una comercialización robusta. Su cháchara también es constante, seria, ensimismada, reforzadora, maniquea, empíricamente insolvente y castigadora con los incrédulos. Sobre todo, tampoco ésta sería una moda sin el internet.
La diferencia es que QAnon nunca se introdujo en las instituciones médicas, en la élite, en los medios convencionales de comunicación, en la industria del entretenimiento, la academia, las escuelas públicas, las corporaciones, en la sociedad civil, la iglesias, en las tres ramas del gobierno federal y mayormente en el sistema legal americano. La otra moda lo ha hecho.
Con la esperanza de reunir el mayor público posible para un limitado retorno a la cordura sobre estos asuntos, me centraré en el subconjunto del transexualismo, las denominadas “infancias trans”, concretamente, en las niñas menores que quieren ser niños.
Antes de que el concepto “infancias trans” comenzara a circular, unas pocas almas valientes y pioneras expusieron análisis bien informados sobre otros aspectos del transexualismo. Entre estas obras podemos encontrar sobre todo, el trabajo de toda la vida del Dr. Paul McHugh, quien fue por mucho tiempo el director de psiquiatría en el hospital John Hopkins. También son vitales los libros Escándalo sexual: El impulso de eliminar lo masculino y femenino (Sex Scandal: The Drive to Abolish Male and Female) (2017) de Ashley McGuire; el hito Cuando Harry se convirtió en Sally: Entender el momento transgénero (When Harry became Sally: Understanding the Transgender Moment) (2018, recientemente castigado con la expulsión de Amazon) de Ryan T. Anderson; La locura de las masas: género, raza e identidad (The Madness of Crowds: Gender, Race, and Identity) (2019) de Douglas Murray; y los escritos de conservadores sociales como Rod Dreher; y la variedad de trabajos de aquellos a los que el movimiento trans ha denominado como TERF que es el acrónimo para Trans-Exclusionary Radical Feminist y en español equivale a “feminista radical trans-excluyente.”
A estos sobrios ejemplos del razonamiento se suman dos textos: uno de la periodista Abigail, Shrier Un daño irreversible: La locura transgénero que seduce a nuestras hijas (Irreversible Damage: The Transgender Craze Seducing Our Daughters) y el otro de la neuro-científica Debra Soh, El fin del género/sexo: Desenmascarando los mitos sobre sexo e identidad en nuestra sociedad (The End of Gender Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society). Ambas autoras enfatizan que no “juzgan” la “transición” en adultos, porque parece que separar la cuestión de los menores de los “adultos con consentimiento” puede cambiar más fácilmente algunas posturas. El libro de Soh es metódico, informado y una enérgica reafirmación de las verdades sobre el sexo y el género, que no son menos ciertas por haberse convertido en algo prohibido en los círculos de moda (en la dedicatoria se puede leer: “Para todos aquellos que me bloquearon de Twitter”).
El volumen de Shrier es audaz, minucioso, brillantemente argumentado y compasivo. Basado en aproximadamente 200 entrevistas a más de cuatro docenas de familias con adolescentes, es un trabajo indispensable sobre la pregunta del por qué surgió dramáticamente la “disforia de género” entre las chicas adolescentes desde hace algunos años.
Portada del libro Un daño irreversible de Abigail Shrier.
Shrier nota que “antes del 2012 no había literatura científica sobre niñas entre los once y veintiún años que en algún momento hubieran desarrollado disforia de género”. Ahora, por primera vez, las “chicas por nacimiento” son la mayoría de las pacientes que se identifican como “transgénero”. Las estadísticas hablan por sí mismas. Por ejemplo, en Gran Bretaña, la Agencia Nacional de Salud ha reportado que la “clínica de género” más grande del país tuvo 2,500 caso referidos en 2018-19, incluidos infantes desde los tres años. Esto significa un incremento más de 25 veces en la última década, principalmente de chicas/niñas que “transicionan” en niños.
La pregunta es por qué; y la respuesta no es siempre natural. La noción de que las chicas/niñas que quieren ser niños “nacieron así” se volvió tendencia en 2018, cuando Lisa Littman –doctora y profesora adjunta de la Universidad de Brown– realizó una encuesta de 90 preguntas sobre “el rápido inicio de la disforia de género” a 256 padres de estos adolescentes. Los resultados establecieron que estas chicas en particular no siempre fueron infelices como chicas. En cambio, respondían al contagio social. Soh resume “ninguna fue diagnosticada con disforia de género en la infancia”. Más bien, “alrededor del 40 por ciento de estos adolescentes, más de la mitad de su grupo de amigos también «salieron del clóset» como transgénero. Esto es más de setenta veces la frecuencia de adultos transgénero de la población general”. (Énfasis añadido por Mary Eberstadt).
Otra razón para enfocarnos en las chicas adolescentes es humanitaria. Lo que algunos adolescentes se hacen a sí mismos (o permiten que se les haga) en el nombre de volverse “trans” es tan masoquista como el impacto de la prueba de electro-shocks: usar un binder[1]produce efectos secundarios como problemas respiratorios y destrucción del tejido mamario; tomar bloqueadores de la pubertad para modificar las hormonas puede atentar contra la fertilidad; someterse a mastectomías que arrancan los pechos sanos y dejan horribles cicatrices; intentar hacer una “faloplastia” o algo parecido a un apéndice con la carne que toman del antebrazo de la chica y que conlleva cicatrices permanentes; soportar histerectomías de úteros que se atrofian bajo la influencia de testosterona y más padecimientos con el mismo tinte macabro. El culto a la juventud trans demanda sacrificios.
Simultáneamente han florecido marcas comerciales que benefician a emprendedores lo suficientemente inteligentes para desentrañar necesidades que nunca antes habían existido, como penes falsos hechos de goma y plástico, con el cual las chicas pueden orinar de pie; otros artículos con los que pueden “empaquetar” la ropa interior; y toda clase de accesorios queridos por los niños y adolescentes, especialmente para las chicas, rebautizados con la etiqueta trans: pegatinas, pins, ccamisetas, fundas para el celular, tazas de café, botellas de agua y cualquier otra mercancía que ayude a que una chica/niña se sienta más como un chico/niño.
Portada del libro: El fin del género de la Dra. Debra Soh.
Consideremos siete características que comparten QAnon y la moda transgénero en los jóvenes:
1.- Ambas mitologías son protegidas e impuestas con represalias punitivas, especialmente en las redes sociales.
Lo que nace en el Internet será castigado en el Internet. Como cualquier buena política, la intimidación en línea sirve a múltiples propósitos. Disminuye los incentivos para que cualquier externo cuestione el movimiento; valida los lazos comunes al crear enemigos comunes y señala a los miembros del grupo que los rangos nunca se quiebran sin una penalización. Por ejemplo, un artículo sobre QAnon de la revista Atlantic en 2020, señaló que muchos de los iniciados no estaban dispuestos a hablar con el reportero por miedo a las represalias comunitarias.
Asimismo la vigilancia, de los agentes trans, es singularmente feroz. Soh explica la combustión instantánea de hostilidad en línea que garantiza la recepción de cualquiera de los seguidores que perciban a alguien como un enemigo. Escribe tras su propia primera experiencia de una tormenta electrónica:
“Entonces, estarás inundado. No podrás refrescar tus notificaciones lo suficientemente rápido… Unas pocas almas valientes (en sus redes sociales) intentaron pedir un enfoque más suave. Inmediatamente se abalanzaron sobre ellos y fueron ahogados por la turba. Algunos de mis defensores incluso llegaron a arrepentirse y agradecieron a sus acosadores por “educarlos” y ofrecieron disculpas por defender a una persona transfoba… Una amiga fue atacada de forma similar varios años después por escribir en una de sus redes sociales que sólo las mujeres pueden embarazarse. Después de varios días de persecución en línea, me dijo, ligeramente conmovida, “Nunca volveré a twittear sobre cuestiones trans”.”
A diferencia de los castigos en línea infringidos por los devotos de otras modas, aquellos de la secta trans son reforzados y ampliados a través de toda la sociedad. Esto los vuelve todavía más peligrosos.
Por ejemplo, el libro de Shrier fue prohibido por la cadena de supermercados Target y fue objeto de censura, incluso por ACLU.[2] El autor de Cuando Harry se convirtió en Sally, Ryan T. Anderson, ha sido acosado tanto en la vida real como en línea. Él y otros que han hablado sin tapujos sobre el fenómeno trans han sido penalizados con una hostilidad bien organizada: protestas en las facultades, demandas de más seguridad, amenazas anónimas, un bombardeo orquestado de criticas negativas en Amazon y otras plataformas. La caída comercial de la famosa escritora J.K. Rowling, quien se atrevió a objetar contra la noción de que los hombres pertenecen a los espacios femeninos, se volvió una causa célebre.
Portada del libro: Cuando Harry se convirtió en Sally de Ryan T. Anderson
2.- Tanto QAnon como la moda de las infancias-trans tienen unas historia de creación “red pilling”[3] y un fundador que marca tendencia.
Otro denominador común es el momento sorpresa en el que el antiguo mundo se cae a pedazos y el nuevo se revela al creyente en toda su realidad. En ambos movimientos, esta consciencia trascendental, ocurre solamente después de pasar muchas horas navegando en línea, aprendiendo la liturgia y los ritos de la comunidad electrónica.
En repetidas ocasiones, Soh y Shrier, mencionan la centralidad de las madrigueras de conejo en el internet, entre aquellos que han sido raptados por la moda trans –del mismo modo en que los creyentes han descrito el descenso a QAnon. Después del tiempo suficiente en el éter, “el mundo se abrió en tecnicolor para mí”, una auto-denominada “reina de los memes” de QAnon afirmó para el New York Times. “Era como la Matrix, todo comenzó a descargarse”. Los sujetos en Un daño irreversible describen momentos similares de epifanía (o red pilling) que los llevaron a una membresía completa: ver el primer vídeo de un creador de tendencias trans, tomar el primer shot de testosterona, soportar el primer día con el binder.
En ambos casos, el red pillingviene con otro beneficio: una ovación instantánea y muchas veces masiva. En Daño irreversible se describe la emocionante trayectoria de una solitaria y ansiosa adolescente:
«Y de pronto algo mágico sucedió. Helena “salió del clóset” en Tumblr. Su número de seguidores se disparó hasta las nubes. Sus “ciber” amigos se entusiasmaron por su decisión de salir del clóset y su nuevo y “lindo” nombre. Ella era mucho más libre en la red que en la vida real. Las redes sociales le ofrecían la posibilidad de ser una persona editada, que sólo muestra lo mejor de sí misma, y solamente cuando ella así lo quería.»
Otro denominador común muy interesante es que ambas sectas de la red surgieron hace relativamente poco, tras una revelación fundacional de un líder encarnado. Para los QAnoners, la iluminación comenzó con la electrizante primer gota de información de Q (“miga de pan”) en 2017. Para la moda trans, la revelación llegó con la entrevista del famoso Youtuber de 6 años, Jazz Jenning´s 20/20, con Barbara Walters en 2007; y después a través de la aparición culturalmente impactante de Caitlyn Jenner en la portada de Vanity Fair.
3.- Tanto QAnon como el movimiento de las infancias trans han sido explotados por los políticos.
El silogismo es simple. Los líderes políticos buscan seguidores y atención. Las modas adquieren devotos ardientes, que se concentran en “comunidades” en línea. Ergo, en el afán de obtener más tráfico, más ojos, más seguidores y, según se espera, más votantes, algunos políticos tratan imprudentemente de incorporar estas modas.
Esto es exactamente lo que sucedió en los años que precedieron al 6 de enero: unos cuantos Republicanos se familiarizaron lo suficiente con el lenguaje de Q para guiñar y asentir de ciertos modos para energizar al grupo. Entre ellos parece que se incluía al presidente Trump, cuyos episódicos anuncios influidos por Q fueron tomados por los seguidores del culto como prueba de que los entendía y comulgaba con ellos. Sin embargo es preciso notar una diferencia crítica entre la moda Q y la moda de las infancias trans: sólo un puñado de líderes Republicanos coquetearon con QAnon. Pero casi todos los líderes Demócratas y muchas otras fuentes de autoridad cultural están comprometidas con el movimiento de infancias trans.
Desde hace pocos años, se ha vuelto impensable la desviación de estos dogmas para todo liberal y progresista del mundo Occidental –y para muchos otros. Usar los pronombres “equivocados” o el “nombre-muerto” (dead-naming: usar el nombre de nacimiento de una persona trans) son ofensas terribles. Los educadores han sido destituidos de sus trabajos. Entre aquellos que permanecen, el retractarse se ha vuelto más común que bajo la inquisición de Savonarola.
Estos son hechos asombrosos. La influencia de las infancias-trans se hizo evidente cuando el presidente Biden, en una de sus primeras órdenes ejecutivas, arrojó a mujeres atletas bajo el autobús de brillantina.[4] Aquellas prioridades desconcertaron a quienes se preocupaban por otras cuestiones, como la pandemia global y la distribución mundial de la vacuna. Sin embargo, la verdad, es que la súplica del presidente no era en absoluto desconcertante. Los políticos demócratas tiemblan si se encuentran del lado equivocado del lobby de las infancias trans.
4.- Ambas modas se atribuyen misiones salvíficas a favor de los niños y que sirven para racionalizar sus tácticas a los ojos de sus seguidores.
Ambos grupos vocalizan el mantra “los niños morirán” si los seguidores fallan en sus obras; y ambos han utilizado esta afirmación para justificar su extremismo.
Para QAnon –como para el Pizza Gate– los putativos en peligro son niños que son traficados por los caníbales-pedófilos del “Estado dentro del Estado” (Deep State). Para los creyentes del movimiento trans, las víctimas son niños y adolescentes que quieren una “transición” y que (según dicen) se suicidarían en caso de que se les impidiera hacerlo. Como ocurre con la mayoría de las teorías conspirativas, esta amenaza implícita se conecta tangencialmente con la realidad: las personas que se consideran transgénero corren un mayor riesgo de suicidio a lo largo de su vida. Pero es aún más importante el hecho de que los problemas de salud mental persisten a pesar de las intervenciones hormonales y quirúrgicas. Los editores del American Journal of Psychiatry escriben en una corrección publicada en 2020, que resume los resultados de la mayor base de datos sobre los procedimientos de cambio de sexo, “los resultados no demostraron ninguna ventaja de la cirugía en relación con la atención sanitaria posterior relacionada con los trastornos del estado de ánimo o la ansiedad”.
Los activistas de las infancias trans sacralizan el suicidio y la tristeza para silenciar las críticas –especialmente las de los padres– con un encantamiento: ¿preferirías tener una hija muerta o un hijo vivo? Tal como se muestra en Daño irreversible, esta manipulación desarma a cualquiera, que bajo otra circunstancia, serían los primeros en proteger a los adolescentes de algún daño: las madres y los padres. También intimida a otros adultos, como aquellos de la comunidad médica, que saben que la mutilación genital y la destrucción de la fertilidad entre los menores está mal, pero temen decirlo.
Este silenciamiento es aún más peligroso precisamente por el elevado riesgo de suicidio entre las infancias trans. Dado que muchos de ellos presentan comorbilidades –depresión, ansiedad, mutilación, bulimia y anorexia, entre otras–, es lógico que un tratamiento agresivo de esas dolencias mejore la salud mental. En cambio, como demostró claramente el caso de Keira Bell en el Reino Unido, el sistema médico suele adoptar una política de «primero lo trans», optando por las hormonas y las soluciones químicas-quirúrgicas relacionadas con ellas, en lugar de realizar investigaciones detalladas y mejorar los problemas que las acompañan.
Todos deberíamos estar muy preocupadospor las tasas de suicidio entre todos los adolescentes, incluidos y especialmente los de mayor riesgo. Trágicamente, muchos expertos se hacen de la vista gorda ante la realidad de los problemas mentales y de otro tipo entre los niños trans, lo cual es contraproducente, en el mejor de los casos. Ignorar sus otras aflicciones no ayuda para nada aliviar la situación de estos niños.
5.- Ambos cultos albergan creencias anti-empíricas sobre la corporeidad humana.
Una cuestión importante sobre las modas que se originan y promueven fanáticamente en Internet es que parecen desconectar a los creyentes de su ser material.
Por ejemplo, algunos de los seguidores de QAnon, coinciden con otro culto de Internet que cree en los reptilianos, de quienes se dice que secretamente dan forma y manejan el mundo. (Algunos de ellos incluso creen que Michelle Obama es en realidad un hombre.) Y los miembros del culto de la juventud trans creen que si se esfuerzan lo suficiente, pueden dejar atrás el cuerpo con el que nacieron y convertirse verdaderamente en un miembro del sexo contrario.
Soh también menciona la naturaleza descarnada de “las fantasías (que) pueden girar en torno a los cambios de forma y de cuerpo, en los que una persona se transforma inesperadamente en el sexo opuesto por medio de sucesos que bien pueden considerase ciencia ficción, como abducciones alienígenas, ingestión de pociones mágicas y un desvío en el espacio exterior”.
Inter alia, esta extraña conjunción de creencias hechiceras, sugiere una nueva vía de investigación psicológica. Quizá vivir demasiado tiempo en la realidad bidimensional del internet corroe el sentido de la realidad tridimensional –incluida la realidad tridimensional del propio cuerpo y el inerradicable ADN.
6.- Ambos cultos aumentan entre la población emocionalmente vulnerable.
Una y otra vez, los padres y los des-transicionales, entrevistados por Shrier y descritos por Soh, exhiben los mismos comportamientos psicológicos y sociales: aislamiento, problemas del espectro autista, ansiedad, pánico, adicción al internet. La mayoría de las chicas del estudio de Shrier tienen un historial médico de enfermedades mentales. Muchas se han visto arrastradas a otras formas de autolesión, como inflingirse cortadas o quemaduras, anorexia y bulimia.
El grupo demográfico de QAnon es de menor ingreso, mayor edad y parece más masculino. Sin embargo, las vulnerabilidades psicológicas son comparables. Cada uno de los participantes comienza con la noción de que la “realidad” es algo distinto de lo que parece ser, algo diferente de lo que le han contado.
Las vidas de las personas atraídas por la cosmovisión de Q abundan en desencadenantes similares a los que los sujetos de Shrier padecen: atomización, adicción, retraimiento social, luchas familiares y –aunque lo reitere ad nauseum– una cantidad desmesurada de tiempo en internet que usan en seguir obsesivamente al movimiento. Hay un caso revelador y positivo, que se menciona en Daños irreversibles: una adolescente dejó de ser trans después de que su madre la enviara a vivir en una granja de caballos durante un año y sin internet.
7.- Ambas sectas se han visto alimentadas por la ruptura familiar, incluida la alteración incitada por los compañeros de la secta.
En las semanas que siguieron al caos en el Capitolio, los perfiles sociales de los creyentes de QAnon, revelaron un patrón común: en muchos casos los familiares alarmados por la situación habían luchado por romper el control del grupo sobre sus seres queridos. En un titular del Washington Post se leía “QAnon destroza familias”.
Lo mismo ocurre con la moda de las infancias trans, como muestran los ejemplos de Daño irreversible y El fin del género. La diferencia es que los miembros trans son explícitos en querer cortar los lazos familiares en caso de que se interpongan en el camino de las creencias del culto. «Engañar a los padres y a los médicos está justificado si ayuda a la transición», explica Shrier. Estos juegos de manos son omnipresentes. Los comerciantes disfrazan sus productos: «Los binders [y otros productos] suelen venderse en paquetes discretos para no alertar a los padres que no los apoyan».
Incluso Anderson reporta en Cuando Harry se convirtió en Sally que algunas escuelas desarrollaron protocolos par ayudar a los estudiantes en la “transición” sin que sus padres se enteren. Mientras que algunos influencers –el equivalente actual de los ídolos adolescentes– prometen que transicionar dará lugar a “familias de brillantina” y “familias queer” que sustituirán las familias reales que son insuficientemente solidarias.
En el esfuerzo de la transexualidad tradicional, se ha escrito mucho sobre el significado filosófico y metafísico de frases como “nacer en el cuerpo equivocado”. Simultáneamente, la evidencia de Daño irreversible y El fin del género, sugieren explicaciones para la moda tran entre las jóvenes, más terrenales.
El primero es el uso de la testosterona. “T” aparentemente actúa como una droga milagrosa, especialmente para las chicas ansiosas, afines al espectro, de clase media alta, que constituyen gran parte del número de personas que inicián la «transición» en estos tiempos. Imagínese una substancia que al tiempo que elimina grasa corporal de las zonas no deseadas, hace que los usuarios se sientan más fuertes, que los vuelve literalmente más fuertes y que induce una sensación de confianza de la que antes carecían. Tales son los efectos descritos de la testosterona. No es de extrañar que varios de los sujetos de Shrier utilicen la palabra “adictivo” para describir la droga.
Se pueden encontrar pruebas adicionales en la vívida descripción de los efectos de las inyecciones de testosterona, por parte de Andrew Sullivan, en un artículo escrito en el año 2000:
«Mi apetito, en todo el sentido de la palabra, se expandió sin medida. Pasé de dormir la siesta dos horas al día, a apenas dormir durante el día y tengo energía suficiente para entrenar a diario y tener un horario de trabajo intenso… La depresión que antes era un rasgo habitual de mi vida, es ahora un recuerdo distante… En pocas horas, y a lo mucho en un día, siento una profunda oleada de energía… En una palabra, me siento preparado. ¿Para qué? Apenas parece importar.»
¿Qué chica inquieta, solitaria y vacilante no querría un estímulo semejante, especialmente si además le garantiza una cascada de dopamina procedente de una arrebatadora afirmación en línea? De un modo que no se ha entendido, pero debe entenderse, el fenómeno transgénero entre las chicas es farmacología cosmética sin límites. Razón de más para señalar otras consecuencias de la testosterona: aumento de irritabilidad y agresividad; añade kilos en las mismas zonas que en los hombres; hace que el vello corporal y los olores masculinos broten de la piel femenina. Sobre todo cuando se inyecta durante demasiado tiempo; también baja el timbre de voz de manera irreversible, marchita la vagina y el útero, y elimina la posibilidad de tener hijos.
Una segunda respuesta a la pregunta tácita que se expone en Daño irreversible y El fin del género conlleva un vistazo a nuestra civilización y en lo que se ha convertido. ¿Por qué actualmente un número récord de chicas odian ser chicas?
Basta mirar al océano en el que nadan. Cuando son niñas –y por siempre, gracias a Internet– se enfrentan a un mundo en el que abundan fenómenos aterradores incluyendo la pornografía violenta, no regulada y omnipresente.
Mientras que desde la educación básica los funcionarios de salud y otros influencers les aseguran que se espera de ellas actividades sexuales; y si acaso objetan, entonces las hacen sentir retrógradas e impopulares. Quienes acuden a la religión en busca de consuelo corren el riesgo de ser marcadas con las nuevas letras escarlatas: O e I, de odioso e intolerante.[5] Simultáneamente, dada la contracción e implosión de la familia, las niñas tienen menos padres, hermanos, tíos u otros hombres en sus vidas que puedan actuar como controles de la realidad, que las ayude a protegerlas de la explotación química, quirúrgica y comercial.
Lo que finalmente une a los miembros de las sectas de internet es la insoportable pesadez de su ser; la alienación de sus amigos y familia, a pesar de que precisamente los amigos y la familia son la medicina para el mal que las aflige. Por esta razón, la moda de las infancias transgénero es especialmente calamitosa.
Gracias a esta moda, el terror fundacional de la soledad, se convertirá en una profecía auto-cumplida entre las chicas a las que se les ha arrebatado la respuesta preferida por la naturaleza a la soledad: la procreación.
Algún día las autoridades que alimentan la moda de las infancias trans tendrán que responder a sus culpas –los políticos y médicos corruptos, los flamantes “teóricos de género”, los mirones de Internet, los comerciantes, incluyendo a Planned Parenthood– que lucran con este pathos (sufrimiento).
Mientras tanto, los ciudadanos, pueden dar un paso adelante. Si destruir los órganos reproductivos de adolescentes sanos no es reprobable, entonces no hay mucho que lo sea. Los conservadores sociales están haciendo su parte para protegerse de la moda de las infancias trans. Ahora los demás también pueden ayudar. Que los individuos L, G, B y T adultos que no quieran participar en este experimento repudien la afirmación de que lo aprueban. Que la histórica demanda de Keira Bell[6] en Reino Unido –que dio lugar a la prohibición del acceso infantil a los bloqueadores de la pubertad sin aprobación judicial– sea la primera de muchas.
Ahora que tenemos Daños irreversibles y El fin del género es hora de defender lo obvio.
[1] También conocida como “faja mamaria” es una pieza de ropa interior que se usa para aplanar la mama contra el pecho. N. de la E.
[2] ACLU son las siglas de American Civil Liberties Union (Sindicato Americano por las Libertades Civiles) y surgió tras la I Guerra Mundial, como respuesta a una serie de deportaciones, las “redadas Palmer” que violaban las libertades civiles. N. de la E.
[3]Red pill y red pilling son un modismo muy utilizado en algunos foros de internet, parte de la cultura cibernética y que significa el despertar a una realidad aunque sea difícil e incómodo. La referencia proviene de las píldoras (roja y azul) que Morfeo ofrece a Neo en la película Matrix. Elegir la píldora roja conlleva el despertar a la verdad y aceptarla, mientras que la azul implica rechazarla para seguir viviendo en la comodidad de la mentira. Normalmente se usa el término para denominar a ciertos grupos anti-feministas y de extrema derecha; puede usarse como un sustantivo, un verbo o un adjetivo. Aunque últimamente se ha utilizado el término para hablar tanto de los que pertenecen a un movimiento e ideología, como de sus detractores. N. de la E.
[4] El 20 de enero del 2021 Biden promulgó una ley para “combatir y prevenir la discriminación basada en la identidad de género o la orientación sexual”; que permite que atletas transgénero puedan competir contra atletas mujeres. El autobús de brillantina (glitter bus) hace referencia al colectivo LGTBQ+ y su relación con la brillantina (glitter) que se añadía a los cosméticos y diversos objetos y que señalizaban a las identidades queer y drag. Durante los 70´s algunos intérpretes del rock y glam –como David Bowie– utilizaban brillantina para crear una estética andrógina que hacía referencia a la movida de la vida nocturna queer. Asimismo se ha utilizado la brillantina para atacar a algunos políticos que fueron considerados homofóbicos. N. de la E.
[5] En el original las letras son H y B, por hater y bigot. N. de la E.
[6] Keira Bell es una activista inglesa que aboga por la des-transición y logró que no se comenzaran las transiciones en los adolescentes sin una orden judicial previa. Proveniente de una familia disfuncional y atormentada por depresión a los 14 años su madre le preguntó si no prefería ser un chico, ya que era poco femenina y sufría por la pubertad. Así comenzó su transición: un diagnóstico de disforia de género, uso de bloqueadores de pubertad, testosterona y una operación para remover sus senos. Sin embargo seguía sintiéndose miserable y al llegar a los 20 comenzó a des-transicionar, con ello fue objeto de numerosas críticas en internet y se convirtió en activista. Bell afirma que ella era solamente una niña que necesitaba ayuda, pero que fue tratada como un experimento. N. de la E.
Rollo, Ragnar y Lagertha, los protagonistas de la serie original
Hace poco empecé a ver Vikingos: Vallhala. Estaba muy emocionado porque hace años vi la serie original de Vikingos, y para mí fue una experiencia increíble. Pude aprender un poco de historia y de lo que eran los vikingos a la vez que me entretenía como pocas veces antes (y después).
Siempre he sido curioso y me encantó cómo la serie original incitó mi gusto por los nuevos conocimientos, llevándome a investigar sobre sucesos aparentemente fantásticos como la toma de París por el ejército vikingo. Aunque no hay ninguna evidencia de que Ragnar Lodbrok entrara nunca en París, es un hecho histórico que, en algún momento del siglo IX, los vikingos asaltaron París con éxito, y luego tres veces más durante los años siguientes.
Ragnar tomando París en la temporada 3 de Vikingos
Vikingos es, por supuesto, un retrato novelado de lo que se sabe de aquella época, y por supuesto no todo es históricamente correcto. Pero la serie es, en todo momento, un gran esfuerzo por dar vida a algunas de las figuras y acontecimientos históricos más importantes de aquella época. Ciertamente con muchas licencias creativas, pero siempre moderadas (en mi opinión). Por encima de todo, está magníficamente escrita, interpretada y producida. Al menos las tres primeras temporadas en su totalidad fueron una absoluta delicia, y eso es mucho decir de cualquier serie.
Vikingos: Vallhala, por otro lado, no estuvo a la altura de mis expectativas en absoluto. Los dos primeros episodios fueron muy divertidos y me alegró ver que, una vez más, iba a aprender historia mientras me entretenía. La masacre del día de San Bricio (St. Brice’s Day Massacre) era algo de lo que nunca había oído hablar y fue genial conocer el hecho y leer sobre el tema luego de ver el primer capítulo.
Harald, Freydis y Leif, los decepcionantes protagonistas de la nueva serie
Más tarde, me enteré de que Leif Erikson nunca llegó a conocer a Harald Sigurdsson ni tuvo contacto alguno con los vikingos de Noruega y Dinamarca, lo que me pareció una licencia creativa bastante grande, casi grosera. Esta fue sólo la primera de muchas inexactitudes históricas que iban más allá de una simple libertad creativa y que me hicieron perder interés en la serie como fuente de nuevos conocimientos históricos.
Luego tienes escenas como la toma del Puente de Londres por el rey Canuto y su ejército, que no me podía creer lo sosa y aburrida que lograron hacerla (por no hablar de la tonelada de fallas históricas innecesarias que tienen lugar en solo unos minutos, como el hecho de que fue Olaf, no Canuto, quien tomó el puente).
En resumen, Vikingos fue genial, Vikingos: Vallhala, no tanto. Al principio pensé que si no tuviera la serie original como referencia, probablemente no sería tan duro contra la nueva (a decir verdad, es medianamente entretenida). Pero entonces me di cuenta de que esto no es más que un claro ejemplo de lo que viene ocurriendo con la televisión y el cine por muchos años ya.
No, no soy yo. Lo consideré. Pero luego regresé a ver algunas películas realmente buenas como Shawshank Redemption, La lista de Schindler, El Padrino y Gladiador (Gladiador II parece prometedora, pero prefiero no hacerme ilusiones). No soy yo. Antes había grandes películas, y no eran tan pocas. En cuanto a las series, baste el ejemplo de Vikingos.
Estamos en plena crisis creativa, y está pegando fuerte. Algo ha pasado y sigue pasando. No sé quién o qué tiene la culpa. Quizá Instagram y Twitter tengan la culpa, inculcando odio e idiotez en las mentes de la gente. Tal vez esto es lo que las masas demandan y nos hemos convertido en un rebaño de seres descerebrados que simplemente van a trabajar y consumen lo que se les dice. Tal vez la industria sea rehén de un grupo de personas que antepone el dinero a crear algo de valor.
Quizá sea mi culpa, y tuya, y de todos. Quizá deberíamos empezar a exigir calidad en lugar de cantidad. Realmente no sé la respuesta, pero espero vivir lo suficiente para ver un renacimiento del cine, donde las buenas películas y series no sean tan raras como ahora.
Con la misma esperanza, de que un día de estos o alguna de estas semanas volveré a casa, escribo, no asemejando las situaciones, sino siguiendo los pasos, siguiendo el manual: los cinco panes y los dos peces para alcanzar la serenidad y la paciencia.
Uno de los males contemporáneos de la sociedad es el desprecio hacia la vulnerabilidad. Queremos ser siempre fuertes, duros, jóvenes y tener todo bajo control. Olvidamos que si nos cortamos también sangramos,que somos finitos, falibles y necesitados. ¿Quién quiere ser vulnerable? Parecería ridículo, y sin embargo en la vulnerabilidad y la flaqueza hay mayor fuerza. Una contradicción, pero así es el mundo: contradictorio, extraño e incontrolable.
El viernes desperté como cualquier día normal y me preparé para una revisión rutinaria; después de desayunar puse en una bolsa mis documentos, la cartera, el teléfono con la mitad de la batería porque planeaba volver a casa después de un par de horas, tomé el rosario –no tanto porque fuera a rezar en ese momento, sino porque siempre lo cargo, como se carga la cartera– y por último, guardé el libro Cinco panes y dos peces del Cardenal Van Thuan (1928 – 2002). Un libro muy ligero, con menos de 90 páginas y que no tiene desperdicio. Caminé hacia la estación del Sbahn, transbordé una vez y luego tomé el autobús hasta el consultorio.
Un día normal, como cualquier otro, en el que pensamos que todo está bajo control, pero no hay nada más alejando de la realidad que pensar que podemos controlar minuciosamente lo que sucede, como si la vida fuera un reloj suizo. La doctora me miró seriamente y me dijo que debía llamar una ambulancia. ¿Una ambulancia? Nunca me he subido a una y me siento bien, no me siento enferma, no siento nada extraño, lo que sí siento es miedo. Los paramédicos llegan, me colocan en una silla y me bajan; quería decirles, si acaso no preferían que bajara por mi propio pie las escaleras, pero desde ese momento, la voz se debilita y en plena vulnerabilidad extiendes tus manos, otro te ciñe y te lleva hacia donde no quieres. (Cf. Juan 21, 18)
La ambulancia se dirige hacía algún hospital, ellos saben hacia dónde, yo sólo me dejo conducir y cuando llegamos alcanzo a ver el nombre. Sin saber bien dónde estoy, al menos puedo avisar en dónde me encuentro y pedir que me traigan un par de cosas por si acaso. De pronto comienza un espiral de miedo, angustia, revisiones, inyecciones, catéter, muestras de sangre, piquetes, noticias a medias, diagnósticos incomprensibles, soledad y espera. Algo que en momentos me resulta abrumador, como si estuviera dentro de la misma estación esperando a Godot, sin saber qué espero y por cuánto tiempo, hasta que llega una respuesta y después una nueva espera, con una nueva angustia que carcome, hasta que se repita el ciclo o termine.
Hace muchos años, Fernando Galindo, dijo en una clase que una de las funciones de la filosofía es aprender a ser resistentes a la frustración. Quizá ya no recuerde esa clase, pero fue una frase que me impactó y que me gusta repetir a mis alumnos. Es cierto, una de las funciones prácticas de la filosofía es que de cierto modo aprendemos a resistir la frustración. Ahora está de moda hablar de la resiliencia, que consiste en adaptarse a la adversidad del mejor modo posible. Prefiero pensar en esa tolerancia a la frustración y que desemboca en la paciencia.
Etimológicamente la paciencia viene del verbo latino pati (patientia) y que significa sufrir. Bíblicamente es un don del Espíritu Santo que consiste en saber sufrir. Podemos pensar que la paciencia es un esperar pasivo y sufriente hasta que la adversidad termine, sin embargo, no hay nada más activo que ser paciente. Y en ese sentido el libro Cinco panes y dos peces es el manual perfecto para ejercitarnos en la paciencia.
Desde que comencé el libro, el mes pasado, pensé que merecía una reseña, porque consiste en el testimonio de 13 años en prisión de un inocente y expone ante los jóvenes siete claves para ser pacientes en la adversidad. Claro que desde la comodidad del hogar y las distracciones diarias lo dejaba para el día siguiente, y así sucesivamente. En mi defensa debo decir, que estaba en México y que mi plan era hacerlo cuando regresara al frío invierno berlinés.
Cinco panes y dos peces.
Llevo más de una semana en el hospital y hasta el momento no sé cuándo volveré a casa, ante la incertidumbre, pensé que podría escribirla al regresar, pero ésta mañana he cambiado de parecer: no hay mejor momento para escribirla que bajo estas circunstancias. El cardenal Van Thuan escribió parte de su testimonio y lo que aprendió en el cautiverio. Él ejerció cada día durante 13 años la paciencia; sin saber cuándo podría ser liberado, pero con la esperanza de que algún día lo sería. Con la misma esperanza, de que un día de estos o alguna de estas semanas volveré a casa, escribo, no asemejando las situaciones, sino siguiendo los pasos, siguiendo el manual: los cinco panes y los dos peces para alcanzar la serenidad y la paciencia.
El cardenal Van Thuan comienza el libro inspirado en el Evangelio de Juan (Jn. 6, 5-11) para resumir sus vivencias que “a veces con gozo, a veces en sufrimiento, en la cárcel, pero siempre llevando en el corazón una esperanza rebosante” en 7 puntos que lo ayudaron durante los 13 años de cautiverio.
Van Thuan, obispo de Saigon (Vietnam) fue detenido el 15 de agosto de 1975, día de la Asunción, y liberado el 21 de noviembre de 1988, día que se conmemora la presentación en el templo de la Virgen María. El motivo de su detención fue ser un sacerdote católico en un país bajo el régimen comunista, en otras palabras, una víctima más de la persecución cristiana de esta época.
A continuación, les presento los cinco panes y los dos peces:
François-Xavier Nguyen Van Thuan
“Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor”.
Cardenal Van Thuan
Primer pan: vivir el momento presente
Tras su detención y mientras lo conducían 450 km en la oscuridad nocturna sintió tristeza, abandono y cansancio. En el camino recordó las palabras de un sacerdote que estuvo prisionero 12 años en China, y que se la vivió esperando. Fue entonces que tomó una decisión. “Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor”.
En esos momentos Van Thuan consiguió lo necesario para comenzar a escribir su libro El camino de la esperanza, porque le preocupaba dejar a los pocos católicos sin pastor. Van Thuan se pregunta ¿cómo puedo vivir el momento presente con amor? Dejando lo que es accesorio y concentrándonos en lo esencial e imprimiendo en cada acto, así sea simple, el máximo de amor posible.
Si te toca esperar, entonces espera con amor; si te van a inyectar, sacar sangre, hacer otra prueba, tomar pastillas: hazlo con amor. Es fácil decirlo y muy difícil hacerlo, pero cada día se puede intentar de nuevo. Van Thuan no sabía cuánto tiempo tendría que esperar en el encierro, y yo tampoco, pero la espera se vuelve más soportable cuando la ofrecemos y vivimos intensamente, no en la pasividad.
Es posible elegir esperar en la angustia, desesperación y la tristeza, o intentar, aunque sea muy duro y cueste una fuerza enorme, esperar activamente: descansando en la paciencia. Claro que hay momentos más difíciles, pero no hay que olvidar que no estamos solos.
Segundo pan: Discernir entre Dios y las obras de Dios
Van Thuan es un sacerdote muy dinámico y activo, por lo que el cautiverio en un pequeño espacio y soledad era una tortura mental que lo tenía al borde de la locura. Una noche escuchó en su corazón que debía aprender a discernir entre Dios y las obras de Dios. Todas las actividades pastorales que realizaba eran obras de Dios, pero no eran Dios. Y él había elegido a Dios, a su voluntad, no a sus obras.
Es como aquella inspiración de Margarita María Alacoque “encárgate tú de mis cosas, que yo me encargaré de las tuyas”, porque a fin de cuentas Dios lo resuelve todo mejor de lo que nosotros lo podemos solucionar. De este modo Van Thuan dejó su misión pastoral en manos de Dios, porque comprendió que Él lo quería ahí, en prisión. En ese momento sintió una paz que ya no lo abandonó.
Hace algunos días intenté salir voluntariamente, aunque estaba indecisa al no comprender cien por ciento el diagnóstico y los procesos, pensando que los médicos alemanes pecan de exageración. Llevaba días de desesperación, con dolor en un brazo por las constantes tomas de sangre, en los dedos por las mediciones de azúcar y en el otro brazo por el catéter. Y en esa desesperación y sin sentirme enferma, pensé que aun cuando tuviera que guardar reposo, estaría mucho mejor en casa.
Quería irme a toda costa, pero sin un panorama claro, durante la noche y con los nervios a flor de piel aumentados por la oscuridad, en oración pedí ayuda para discernir. Aquella mañana me levanté alegre, pensando que me iría en pocas horas y en oración repetía, “yo no sé lo que es mejor, pero quisiera volver a casa, si esa es tu voluntad abre toda puerta y hazlo de forma sencilla; pero si no debo irme y es tu voluntad que me quede, dilo claramente y dame serenidad para aceptarlo”. Basta decir que no pudimos hacer la alta voluntaria, tampoco me dieron una fecha aproximada de salida, y aunque en el momento pensé “qué pesado estar aquí sin fecha final”, poco a poco he tenido una mayor serenidad para vivir un día a la vez en el hospital, porque por el momento aquí es donde debo de estar.
Portada del libro «El camino de la esperanza» del Card. Van Thuan.
Una fuerza que sostiene es saber que otros oran por ti, que una comunidad que te ama y se preocupa, intercede por ti así sea al otro lado del Atlántico.
Andrea Fajardo
Tercer pan: Un punto firme, la oración
“ ”Padre, en la prisión usted ha tenido mucho tiempo para orar.” No es tan simple como se podría pensar. El señor me ha permitido experimentar toda mi debilidad, mi fragilidad física y mental. El tiempo pasa lentamente en la prisión, particularmente durante el aislamiento”. Se dispone del tiempo, pero a veces cuesta demasiado concentrarse o dejar de sentirse solo. Así que en ocasiones basta con una oración sencilla: “cuando me faltan las fuerzas y no logro siquiera recitar mis oraciones, repito: “Jesús, aquí estoy, soy Francisco”. Me entra el gozo y el consuelo, experimento que Jesús me responde: “Francisco, aquí estoy, soy Jesús”.”
No siempre tenemos la disposición de una oración con palabras complicadas, es más, las palabras sobran, basta con algo sencillo, como los niños cuando se espantan y gritan por papá y mamá. No tiene que decir mucho e inmediatamente los padres van y los tranquilizan con su presencia. Así que podemos simplemente llamar a Jesús o al soplo del Espíritu Santo, y ellos sin dudarlo acudirán.
Van Thuan también menciona que le gusta orar con la Palabra de Dios, pero cuando lo apresaron no pudo tomar la Biblia, lo único que llevaba consigo era el rosario. Así que recolectó todos los pedacitos de papel que pudo y en ellos escribió más de 300 frases del Evangelio, hizo una pequeña Biblia que utilizaba para orar. Entre otras oraciones se encuentra el Magnificat, Te Deum y el Veni Creator.
Es cierto que tras los momentos difíciles la oración serena e incluso alegra el corazón, nos aliviana el peso. Pero quisiera añadir que no es solamente la propia oración, también la comunidad es muy importante. Una fuerza que sostiene es saber que otros oran por ti, que una comunidad que te ama y se preocupa, intercede por ti así sea al otro lado del Atlántico.
El aspecto comunitario de la religión es muy importante, pero no sólo por la comunidad que se forma al participar de los mismos ritos, sino que hay una forma de amor desinteresado que los une, fortalece y acompaña. Aprovecho para agradecer a todos aquellos que me han tenido presente en sus corazones y que me acompañan cercanamente a pesar de la distancia.
Cuarto pan: Mi única fuerza, la Eucaristía
Es muy conocido y conmovedor el testimonio del cardenal Van Thuan y la Eucaristía. Se las apañó para que le enviaran vino por motivos medicinales y cada día a las 3 de la tarde celebraba la misa, con tres gotas de vino y una de agua, en la palma de su mano. Pero esta fuerza no la guardó para sí mismo, sino que en ocasiones podía compartirla con otros católicos, quienes también en la prisión tenían la oportunidad de comulgar: “Fabricamos bolsitas con el papel de las cajetillas de cigarros para conservar al Santísimo Sacramento. Jesús eucarístico estuvo siempre en la bolsa de mi camisa”.
Y no solamente la misa, también los presos montaban guardias nocturnas y adoraban a Jesús Eucaristía, quien les “ayudaba inmensamente con su presencia silenciosa”. Van Thuan, en esta locura y escándalo para el mundo, incluso se atreve a decir que aquellas misas en el cautiverio fueron las más bellas de su vida.
En México algunas cosas son más sencillas, siempre se conoce a algún padre o ministro de la Eucaristía, que visita a los enfermos. Sin embargo, en Alemania, un país que otrora se autodenominaba cristiano, la Iglesia es un poco más fría y ciertas cosas no son tan sencillas. Si bien no puede venir un sacerdote o ministro diario a traerme la comunión, sí puede ocurrir algunas veces. El día que el padre vino a visitarme y me trajo la Eucaristía, me sentí alimentada, cobijada y con la fuerza para resistir. Y para estos casos, podemos contar también con la comunión espiritual.
Ver con otros ojos, con los ojos de Jesús, ayuda a amar y perdonar incluso a aquellos que nos hacen mal.
Andrea Fajardo
Quinto pan: Amar hasta hacer la unidad es el testamento de Jesús
Al principio los guardias no le hablaban a Van Thuan, lo trataban como un enemigo y el trato ensombrecía el ambiente. Hasta que un día pensó que, a pesar de la cautividad, él tenía una mayor riqueza: el amor de Cristo. A partir de ese momento comenzó a amar a los guardias y a ofrecer pequeñas muestras cotidianas de caridad, una sonrisa, una palabra amable e incluso llegó a enseñarles otros idiomas y resolver sus dudas religiosas. El ambiente cambió radicalmente.
Van Thuan escribe en El camino hacia la esperanza, “cuando hay amor se siente el gozo y la paz, porque Jesús está en medio de nosotros. Viste un solo uniforme y habla una sola lengua: la caridad”. Ver con otros ojos, con los ojos de Jesús, ayuda a amar y perdonar incluso a aquellos que nos hacen mal, algo que encontraban inconcebible los guardias.
Los cristianos deberíamos ser el instrumento del amor de Dios en el mundo. “El más grande error es el no darse cuenta que los otros son Cristo. Hay muchas personas que no lo descubrirán sino hasta el último día. Jesús fue abandonado en la Cruz y ahora lo sigue estando en el hermano y en la hermana que sufre en cualquier rincón del mundo. La caridad no tiene límites; si los tiene no es caridad”.
Cuando nos duele una muela, toda nuestra atención se centra en esa muela. Incluso la sentimos más porque estamos constantemente al pendiente de ese dolor y dejamos de notar otras sensaciones corporales. Lo mismo sucede con el sufrimiento, que puede llevarnos a centrarnos únicamente en nosotros mismos y cuando sólo pensamos y atendemos nuestra miseria caemos en la victimización y el egoísmo: Nos auto-pobreteamos, nos sentimos la única víctima, el único sufriente.
En una semana cambié cuatro veces de compañera de habitación. Cada una con situaciones diferentes, cada una con un propio dolor. En el hospital te puedes encontrar de todo dependiendo de la sección: desahuciados, gente con dolores tremendos, mujeres que acaban de parir, bebés prematuros en incubadoras o que deben ser operados, mujeres que yacen con el miedo de perder a sus bebés y tantas incontables enfermedades y sufrimientos.
Desde hace algunos días comparto habitación con la misma mujer, ella tampoco sabe cuánto tiempo se quedará, también tiene miedo y sufre. En las mesas de noche ella tiene el Corán y yo tengo la Biblia. A veces ella llora, otras veces, lloro yo. Pero si algo ha sucedido es que, a pesar del propio sufrimiento, no nos hemos cerrado al sufrimiento de la otra. Me preocupa su diagnóstico, me apena verla llorar, no necesitamos hablar mucho porque basta una palmadita en la espalda y la seña de que oraré también por ella. Ella se preocupa por su bebé, por su hija y su marido, y dentro de toda la avalancha, no hace oídos sordos a mis problemas, porque sin que lo esperara me compartió un plátano y me consiguió una sopa. Cosas sencillas porque la caridad comienza por lo pequeño y escala hacia lo más grande. Esa es la caridad que todo lo transforma y que acompaña, que nos hace salir de nosotros mismos.
Primer pez: María inmaculada mi primer amor
La madre y la abuela de Van Thuan infundieron su amor a María y ella ha sido una señal a lo largo de su vida. Lo arrestaron el día de la Asunción y lo liberaron, de una forma tan sencilla, que incluso sorprende, el día de la presentación de la Virgen en el templo. Van Thuan reconoce la mano de María a lo largo de su vida y especialmente durante el cautiverio. Cuando física y moralmente se sentía abatido en la prisión, oraba el Ave María, pero no solamente pide por su intercesión, sino que también le pregunta “Madre, ¿qué cosa puedo hacer por ti? Estoy listo para seguir tus órdenes, para realizar tu voluntad por el Reino de Jesús”.
Van Thuan pensaba constantemente en el Virgen del Perpetuo Socorro, y lo mismo hago yo. Me fascina el icono: María sostiene firmemente y con ternura al bebé Jesús, quien está espantado porque unos ángeles le presentan la Cruz y el martirio. El bebé Jesús tiene miedo y tiembla, por lo que uno de sus zapatos está a punto de caer. Pero ahí está María con la mirada serena y sosteniéndolo con sus manos.
Desde hace muchos años tengo especial cariño al icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, cuando la vi en Roma y un querido sacerdote amigo mío me explicó, lleno de ternura, el temblor de Jesús que se ve en su pequeño pie y zapato quedé profundamente conmovida.
Por las noches, antes de dormir, coloco el rosario en mi vientre, porque es como tener la mano de María, y a modo de jaculatoria le digo: “madre, sostén con tu mano a Elías, del mismo modo y con el mismo amor con que sostuviste al bebé Jesús”.
Icono Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Segundo pez: he elegido a Jesús
A modo de conclusión Van Thuan nos presenta 24 puntos prácticos para vivir un día unidos a Jesús. Recuerdo que querido amigo, y ahora sacerdote, dijo en alguna ocasión que el camino de santidad se construye día con día, que cada mañana podemos orar para que Dios nos conceda 24 horas de fidelidad. Estos últimos 24 consejos, que pueden parecer breves y sencillos, nos ayudan a mantenernos en la esperanza, la paciencia y la fidelidad.
Cinco panes y dos peces: Testimonio de 13 años de cárcel es un manual muy práctico, escrito desde lo que podría haber sido la desolación, para ayudarnos a ejercitar la paciencia en un mundo turbulento.
Hay un clásico de la literatura espiritual titulado: “Los defectos de los santos” de Jesús Urteaga Loidi. Este breve texto busca ser una actualización y complemento de tal libro. En realidad, Urteaga se refiere a los santos de la Biblia y sólo a sus flaquezas morales. El mensaje es claro: busca transmitir esperanza en la búsqueda de la santidad, mostrar que nadie nace santo, y cómo los santos, al igual que nosotros, tuvieron sus luchas y caídas, pero siempre se levantaron. En este texto, también partiendo de personajes centrales del Antiguo Testamento, busco mostrar cómo las flaquezas humanas en general -no sólo morales- sino psicológicas o anímicas, también están presentes en los santos, de manera que no tenemos que extrañarnos por tenerlas, menos aún ponerlas como excusa para no tender a la santidad.
Quizá la forma más brutal de abatimiento y desesperanza ante la vida sea el suicidio. Son desalentadores los índices de suicidio, sobre todo entre jóvenes, los casos han aumentado exponencialmente durante este milenio. Es particularmente alarmante enterarse de que algún amigo o familiar ha tenido un intento de suicidio, y doloroso quizá el experimentar personalmente, en alguna ocasión, el deseo de morir, el desencanto ante la vida, considerarla más como un castigo o una carga que como un don. Pues bien, esta última situación la experimentaron dos de los personajes más egregios del Antiguo Testamento: Moisés y Elías, y no veo motivo por el que un santo posterior a la venida de Cristo o contemporáneo nuestro, la pueda sentir también.
Cronológicamente, el primero en experimentarlo fue Moisés. Abrumado por la carga que Dios había puesto sobre sus espaldas, le pide al Señor que le quite la vida y le reclama su modo de tratarlo. Así lo relata Números 11, 11-15: “… y [Moisés] le dijo a Yahveh: «¿Por qué tratas mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia a tus ojos, para que hayas echado sobre mí la carga de todo este pueblo?… No puedo cargar yo sólo con todo este pueblo: es demasiado pesado para mí. Si vas a tratarme así, mátame, por favor, si he hallado gracia a tus ojos, para que no sea más mi desventura.»”
Moisés, es evidente, por lo menos por un momento se siente desgraciado en su vocación, en el camino y la misión que Dios le ha dado. Y Moisés es calificado en otra parte por Dios mismo como “el más humilde de los hombres” (cfr. Números 12, 3). Es, claramente, lo que podríamos llamar un “consentido de Dios.”
Por su parte Elías, el modelo de los profetas, tuvo también su momento de abatimiento. Escuetamente nos dice 1 Reyes 19, 4: “Él [Elías] caminó por el desierto una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama. Se deseó la muerte y dijo: «¡Basta ya, Yahveh! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres!»” El más grande de los profetas “se deseó la muerte.”
Recordemos que Moisés y Elías de alguna forma engloban y simbolizan todo el Antiguo Testamento. No en vano fueron ellos los que se le aparecieron a Jesús en la Transfiguración, comentando con Él las cosas que iban a acaecer en Jerusalén (la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, el Misterio Pascual). Y sin embargo esos dos grandes se desearon la muerte, le pidieron a Dios que les quitara la vida; consideraron la vida y su vocación como superior a sus fuerzas, se sintieron profundamente desalentados y desdichados.
En la Sagrada Escritura es maravilloso ver cómo se entreteje lo humano y lo divino, la Biblia nos muestra a sus protagonistas como hombres reales, de carne y hueso, con sus grandezas y debilidades, que no hace esfuerzos por disimular. Así nos ayuda a comprender que el ideal de la unión con Dios, la realización de nuestra misión en la vida, el desafío de la vida misma y de la vocación, no son “ideales” (no en el sentido de poseer un ideal, sino en el de representar una quimera, una ensoñación, algo bonito pero irrealizable, un buen deseo), sino “reales”, con todas las consecuencias que las palabras “real” y “humano” tienen. Los más grandes cayeron en ese abatimiento, en ese sótano anímico; pero se levantaron.
No se trata de una caída propiamente moral, sino anímica, un estar en el fondo de la depresión y el desaliento. ¡Qué diferencia con Judas!, que sí se suicidó, sucumbió a la desesperación. Moisés y Elías se quedaron en el límite, rehicieron su vida y realizaron su vocación. ¿Dónde estaría la diferencia? Es difícil decirlo, ¿predestinación? Tal vez… Lo claro es que tanto Moisés como Elías convirtieron su abatimiento en una forma de diálogo con Dios. Le expusieron a Dios su alma y su corazón tal como estaban, y Dios los escuchó y los levantó. Es decir, convirtieron su depresión en oración, y se abrió para ellos el camino de la esperanza.
La guerra de los mapaches, o Pompoko por su nombre en japonés, es probablemente una de las producciones de Studios Ghibli menos aclamadas, a pesar de haber sido dirigida por los mismísimos Isao Takahata y Hayao Miyasaki, dos de los integrantes del cuarteto de oro complementado por Toshio Suzuki y Yasuyoshi.
Incluso, el filme acreditó varios premios. En 1995 obtuvo el premio Cristal al mejor largometraje de animación, también el premio a la mejor película de animación en los Mainichi Film Awards. Y fue elegida por la Academia de Cine Japonesa para representar al país en la 67ª edición de los premios Oscar, aunque al final no resultó nominada.
Aún así, el filme es subestimado, ¿por qué? Pompoko no es valiosa solo por la animación, por quién la dirigió o por lo bien que está hecha. El filme nos plantea de forma humorística un verdadero dilema moral y ecológico.
¿Qué pasa cuando nuestros esfuerzos por preservar la propia vida humana desenlazan en el exterminio del resto de la vida en la tierra? ¿Es sustentable sacrificar el mundo, ya no solo por preservar nuestra especie, sino para extenderla indefinidamente? ¿Qué consecuencias tiene la complejidad progresiva de la vida, cuando pasamos de satisfacer las necesidades a los lujos?
Estas son algunas de las preguntas que podemos rescatar del contexto y la historia sobre los que se plantea Pompoko. Aún así, este mensaje no pasó de una pantalla, de algunas nominaciones y de un “qué buena, rara o fea película”.
El filme se estrenó en 1994, al principio de lo que se conocería más adelante como la “década perdida” que se refiere al estancamiento económico que brotó posterior al “milagro japonés”. No obstante, Pompoko nos sitúa más bien en este último, en la plenitud de Japón.
Se le conoce como milagro Japonés debido al extraordinario crecimiento económico que tuvo Japón tras la post-guerra, que terminó situándolo como la segunda mayor economía del mundo a principios de la década de 1990. A pesar de esto, la perspectiva del milagro Japonés que nos muestra el icónico filme de Studios Ghibli es más oscura de lo que la riqueza y el poder nos presentan como un milagro. Hablemos del desarrollo industrial, la gentrificación y el desabastecimiento de recursos limitados al pie de nuestra especie.
La película comienza con un paisaje de armonía entre el humano y la naturaleza. Hay un poblado en el bosque, que se intercala con los árboles, rodea los ríos y se ve custodiado por las montañas. Ahí, las personas se dedican a la agricultura, a la caza y a la pesca. Los animales, como los mapaches, se benefician de ese asentamiento. Obtienen comida y vivienda mutuas, pero también hay el suficiente espacio entre humanos y animales para coexistir juntos, en un mismo entorno.
Esto cambia con el desarrollo económico, ya que le permite a los humanos desarrollar técnicas y herramientas para tener más comodidades, más comida, más espacio, menos trabajo y más tiempo. Entonces, en condiciones favorables, tal y como al principio del tiempo: la vida se expande. Lástima que con ello no se expande también el mundo. Los humanos poco a poco se van apropiando de más territorio, desplazando al resto de especies que también tenían un hogar ahí.
Pero, la especie humana, va creciendo demasiado, y necesita más: seca los ríos, pues necesita cada vez más agua para beber y trabajar; corta los árboles, pues necesita madera para el fuego de su hogar; contamina la tierra, pues necesita donde construir sus viviendas de cemento y metal.
En esta historia, el egoísmo del humano se pondera sobre todo aquello que es diferente a sí mismo. Los humanos se distanciaron de los animales, abusaron de la tierra y de sus bondades, se apropiaron exclusivamente de todo lo que querían. Recluyeron a los animales en un espacio cada vez más pequeño. Claro, no olvidemos que Pompoko es la sátira del egoísmo de la supremacía humana, porque, al menos en esta historia los mapaches, los zorros, y otros animales, podían reclamar el mismo derecho que nosotros.
Ellos lo llamaban la “magia de la transformación”, pues ¡podían convertirse a sí mismos y a lo demás en lo que quisieran! En la película, poseer esta magia fue clave para que los mapaches pudieran defenderse, reconocer al amigo y al enemigo, protegerse entre sí, entender lo que sucedía, pero sobre todo… para pelear. Pelear por las mismas causas que nosotros: por la vida. Al menos, los mapaches podían concebir un mundo para todos, donde no hubiera tantos humanos, pero sí los suficientes como para que pudieran seguir compartiendo hamburguesas, cultivos, pollo frito y basura.
Al final, los mapaches entienden que los humanos se apropiaron de la misma magia, y transformaron el mundo a su imagen y semejanza. Ese ya no era el mundo que podían compartir. Sōkichi, el mapache, lo supo: “se supone que sólo los mapaches podemos transformar las cosas, pero mira a los humanos: lo han cambiado todo”. Ahora era nuestro mundo, de cemento y máquinas, sucio y exclusivo. Donde los mapaches son plagas.
En 1988, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió como plaga a “aquellas especies implicadas en la transferencia de enfermedades infecciosas para los humanos y en el daño o deterioro del hábitat o bienestar urbano cuando su existencia (sobrepasa) los umbrales de tolerancia, es decir (…) provoca problemas sanitarios, medioambientales, molestias o pérdidas económicas”. La plaga nos estorba para vivir.
Los humanos no sólo hemos proliferado, sino que hemos excedido los límites de la Tierra. Por lo que, en vista de la escasez y la necesidad de, no solo preservarnos, sino abastecernos lujosamente, hemos destruido hábitats, desplazado y exterminado especies, acoplando el ecosistema a nuestras comodidades. Así, según la Real Academia Española, el desarrollo creciente y desordenado de seres vivos de una misma especie que pone en riesgo un ecosistema, causando daños o enfermedades a poblaciones animales y vegetales, también se define como plaga…
Pompoko es la historia de mapaches que tenían un hogar, y de humanos que lo plagaron. Pero, ahora, ya no hay historia ni un problema que tratar, porque el mundo es distinto y Pompoko… sólo es una película para niños, ¿no?