Llegamos a Catania, Sicilia, cuando ya estaba oscuro. Tomamos el autobús hacia el centro y nos bajamos en el puerto. No era un malecón en el que se pudiera pasear, sino que era la zona del puerto de carga, con contenedores y barcos gigantes. En resumen: una zona poco turística.
Al menos otras cuatro personas se bajaron en la misma estación. Los autos y motonetas no se detenían, así que le dije a Steffen, mi compañero de viaje, que ignorara su mentalidad alemana, porque cruzaríamos la calle a la italo-mexicana. Después de varias semanas se acostumbró, aunque realmente le fastidió la velocidad y la falta de reglas viales.
Una vez, del otro lado, continuamos derecho al menos cuatro cuadras más. Cabe destacar que era una calle empinada de un sólo sentido, aunque esto no evitaba que se estacionaran. Habían varias bolsas de basura y un polvo negro –al día siguiente a plena luz me di cuenta de que el polvo negro era ceniza del volcán Etna- la zona se veía un poco descuidada y nos pusimos nerviosos. Finalmente, giramos a la izquierda en una estrecha calle, obscura y solitaria. Steffen me preguntó si llegamos a la dirección correcta. Eso es lo que marcaba el mapa, pero, si el lugar estaba muy mal, al día siguiente buscaríamos otro.
Edificios abandonados en Catania. Foto: A. Fajardo
Cuando reservé la habitación me fijé que era un lugar muy céntrico a un precio relativamente razonable. Después leí en los comentarios que los turistas percibían que el barrio no era muy tranquilo, pero, para los primeros días en que no tendríamos un auto, estaría bien. Claro que después, sabiendo que el mayor índice de autos robados es en Catania, preferí buscar otro lugar para la última noche. Afortunadamente, nunca utilizamos el seguro en Sicilia.
Giuseppe nos abrió el portón y, después de saludarnos, nos advirtió: “esta calle puede llevarlos directo al centro, pero mejor no la usen, especialmente de noche. Si quieren ir al centro salgan de nuevo a la calle más ancha y después caminen por la avenida o una de las calles principales. No pasa nada, pero mejor no vayan por ahí.” Teníamos hambre, así que después de dejar las maletas, caminamos hacia la calle principal y encontramos un local a punto de cerrar en el que compramos una arancina, que es un plato típico siciliano, una bola de arroz empanizado relleno de Ragù u otros sabores.
Hicimos caso a la advertencia. Volvimos y cenamos en la habitación. Al día siguiente, respaldados por el sol, comprobamos que la zona no era tranquila, que en la calle por la que no deberíamos pasar había varias prostitutas y chulos. La calle estaba prácticamente vacía y aún así te sentías observado. También encontramos muchísimos edificios abandonados, un fenómeno que se observa en toda Sicilia.
Casas abandonadas en Paceco, provincia de Trapani. Foto: A. Fajardo
Entre Sicilia y México hay muchas semejanzas: el paisaje –las buganvilias y nopales– a veces árido, otras montañoso, es una de ellas, pero sobre todo la gente amable, dispuesta a ayudar y de carácter alegre. Otra semejanza se observa en los cambios radicales de zonas: caminas por un lugar normal y, si te desvías una calle, entras a un barrio que ya no es bonito, ni limpio, ni tranquilo. Esto sucedió varias veces, pero recuerdo una especialmente.
Hace más de ocho años estuve una semana en Palermo y fue un tiempo fantástico, así que quería rememorar aquella semana de mi juventud. Y claro que lo hicimos, por ejemplo, cenamos en el mercado de la Vucciria, justo como lo hice hace años con mis amigos, aunque ahora el mercado es bastante popular, especialmente para los turistas. Buscando las calles que antes había recorrido, de pronto, nos encontramos caminando en una zona en la que nos sentimos un poco inseguros, las calles y los edificios se notaban abandonados y lo único que pudimos hacer es caminar lo más rápido posible e intentar orientarnos buscando la catedral. No me espanta. Lo mismo sucede en México.
Ni siquiera era el barrio más peligroso; aquel en el que los policías viven acuartelados en la estación -como nos contó un amigo que además es militar- en el que el ejército entra como si estuviese en situación de guerra: siempre en contacto con la caserma, monitoreando sobre todo su entrada y salida. Mi amigo confesó que al entrar al barrio Zen1, en la zona de Brancanccio, experimentaba el mismo estado de alerta que el periodo que pasó en Afganistán. No es una exageración. En las zonas en las que estas organizaciones mandan, la mortandad es equiparable a las zonas en guerra.
Streetart en algún barrio palermitano. Foto: A. Fajardo
Las semejanzas más brutales y tristes entre México y Sicilia son las causas y efectos de las organizaciones criminales: los narcos y la mafia. No hablo de la romantización que se ha hecho de estos personajes, sino de las familias destruidas, la mala fama que acarrea, la libertad aprisionada y sus consecuencias.
La trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola es una de las obras maestras del cine y también de mis películas favoritas. Todo comienza y gira en torno de la vendetta, un concepto crucial para comprender la antigua mafia. Vito Andolini sufre el asesinato de su padre a manos de un jefe mafioso (Don Ciccio) que, para evitar que se vengara en el futuro, decide también matarlo a él. Porque la venganza se transmite de generación en generación. Así que su madre lo envía a Estados Unidos.
No es mi intención reseñar la trilogía, sino abrir la conversación. Basta con mencionar que, tras establecerse en Nueva York, Vito Andolini se convierte en Don Vito Corleone (Marlon Brando y en su juventud Robert De Niro) un importante jefe mafioso, el padrino, quien hacía ofertas que no podrías rechazar.
Stencil Don Vito Corleone en el mercado de la Vucciria, Palermo. Foto: A. Fajardo
Sonny y Fredo siguen los pasos de su padre en el negocio y Michael (Al Pacino) prefiere mantenerse al margen. Sonny muere tras querer vengarse de un intento de asesinato a su padre y eso lleva a que Michael lo vengue y tenga que huir por un tiempo a Sicilia. En pocas palabras, Michael toma el lugar de Don Vito y se convierte en el padrino; y en la última película su sobrino tomará su lugar.
Como dato cultural, las escenas de El padrino no fueron filmadas en Corleone, sino en el pequeño pueblo sobre un acantilado llamado Savoca y que es considerado uno de los más bellos de Italia, y donde todavía puedes sentarte a tomar un café en el mítico Bar Vitelli, el lugar en el que Michael le pide al padre de Apollonia conocerla. La iglesia en la que Apollonia y Michael se casaron es de la Santísima Anunciación en el pueblo de Forza d ́Agrò; la famosa Villa en la que explota el automóvil se encuentra en Fiumefreddo di Sicilia, un sitio en las faldas del Etna.
Bar Vitelli en Savoca. Foto: A. Fajardo.
Una de las escenas más impactantes y mejor logradas de la historia del cine: el intento de asesinato a Michael mientras en el fondo suena la opera Cavalleria Rusticana y culmina con la muerte de su hija, sucede en el Teatro Massimo de Palermo.
¿Por qué no filmaron en Corleone si todo te hace pensar que el origen de la familia es corleonesi? La película está ambientada en los años 50, pero fue filmada en los 70, así que para ese entonces Corleone no era el sitio adecuado. Estaba demasiado modernizado.
Se ha especulado mucho sobre quién inspiró el personaje de Don Vito. Incluso en una entrevista, Mario Puzo, afirmó que algunas historias se las contaba su madre cuando era niño y que se inspiró en ella para crear a un personaje fuerte y sabio. Aunque, claro, también tuvo que documentarse sobre la mafia y para ello hay dos personajes clave: Carlo Gambino y Totò Riina.
Teatro Massimo, Palermo. Foto: A. Fajardo.
Carlo Gambino fue el líder de la Familia Gambino, una organización que existe hasta la fecha y sus negocios se diversificaban entre el transporte, construcción, sindicatos y recolección de basura. Gambino nació en la provincia de Palermo y emigró a Estados Unidos en 1921. En los años 50 fue elegido el jefe de la mafia en Nueva York; mantenía el perfil bajo y se oponía al narcotráfico. También se relacionó con políticos e, incluso, con Frank Sinatra. Vivió 74 años, de los cuales solamente 22 meses estuvo en prisión; tuvo tres hijos y su primo Paul Castellano tomó su lugar cuando murió. Con esta breve información, casi podemos afirmar que la vida ficcional de Don Vito Corleone es casi idéntica a la de Carlo Gambino. Especialmente por su oposición al narcotráfico. Recordemos que en la película, el dinero provenía de la protección (pizzo), transportes, sindicatos, construcción, armas y después Fredo introdujo los casinos.
Pero como siempre ocurre, la realidad supera a la ficción y, aunque la mafia comienza así y claramente diversifica sus negocios, también es evidente que se ha liado con el narcotráfico, especialmente la cocaína.
Roberto Saviano escribe en el libro Cero, cero, cero: Cómo la cocaína gobierna el mundo al respecto y analiza cómo los narcotraficantes blanquean el dinero; las conexiones entre estas organizaciones sobrepasan fronteras; no es casualidad que en la última captura del Chapo encontraran una copia de este libro entre sus pertenencias. De cierta forma, la figura del Padrino ha inspirado a más de uno e incluso existe una versión mexicana: el padrino Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes o el zar de la cocaína; líder en los 80´s del cártel de Guadalajara.
La vida de Salvatore (Totò) Riina no es tan semejante a la de Carlo Gambino, pero es posible que también influyera a Puzo y sin duda marcó la región y ha sido uno de los capos más influyentes. Riina nació en 1930 en Corleone; la provincia era muy pobre y la familia pasaba hambre, un día su padre y hermano encontraron una bomba americana en el campo y decidieron abrirla para vender el metal y la pólvora, pero explotaron. Tras la muerte de sus padres se acercó al mafioso local, Liggio, que trabajaba para Don Navarra, el capo de Corleone. Basta decir que, con tan sólo diecinueve años, Totò Riina fue condenado a doce años en prisión por homicidio. En 1956 es liberado y junto con Liggio comienza una lucha. Uno tras otro eliminan a los hombres de Don Navarra, pero para 1963 es nuevamente encarcelado por portar un arma sin permiso y documentos falsos. En 1969 es puesto en libertad por “insuficiencia de pruebas”, lo que significa que amenazó a los jueces y sus familias. Él, Liggio y Provenzano ganaron fama de sanguinarios, y comenzaron a hacer negocios con las familias palermitanas de la Cosa Nostra.
Totò Riina fue relacionado con la masacre de la calle Lazio, en la que eliminaron al capo rebelde Michele Cavataio. Tristemente la mafia llegó al estado y formó su escuadra política, como en el caso de Vito Ciancimino quien fuera alcalde de Palermo en 1971 y tenía evidentes conexiones mafiosas.
En 1978, comienza una guerra entre las familias mafiosas para eliminar a los viejos capos, pero también a políticos y procuradores que luchan contra la mafia como: Piersanti Mattarella, Pio La Torre, Rizzotto, Della Chiesa, Bernardino Verra y los famosos asesinatos de los procuradores del Maxiproceso de 1992: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Los dos últimos asesinatos fueron la gota que derramó el vaso, la gente estaba harta y en 1993 arrestaron a Riina, quien murió en 2017 a los 87 años.
Mural Bernardino Verro, General Carlo Alberto della Chiesa y Placido Rizzotto en el CIDMA, Corleone. Foto: A. Fajardo
Sea quien sea la inspiración de Mario Puzo, entre la mafia de la pantalla y la real existen algunas inconsistencias. En primera, nos muestran hombres bien vestidos y con gabardinas, acorde a la moda de los años 50, y de ahí no hemos podido modificar mucho nuestro imaginario. Cuando la mayoría de las veces ni siquiera se ven como los imaginamos. Roberto Saviano analiza sobre todo el caso de los narcotraficantes mexicanos, que quizá antes usaban camisas a cuadros, botas y sombreros, pero ahora los hijos estudian en universidades prestigiosas, hablan inglés fluidamente, son expertos en negocios y marketing, se visten con trajes de Armani y relojes carísimos.
En segunda instancia, nos los muestran como hombres honorables y de familia; claro que tienen una familia, pero tendríamos que repensar en qué clase de vida sumergen a sus hijos y a sus esposas. Como último punto, afirma que respetan por sobre todas las cosas a niños y mujeres. Pero entonces ¿qué sucedió con Giovani De Mattei en 1993 y Cocò Castelongo en 2014?
El pequeño Giovanni era hijo de un hombre que decidió hablar con la policía y al que transfirieron a una localidad protegida. En 1993, unos hombres vestidos de policía secuestraron a Giovanni. El pequeño estuvo mucho tiempo secuestrado hasta que finalmente el boss decide asesinarlo y deshacer su cuerpecito en ácido.
El pequeño Cocò tenía 3 años, su madre Maria Antonia Ianicelli estaba en prisión por asociación delictiva. El pequeño y sus hermanas vivían en casa de sus abuelos, pero era una familia perteneciente a la ́ Ndrangheta.
Giuseppe Ianicelli, el padre de Maria Antonia, era un capo de poca monta que pasó varios años encarcelado. Cuando salió de la cárcel, su hija pensó que quizá querría cambiar de vida, pero Ianicelli empezó a formar un nuevo clan. Cuando Ianicelli salía a la calle, utilizaba de escudo al pequeño Cocò y a su amante, una chica marroquí. Los tres fueron asesinados a sangre fría y sus cuerpos fueron quemados. En la escena del crimen dejaron una moneda de cincuenta centavos, que significaba lo poco que valían sus vidas. Maria Antonia Ianicelli narra el suceso en el documental Mafia is Cose Nostre (2018). El acto conmocionó a toda Italia. ¿Qué hay del respeto por los niños y las mujeres? Nulo. Esa es la verdadera cara de la mafia.
Busto de Bernardino Verra en Corleone. Foto: A. Fajardo
La mafia surgió en el siglo XIX tras la unidad de Italia, sobre todo en tres regiones -Sicilia, Calabria y Nápoles- como una asociación delictiva que imitaba las estructuras de las asociaciones secretas y usan métodos de represión e intimidación. Su mayor poder era precisamente el silencio, para moverse entre las sombras.
Nunca es demasiado tarde para hacer los matices pertinentes y es que, aunque el gusto por el crimen, la violencia, el silencio y los métodos suelen ser parecidos, al grado de que todo lo englobamos en la abstracción de “mafia y mafiosos”, hay que distinguir también sus diferencias, que no son únicamente regionales.
En Sicilia se encuentra la mafia o Cosa Nostra, que es la estructura jerárquica que observamos en las películas y que emigró a los Estados Unidos: los soldados son los que simplemente ejecutan órdenes; después está el Capodecina o sea el jefe de diez esbirros y cada capo de familia tendrá a un Consigliere o consejero que le ayuda en la toma de decisiones. Tres familias conforman un mandato, que a su vez está bajo las órdenes de la comisión provincial. El capo de todas las comisiones es el Capo dei capi o jefe de jefes y es la punta de la pirámide. Aunque se habla de familias, no por fuerza tienen una relación sanguínea; además de que los jefes son regularmente votados.
En Calabria mandan los capos de la ´Ndrangheta, su nombre significa irónicamente “actúo como un hombre decente”. Es la única mafia que tiene negocios en los cinco continentes y la mafia más rica de Europa. Se consideraba que era la menos poderosa, porque actúa en zonas rurales y por eso no es el centro de la noticia, sin embargo, al subestimarla y perseguir a la Camorra y a la Cosa Nostra, le dieron pie a que creciera. Si estás ocupado con el chico problemático y que hace mucho ruido, descuidas a los otros y es posible que surja una nueva cabecilla. Justamente esto sucedió con la ´Ndrangheta, que controla el negocio de la cocaína, los juego de azar y los desechos tóxicos y radioactivos. Aunque también hay cierta jerarquía, el poder se hereda de padres a hijos.
En Nápoles se encuentra la Camorra, que es una organización más horizontal. Hay varios clanes y cada uno tiene su propio boss y jerarquía. Es un poco menos estable que las otras dos, precisamente por la guerra entre los clanes que luchan entre sí, como el clan de Raffaele Cutolo contra el clan de la Nuova Famiglia. En los años 80 se contaban 32 clanes, pero ahora hay por lo menos 108, además de que se pensaba que era una variante desorganizada de la mafia. Del 2004 al 2007 fueron los años más sanguinarios y aunque la mayoría de los muertos pertenecen a un clan, siempre hay por ahí una bala perdida.
Roberto Saviano escuchaba por una radio cuando alguien informaba sobre un crimen y a veces llegaba antes que la policía, en su scooter, para registrar e investigar. Así fue como comenzó sus investigaciones sobre la Camorra y los clanes Di Lauro, Nuvoletta y dei Casalesi. En 2006 -a los 29 años- publicó el libro Gomorra y en 2008 Matteo Garrone dirigió la película, que ha sido una de las más vistas en Italia. El libro también fue todo un éxito publicado en 52 países. Saviano desmanteló la estructura y la Camorra lo amenazó de muerte, de cierta forma, la fama del libro lo condenó a vivir como persona protegida. Aunque afirma que el interés por sus palabras lo mantiene seguro, cuando la atención mediática decayera, entonces correría más peligro.
Portada del libro Gomorra de Roberto Saviano.
Ya desde el principio es escalofriante, Gomorra comienza en el puerto de Nápoles. Cargan un contenedor. Cuando lo abren, caen los cuerpos de aquellos migrantes chinos que son explotados para producir falsificaciones de bolsas, zapatos y ropa. Llegan muchas personas y cargan como si fuera algo muy normal los cuerpos en otro contenedor. Cuando los migrantes chinos mueren, utilizan los mismos documentos, para que otro emigrante chino lo reemplace y, a cambio, la mafia transporta sus cuerpos a China para que los entierren. Incluso uno de estos diseñadores hizo un vestido que fue utilizado por una celebridad en una alfombra roja, aunque, claro, el diseño era de una gran casa de moda, no de un sastre chino oculto en alguna provincia napolitana. Pero las falsificaciones no son el único negocio de la Camorra, otro muy productivo es el tratamiento de los desechos tóxicos, que simplemente son botados en un orificio de la tierra, traspasando el manto acuífero y produciendo enfermedades entre los pobladores. La Camorra no solamente tiene el negocio de la droga, sino que con estos otros negocios incluso puede ramificarse hacia negocios que aparentemente son limpios y dentro del sistema. La denuncia más triste es la de los chicos que desde pequeños están envueltos en este mundo, que quieren imitar al gánster del momento, a las películas y que se convierten en copias burdas, que se prestan para hacer las tareas más básicas de recaderos, pero que poco a poco suben escalones en el clan.
Curiosamente, narra Saviano, la mayoría de los capos, cuando no son eliminados entre ellos, cometen deslices que les pueden resultar caros: la mayoría han sido descubiertos al salir de sus escondites, al reunirse con alguna mujer. Cabe resaltar, que aunque se consideren hombres de familia, se les encuentra cuando no pueden soportar por más tiempo eludir un encuentro con sus amantes. Rechazan tanto los pequeños placeres cotidianos, que terminan arriesgando todo por cinco minutos de un polvo frenético. El patrón se repite, es parte de su naturaleza.
Saviano no es un idealista y tampoco un temerario, sino que denuncia con valentía, justo como exhorta Paolo Borsellino: “Hablen de la mafia, hablen en el radio, en televisión y en los periódicos. ¡Pero hablen!” Saviano habló y ahora vive las consecuencias, y aunque es una vida dura, hizo lo que tenía que hacer. Porque parte de la solución del problema es señalarlo y delimitarlo para poder hacer un plan de acción.
El poder de la mafia radica justamente en el silencio, que la muestra como algo casi inexistente, pero cuando la nombramos y pasamos de las abstracciones a las personas concretas también la lucha se materializa. Además de que es preciso observar su evolución, para estar preparados. Las organizaciones criminales han cambiado con el tiempo, del silencio absoluto han pasado a los perfiles de Facebook y vídeos de TikTok. Hace algunos meses publicaron en el periódico Frankfurter Allgemeine (FAZ) una nota sobre cómo la mafia utilizaba el TikTok y la cultura popular, como en el caso de Emanuelle Sibillo un boss de diecinueve años que murió en una guerra de clanes. Algunos hacen videos en los que besan su busto o se muestran emocionados visitando una capilla que levantaron en su honor. Además de que Sibillo subía a Facebook varios vídeos donde mostraba su poder, para amedrentar y reclutar jóvenes. Otro caso es la Fanpage de Vincenzo Torcasio, alias Japan, de la ´Ndrangheta, que aunque está en prisión con una condena de 30 años, su cuenta tiene aproximadamente ochenta mil seguidores. Ellos no son los únicos, en México, los narcos comenzaron a subir en el –arcaico– Youtube sus propios vídeos mucho antes de que estas nuevas generaciones de camorristas utilizaran el TikTok.
Estas páginas de personas públicas, son una de las tantas hipocresías de Facebook, por mencionar otra, están los grupos que sin lugar a dudas son pedófilos y en los que incluso podría haber un mercado de trata. Pero claro, eso no es nada, en lugar de eso, es mejor bloquear contenido y memes que podrían herir susceptibilidades de corrección política.
Un punto clave y peligroso es la imitación. Si deslizamos nuestro dedo en TikTok nos aparecen vídeos de lo más variados y entre ellos podría haber alguno de un camorrista, en la que los emojis tienen otro significado y son propiamente un lenguaje secreto aunque a la vista, y los niños y adolescentes los miran sin discernir lo que ven. Consumen contenido mafioso y como muestran el lado cool de los viajes, los relojes, los autos y las mujeres, pueden comenzar a imitar y ponerse en contacto con ellos. Mi denuncia no es nueva y los efectos se ven desde hace algún tiempo: los niños en Sinaloa disfrazados de sicarios, las mujeres que se operan de acuerdo con la estética que les gusta a los narcos, los niños que cobran dinero a sus compañeros para no molestarlos.
Quizá las series sobre Pablo Escobar y Narcos (Colombia y México) muestran más la crudeza, pero también de cierta forma muestran un tipo de vida que a algunos les puede resultar atractiva. Lo peor es que también se genera cierta empatía y admiración. Y así es como llegamos incluso a “documentales” como el de Kate del Castillo y su encuentro con el Chapo.
La romantización de la mafia ni siquiera muestra por completo las jerarquías, porque obviamente no vivirán con los mismos lujos el jefe que el sicario. Y ni siquiera muestran la mayor paradoja: jefes millonarios que viven escondidos en cuchitriles, porque el dinero no les compra la libertad.
No me refiero solamente a la libertad contrapuesta con la prisión, sino que en algún punto la persona deja de pertenecerse. Obedecen órdenes, casi como androides, sin importar su jerarquía. Aunque tienen el dinero y las excentricidades para tener un zoológico como Escobar, un Cadillac como Al Capone, celulares bañados en oro, o un mausoleo que parece mansión; al mismo tiempo viven sin libertad, escondidos en búnkeres obscuros o lugares en los que viven miserablemente, pero sobre todo lejos de aquellos a los que aman y con el miedo constante a perderlo todo, a la policía o a que alguien más poderoso decida asesinarte en la madrugada.
Giacomo Campiotti -el director de Prefiero el paraíso (2010), Bakhita (2009); Moscati: el médico de los pobres (2007) entre otras- filmó una película que no tiene desperdicio: Liberi da scegliere: Hijos de la ´Ndrangheta (2019) basada en una historia real. Pertenecer a la ´Ndangheta se transmite de generación en generación, al igual que la vendetta, los niños crecen rodeados de armas, odio e inestabilidad. La idea de familia es casi sagrada, sólo se confía en la familia, pero es una familia disfuncional; en la que el padre es un proveedor ausente y la madre se limita a cocinar y criar en esos valores mafiosos. Los hijos obedecen las órdenes del padre y siguen su camino: delincuencia, cárcel y muerte. Las hijas tienen que ser amas de casa sumisas, condenadas a repetir las vidas de sus madres: casarse con alguno de los hombres del clan, visitar a sus hijos en prisión y llorarles cuando mueran.
Un juez –a pesar de la amenaza de muerte y de que otros no quisieran colaborar por miedo– le da la libertad condicional a Domenico, un menor de edad, pero establece que su madre es incapaz de cuidarlo, por lo que el estado se volverá su tutor. Para ello tiene que sacarlo de Calabria, cruzan el estrecho de Messina (entre la bota y Sicilia) y vive en una casa de acogida junto con otros jóvenes. Al principio se muestra renuente, pero después experimenta la diferencia entre una vida libre y otra en la que debe obedecer en todo al capo, entre una vida que le permite las alegrías de la vida, como cenar con amigos y nadar en el mar, a diferencia de la constante ansiedad de las armas.
Al principio la decisión fue muy cuestionada, ¿acaso las madres de mafia no tienen derechos sobre sus hijos? Sí y no. El bienestar del niño es el principal derecho y si la madre no puede garantizar que el niño tenga una vida buena, entonces tampoco debería tener ese derecho. La mafia se cultiva en la familia, por lo que esta iniciativa es una lucha contra una de las raíces más profundas de la mafia, al tiempo de que garantizas una vida digna. Los niños de la mafia están obligados a crecer muy rápido y ningún niño debería pasar por eso.
Portada de la película Libres para elegir: los hijos de la ´Ndrangheta.
Recorrimos muchos caminos en Sicilia, evitamos las autopistas, para poder detenernos cuando quisiéramos y mirar el paisaje. A fin de cuentas el viaje era el camino. Salimos de Palermo con dirección a Villa Adriano, el pueblo en el que Giuseppe Tornatore filmó Cinema Paradiso; y dormiríamos en Corleone. El navegador a veces nos llevaba por caminos francamente intransitables, y así fue como condujimos por el monte y en carreteras curveadas en las que sólo podía pasar un auto. Terracería y del otro lado el barranco. Ahí noté que comienzo a parecerme a mi madre o que quizá confío más cuando mi padre va al volante, cualquiera de las dos opciones es posible. En algún punto tuvimos que detenernos porque los borregos nos rodearon y bloquearon el paso. Casi al final del día llegamos a Corleone, aunque semanas antes mi querida amiga siciliana me había advertido “en Corleone no hay nada”; ella se refería a que no es un lugar tan turístico. Yo ya sabía que no vería nada de El Padrino ahí, pero de todos modos pensé que si estaba en Sicilia, tenía que ir a Corleone, porque aunque no es el pueblo más bello, sí es significativo.
Borregos en la carretera siciliana. Foto: A. Fajardo
El Centro Internacional de Documentación de la Mafia y el Movimiento Antimafia (CIDMA) estaba a punto de cerrar y nos unimos a la última visita guiada. En el centro se pueden observar varias fotografías, pero necesitas que la guía te cuente la historia de cada una, para que comprendas que la mafia tiene siempre esa doble cara. De un lado las fotos de las mujeres de los capos, con pieles en salones con mármol y bebiendo champaña; del otro lado las mujeres en la miseria sosteniendo a un hijo muerto en brazos. En este lugar aprendí que la mafia no debe ser romantizada, que debemos mostrar más su cara perversa: que el TikTok con el Ferrari y los zapatos Gucci tienen un precio de sangre; que la mafia no respeta ni a niños ni a mujeres, empezando por los propios; que viven sin libertad.
En una de las salas también se encuentran las carpetas con la documentación del Maxiproceso, son copias, pero la información es pública y además es la representación del cambio de estructura. Al principio, algún procurador investigaba a algún capo y cuando el procurador era asesinado la información también desaparecía y tenían que empezar desde cero. Con el Maxiproceso todos podían acceder a la investigación, así que si alguien era asesinado, el proceso no se detenía. De ahí la importancia de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.
Sala de las carpetas. CIDMA, Corleone. Foto: A. Fajardo
Además de concientizar sobre la verdadera cara de la mafia, la población se ha revelado, especialmente los jóvenes, quienes ya no están dispuestos a vivir en la opresión y con pequeñas acciones concretas, pero poderosas, lo demuestran. Qui non si paga il pizzo, afirman con una pegatina a la entrada de algún negocio, cafetería o cooperativa. Con una mezcla de valentía y miedo resisten las amenazas y libran una batalla, porque no seguirán pagando por “protección”. No seguirán sometidos.
Giovanni Falcone definió a la mafia en Cosas de la Cosa Nostra como un poder que abusa de los valores, como la familia y el honor:
“La mafia: sistema de poder, articulación del poder, metáfora del poder, patología del poder. La mafia, que se transforma en estado y donde el estado está trágicamente ausente. La mafia: sistema económico, por siempre implicado en actividades ilícitas, fructíferas y que pueden ser explotadas metódicamente. La mafia es la organización criminal que usa y abusa de los tradicionales valores sicilianos”.
Giovanni Falcone, Cosas de la Cosa Nostra
El poder es la facultad de hacer alguna cosa, pero al vivir dentro de una comunidad el poder tiene límites delimitados por el bien común. Es por eso que la mafia, aunque tenga poder y así lo manifiesta, tiene un poder viciado, enfermo, patológico. Tienen el poder de hacer lo que quieren y por eso no tienen escrúpulos, pero tienen una aparente libertad. Son juegos de poder, en los que viven con el ansia de perder lo que tienen. Son poderosos, pero viven ocultos en un búnker húmedo con una hornilla eléctrica y sus familias son las que pagan las consecuencias.
La mafia ha cambiado su modo de operación, ahora llevan cuellos blancos, pero siguen manchados de sangre. Ya no les importa ser mediáticos, incluso parece que es su nueva estrategia de marketing, aunque no por ello los periodistas y procuradores dejan de ser asesinados. Su poder se extiende en el mundo y aún así son sólo un puñado en comparación con la gente de buena voluntad. Hablemos de ellos y de lo que hacen, hablemos para que los niños sigan siendo niños y no se les fuerce a crecer con las falsas imágenes, hablemos para que los niños quieran ser como aquellos que sin miedo se han atrevido a hablar.
La irrupción de una turba en el capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021, lidereado en parte por los seguidores de un movimiento conspiracionista presente en internet conocido como QAnon, desencadenó un examen de conciencia entre los conservadores. De manera súbita aquellos que tenían poca conciencia de QAnon y compañía fueron forzados a confrontar hasta qué grado estas visiones conspiracionistas empapan al pensamiento conservador. ¿Era quizá cierto que Donald Trump propugnó una guerra secreta contra pedófilos satánicos? Pedófilos que formaban parte del «Deep State», aquel grupo conspiracionista que sin mandato popular y de manera secreta y mafiosa se había enquistado en la estructura de administración pública del Estado Americano. ¿Y que esta guerra culminaría en una «Tormenta» milenaria, que enviaría a los enemigos que eran parte de las altas esferas de y que culminaría con una “tormenta” milenaria, que enviaría a sus enemigos a Guantánamo e inauguraría una nueva era de relaciones humanas? Antes de los disturbios esta mitología parecía confortablemente oscura.
Ya que QAnon se denomina típicamente como una “teoría de la conspiración”, es –o quizá fue– con mayor precisión descrito como un culto: un sistema de creencias que los engloba todo. QAnon bullía de energía, comunidades online, actualizaciones constantes, sucursales en otros países y argumentos fascinantes, aunque bizantinos. Generó una comercialización robusta. Su cháchara es incesante, seria, ensimismada, reforzadora, maniquea, empíricamente insolvente y castigadora contra los incrédulos. Sobre todas las cosas es una moda impensable sin el internet.
Incluso si existiera un culto maniático con raíces profundas en ciertas esferas sociales, esto no sorprendería a nadie, mucho menos a los conservadores. Después de todo, el mundo occidental ha vivido desde hace años con otro sistema de creencias globalizante, alojado del otro lado del espectro político. También este otro sistema bulle de energía, cuenta con comunidades online, actualizaciones constantes, sucursales en otros países y argumentos fascinantes y bizantinos. También tiene una comercialización robusta. Su cháchara también es constante, seria, ensimismada, reforzadora, maniquea, empíricamente insolvente y castigadora con los incrédulos. Sobre todo, tampoco ésta sería una moda sin el internet.
La diferencia es que QAnon nunca se introdujo en las instituciones médicas, en la élite, en los medios convencionales de comunicación, en la industria del entretenimiento, la academia, las escuelas públicas, las corporaciones, en la sociedad civil, la iglesias, en las tres ramas del gobierno federal y mayormente en el sistema legal americano. La otra moda lo ha hecho.
Con la esperanza de reunir el mayor público posible para un limitado retorno a la cordura sobre estos asuntos, me centraré en el subconjunto del transexualismo, las denominadas “infancias trans”, concretamente, en las niñas menores que quieren ser niños.
Antes de que el concepto “infancias trans” comenzara a circular, unas pocas almas valientes y pioneras expusieron análisis bien informados sobre otros aspectos del transexualismo. Entre estas obras podemos encontrar sobre todo, el trabajo de toda la vida del Dr. Paul McHugh, quien fue por mucho tiempo el director de psiquiatría en el hospital John Hopkins. También son vitales los libros Escándalo sexual: El impulso de eliminar lo masculino y femenino (Sex Scandal: The Drive to Abolish Male and Female) (2017) de Ashley McGuire; el hito Cuando Harry se convirtió en Sally: Entender el momento transgénero (When Harry became Sally: Understanding the Transgender Moment) (2018, recientemente castigado con la expulsión de Amazon) de Ryan T. Anderson; La locura de las masas: género, raza e identidad (The Madness of Crowds: Gender, Race, and Identity) (2019) de Douglas Murray; y los escritos de conservadores sociales como Rod Dreher; y la variedad de trabajos de aquellos a los que el movimiento trans ha denominado como TERF que es el acrónimo para Trans-Exclusionary Radical Feminist y en español equivale a “feminista radical trans-excluyente.”
A estos sobrios ejemplos del razonamiento se suman dos textos: uno de la periodista Abigail, Shrier Un daño irreversible: La locura transgénero que seduce a nuestras hijas (Irreversible Damage: The Transgender Craze Seducing Our Daughters) y el otro de la neuro-científica Debra Soh, El fin del género/sexo: Desenmascarando los mitos sobre sexo e identidad en nuestra sociedad (The End of Gender Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society). Ambas autoras enfatizan que no “juzgan” la “transición” en adultos, porque parece que separar la cuestión de los menores de los “adultos con consentimiento” puede cambiar más fácilmente algunas posturas. El libro de Soh es metódico, informado y una enérgica reafirmación de las verdades sobre el sexo y el género, que no son menos ciertas por haberse convertido en algo prohibido en los círculos de moda (en la dedicatoria se puede leer: “Para todos aquellos que me bloquearon de Twitter”).
El volumen de Shrier es audaz, minucioso, brillantemente argumentado y compasivo. Basado en aproximadamente 200 entrevistas a más de cuatro docenas de familias con adolescentes, es un trabajo indispensable sobre la pregunta del por qué surgió dramáticamente la “disforia de género” entre las chicas adolescentes desde hace algunos años.
Portada del libro Un daño irreversible de Abigail Shrier.
Shrier nota que “antes del 2012 no había literatura científica sobre niñas entre los once y veintiún años que en algún momento hubieran desarrollado disforia de género”. Ahora, por primera vez, las “chicas por nacimiento” son la mayoría de las pacientes que se identifican como “transgénero”. Las estadísticas hablan por sí mismas. Por ejemplo, en Gran Bretaña, la Agencia Nacional de Salud ha reportado que la “clínica de género” más grande del país tuvo 2,500 caso referidos en 2018-19, incluidos infantes desde los tres años. Esto significa un incremento más de 25 veces en la última década, principalmente de chicas/niñas que “transicionan” en niños.
La pregunta es por qué; y la respuesta no es siempre natural. La noción de que las chicas/niñas que quieren ser niños “nacieron así” se volvió tendencia en 2018, cuando Lisa Littman –doctora y profesora adjunta de la Universidad de Brown– realizó una encuesta de 90 preguntas sobre “el rápido inicio de la disforia de género” a 256 padres de estos adolescentes. Los resultados establecieron que estas chicas en particular no siempre fueron infelices como chicas. En cambio, respondían al contagio social. Soh resume “ninguna fue diagnosticada con disforia de género en la infancia”. Más bien, “alrededor del 40 por ciento de estos adolescentes, más de la mitad de su grupo de amigos también «salieron del clóset» como transgénero. Esto es más de setenta veces la frecuencia de adultos transgénero de la población general”. (Énfasis añadido por Mary Eberstadt).
Otra razón para enfocarnos en las chicas adolescentes es humanitaria. Lo que algunos adolescentes se hacen a sí mismos (o permiten que se les haga) en el nombre de volverse “trans” es tan masoquista como el impacto de la prueba de electro-shocks: usar un binder[1]produce efectos secundarios como problemas respiratorios y destrucción del tejido mamario; tomar bloqueadores de la pubertad para modificar las hormonas puede atentar contra la fertilidad; someterse a mastectomías que arrancan los pechos sanos y dejan horribles cicatrices; intentar hacer una “faloplastia” o algo parecido a un apéndice con la carne que toman del antebrazo de la chica y que conlleva cicatrices permanentes; soportar histerectomías de úteros que se atrofian bajo la influencia de testosterona y más padecimientos con el mismo tinte macabro. El culto a la juventud trans demanda sacrificios.
Simultáneamente han florecido marcas comerciales que benefician a emprendedores lo suficientemente inteligentes para desentrañar necesidades que nunca antes habían existido, como penes falsos hechos de goma y plástico, con el cual las chicas pueden orinar de pie; otros artículos con los que pueden “empaquetar” la ropa interior; y toda clase de accesorios queridos por los niños y adolescentes, especialmente para las chicas, rebautizados con la etiqueta trans: pegatinas, pins, ccamisetas, fundas para el celular, tazas de café, botellas de agua y cualquier otra mercancía que ayude a que una chica/niña se sienta más como un chico/niño.
Portada del libro: El fin del género de la Dra. Debra Soh.
Consideremos siete características que comparten QAnon y la moda transgénero en los jóvenes:
1.- Ambas mitologías son protegidas e impuestas con represalias punitivas, especialmente en las redes sociales.
Lo que nace en el Internet será castigado en el Internet. Como cualquier buena política, la intimidación en línea sirve a múltiples propósitos. Disminuye los incentivos para que cualquier externo cuestione el movimiento; valida los lazos comunes al crear enemigos comunes y señala a los miembros del grupo que los rangos nunca se quiebran sin una penalización. Por ejemplo, un artículo sobre QAnon de la revista Atlantic en 2020, señaló que muchos de los iniciados no estaban dispuestos a hablar con el reportero por miedo a las represalias comunitarias.
Asimismo la vigilancia, de los agentes trans, es singularmente feroz. Soh explica la combustión instantánea de hostilidad en línea que garantiza la recepción de cualquiera de los seguidores que perciban a alguien como un enemigo. Escribe tras su propia primera experiencia de una tormenta electrónica:
“Entonces, estarás inundado. No podrás refrescar tus notificaciones lo suficientemente rápido… Unas pocas almas valientes (en sus redes sociales) intentaron pedir un enfoque más suave. Inmediatamente se abalanzaron sobre ellos y fueron ahogados por la turba. Algunos de mis defensores incluso llegaron a arrepentirse y agradecieron a sus acosadores por “educarlos” y ofrecieron disculpas por defender a una persona transfoba… Una amiga fue atacada de forma similar varios años después por escribir en una de sus redes sociales que sólo las mujeres pueden embarazarse. Después de varios días de persecución en línea, me dijo, ligeramente conmovida, “Nunca volveré a twittear sobre cuestiones trans”.”
A diferencia de los castigos en línea infringidos por los devotos de otras modas, aquellos de la secta trans son reforzados y ampliados a través de toda la sociedad. Esto los vuelve todavía más peligrosos.
Por ejemplo, el libro de Shrier fue prohibido por la cadena de supermercados Target y fue objeto de censura, incluso por ACLU.[2] El autor de Cuando Harry se convirtió en Sally, Ryan T. Anderson, ha sido acosado tanto en la vida real como en línea. Él y otros que han hablado sin tapujos sobre el fenómeno trans han sido penalizados con una hostilidad bien organizada: protestas en las facultades, demandas de más seguridad, amenazas anónimas, un bombardeo orquestado de criticas negativas en Amazon y otras plataformas. La caída comercial de la famosa escritora J.K. Rowling, quien se atrevió a objetar contra la noción de que los hombres pertenecen a los espacios femeninos, se volvió una causa célebre.
Portada del libro: Cuando Harry se convirtió en Sally de Ryan T. Anderson
2.- Tanto QAnon como la moda de las infancias-trans tienen unas historia de creación “red pilling”[3] y un fundador que marca tendencia.
Otro denominador común es el momento sorpresa en el que el antiguo mundo se cae a pedazos y el nuevo se revela al creyente en toda su realidad. En ambos movimientos, esta consciencia trascendental, ocurre solamente después de pasar muchas horas navegando en línea, aprendiendo la liturgia y los ritos de la comunidad electrónica.
En repetidas ocasiones, Soh y Shrier, mencionan la centralidad de las madrigueras de conejo en el internet, entre aquellos que han sido raptados por la moda trans –del mismo modo en que los creyentes han descrito el descenso a QAnon. Después del tiempo suficiente en el éter, “el mundo se abrió en tecnicolor para mí”, una auto-denominada “reina de los memes” de QAnon afirmó para el New York Times. “Era como la Matrix, todo comenzó a descargarse”. Los sujetos en Un daño irreversible describen momentos similares de epifanía (o red pilling) que los llevaron a una membresía completa: ver el primer vídeo de un creador de tendencias trans, tomar el primer shot de testosterona, soportar el primer día con el binder.
En ambos casos, el red pillingviene con otro beneficio: una ovación instantánea y muchas veces masiva. En Daño irreversible se describe la emocionante trayectoria de una solitaria y ansiosa adolescente:
«Y de pronto algo mágico sucedió. Helena “salió del clóset” en Tumblr. Su número de seguidores se disparó hasta las nubes. Sus “ciber” amigos se entusiasmaron por su decisión de salir del clóset y su nuevo y “lindo” nombre. Ella era mucho más libre en la red que en la vida real. Las redes sociales le ofrecían la posibilidad de ser una persona editada, que sólo muestra lo mejor de sí misma, y solamente cuando ella así lo quería.»
Otro denominador común muy interesante es que ambas sectas de la red surgieron hace relativamente poco, tras una revelación fundacional de un líder encarnado. Para los QAnoners, la iluminación comenzó con la electrizante primer gota de información de Q (“miga de pan”) en 2017. Para la moda trans, la revelación llegó con la entrevista del famoso Youtuber de 6 años, Jazz Jenning´s 20/20, con Barbara Walters en 2007; y después a través de la aparición culturalmente impactante de Caitlyn Jenner en la portada de Vanity Fair.
3.- Tanto QAnon como el movimiento de las infancias trans han sido explotados por los políticos.
El silogismo es simple. Los líderes políticos buscan seguidores y atención. Las modas adquieren devotos ardientes, que se concentran en “comunidades” en línea. Ergo, en el afán de obtener más tráfico, más ojos, más seguidores y, según se espera, más votantes, algunos políticos tratan imprudentemente de incorporar estas modas.
Esto es exactamente lo que sucedió en los años que precedieron al 6 de enero: unos cuantos Republicanos se familiarizaron lo suficiente con el lenguaje de Q para guiñar y asentir de ciertos modos para energizar al grupo. Entre ellos parece que se incluía al presidente Trump, cuyos episódicos anuncios influidos por Q fueron tomados por los seguidores del culto como prueba de que los entendía y comulgaba con ellos. Sin embargo es preciso notar una diferencia crítica entre la moda Q y la moda de las infancias trans: sólo un puñado de líderes Republicanos coquetearon con QAnon. Pero casi todos los líderes Demócratas y muchas otras fuentes de autoridad cultural están comprometidas con el movimiento de infancias trans.
Desde hace pocos años, se ha vuelto impensable la desviación de estos dogmas para todo liberal y progresista del mundo Occidental –y para muchos otros. Usar los pronombres “equivocados” o el “nombre-muerto” (dead-naming: usar el nombre de nacimiento de una persona trans) son ofensas terribles. Los educadores han sido destituidos de sus trabajos. Entre aquellos que permanecen, el retractarse se ha vuelto más común que bajo la inquisición de Savonarola.
Estos son hechos asombrosos. La influencia de las infancias-trans se hizo evidente cuando el presidente Biden, en una de sus primeras órdenes ejecutivas, arrojó a mujeres atletas bajo el autobús de brillantina.[4] Aquellas prioridades desconcertaron a quienes se preocupaban por otras cuestiones, como la pandemia global y la distribución mundial de la vacuna. Sin embargo, la verdad, es que la súplica del presidente no era en absoluto desconcertante. Los políticos demócratas tiemblan si se encuentran del lado equivocado del lobby de las infancias trans.
4.- Ambas modas se atribuyen misiones salvíficas a favor de los niños y que sirven para racionalizar sus tácticas a los ojos de sus seguidores.
Ambos grupos vocalizan el mantra “los niños morirán” si los seguidores fallan en sus obras; y ambos han utilizado esta afirmación para justificar su extremismo.
Para QAnon –como para el Pizza Gate– los putativos en peligro son niños que son traficados por los caníbales-pedófilos del “Estado dentro del Estado” (Deep State). Para los creyentes del movimiento trans, las víctimas son niños y adolescentes que quieren una “transición” y que (según dicen) se suicidarían en caso de que se les impidiera hacerlo. Como ocurre con la mayoría de las teorías conspirativas, esta amenaza implícita se conecta tangencialmente con la realidad: las personas que se consideran transgénero corren un mayor riesgo de suicidio a lo largo de su vida. Pero es aún más importante el hecho de que los problemas de salud mental persisten a pesar de las intervenciones hormonales y quirúrgicas. Los editores del American Journal of Psychiatry escriben en una corrección publicada en 2020, que resume los resultados de la mayor base de datos sobre los procedimientos de cambio de sexo, “los resultados no demostraron ninguna ventaja de la cirugía en relación con la atención sanitaria posterior relacionada con los trastornos del estado de ánimo o la ansiedad”.
Los activistas de las infancias trans sacralizan el suicidio y la tristeza para silenciar las críticas –especialmente las de los padres– con un encantamiento: ¿preferirías tener una hija muerta o un hijo vivo? Tal como se muestra en Daño irreversible, esta manipulación desarma a cualquiera, que bajo otra circunstancia, serían los primeros en proteger a los adolescentes de algún daño: las madres y los padres. También intimida a otros adultos, como aquellos de la comunidad médica, que saben que la mutilación genital y la destrucción de la fertilidad entre los menores está mal, pero temen decirlo.
Este silenciamiento es aún más peligroso precisamente por el elevado riesgo de suicidio entre las infancias trans. Dado que muchos de ellos presentan comorbilidades –depresión, ansiedad, mutilación, bulimia y anorexia, entre otras–, es lógico que un tratamiento agresivo de esas dolencias mejore la salud mental. En cambio, como demostró claramente el caso de Keira Bell en el Reino Unido, el sistema médico suele adoptar una política de «primero lo trans», optando por las hormonas y las soluciones químicas-quirúrgicas relacionadas con ellas, en lugar de realizar investigaciones detalladas y mejorar los problemas que las acompañan.
Todos deberíamos estar muy preocupadospor las tasas de suicidio entre todos los adolescentes, incluidos y especialmente los de mayor riesgo. Trágicamente, muchos expertos se hacen de la vista gorda ante la realidad de los problemas mentales y de otro tipo entre los niños trans, lo cual es contraproducente, en el mejor de los casos. Ignorar sus otras aflicciones no ayuda para nada aliviar la situación de estos niños.
5.- Ambos cultos albergan creencias anti-empíricas sobre la corporeidad humana.
Una cuestión importante sobre las modas que se originan y promueven fanáticamente en Internet es que parecen desconectar a los creyentes de su ser material.
Por ejemplo, algunos de los seguidores de QAnon, coinciden con otro culto de Internet que cree en los reptilianos, de quienes se dice que secretamente dan forma y manejan el mundo. (Algunos de ellos incluso creen que Michelle Obama es en realidad un hombre.) Y los miembros del culto de la juventud trans creen que si se esfuerzan lo suficiente, pueden dejar atrás el cuerpo con el que nacieron y convertirse verdaderamente en un miembro del sexo contrario.
Soh también menciona la naturaleza descarnada de “las fantasías (que) pueden girar en torno a los cambios de forma y de cuerpo, en los que una persona se transforma inesperadamente en el sexo opuesto por medio de sucesos que bien pueden considerase ciencia ficción, como abducciones alienígenas, ingestión de pociones mágicas y un desvío en el espacio exterior”.
Inter alia, esta extraña conjunción de creencias hechiceras, sugiere una nueva vía de investigación psicológica. Quizá vivir demasiado tiempo en la realidad bidimensional del internet corroe el sentido de la realidad tridimensional –incluida la realidad tridimensional del propio cuerpo y el inerradicable ADN.
6.- Ambos cultos aumentan entre la población emocionalmente vulnerable.
Una y otra vez, los padres y los des-transicionales, entrevistados por Shrier y descritos por Soh, exhiben los mismos comportamientos psicológicos y sociales: aislamiento, problemas del espectro autista, ansiedad, pánico, adicción al internet. La mayoría de las chicas del estudio de Shrier tienen un historial médico de enfermedades mentales. Muchas se han visto arrastradas a otras formas de autolesión, como inflingirse cortadas o quemaduras, anorexia y bulimia.
El grupo demográfico de QAnon es de menor ingreso, mayor edad y parece más masculino. Sin embargo, las vulnerabilidades psicológicas son comparables. Cada uno de los participantes comienza con la noción de que la “realidad” es algo distinto de lo que parece ser, algo diferente de lo que le han contado.
Las vidas de las personas atraídas por la cosmovisión de Q abundan en desencadenantes similares a los que los sujetos de Shrier padecen: atomización, adicción, retraimiento social, luchas familiares y –aunque lo reitere ad nauseum– una cantidad desmesurada de tiempo en internet que usan en seguir obsesivamente al movimiento. Hay un caso revelador y positivo, que se menciona en Daños irreversibles: una adolescente dejó de ser trans después de que su madre la enviara a vivir en una granja de caballos durante un año y sin internet.
7.- Ambas sectas se han visto alimentadas por la ruptura familiar, incluida la alteración incitada por los compañeros de la secta.
En las semanas que siguieron al caos en el Capitolio, los perfiles sociales de los creyentes de QAnon, revelaron un patrón común: en muchos casos los familiares alarmados por la situación habían luchado por romper el control del grupo sobre sus seres queridos. En un titular del Washington Post se leía “QAnon destroza familias”.
Lo mismo ocurre con la moda de las infancias trans, como muestran los ejemplos de Daño irreversible y El fin del género. La diferencia es que los miembros trans son explícitos en querer cortar los lazos familiares en caso de que se interpongan en el camino de las creencias del culto. «Engañar a los padres y a los médicos está justificado si ayuda a la transición», explica Shrier. Estos juegos de manos son omnipresentes. Los comerciantes disfrazan sus productos: «Los binders [y otros productos] suelen venderse en paquetes discretos para no alertar a los padres que no los apoyan».
Incluso Anderson reporta en Cuando Harry se convirtió en Sally que algunas escuelas desarrollaron protocolos par ayudar a los estudiantes en la “transición” sin que sus padres se enteren. Mientras que algunos influencers –el equivalente actual de los ídolos adolescentes– prometen que transicionar dará lugar a “familias de brillantina” y “familias queer” que sustituirán las familias reales que son insuficientemente solidarias.
En el esfuerzo de la transexualidad tradicional, se ha escrito mucho sobre el significado filosófico y metafísico de frases como “nacer en el cuerpo equivocado”. Simultáneamente, la evidencia de Daño irreversible y El fin del género, sugieren explicaciones para la moda tran entre las jóvenes, más terrenales.
El primero es el uso de la testosterona. “T” aparentemente actúa como una droga milagrosa, especialmente para las chicas ansiosas, afines al espectro, de clase media alta, que constituyen gran parte del número de personas que inicián la «transición» en estos tiempos. Imagínese una substancia que al tiempo que elimina grasa corporal de las zonas no deseadas, hace que los usuarios se sientan más fuertes, que los vuelve literalmente más fuertes y que induce una sensación de confianza de la que antes carecían. Tales son los efectos descritos de la testosterona. No es de extrañar que varios de los sujetos de Shrier utilicen la palabra “adictivo” para describir la droga.
Se pueden encontrar pruebas adicionales en la vívida descripción de los efectos de las inyecciones de testosterona, por parte de Andrew Sullivan, en un artículo escrito en el año 2000:
«Mi apetito, en todo el sentido de la palabra, se expandió sin medida. Pasé de dormir la siesta dos horas al día, a apenas dormir durante el día y tengo energía suficiente para entrenar a diario y tener un horario de trabajo intenso… La depresión que antes era un rasgo habitual de mi vida, es ahora un recuerdo distante… En pocas horas, y a lo mucho en un día, siento una profunda oleada de energía… En una palabra, me siento preparado. ¿Para qué? Apenas parece importar.»
¿Qué chica inquieta, solitaria y vacilante no querría un estímulo semejante, especialmente si además le garantiza una cascada de dopamina procedente de una arrebatadora afirmación en línea? De un modo que no se ha entendido, pero debe entenderse, el fenómeno transgénero entre las chicas es farmacología cosmética sin límites. Razón de más para señalar otras consecuencias de la testosterona: aumento de irritabilidad y agresividad; añade kilos en las mismas zonas que en los hombres; hace que el vello corporal y los olores masculinos broten de la piel femenina. Sobre todo cuando se inyecta durante demasiado tiempo; también baja el timbre de voz de manera irreversible, marchita la vagina y el útero, y elimina la posibilidad de tener hijos.
Una segunda respuesta a la pregunta tácita que se expone en Daño irreversible y El fin del género conlleva un vistazo a nuestra civilización y en lo que se ha convertido. ¿Por qué actualmente un número récord de chicas odian ser chicas?
Basta mirar al océano en el que nadan. Cuando son niñas –y por siempre, gracias a Internet– se enfrentan a un mundo en el que abundan fenómenos aterradores incluyendo la pornografía violenta, no regulada y omnipresente.
Mientras que desde la educación básica los funcionarios de salud y otros influencers les aseguran que se espera de ellas actividades sexuales; y si acaso objetan, entonces las hacen sentir retrógradas e impopulares. Quienes acuden a la religión en busca de consuelo corren el riesgo de ser marcadas con las nuevas letras escarlatas: O e I, de odioso e intolerante.[5] Simultáneamente, dada la contracción e implosión de la familia, las niñas tienen menos padres, hermanos, tíos u otros hombres en sus vidas que puedan actuar como controles de la realidad, que las ayude a protegerlas de la explotación química, quirúrgica y comercial.
Lo que finalmente une a los miembros de las sectas de internet es la insoportable pesadez de su ser; la alienación de sus amigos y familia, a pesar de que precisamente los amigos y la familia son la medicina para el mal que las aflige. Por esta razón, la moda de las infancias transgénero es especialmente calamitosa.
Gracias a esta moda, el terror fundacional de la soledad, se convertirá en una profecía auto-cumplida entre las chicas a las que se les ha arrebatado la respuesta preferida por la naturaleza a la soledad: la procreación.
Algún día las autoridades que alimentan la moda de las infancias trans tendrán que responder a sus culpas –los políticos y médicos corruptos, los flamantes “teóricos de género”, los mirones de Internet, los comerciantes, incluyendo a Planned Parenthood– que lucran con este pathos (sufrimiento).
Mientras tanto, los ciudadanos, pueden dar un paso adelante. Si destruir los órganos reproductivos de adolescentes sanos no es reprobable, entonces no hay mucho que lo sea. Los conservadores sociales están haciendo su parte para protegerse de la moda de las infancias trans. Ahora los demás también pueden ayudar. Que los individuos L, G, B y T adultos que no quieran participar en este experimento repudien la afirmación de que lo aprueban. Que la histórica demanda de Keira Bell[6] en Reino Unido –que dio lugar a la prohibición del acceso infantil a los bloqueadores de la pubertad sin aprobación judicial– sea la primera de muchas.
Ahora que tenemos Daños irreversibles y El fin del género es hora de defender lo obvio.
[1] También conocida como “faja mamaria” es una pieza de ropa interior que se usa para aplanar la mama contra el pecho. N. de la E.
[2] ACLU son las siglas de American Civil Liberties Union (Sindicato Americano por las Libertades Civiles) y surgió tras la I Guerra Mundial, como respuesta a una serie de deportaciones, las “redadas Palmer” que violaban las libertades civiles. N. de la E.
[3]Red pill y red pilling son un modismo muy utilizado en algunos foros de internet, parte de la cultura cibernética y que significa el despertar a una realidad aunque sea difícil e incómodo. La referencia proviene de las píldoras (roja y azul) que Morfeo ofrece a Neo en la película Matrix. Elegir la píldora roja conlleva el despertar a la verdad y aceptarla, mientras que la azul implica rechazarla para seguir viviendo en la comodidad de la mentira. Normalmente se usa el término para denominar a ciertos grupos anti-feministas y de extrema derecha; puede usarse como un sustantivo, un verbo o un adjetivo. Aunque últimamente se ha utilizado el término para hablar tanto de los que pertenecen a un movimiento e ideología, como de sus detractores. N. de la E.
[4] El 20 de enero del 2021 Biden promulgó una ley para “combatir y prevenir la discriminación basada en la identidad de género o la orientación sexual”; que permite que atletas transgénero puedan competir contra atletas mujeres. El autobús de brillantina (glitter bus) hace referencia al colectivo LGTBQ+ y su relación con la brillantina (glitter) que se añadía a los cosméticos y diversos objetos y que señalizaban a las identidades queer y drag. Durante los 70´s algunos intérpretes del rock y glam –como David Bowie– utilizaban brillantina para crear una estética andrógina que hacía referencia a la movida de la vida nocturna queer. Asimismo se ha utilizado la brillantina para atacar a algunos políticos que fueron considerados homofóbicos. N. de la E.
[5] En el original las letras son H y B, por hater y bigot. N. de la E.
[6] Keira Bell es una activista inglesa que aboga por la des-transición y logró que no se comenzaran las transiciones en los adolescentes sin una orden judicial previa. Proveniente de una familia disfuncional y atormentada por depresión a los 14 años su madre le preguntó si no prefería ser un chico, ya que era poco femenina y sufría por la pubertad. Así comenzó su transición: un diagnóstico de disforia de género, uso de bloqueadores de pubertad, testosterona y una operación para remover sus senos. Sin embargo seguía sintiéndose miserable y al llegar a los 20 comenzó a des-transicionar, con ello fue objeto de numerosas críticas en internet y se convirtió en activista. Bell afirma que ella era solamente una niña que necesitaba ayuda, pero que fue tratada como un experimento. N. de la E.
Oxímoron: “Figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto”. Pues no. En este caso no se trata de un “oxímoron”, sino de una triste realidad. Aunque parezca descabellado, absurdo o contradictorio, tristemente hay parejas que viven esta realidad absurda. No en vano, la vez que más se me ha alebrestado el auditorio en clase, fue cuando les expliqué el “débito conyugal”. Varias alumnas lo consideraron una especie de violación. Por contrapartida, es frecuente que algunas mujeres -es más común en ellas- tengan “a dieta” a su marido, por periodos más o menos extensos de tiempo o, de forma indefinida, y viceversa también. Sí, aunque usted no lo crea, hay maridos que no se acercan a su mujer sino para consumir los sagrados alimentos.
Con mucha más frecuencia de lo que hubiera imaginado, me lo he encontrado a lo largo de mi experiencia de acompañamiento espiritual. Recuerdo una vez que un marido me pidió por favor -sabía que yo hablaba con su mujer- que la convenciera de cambiar su “mortificación cuaresmal”, ya que había decidido no tener intimidad conyugal durante ese periodo de tiempo. Al pobre esposo se le hacía muy duro esperar cuarenta días, hasta la pascua, para tener intimidad con su mujer.
Pero también ha habido experiencias en sentido inverso. Una mujer, en el mismo contexto de asesoría espiritual, preguntaba inocentemente si era normal la actitud sexual de su marido: llevaban décadas sin tener intimidad. La actividad sexual se había limitado, rigurosamente, a ser “instrumento para la procreación”. El marido consideró que, habiendo tenido ya cuatro hijos, podían dejar de tener acercamiento sexual para siempre. ¿Se trataba de un anacoreta que había accedido al matrimonio sólo para satisfacer a sus padres? Tristemente, la respuesta es no. Se trataba, más bien, de una persona con inclinación homosexual, que había acudido al matrimonio para cuidar las apariencias. Antes -no hace mucho- estaba mal visto ser abiertamente homosexual, así que, para cubrir el expediente, algunas personas con esta tendencia accedían al matrimonio para cuidar las formas sociales, pagando la factura la pobre desafortunada que había sido instrumentalizada por su marido, para aparentar “normalidad” en el seno de una sociedad conservadora. De hecho, un buen amigo, activista homosexual, me lo confirmó abiertamente: “antes las personas homosexuales en países católicos teníamos dos opciones, para salir honrosamente parados en la sociedad: casarnos o entrar al seminario”. Eso explica cómo, muy tardíamente, descubrió la Iglesia Católica el porcentaje de sacerdotes pederastas en su seno (el 80% de las víctimas de abuso son niños, no niñas). De forma que fue hasta el año 2005 cuando se prohibió que entraran en el seminario personas con inclinación homosexual.
En el caso anterior -no es el único- no me ha quedado más remedio que recomendarle a la mujer -a la víctima debería decir- que tramitara su nulidad matrimonial. Un matrimonio así es una farsa, una simulación, en realidad nunca ha existido. Pero claro, no es fácil tomar esa decisión, no resulta sencillo explicarles a los hijos que su papá en realidad es gay, y hacerles tomar conciencia -¡qué duro!- de que su existencia es simplemente el resultado de la estrategia para “cumplir las expectativas sociales” de su padre o, dicho más crudamente, que su vida es fruto de un maquiavélico plan para cuidar las apariencias; una obra teatral que ha dado como fruto su propia existencia. Por eso, algunas mujeres prefieren seguir como siempre, en atención a los hijos, desarrollando su papel en la inhumana obra de teatro, en la que involuntariamente se han visto forzadas participar. Finalmente, todo hay que decirlo, es más sencillo que ellas se acostumbren a no tener intimidad sexual, a que lo haga su marido. Lo injusto de esta situación resalta, pues el marido lejos de “estar a dieta”, tiene intimidad sexual “bajo el agua”, es decir, mantiene una vida sexual activa, de carácter homosexual, que oculta hábilmente a la sociedad y a su propia esposa, hasta que ella lo descubre (el celular siempre traiciona).
De todas formas, siempre es bueno “vivir en la verdad” o, por lo menos, intentarlo. No es bueno ni saludable vivir en la simulación. Una de las “ventajas” de nuestra sociedad permisiva es que ya no son necesarias esas simulaciones. Las personas homosexuales tienen ahora todo tipo de salidas airosas -de hecho, están de moda, ahora son privilegiadas-, de manera que ya no se ven forzadas a arruinarle la vida a su esposa/o respectivamente o, peor aún, probar suerte en el seminario.
La mayoría de las personas asocian a los miembros de la realeza únicamente con el aspecto ceremonial –casi decorativo– que cumplen las familias reales en algunos países europeos (por ahora, dejemos de lado a las monarquías asiáticas, que tienen mucho más poder político real).
Sin embargo, en los últimos años, los escándalos en los que se entrecruzan el mundo de la realeza y el de las finanzas, han hecho que los nombres de algunos miembros prominentes de familias reales salten de las páginas de las revistas del corazón a los titulares de la prensa, lo que pone de manifiesto un aspecto poco discutido de la realeza: más allá de sus diversas funciones constitucionales, un título real trae consigo una influencia social que puede ser muy apreciada en el ámbito de los negocios, y eso rosa peligrosamente con el tráfico de influencias y los vicios que se le asocian.
El caso más reciente ha sido el del príncipe Andrés, duque de York, el tercer hijo de la reina Isabel II del Reino Unido, que no sólo se ha visto involucrado en problemas económicos, sino en un escándalo sexual que ha ensombrecido el ya de por sí complicado panorama actual de la familia real inglesa.
Príncipe Andrés en una conferencia en Belfast, 2013. Crédito: Titanic Belfast.
El príncipe Andrés nació el 19 de febrero de 1960, cuando la reina Isabel y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, habían superado ya las crisis matrimoniales de su juventud y pasaban por una época feliz como pareja. Quizá por eso, la reina sintió siempre un especial cariño por ese hijo que, según se dice, es su favorito.
Después de un paso brillante por el internado de Gordonstoun –donde su hermano, Carlos, había fracasado estrepitosamente– Andrés ingresó en la Marina Real, en la que llegó a alcanzar el grado de Vicealmirante.
Durante la Guerra de las Malvinas, y con el apoyo de la reina, el príncipe Andrés se integró a la tripulación del portaviones Invincible, en el que se desempeñó como piloto de helicóptero en diversas misiones, tanto de ataque como de rescate.
Cuando regresó al Reino Unido, Andrés comenzó una relación formal con Sarah Ferguson, una antigua amiga suya, que provenía de una familia aristocrática con antecedentes militares.
Fergie, como se le llama popularmente, era conocida por ser extrovertida y alegre. Por haberse conocido desde niños, la relación entre ella y el príncipe Andrés se desarrolló con bastante naturalidad, a diferencia de lo que había pasado con la pareja formada por los príncipes de Gales, Carlos y Diana.
En marzo de 1986 se hizo el anuncio formal del compromiso entre Andrés y Fergie. Con ocasión de la boda, que se celebró el 23 de julio de ese año en la abadía de Westminster, la reina concedió a su hijo el prestigioso ducado de York, que había pertenecido a su padre, el rey Jorge VI.
Andrés y Sarah tuvieron dos niñas, las princesas Beatriz y Eugenia, y aunque el matrimonio parecía ser el único bien avenido de la familia real, las obligaciones militares de Andrés lo mantenían fuera de casa por largas temporadas. Según ha revelado Fergie, en esa época llegaron a vivir juntos sólo 40 días al año.
El matrimonio duró una década, pero finalmente decidieron divorciarse cuando la prensa dio a conocer fotografías que confirmaban los rumores de relaciones extramaritales por parte de la duquesa. A pesar de todo, Andrés y Fergie mantuvieron una relación cercana y forjaron una amistad que sigue hasta la fecha.
Ya divorciado y relevado de sus obligaciones militares, el príncipe Andrés decidió dar un giro a su vida y comenzó a dedicarse al fomento de los intereses comerciales del Reino Unido, como promotor de inversiones de alto nivel.
Por esa época, una conocida socialité británica llamada Ghislaine Maxwell presentó al príncipe con el millonario norteamericano Jeffrey Epstein.
Ghislaine Maxwell
Jeffrey Epstein
Epstein era uno de los asesores financieros mejor conectados en los Estados Unidos, entre sus clientes y asociados se contaban personajes tan prominentes como Bill Clinton, Donald Trump o Bill Gates. El duque de York no lo dudó y comenzó una relación personal con Epstein al que, durante los siguientes 12 años, llegó a hospedar en la residencia real de Sandringham o a invitarlo a la fiesta cumpleaños de su hija mayor, la princesa Beatriz; además de haber compartido con él viajes tanto de negocios como de placer.
La investigación del caso Epstein develó que su modus operandi era el de ofrecer encuentros sexuales con menores a hombres de alto perfil, a cambio de jugosos negocios y contactos. Dichos encuentros tenían lugar en las múltiples propiedades de Epstein, tanto en los Estados Unidos como en su residencia de lujo en las Islas Vírgenes, a donde él y sus invitados volaban a bordo de un jet privado al que se conocía como el Lolita Express.
Cuando se revisó la lista de personajes que habían volado en el Lolita Express apareció, entre otros, el nombre del príncipe Andrés, lo que atrajo de inmediato el interés del público británico. Además, una de las víctimas de Epstein, la norteamericana Virginia Giuffre, lo acusaba directamente de haber mantenido relaciones sexuales con ella, cuando Virginia tenía apenas 17 años.
Con el propósito de acallar los rumores, Andrés tomó la decisión de dar una extensa entrevista a la BBC. El resultado no pudo ser más contraproducente.
Confrontado con la evidencia de una fotografía en la que se veía al príncipe tomando por la cintura a la joven Virginia, el duque de York sólo acertó a decir que no recordaba haberla conocido y que creía que esa fotografía estaba manipulada.
Su “coartada” era que el hombre que aparece en la fotografía lleva un pantalón oscuro y una camisa abierta y que cuando él sale en Londres siempre lleva traje y corbata; además, refirió que, según el relato de la víctima, la noche en la que dice haber sostenido relaciones con el príncipe, éste sudaba abundantemente y, según el propio Andrés, debido a un choque de adrenalina que sufrió en la Guerra de las Malvinas, él prácticamente no suda. Además, abundó, en la fecha del supuesto encuentro, él se encontraba en la ciudad de Woking, a una hora de Londres, y como su exesposa se encontraba de viaje, no podía haber dejado solas a sus hijas adolescentes esa noche.
Los argumentos del príncipe fueron ampliamente ridiculizados por la prensa. Básicamente se resumen en que él no suda, ni se quita nunca el saco y la corbata en Londres y que, siendo un responsable padre de familia, no podía darse una escapada de una noche.
En vez de convertirse en la operación de control de daños que él planeaba, la entrevista propició que el príncipe tuviera que renunciar a todos sus compromisos púbicos como miembro activo de la familia real, lo que le supuso una pérdida de ingresos de cerca de medio millón de libras esterlinas al año.
Pero, además, la irrisoria defensa pública del príncipe fortaleció la posición de Virginia Giuffre quien, a finales de agosto de 2021, lo demandó por la vía civil en los Estados Unidos, exigiendo una reparación por abuso sexual.
La demanda fue notificada a los abogados del príncipe en Londres en septiembre del mismo año. Después de la notificación, el equipo legal de Andrés tuvo acceso a los documentos de un acuerdo entre Jeffrey Epstein y Virginia Guiffre, por el que ella recibió una indemnización a cambio de liberar de responsabilidad a todos los socios o asociados de Epstein. En virtud de tal acuerdo, los abogados del príncipe solicitaron a la corte de Nueva York que desechara el caso por falta de legitimación de la demanda, pero su solicitud fue denegada.
Por tratarse de una demanda civil, la libertad del príncipe nunca estuvo en riesgo, sin embargo, la posibilidad de que tuviera que responder por sus actos frente a una corte norteamericana y, sobre todo, que fuera declarado responsable de un abuso sexual, suponía una amenaza devastadora para la imagen pública de la Corona, que se ha visto ya muy afectada en fechas recientes por los agrios desencuentros públicos entre el príncipe Harry y el resto de la familia real.
Pero, aunque la posición de Virginia Giuffre siempre fue que ella buscaba una reivindicación pública frente a uno de sus abusadores más que una compensación económica, el 15 de febrero de 2015 llegó a un acuerdo extrajudicial con la defensa del príncipe, lo que puso fin a la posibilidad de confrontarlo en juicio.
Aunque la suma final del acuerdo no fue revelada, las filtraciones de prensa apuntan a una cantidad que ronda los 15 millones de dólares. Dada la actual situación financiera del príncipe, todo indica que tanto sus gastos legales como el pago del acuerdo serán solventados por la reina Isabel quien, además del presupuesto que recibe del gobierno británico, posee una cuantiosa fortuna privada, derivada de las rentas y productos de un conjunto de empresas y propiedades vinculadas con el ducado de Lancaster, del que es titular. Los ojos del público británico están atentos a que ni una libra de dinero público sea gastado en el príncipe Andrés, quien también ha sido despojado de todos sus honores militares.
A sus 62 años, y ya abuelo de un niño y una niña, Su Alteza Real el príncipe Andrés duque de York enfrenta un incierto futuro. Por ahora depende enteramente de su madre quien, a los 95 años, está celebrando el jubileo por sus 70 años en el trono de la Gran Bretaña. Pero cuando en el futuro –necesariamente no tan lejano– el trono sea ocupado por su hermano, el príncipe Carlos, su situación podría volver a complicarse, pues todo apunta a que el príncipe de Gales planea hacer un amplio recorte a los privilegios de la familia real extendida y limitarlos al núcleo directo del monarca y su heredero.
A propósito de El juego del calamar, 2021 Director: Hwang Dong-hyuk
Muchos ricos son completamente capaces (moralmente) de organizar unos juegos así, en los que apuesten y disfruten con la muerte y la miseria de otras personas (vaya, hablar de ‘ricos’ es una simplificación: me refiero a ese puñado de personas exageradamente ricas y con un poder desmesurado, como los dueños de monopolios gigantes). Bien, esa es una manera de ver la serie: pensar que son capaces. Pero, ¿qué tal que, de hecho, lo hacen? No me refiero a que exista una isla con un verdadero Juego del calamar. Quiero decir, más bien: ¿qué tal que la codicia de ciertos ricos, su afán de crecimiento de capital a toda costa, y su amor por placeres ridículos y, en varias ocasiones, denigrantes, son la causa de que muchos humanos (las clases bajas, sobre todo) sufran y se ahoguen en mares de escasez y de violencia? Esos ricos saben que muchos de sus placeres son posibles sólo a cuestas de la precariedad de la mayoría de la población mundial. Podríamos preguntarnos si verdaderamente lo dimensionan.
No hace falta decir que los pobres no quieren ser pobres y que muchos de los problemas sociales están vinculados con la desvalorización de la vida de los más necesitados. Por ejemplo, con el abaratamiento de su trabajo o la trata de personas. El juego del calamar es una metáfora de lo que realmente sucede. Pero ¡ALERTA!: si temes que te arruine la trama, te recomiendo leer esto después de ver la serie.
En una de las escenas finales, vemos a Oh Il-nam, el anciano que está detrás del juego, en su lecho de muerte, acompañado de Seong Gi-hun, el protagonista. Están dentro de un edificio alto, con ventanales que permiten observar la ciudad. El anciano señala a un hombre tirado en la calle, abandonado, y apuesta a que nadie se detendrá a levantarlo antes de la media noche, de modo que, probablemente, morirá de frío entre la nieve.
No estoy seguro de que los directores y productores de la serie sean conscientes de la religiosidad de dicha escena. Prácticamente, el anciano está preguntando si pasará por allí el buen samaritano. ¿Hay alguien acaso, en este mundo, a estas alturas, que practique la caridad? La parábola del buen samaritano es cristiana; no obstante, la invitación a la compasión y a la caridad la comparten varias religiones.
Al final de la escena, vemos cómo alguien pasa y salva al pobre hombre. Hay esperanza. Es curioso: era muy fácil ganar la apuesta. Bastaba con que Seong Gi-hun (el protagonista) bajara por el ascensor, saliera a la calle y salvara al necesitado. Sin embargo, no lo hizo. Tuvo que venir alguien más.
También es curioso que el único personaje explícitamente religioso de la serie sea tan irritante. No deja de rezar en voz alta cuando los demás necesitan silencio, y sus diálogos o intervenciones resultan imprecisas (en el mejor de los casos) o, incluso, del todo inconsistentes con la teología de la tradición cristiana. El personaje pretende ser cristiano, pero su caracterización muestra una religiosidad lo suficientemente distorsionada como para mofarse de ella.
El financiero, en cambio, es uno de los personajes mejor delineados. En todo momento, calcula fríamente el riesgo de sus alternativas, diversifica su portafolios y opta por las decisiones más seguras. Sus amistades son una especie de inversión, o de riesgo compartido, hasta que dejan de convenirle. Incluso su suicidio admite esa lectura: se invierte a sí mismo para garantizarle el dinero a su madre: compró en su lecho de muerte un seguro de vida. Más aún, comete un error característico de los financieros: cree que ha llegado al final de juego (esto es, que le ha ido bien) por su propio mérito, sin reparar en que la suerte ha tenido un papel. Es uno de errores frecuentes que Mihir A. Desai, profesor de administración y finanzas en Harvard, señala en su libro La sabiduría de las finanzas.
En resolución, más allá de los personajes, (religiosa o no) ésta es la propuesta de la serie: el remedio contra el tedio y el sinsentido de los millonarios, por una parte, y contra la violencia y la miseria del mundo, por la otra, es nada más, y nada menos, que la caridad. En la primera escena, en cuanto abre la serie, vemos la explicación del juego: cuando pierdes, mueres de verdad. Como contraparte, en este mismo mundo de real injusticia y miseria, cuando amas al prójimo, vives: vives de verdad.
No a todos les interesa que surja un movimiento social fuerte en contra de los abusos de los gigantes tecnológicos. Muchos, incluso, no creen que haya abusos. Otros no quieren que surja porque son ellos los abusivos. De cualquier modo, a todos les interesa saber si es posible. A unos para luchar y resistir, a otros para defenderse y a otros para precaverse.
La resistencia a los monopolios exige sabotear las redes sociales que fungen como su mejor herramienta de control. Oponerse al medio dominante representa un cambio estructural respecto de otras protestas sociales que, al contrario, buscaban instaurar su discurso en esos medios. Por otra parte, hay quienes piensan que la cuarta revolución tecnológica, tal como la estamos viviendo, es inevitable. Esa idea, propaganda de los monopolios, promueve una falta de confianza ante la libertad humana.
Las redes sociales no son malas por sí mismas, y siempre han existido desde los albores de la humanidad. La familia es una red social. El problema son las succionadoras de datos y los traficantes de atención digital como Facebook, que se disfrazan de redes sociales. Un cambio social sólo es posible si no subestimamos el poder al que queremos frenar. Para casi todos, la renuncia a estas redes significaría la pérdida de su trabajo, de su red laboral o de sus oportunidades de empleo. La renuncia es impensable, porque nos ataron con unas cadenas que individualmente no lograríamos romper. También nos clavaron un anzuelo emocional: diez años o más de vivencias íntimas y vitales registradas y entretejidas con estas plataformas. Y, sin embargo, hay alternativas para fraguar la resistencia.
Los gigantes tecnológicos no se hacen cargo de su impacto ambiental.
Estar en contra del medio dominante
Las redes sociales son la ciénaga de estos enormes ogros tecnológicos (Alphabet, Facebook, Amazon, etc.). No son las verdes praderas de la convivencia humana. Se presentan a sí mismas como lugares libres, como meros medios. Esto es, como si no fueran un acontecimiento sino sólo el lugar de los acontecimientos. Pero bien saben los comunicólogos que cada medio impone su ambiente, más aún: su estructura. Mientras más violenta la estructura, más corrosión en la vida de los usuarios.
Debido a su configuración particular, cada medio transmite ciertas ideas y moldea de cierto modo a la sociedad que lo usa. Los medios de comunicación no son neutros ni siquiera en tanto que meros medios. Su estructura promueve unas prácticas e ideas, y rechaza, cancela o amordaza otras. Si uno considera dañinas esas ideas y no quiere que terminen por aprisionarnos, mejor que busque cómo hacer la resistencia desde ahora, antes de que sea demasiado tarde.
Luchar contra el medio dominante ¿es descabellado? Como mencioné al inicio, los movimientos sociales suelen triunfar (o al menos diríamos que recorrieron la mitad escarpada del camino) cuando siembran su discurso en el medio dominante. La propaganda gay en el cine o la presencia del feminismo en los medios es ya un triunfo de esos movimientos. Pero sólo es un triunfo para algunos partidarios, porque no todos los homosexuales están de acuerdo con la visión de la sexualidad que Netflix eligió promocionar, ni todas las feministas con las perspectivas de género que los medios de comunicación legitimaron. La existencia de medios tan poderosos catapulta a algunos y se traga a otros, y no siempre ganan los más sensatos. Suelen ganar los que elevan las ventas.
Ahora bien, ¿qué pasa si el objetivo no es instaurar un discurso en el medio dominante, sino derrumbar ese medio? ¿Se necesita un medio alternativo? ¿La solución es simplemente abandonar el medio? Está la opción de resistir a los abusos de las corporaciones desde dentro de sus medios. Si simplemente abandonamos los medios, no podremos llegar a las demás personas a quienes les vendría bien, si no resistir, al menos saber exactamente de qué se alimentan las redes sociales cibernéticas. Sin embargo, la estrategia de minar al medio desde dentro consigue poco a largo plazo. Los dueños de las redes lo advertirán, calcularán las pérdidas de sus negocios y ahogarán la disidencia. O tal vez… tal vez lo hacen ya.
Esto, en el fondo, sugiere que no es posible un movimiento social así. Dados los tamaños de nuestras poblaciones, los movimientos sociales necesitan medios de comunicación para lograr la organización y la unidad indispensables. Aun así, aunque este movimiento no puede erguirse apoyado en los medios que pertenecen a los gigantes tecnológicos, sí puede apoyarse en medios alternativos en los que la tiranía de las corporaciones no sea bienvenida. Como dice una vieja canción: «iremos de uno en uno, después de pueblo en pueblo».
Las revoluciones industriales no son procesos naturales
En las discusiones sobre el tema, siempre hay alguien que recrimina como ‘neoludismo’ a la prudente cautela ante la tecnología que sobrepasa ciertas dimensiones. Porque en toda discusión se suele colar gente más interesada en escupir y sacar la lengua que en conversar y perseguir el bien. Los luditas eran artesanos que se dedicaban a destruir máquinas en el siglo XIX, en especial, máquinas de hilar y telares industriales, porque estos instrumentos les quitaban el trabajo. Suele decirse que, al final, los luditas no lograron nada. Hay una gran diferencia, empero, entre las máquinas de hilar y los sistemas computacionales de las redes sociales. Verdad perogrullesca.
Se suele decir también que vivimos la cuarta revolución industrial, y que los cambios traen cierta inestabilidad para algunas personas pero que, a largo plazo, los problemas se resolverán. Por mencionar un ejemplo, las condiciones laborales son cada vez más precarias. Cualquier cajero, vendedor, obrero o personal administrativo de un puesto no tan alto no estaría equivocado al temer que una máquina lo remplace. Sin embargo, como bien señala Kate Crawford en su reciente libro Atlas of AI, las compañías de la nueva industria necesitan muchísimo personal y trabajadores externos. El problema está más en que los humanos sean tratados como máquinas. Se les exige y explota al ritmo de las máquinas. Crawford observa de primera mano cómo el mantenimiento de la infraestructura y los robots de Amazon es impecable, mientras que sus pasillos están repletos de empleados vendados y de dispensadores de analgésicos. Los humanos no son un recurso y no nacieron para la explotación. En las múltiples huelgas y manifestaciones, los trabajadores de Amazon lo único que piden es el indispensable respeto humano, cosa que resulta demasiado pedir cuando los directivos de la empresa lo comparan con sus ambiciones.
Amazon, Centro de Distribución. Créditos: Megan Farmer.
El cambio tecnológico ha traído injusticia, irrupción a la privacidad, y un daño psicológico y ambiental tremendos. No es tan fácil pensar que la legislación pertinente vendrá y que las cosas estarán mejor que como estaban antes. Al respecto, conviene considerar dos cosas.
La primera es que la resistencia no se daría en contra de este tipo de tecnologías que permiten hablar de una cuarta revolución, sino sólo en contra de las que coincide que son de este tipo y que, específicamente, sirven a los intereses abusivos de los monopolios. La segunda es que la historia no es un proceso natural. Las legislaciones no ‘se dan’. Hay abogados y legisladores que trabajan duro para que los intereses de unos pocos no se sobrepongan al bien común. Los legisladores de este tipo (también hay legisladores perversos) deben estos logros a la práctica esforzada de su ética profesional, y no al determinismo. Lo mismo pasa con cualquier cambio histórico: no se ordenará ni será bueno si nosotros mismos no lo ordenamos y lo hacemos bueno.
Un movimiento así no revertirá la historia y quizás tampoco derribará a estos gigantes, pero sí puede limitar este imperio deshumanizante. Las personas no están hechas para la tecnología, sino la tecnología para las personas. Es posible un mundo en el que lo laboral y lo público no invadan la vida privada e íntima. Un mundo en el que puedas renunciar a darle de comer tus datos al ogro sin perder la posibilidad de un empleo decente.
Fraguar el movimiento
A nadie que esté enterado del funcionamiento de los algoritmos de Facebook y del condicionamiento continuo, subrepticio y agresivo que imprimen en sus usuarios, le parecerá descabellada la resistencia. Las personas que trabajan en puestos significativos de la compañía por supuesto que también saben lo que está en juego. De todos modos, al hablar de esto en algunos círculos sociales, a uno lo miran como a don Quijote queriendo revivir la época de los caballeros andantes. Tal vez sí es un cambio igual o más grande, pero, como no es descabellado, tampoco es imposible.
No conozco a ningún comerciante que no se vería seriamente afectado si se abstuviera de los productos de Facebook Inc. (Facebook, WhatsApp, Instagram, etc.). Trabajadores de otros sectores también perderían oportunidades grandes. En cambio, si todos… todos… lo hicieran, los empresarios pequeños y medianos ganarían un mercado tremendo (con la condición de que sus productos sean de calidad). Lamentablemente, las probabilidades de que todos lo hagan no son más que una posibilidad irrelevante. Por lo pronto, este movimiento sólo puede proponerse que algunos, un número cuantioso, abandone estas redes (no todas). Puede proponerse, eso sí, que estas redes dejen de ser centrales u obligadas.
Además de que abandonar las redes no es una opción para casi nadie en este momento, imaginarlo resulta emocionalmente complicado. Tomemos al 2011 como referencia, año en que Facebook contaba con 800 millones de usuarios y constató un ritmo de crecimiento de 250 millones de usuarios anuales nuevos. Desde entonces, sus usuarios comparten sus recuerdos más entrañables y tienen conversaciones íntimas en el chat (cuando digo íntimo me refiero a una idea más amplia que la de la mera sexualidad; también hay enojos, tristezas, miedos y alegrías íntimas… algunas de estas personas no se atreverían a sostener esas conversaciones cara a cara). En las redes, desde hace diez años aproximadamente, millones de personas han validado sus logros personales, su aspecto y sus ideas, basados en el número de aprobaciones y reacciones de sus posts. Algunos conocieron a sus actuales parejas, otros tuvieron sus más dramáticas peleas o sus más vitales conversaciones. Diez años es un tiempo considerable, y más para las personas menores de veinte. Las redes sociales cibernéticas se inmiscuyeron y compenetraron todas nuestras vivencias, las íntimas y las superficiales, las perentorias y las cotidianas. Nos clavaron un anzuelo gordo. No es raro que algunas personas se sientan ofendidas cuando otros hablan mal de las redes, como si estuvieran hablando mal de ellas mismas.
La manera de fraguar un movimiento que le haga frente a estos medios dominantes no puede ser abandonarlos. El abandono ocurrirá cuando este movimiento alcance algunas de sus metas. El primer paso para lograrlo (o lo que tendrían que evitar sus detractores a toda costa) consiste en establecer una aprobación y un tejido social alternativos. Decir “yo no cerraré mis cuentas, porque perdería demasiado, pero aprecio y apoyo a estos activistas que le hacen frente a los gigantes”.
Se trata de un proceso. Después de, socialmente, aprobar la resistencia y desaprobar los abusos, surgirán nuevos horizontes. Si quieres pero no puedes eliminar tu cuenta de Facebook, Instagram, Twitter, TikTok o lo que sea, una opción es darle actividad esporádica o mínima. Por ejemplo, entrar sólo una vez a la semana. Es difícil. Psicológicamente, están diseñadas para producirnos ansiedad. Cada vez que te alejas, atraviesas un síndrome de abstinencia.
Un punto de partida para un tejido social alternativo es buscar, en viejos o en futuros conocidos, amistades nuevas que también quieran resistirse a los monopolios. Esa es una razón suficiente para entablar amistad. Los movimientos se piensan y organizan mejor en conjunto. Pronto estaremos en lugares en los que nunca habíamos estado, con personas que antes no conocíamos, hablando de la resistencia informática.